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«En el arte, el divertimento es un tipo de obra que busca entretener y deleitar tanto al artista como al espectador», proclama Hugo Vélez en el libro que acompaña su nueva exposición en la Ciudad de México.
De manera figurativa, presenta escenas de la vida cotidiana o alegorías marítimas. Pone en escena a sus personajes y los presenta casi siempre como si hubieran sido sacados de una fotografía antigua, posando o fingiendo no posar, como lo veremos más adelante. Pero el pintor, que, como confiesa, tiene la íntima convicción de que las cosas no son como parecen, introduce en sus obras elementos inverosímiles, guiños y también pequeñas trampas que no se perciben de inmediato. He aquí El balcón, un ligero pastiche en homenaje al famoso balcón de Manet.

Desde el balcón, en homenaje a Manet.

Están aquí los cuatro personajes, con el rostro del sirviente negro al fondo, solo que una mujer es ahora muy morena, la otra, en lugar del abanico, tiene un celular en la mano y el perro… sin hablar de la vegetación exuberante que, de pronto, parece haber invadido el balcón. Son pequeñas invenciones del espíritu ingenioso de Vélez, que nos divierten y transforman nuestra visión de la obra icónica. Es ese paso al costado, ese elemento ligeramente inverosímil.
Al igual que con el impresionismo alemán, Vélez es un gran admirador del barroco, corriente en la que centrará su próxima exposición. De ella retoma el impacto emocional, el horror al vacío, pero también la sutileza en el manejo de los detalles ocultos, las referencias de una obra a otra y, en la escena de El balcón, los pequeños adornos improvisados que se van agregando.


Un ejemplo de esta referencia de una obra a otra es el cuadro más pop de las mujeres en el balcón, En el círculo: nuevamente hay tres personajes asomándose y una persona morena más al fondo. A diferencia del cuadro anterior, dos de las mujeres dirigen la mirada hacia otro lugar. Las flores del balcón inicial, por llamarlo de alguna manera, invaden ahora el interior del departamento, al igual que un perro. Aquí aparece una sala muy cosy.


«Mi dibujo no es muy realista: hay deformaciones, desproporciones, figuras alejadas, manos más pequeñas de lo que se desearía; eso me surge naturalmente y lo aprovecho», afirma el artista. Lo importante es la emoción, el primer toque que no se retoma, el concepto sorprendente.
El detalle insólito puede ser un reloj que brilla extrañamente en la mano, o alrededor del cuello de unas chicas en un barco. No se nota de inmediato. También está el uso de la hoja de oro en algunas prendas. Y hay una multiplicidad de otros detalles que hay que descubrir: metáforas, elementos oníricos presentados con una aparente ingenuidad, una referencia zoológica a Fellini, etc. Así son los divertimentos de Hugo Vélez.


Mi obra favorita es la lata de sardinas, con sus ojos rojos de zombis que parecen salir de una tumba. A propósito, ¿existen sardinas en lata con cabeza para el consumo humano? La inteligencia artificial afirma que no.

Todas las obras pequeñas (las miniaturas) se encuentran reunidas en un relato poético con texto del autor. Este libro delicioso se presentará el sábado 3 de octubre en el lugar de la exposición: Tajín 196, colonia Narvarte, a las 13:00 horas. En la presentación “Divertimento” de  Hugo Vélez contará con la participación del escritor, poeta, traductor y crítico de arte Gonzalo Vélez y el artista, docente e investigador Dr. Arturo Rodríguez Doring.

La exposición podrá visitarse hasta el próximo 16 de octubre y la entrada es libre.

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