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Sobre 2 ruedas

TIEMPO DE CAMPEONES

By Sobre 2 ruedasNo Comments
120 minutos bastaron para salvarnos del ajusticiamiento que significaría resolver la final con una serie de tiros penales. El equipo ganador lo merecía –dígase lo que se diga–, y así ha concluido la brega que durante seis semanas hizo de todos nosotros expertos futbolísticos. Opinadores de patadas y cabezazos, el VAR del réferi y la decadencia corporal de Leonel Messi.
       Ahora vivimos una suerte de “cruda” festiva, luego de permanecer ante la pantalla televisiva horas y horas de gritos y manoteos, cerveza y chicharrones, buscando la emoción que nunca más repetiremos jadeando en la grama. Gran invento ha sido el futbol, evitando con once milicianos las guerras que antes requerían de regimientos y artillerías. ¿Cuántos miles, cientos de miles de caídos en combate nos habríamos ahorrado, por ejemplo, con un encuentro futbolístico entre Alemania y Gran Bretaña en 1939?
       El panorama es el mismo que un paisaje después de la batalla. Algunos trasnochados que aún deambulan alrededor de la glorieta de Cibeles, en Madrid, incluso la Plaza de Mayo en Buenos Aires. Celebración, regocijo, destrampe… igual que al celebrarse el armisticio previo a la firma de la paz.
       Algo de eso coreaban los eslogans del Mundial de 1986, celebrado en nuestro país, cuando se celebraba en coro aquello de que “el mundo reunido en un balón”. Un año antes el país había sufrido el peor terremoto del siglo, y cuentan que lo primero que supervisó el entonces presidente Miguel de la Madrid fue, precisamente, el Estadio Azteca… que resultó indemne.
       Así que habremos de retornar a las rutinas de cotidiano; los 40 crímenes sumados a las “actas levantadas” en el ministerio público, los millones de litros descubiertos en el nuevo huachicoleo del rancho equis, los dimes y diretes descabellados en el legislativo. Y míster Trump azuzando a sus aliados para acompañarlo en sus campañas militares. ¿No estábamos mejor cuando el encuentro entre el seleccionado nacional y la república Checa?
       La ceremonia de premiación, por cierto, resultó por demás peculiar. Ahí, en el estadio Metlife de Nueva York, se dieron cita Ginno Infantino, presidente de la FIFA, Donald Trump y Mark Carney, mandatarios respectivos de EU y Canadá, con el rey Felipe VI de España y una presidenta Claudia Sheinbaum que no acertaba a sonreír. El gobierno de EU nunca les había respondido sobre el secuestro de Ismael Zambada, en julio de 2024 (y condenado a cadena perpetua en el tribunal de Brooklin), así como su majestad de España tampoco ha dado respuesta cabal (inculpándose) ante el reclamo por los abusos de la corona de Castilla y León cuando la guerra de conquista de 1521. ¿Era la circunstancia para hablar de esos eventos? Desde luego que no.
       Llegado el tiempo de los campeones, había que celebrar a la escuadra española que dio, una tras otra, lecciones de estrategia y juego acompasado. La presidenta Sheinbaum fue la encargada de entregarle el balón de oro al delantero Rodrigo Hernández Cascante (Rodri), quien fue la revelación del campeonato. Ahí sí hubo sonrisa y abrazo, faltaba más, porque en el resto de la premiación no abundaron los gestos de alegría.
       Los campeones celebran, sí, pero no deja de llamar la atención las ausencias paralelas de China y Rusia en la copa futbolística. Se sabe que China fue eliminada por equipos menores, como el de Indonesia, pero el caso más grave es el de Rusia. En el año 2022 la FIFA expulsó a la Federación Rusa debido a la invasión de Ucrania, lo que no ha ocurrido con Israel y Estados Unidos con sus ataques bélicos en el sur de Líbano e Irán. ¿No era el momento de sacar la tarjeta roja, como la de Enzo Fernádez en el minuto 92 del encuentro final del domingo pasado? Cosa de criterios.

Verano del 26.

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Cuando se haga la peli de lo que pasó este verano con el teatro del país, el espectador medio podrá decir que fue esplendido porque en Monterrey se dio la 36ava edición de la Muestra Estatal de Teatro de Nuevo León en la que se presentaron 12 obras de diversos formatos, con algunos de los montajes más logrados del año, en los teatros representativos de la ciudad, con un pago de entre 12 y 15 mil pesos por función y teatros llenos.

En Mérida, una aficionada de hueso colorado al teatro se verá en la peli aplaudiendo a rabiar la clausura de Teatro a una sola voz, en su edición número 21, que por su formato unipersonal permitió este año la elección de 21 propuestas que hacen gira por diversas regiones del país dando siete funciones en total, a 9 mil pesos por función. Lo que ignora esa linda mujer yucateca que bate palmas como si hiciera tortillas, es que fueron 200 aspirantes los que metieron solicitud al programa, de manera que se quedaron sin su aplauso 179 artistas y equipo que los acompaña.

El verano del 26, en 29 estados del país hubo al menos una mujer o un hombre de teatro que se sintió feliz al ver el nombre alegórico de su agrupación seleccionada para el programa IMSS-INBAL que con una inversión de 30 millones de pesos le da 300 mil a cada grupo beneficiado para que haga gira en la región que le corresponde. Lo que empaña el regocijo del gremio es que para el periodo 25/26 se recibieron mil 300 solicitudes, de modo que para el 26/27 se quedarán sin chamba mil 200 agrupaciones que se pasaron semanas cubriendo todos los requisitos que se solicitan para ser seleccionados. Eso en caso de que no hayan aumentado el número de solicitudes, lo que es improbable porque muchos de los que quedaron fuera el año pasado insistieron y hubo nuevos ilusos en busca del sueño.

En el verano del 26 los cómicos del estado de Hidalgo, Morelos y Guerrero, que forman parte de la Región 1 (el programa está dividido en 8 regiones), irán de rodillas el próximo 12 de diciembre a la Villa de Guadalupe para que pongan a la ciudad de México como una región propia porque este año de los 31 apoyos 27 fueron para la antigua capital del país, y solo uno para cada uno de sus vecinos, mostrando que el centralismo cultural sigue gozando de cabal salud.

Aunque en el Verano del 26, la contradicción del Sistema Cultural que se voló la barda fue EFIARTES, el programa que permite apoyar a la creación artística  con dinero de la iniciativa privada deducible de impuestos, y la Secretaría de Hacienda, el SAT y la Secretaria de Cultura como vigilantes de las normas del estímulo fiscal, que son tantas y tan intrincadas que se requiere contratar a un lobista, un despacho contable, asesoría jurídica y ser un as de la virtualidad para ser seleccionado. Y aquí comienza el absurdo oficial porque como reveló la actriz Andrea Salmerón, este año se metieron solicitudes aptas para ser apoyadas por 721 millones de pesos, pero Hacienda y la Cámara de diputados autorizaron un techo presupuestal de tan solo 250 millones de pesos, cuando es un verdadero calvario conseguir una empresa que quiera hacerte el paro. Lo logras y no hay de chía, solo vinagre de cuarta,

Aunque en el Verano del 26, a pesar los limites presupuestales del gobierno y los dislates de Hacienda, se puedo concluir que sin estos programas la precariedad de los artistas sería más penosa. Con lo que hay, al menos hay una esperanza anual para esa rara tribu de mujeres y hombres que consideran que la realidad es una ficción de su cerebro.

La Caperucita Negra: un libro de cuentos de David Martín del Campo.

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Narraciones de la vida secreta que desconcierta. Cuentos escritos por el prolífico autor mexicano David Martín del Campo. El libro ofrece relatos dirigidos a un público adulto y juvenil con giros inesperados y oscuros.

“En un admirable juego de imaginación, los cuentos de La Caperucita Negra dan vuelcos sorprendentes que desconciertan —por decir lo menos— al lector. Sorpresas insospechadas, escritura magistral, registro escrupuloso de la sociedad en sus diversos estratos, atmósferas que no perdonan el más mínimo detalle. Y de pronto surge y estalla el núcleo de cada relato, robándonos el aliento”, escribe en el prólogo del libro La Caperucita Negra, Anamari Gomís al referirse al libro de cuentos de David Martín del Campo.

Se trata de un libro siete relatos de enorme agilidad que nos tendrá atrapados como un eslabón encadenando las historias; con una prosa visual muy notable de quien ha escrito guiones cinematográficos, construye verosimilitudes que nos sorprende en cada final, comenta  José Antonio Lugo, editor de El Tapiz del Unicornio, quien ha realizado la publicación del libro que se presenta el martes 21 de julio a las 19 horas en la librería Octavio Paz del FCE, a las 19 horas, con la participación del editor, el autor David Martín del Campo y los escritores Anamari Gomís y Rodolfo Naró.

Por su parte Martín del Campo ha dicho que “son cuentos que recogen un tiempo un poco funesto de mi vida. Hay un relato corto que se llama “La novela prohibida” que pensé sería inicio de una novela corta. “La caperucita negra” es la historia de la vida secreta de vida de la abuelita. También asomaba un homenaje al bar Covadonga que es tremendo, mientras las fichas de dominó escurren por la mesa… “.

Se trata de una cuentística asombrosa en la que se revela un crimen inconfesable; mientras en otra asoman inesperados pingüinos en el sueño del inquieto marido que mira dormir a su mujer. Aparece la vida en la ciudad, tintorerías, elevadores, las sombras y los espejos vacíos; la edad en que los amigos acuden a la cantina para escuchar; el deseo y la nostalgia consumiendo habitantes. Poetas noctívagos que habitan en hoteles de mala muerte; la existencia como un cuento que se cuenta a la mujer o al psicoanalista que se duerme ante nuestros ojos. Discreción o promiscuidad, sueño bendito o voluptuosa orgía; departamentitos, romances … Todo es aparentemente normal y nada es lo que parece.

“Las narraciones de Martín del Campo son de absoluto dominio de la realidad y el idioma. Nos pone en las manos un libro que es del todo cinematográfico. El lector no quedará indemne luego de transitar por las páginas de este nuevo libro que nos roba, malditos sean los lobos, el sosiego”, se resume en el prólogo de Anamari Gomís.

El libro de cuentos La Caperucita Negra se presenta este 21 de julio a las 19 horas en la librería Octavio Paz del Fondo de Cultura Económica –Av. Miguel Ángel de Quevedo 115, Chimalistac, Álvaro Obregón, 01070 CDMX– a las 19 horas y contará con la participación de el editor de El Tapiz del Unicornio, José Antonio Lugo, los escritores Anamari Gomís y Rodolfo Naró y el autor David Martín del Campo.

David Martín del Campo es un destacado escritor, periodista y ensayista mexicano, reconocido como una de las voces más sólidas y versátiles de la narrativa mexicana contemporánea. Su obra abarca más de cincuenta libros que incluyen novelas, cuentos, ensayos y literatura infantil y juvenil.

A los 24 años publicó Las rojas son las carreteras, que lo situó como un escritor original y vigoroso. Ha sido reconocido con diversos galardones, entre otros: el Premio Internacional de Novela Diana 1990 por Alas de Ángel, el Premio Mazatlán de Literatura 2012 por Las siete heridas del mar, y el Premio Nacional de Literatura Monterrey-IMPAC 1997 por El año del fuego. Luego de ejercer el periodismo durante algunos años (fue corresponsal en Madrid y en el territorio controlado por el Frente Polisario de Liberación Nacional), Martín del Campo se ha volcado a desarrollar una literatura que se distingue por su coraje estilístico, su exploración narrativa, su amenidad. Ha publicado igualmente libros de cuento, biografías, crónica y literatura infantil. Entre sus novelas más celebradas se cuentan Dama de noche (que fue llevada al cine), No desearás, ¡Corre Vito!, La noche que murió Freud, y La inocencia de María. Es miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte. Dentro de sus libros infantiles destaca: El tlacuache lunático, una una antología que reúne siete relatos divertidos, diseñados idealmente como uno para cada día de la semana; y Una bicicleta para el cocodrilo, es uno de sus libros más queridos dentro de su catálogo de literatura infantil y juvenil. Entre sus novelas más recientes están: Acapulco Blues (Lectorum); Ahí viene el lobo y Alas de ángel: Episodios tropicales de A. C. Roy, ambos editados por el FCE. Desde hace algunos combina su vida entre la Ciudad de México y Cuernavaca.

 

¿SE ACABA UN SUEÑO?

By Sobre 2 ruedasNo Comments

Cuando se cierra un teatro se frustra un anhelo personal y colectivo, sobre todo si ese espacio se abrió con el esfuerzo de gente de teatro sin otro recurso que su habilidad y su talento. En el año 2013 de nuestra era, precisamente cuando el gobierno de los Estados Unidos descalificó la información sobre el avión U-2, que desde los años 50 dio pie a que un inmenso solar en el desierto de Nevada, llamado Groom Lake  -marcado simplemente en los mapas militares como Área 51-, fuera considerado un sitio de aterrizaje de naves extraterrestres, Luis Enrique Gutierrez Ortiz Monasterio (LEGOM), logró que el CONACULTA, presidido por Rafael Tovar y de Teresa, le diera los fondos iniciales para abrir el Foro, Área 51 en la calle Revolución número 307 en la ciudad de Xalapa, Veracruz.

Eran los días en los que Legom y el de la voz hacíamos pareja para fastidiar a los funcionarios culturales en los diarios de circulación nacional que aun tenían un peso político. Aunque esta vez no presionamos a nadie porque el prestigio de Luis Enrique bastó para que un jurado del FONCA le otorgara el recurso solicitado. Así comenzó la imposible tarea de Patricia Estrada, Ana Lucía Ramírez, Karina Meneses, Agustín Morgan, Miguel Corral y Eglantina González, para limpiar aquella bodega que era la imagen misma del desastre.

Limpiar los escombros fue una tarea titánica, pero faltaba lo más complicado: la tramoya, en una casa diseñada para que viviera una familia y no la cantidad de personajes que han expuesto ahí la condición humana de mil maneras distintas. Ignoro el número de obras que se han presentado en Área 51 en sus 13 años de vida, pero lo importante es que se convirtió en un espacio de la comunidad artística para la comunidad artística y desde ahí para el público. Al respecto, lo que nos reitera la crisis económica que amenaza con cerrar el espacio, es que el teatro que busca hablar críticamente sobre la dicha y el tormento de ser humano, no se sostiene con la taquilla. Ni en Berlín ni en Xalapa. Sólo que en Alemania sí hay recursos para los grupos independientes y  contestatarios. En México no.

Con Legom dándole de latigazos, Agustín Morgan hizo el milagro y poco a poco aquella bodega se transformó en un espacio para la ficción y la convivencia. Ya con Karina Eguía y Alejandra Serrano de refuerzos, Área 51 conoció la bonanza, es decir, el equilibrio financiero, gracias al apoyo institucional de la Federación y a la gestión de la Serrano, que tiene por costumbre administrar proyectos incipientes y de dudosa fortuna, pero cuando son un éxito, los deja en otras manos (¿cómo no quitarse el sombrero?) Patricia Estrada tomó la estafeta varios año que consolidaron la vocación independiente, critica y abierta a otras experiencias del Foro, en el que sí aterrizaban extraterrestres disfrazados de comediantes. Pero llegó el populismo y terminó con el mérito artístico como el santo y la seña de los proyectos de la imaginación creativa. Cero apoyos para los artistas capaces de sostener con su trabajo un foro abierto a la aventura artística.

Como explicó Karina Meneses en la red, la falta de apoyos institucionales y la insuficiencia de la taquilla, además del reclamo de los dueños de la casa por el terreno que quieren convertir en un espacio realista, hacer ficción ahí ya es insostenible. Queda la dudosa esperanza de que el gobierno de la ciudad de Xalapa, que últimamente ha mostrado simpatía por el diablo, quiero decir, por el teatro, les de un espacio en comodato para que la cuerda del teatro siga tensando esa línea divisoria entre la vigilia y el sueño que es el teatro. Ni siquiera menciono al gobierno del estado porque Roció Nahle es uno de los personajes más nefastos de ese circo de horror que es la 4T.

Cuando un teatro se cierra termina un sueño. Cuando un teatro se clausura la imaginación pierde un espacio. Cuando un teatro muere ni siquiera queda una tumba. Queda un vacío que se llena de nada.

 

Paulo Molleda presenta en Torremolinos su nuevo libro, Estáin y la fórmula, una inmersión en la memoria y los vínculos afectivos

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Un libro para disfrutar en verano y cualquier estación

El Bulevar Espacio Cultural Abierto fue el escenario de una velada íntima y emotiva en la que el autor compartió los entresijos de su nueva obra y su evolución literaria.

Torremolinos, 2026. — El escritor Paulo Molleda presentó  en el Bulevar Espacio Cultural Abierto su nuevo libro, Estáin y la fórmula. En un ambiente muy amistoso y familiar, rodeado de amigos, familiares y lectores, el autor desgranó los detalles de una obra que transita entre la novela y la autoficción, consolidando su particular voz literaria. La presentación del evento estuvo a cargo de Vlad Paredes, conferencista y creador del podcast Cortocircuito.

Estáin y la fórmula continúa la senda iniciada en su anterior trabajo, Confecciones de un seminarista maricón, un libro que supuso un punto de inflexión tanto a nivel personal como creativo. La nueva obra del autor —originario de Cantabria pero afincado desde hace unos años en Torremolinos— pone el foco en lo no dicho, en aquello que permanece al margen y que, sin embargo, explica nuestra realidad.

​A través de sus páginas, el libro nos presenta a un joven genetista que llega a Londres para realizar unas prácticas en uno de los laboratorios más prestigiosos del mundo. Para cualquiera sería la oportunidad definitiva de su carrera, pero para él es algo más: la posible clave para salvar a su hermano enfermo de una dolencia para la que no existe tratamiento. Mientras se adentra en un entorno de excelencia, ambición y secretos científicos, el protagonista deberá decidir hasta dónde está dispuesto a llegar.

​El relato entrelaza lo íntimo y lo colectivo, invitando al lector a una reconstrucción de la historia familiar y la identidad.

​Durante la presentación, que transcurrió con gran emoción por parte del autor, Molleda compartió con los asistentes anécdotas sobre su proceso creativo y el camino recorrido desde su primer libro. Confesó que, tras la publicación de Confecciones de un seminarista maricón, sufrió un fuerte síndrome del impostor que le llevó a plantearse retirar los ejemplares del mercado.

​Sin embargo, el apoyo de sus lectores cero y de su entorno más cercano le impulsó a seguir adelante. Fue una sugerencia espontánea de su camarero, Luciano, quien le pidió escribir sobre un superhéroe, la chispa que encendió el proyecto de Estáin y la fórmula. Tras un breve bloqueo creativo, el texto comenzó a fluir de manera natural, dando lugar a una historia cuyo título fue cuidadosamente elegido para posicionarse de forma única en las búsquedas de internet.

​Paulo Molleda compagina su faceta como escritor con diversos proyectos culturales y artísticos, entendiendo siempre la creación literaria como un espacio de memoria, verdad y resistencia.

​El evento celebrado en el Bulevar Espacio Cultural Abierto sirvió como punto de encuentro con su círculo más cercano —su «familia elegida»— y destacó por la calidez y cercanía del ambiente. Como cierre muy especial de la velada, el autor compartió con todos los asistentes una tarta decorada con la imagen de la portada de su libro, mientras dedicaba tiempo a firmar ejemplares y a tomarse fotografías con los asistentes en un ambiente festivo. Esta celebración marca el inicio de la promoción de la obra, anticipando futuras presentaciones de mayor formato en los próximos meses.

¿Y SI SÍ?

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Al silenciar los trompetazos se esfumó el espejismo. Las camisetas verdes, los sombreros, las banderas y las serpentinas retornaron a los cajones. La noche del domingo, después del silbatazo final en el estadio Azteca, fue de luto nacional; o casi.

         Ganar o perder, a eso se reduce la lucha por la vida. No que Darwin lo extrapolara a las especies que pervivimos en el planeta, sino que el deporte –los campeonatos mundiales– han usurpado la fascinación que antes ocupaban las contiendas militares. Aunque claro, no es lo mismo el despliegue de 200 mil de infantería que los veintidós calzonudos correteando en el coliseo deportivo.
         Se va a cumplir un siglo de que fue concebido el campeonato mundial de futbol. Desde aquella copa jugada en 1930 en el estadio Centenario de Uruguay, ha habido campeones y derrotados, emoción cívica y la apoteosis de los vencedores. Brasil ha ganado cinco torneos, Alemania cuatro, lo mismo que Italia, Argentina tres, y Francia y Uruguay dos. Se ha dicho hasta el cansancio: la selección mexicana ha progresado mucho a lo largo de los años, desde aquella vergonzosa derrota ante el equipo inglés en 1961, con la histórica goleada de 8-0, en la que el cronista Manuel Seyde calificó al conjunto nacional como una corretiza de “ratoncitos verdes” en la cancha del estadio de Wembley.
         La derrota del domingo pasado, sin embargo, no lo fue tanto. El conjunto mexicano había logrado pasar a octavos de final, luego de abatir a los equipos de Sudáfrica, Corea, Chequia y Ecuador. Había sustento para gritar esa interrogante esperanzadora: “¿Y si sí?” (ganamos la Copa 2026). ¿Por qué no, con ese comienzo tan aplastante? Después de todo 47 equipos, con ese ímpetu inicial, bien que nos vendrían a hacer los mandados. Pero no.

         La vida termina por imponer su lección. Sí, vale soñar con todo derecho, y celebrar los triunfos, pero la realidad nos sitúa, tarde que temprano, en el sitio correspondiente. Al salir del mesón donde presencié el partido (eran las diez de la noche), un niño enrollaba la bandera que había tremolado durante buena parte de la transmisión, y lloraba en silencio. Era la imagen misma de millones de compatriotas retornando a la vileza rutinaria de la cotidianeidad. Cada cual en su lugar, y a’i la llevamos.
         La gran esperanza que, de tiempo en tiempo, florece en la sociedad. Lección de vida es aquella, enseñándonos que siempre hay un vencedor, un campeón, y varios (o muchos) derrotados. ¿Será que nuestra sociedad padece una avidez de buenas noticias? Algo que no sea el medio centenar de crímenes cometidos por las mafias a diario, algo distinto a los escándalos de corrupción y huachicoleo del día con día, algo distinto al asedio de la estrechez doméstica y los embustes que propalan los dueños del poder. De ahí la tristeza que ensombreció al país la noche del domingo.
         Los mariachis callaron, diría el vate José Alfredo, y cesaron las manifestaciones de júbilo que habían conjuntado a un millón de compatriotas alrededor del Ángel de la Independencia. La profecía no se cumplió, “no seas pesimista”, nos regañaban, y nos hermanamos con los seleccionados de Alemania, Holanda y Brasil, que han sido igualmente eliminados.

         El daño está en el espíritu combativo que traemos apenas saltar de la cuna. Ser el mejor, los mejores, y campear con nuestra ley “…después me dijo un arriero que no hay que llegar primero”, sabio José Alfredo. Hay naciones que han hecho del futbol su deporte nacional y los estadios el domingo son la apoteosis redentora que evita, muchas veces, el estallido social. Que gane el Atlante, el Rayo Vallecano, el Manchester, y no reviente el conflicto sindical o ciudadano en este o aquel rincón de la patria. “Pan y circo”, ¿Y SI SÍ? celebraban los emperadores en Roma, como lo hacía el dictador Francisco Franco al celebrar aquello de “vino barato y futbol”, para mantener controlada a la sociedad.
         La ensoñación nacional ha caducado. Somos buenos, muy buenos en la cancha, pero aún no los campeones. Guardemos muy planchada nuestra camiseta verde al fondo del cajón, que ya será el momento. Que cada cual retorne a su butaca y veamos cómo se desarrolla el fin de la contienda. Habrá un ganador, y ya lo celebraremos. “Y si no fuimos nosotros… ni modo”. Que gane el mejor; que de eso se trata.

EL APRENDIZAJE.

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Como el amor, el teatro no se enseña, pero se aprende, así que este mes de julio festejamos dos acontecimientos memorables para la formación artística: La fundación de la Escuela de Arte Teatral del INBA, abierta oficialmente el 15 de julio de 1946, y la apertura del Centro de Investigación Teatral Rodolfo Usigli, ocurrida el 12 de julio de 1981. La EAT, que incorporó a su membrete el adjetivo de Nacional, para llamarse ENAT en 1994, cumple 80 años de existencia y el CITRU 45 de vida académica. En esta entrega me ocupo de la Escuela porque tiene una larga, magnifica y tormentosa historia, que comienza como epopeya en los años 40, alcanza su cima en los años 70-80 y deviene como sainete en los años de la Pandemia.

Primero hay que aclarar que en virtud de que el INBA se funda el 31 de diciembre de 1946, bajo la inaugurada presidencia de Miguel Alemán, a él se le atribuye la fundación de la EAT, aunque esta ocurrió aun bajo el mandato del general Manuel Ávila Camacho que dejó el poder el 30 de noviembre del 46. Hay que consultar diversos diccionarios y registros periodísticos para configurar la historia de esta institución porque los datos cambian de una fuente a otra. Aunque los compendios más confiables coinciden en que todo comenzó en 1927 cuando una jovencita de 17 años llamada Clementina Otero se topó en la calle de Mesones número 42 con un grupo de adolescentes reunidos en un proyecto llamado, Teatro de Ulises.

La historia de cómo una hija de familia tradicional se volvió actriz cuando el teatro era visto como fuente de perdición, es fascinante, pero el espacio me obliga a resumir que una de las razones fue que la joven Clementina era cuñada de Celestino Gorostiza, uno de los fundadores del Ulises, La segunda circunstancia fue que el padre de la futura actriz viajaba mucho y a la madre le encantaba el teatro. Clementina Otero debutó a los 18 años con una obra de Vildrac dirigida por Roberto Owen, quien aprovecho el montaje para enamorarse de ella con ahínco. Como no fue correspondido, la debutante siguió los pasos de Rodolfo Usigli -con quien trabajó en su Teatro de Medianoche-, para irse a la Universidad de Yale, y de allá trajo el proyecto original para la fundación de la EAT.

Salto hasta los años 70 porque ahí ya no abrevo en los almanaques que cuentan la historia sino en mi propia experiencia, porque luego de un viaje de tres años fuera del país regresé a vivir a la ciudad de México en 1974 a los Edificios Condesa, habitado por una notable fauna de artistas en la que abundaban los actores, comenzando con María Rojo y Juan Allende, a cuyo departamento llegué a vivir. Ya amancebado con Margie Bermejo, quien vivía en el edificio de enfrente y acababa de separarse de Octavio Galindo, supe de primera mano el orgullo que mostraban todos los actores egresados de la ENAT por su alma mater. Muchos de ellos padecieron el abuso de autoridad de sus maestros, además del acoso sexual, y muchas de ellas soportaron ambas cosas con mayor riesgo, pero nadie hablaba mal de su escuela, menos cuando me convertí en reportero de cultura.

El hecho es que, desde su fundación, la EAT fue la piedra de toque de la formación actoral en México. Si revisamos su inscripción veremos que el 70 por ciento de las actrices y actores del teatro de riesgo en México son egresados de la ENAT, y no se diga del “Nuevo Cine Mexicano”. Joder, muchos de ellos eran mis vecinas y mis compas de tertulia, así que viví de cerca la forma en que cambió su vida una película, Luego la espera, el silencio, la ansiedad y de nuevo el teatro para recuperar la vida. Entonces apareció la Televisión con sus melodramas y hasta los actores artudianos dijeron, quítate que hay voy. Ahí estaba el éxito y la renta. Además, si el director de la telenovela era Julio Castillo, todo estaba justificado: seguías siendo actor. Aunque acá entere nosotros, Julio fue muy ambivalente con sus amigos del alma a la hora de darles llamado.

¿Cuándo entró en crisis el aprendizaje entre maestro y alumno? Quizá siempre, pero se hizo evidente cuando el autoritarismo patriarcal se puso en cuestión. En este sentido, el teatro Universitario de los años 70 y 80 fue una escuela superior de actuación porque combinó la teoría con la práctica y tuvo en Héctor Mendoza, Ludvik Margules, Juan José Gurrola y Alejandro Luna artistas excepcionales que más que cátedra, dieron obras que iluminaron el firmamento teatral de la nopalera. Con el mismo autoritarismo de la ENAT, con similares acosos sexuales, con el mismo paternalismo, el teatro de la UNAM logró ser punta de lanza de la vanguardia del teatro en Hispanoamérica.

Con el tiempo, todos los sistemas pedagógicos se agotan, y cuando no hay un autentico y genial pedagogo de la educación como Edgar Morin, se agrieta el edificio formativo. Esa fractura rompió la fragilidad de la ENAT, en donde ya se daban los abusos relatados, pero en casos muy focalizados. Más llegaron don jinetes del apocalipsis; el COVI y el Me Too. En México este movimiento de las actrices de Hollywood por el abuso de los productores, comenzó el 20 de marzo del 2019 en la ENAT. Infortunadamente no puedo detenerme en los detalles sino sacar una conclusión. Como ya lo escribí en su momento, sucedió que las victimas reales tuvieron razón en la denuncia, pero las víctimas ficticias propiciaron un desconcierto institucional, que, por seguir el impulso feminista, le jodieron la vida a maestros sin culpa y cobraron una víctima mortal: el director  ruso de circo Anatoli Lokachtchouk, con el agravante, para mí, que yo propicie su estancia en México.

La vida de las instituciones no es propia porque se hace posible por la acción de una compleja comunicad de instituciones, maestros, alumnos, políticas culturales. Los alumnos acusaron a sus maestros de; “acoso sexual, hostigamiento, manipulación psicológica y abuso de poder”. La directora, Gabriela Pérez Negrete, como mujer, se vio en un brete: si lo ignoro me cuelgan, así que mejor colgamos a los maestros. En suma, ese movimiento reivindicador de la educación teatral fue tan necesario como improcedente porque al final del trayecto tenemos dos o tres culpables y un grupo notable de maestros desprestigiados en vano.

¿Quien pagará los daños morales, laborales, psicológicos y sociales de los afectados injustamente, Solo ellos.

PENDON NEGRO EN LA CULTURA CULICHE

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Como en un poema de Lorca, eran las cuatro de la tarde del once de mayo cuando la muerte en forma de bala amenazó la vida de Daniel Serrano, trabajador de la Dirección de Cultura de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS), quien murió en Culiacán el martes 23 de junio a consecuencia de la agresión recibida a las puertas de la dirección mencionada en Culiacan.

El día del ataque se presentaba en la tarde-nochi, en la explanada del edificio central de la UAS, el Trio Azteca, así que cuando sus camaradas de trabajo regresaron de su lonche se les torcieron las tripas con la noticia. Todos pensaron que se suspendería el concierto De Romances y Algo Más porque en el infierno de Culiacán nunca se había dado una agresión directa en un recinto cultural y porque se trataba de un grupo local que podría reprogramarse. Pero no, el director de cultura, Homar Medina dijo que la función debe continuar, aunque la mayoría de los trabajadores del área estaban devastados porque algunos vieron desde la ventana como se paró la motocicleta para balear a su compañero, y otros salieron a auxiliaron tratando detener la sangre de tantos disparos.

Pero el señor Medina, reconocido por su autoritarismo, insistió en que debía darse la función por la paz que estaba programada para las seis de la tarde, apenas dos horas después el atentado. Cuenta Jesus Solían, colega del agredido, que él no pudo cumplir la orden del jefe porque ya había sido testigo de otra agresión semejante, así que se retiró del recinto, mirando como sus compañeros cumplían con el trabajo por el temor a las represalias. Aunque estaban como él: consternados.

Daniel resistió 43 días en el hospital, pero su fallecimiento ha puesto en cuestión la insensibilidad del director de cultura, y ha fortalecido la sospecha de que su hubiera sido un funcionario el baleado se habría suspendido la función. Pero sólo era un trabajador de la cultura, así que había que ocultar el hecho lo mas posible y seguir cobrando como si nada. Salvo la muerte, que en Culiacán reina a sus anchas.

La Fiscalía del Estado concluyó que pudo ser la mujer de Daniel que ante la batalla por el divorcio y la custodia de la hija lo mando matar aprovechando que en Culiacán cada día es más barato asesinar alguien porque todo se lo cargan al la batalla de Chapos contra Mayos. Aunque lamentable, el problema es otro, según artistas culiches que se han pronunciado por la destitución del señor Homar Medina por no haberle dado a esa agresión la importancia que tenía para sus camaradas de trabajo.

Joder. Si balean al compañero con el que has trabajado meses, años, no tienes animo para escuchar boleros románticos. Si ves a tu equipo acongojado por la violencia, lo menos que debes hacer es tomarlo en cuenta. Sobre todo, como dicen los afectados, porque en Culiacán la muerte siempre anda rondando.

La cuestión de fondo, a mi juicio, es que si haces un concierto por la Paz no puedes ignorar la agresión mortal a uno de tus trabajadores, y menos obligarlos a seguir colocando mamparas, tarimas, micrófonos, bocinas, sillas y demás parafernalia para un concierto que podías presentar más tarde.

Ciertamente, hoy vivir en Culiacán es, sin exageración alguna, un peligro mortal. Por lo mismo la cultura por el bien común no puede ignorar ese riesgo cuando ocurre en las puertas de tu oficina. Todo lo contrario. Era la oportunidad para respetar la vida sobre la muerte anunciando que el concierto se suspende parar dar paso a una reflexión sobre la violencia que ya alcanza en Sinaloa proporciones demenciales.

Pero no; primero está el hueso.

Lo incomprensible es que ante la violencia imparable todo siga igual en el gobierno de Sinaloa; desde la gobernadora, las mismas gentes que participaron en el narco gobierno, incluyendo a los funcionarios universitarios e institucionales de la cultura. ¿Cómo pueden cambiar las cosas cuando no se cambian a quienes contribuyeron activa o pasivamente a que así fueran las cosas?

Pensando en Oscar Liera, cómo se extrañan para Sinaloa a los bandidos del siglo XIX que robaron a los ricos para beneficio de los pobres. Ay Jesús Malverde, ay Heraclio Bernal, ay Rafael Buelna, cuanta falta hacen en su estado natal.

POSTALES DE VIAJE

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Llamémosle “el arrime”. Transitando por la capital inglesa nos enteramos de que el dinero ha pasado a mejor vida. Ya nadie acepta los billetes con la estampa de S.M. la reina Elizabeth. “Card, please”, de modo que para pagar todo… una cerveza en el pub, el boleto del metro, la cuenta del hotel, la cena, el tren a Bath, un necesario paraguas o el taxi, todo, todo debe ser pagado con la tarjeta de crédito, arrimada al aparato de registro que, “ziip”, da por bueno el pago y “thank you”, a otra cosa.

Paseando por la ribera del Támesis presenciamos un episodio de desmesura. Un podiosero, sentado en su tresillo de aluminio, pide limosnas con su celular montado sobre un modesto atril. “Credit Card, please. 1 or 2 pounds; thank you», reza el letrerito. O sea, limosnero y con pago electrónico, pues.

       A las cinco de la tarde, más pronto que tarde, se van llenando los bares y pubs de todo Londres. Amigos que han quedado, colegas de oficina, compañeros de la universidad. Ellos y ellas se apoderan de una mesita, y así de pie comparten una guinness platicando, se exaltan, piden una segunda y, quizá, un “fish and fries” si es que almorzaron mal. Se contonean, cuentan chismes, gritan cuando alguien anuncia un despido o un divorcio. Luego, a las ocho o menos, se van despidiendo para volver a casa y sus rutinas.
       Pero si asoma el sol y la tarde entibia, ocurre lo mismo en la puerta del pub ocupando la banqueta. Una guinness para disfrutar de la resolana, hasta quedar “sloshed”.

San Sebastián, junto con Bilbao, son las capitales culturales de Guipúzcoa. Dos generaciones después, una vez superado el medio siglo del franquismo, la presencia de ETA es una mera anécdota. Los terroristas de los años setenta abandonaron la lucha armada y los atentados terroristas. Ahora disfrutan de la paz con el estatuto de autonomía que les da una suerte de “independencia virtual” e identidad, sin abandonar la nacionalidad española y la filiación a la Comunidad Europea.

Paseando en bicicleta por la avenida costera de la Concha, la proverbial playa donostiarra, de pronto se llega a las esculturas de Eduardo Chillida cimentadas en la roca. Les llamó “los peines del viento” y semejan, en verdad, unos trinches de hierro que deben pesar diez toneladas. Hay que tocarlos, retratarse junto a ellos, arte inesperado que no deja de llamar a sorpresa.
       Donostia (el nombre vasco de la ciudad) está cimentada en una curiosa península. De un lado la costa cantábrica, compartida con la Normandía francesa, y del otro la ría del Urumea, que desemboca allí mismo y que la hace poseer uno y otro puente de majestuosa presencia. Así que “Agur”, la despedimos, como aquí se acostumbra.

 Bordeaux, traspasando la frontera, fue la capital del dinero. No por nada una de sus explanadas pincipales se denomina Plaza de la Bolsa, donde en el siglo XVIII y XIX los caudales bancarios –originados en el comercio del famoso vino regional– sostenían buena parte de la economía francesa. De ese modo, cuando la Revolución de 1789, los bordeleses propusieron que se conformase una república moderada, federativa, alejada del radicalismo robesperiano. Los diputados que encabezaban esa iniciativa, los famosos “girondinos”, fueron todos guillotinados por el régimen en 1793. Hay un monumento admirable en su honor, Los Girondinos, al centro de la ciudad.

Pero lo más sobresaliente es su Museo del Vino, colindante con el río Garona. Se trata de un edificio de nueve niveles recubierto con placas de acero inoxidable, lo que lo hace único en su tipo. Dentro de el se despliega una muestra deslumbrante que cuenta la historia del vino, su consumo y comercio, desde los años de su invento en la alta Mesopotamia, seis mil años antes de nuestra era. Y al concluir la visita, obvio, en la terraza superior, una degustación del más exquisito vino de Burdeos.

Retornando a Madrid, en el tren AVE (alta velocidad), se puede observar el registro de la rapidez en cada vagón. Normalmente 248 kilómetros por hora, nada que ver con otros inventos caribeños.
       La capital española, desde ya, es la fiesta del turismo (y la gentrificación). Visitantes de toda Europa disfrutando de su animación, sus museos y su vida nocturna, toda vez que durante el día los termómetros llegan a los 38 grados, y que obligan a repostar frescura en cualquier cervecería de barrio. Una “tapa” obsequiada (de anchoa, de jamón) y a seguir recorriendo la ciudad de los desvelados.

 

Sorprende la ausencia de autos, toda vez que el transporte público es un servicio riguroso y ordenado. Los horarios se cumplen, todos los vehículos llevan aire acondicionado y el uso del automóvil es en verdad estorboso. Visitar sus museos es un encuentro con el arte europeo (España fue imperio), sobre todo con el Guernika de Picasso, en el Museo Reina Sofía donde se resguarda desde que fue cedido por el Museo de Arte Moderno de Nueva York. El cuadro retrata el primer bombardeo masivo de la historia, en 1937, sobre aquel pueblecillo vasco arrasado. Como otros “Guernikas” deberían estar siendo plasmados hoy alrededor de Beirut y Gaza.

EL CUERPO NUNCA MIENTE

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Fue la danza. La primera expresión subjetiva del hombre primitivo para hacer un comentario sobre su propia naturaleza fue el baile. Cuando imitando a los monos aquel ancestro se golpeó el pecho batió palmas y aplanó la tierra con los pies, descubrió el ritmo. El movimiento rítmico de su cuerpo lo llevó a emitir sonidos acompasados que ahora llamamos canto. La voz prehumana dio pie a que alguien soplara un hueso de buitre para que comenzara la música. Las primeras danzas fueron para pedir lluvia, buena caza y otra salida del sol. Cuando aquel danzante, aquel cantor imaginó a los dioses para darle forma a los misterios del mundo y del cosmos, la danza y el canto se ritualizaron. Los griegos le dieron a ese ritual su formato profano; el teatro.

En el siglo XVII y en Francia hubo un rey que hizo de la danza una forma de gobierno. Luis XIV fue un bailarín excepcional que reunía a su corte en Versalles para hacerlos bailar, y ay de aquel que no se supiera los complicados pasos de las danzas palaciegas porque caían de su gracia. Cuando el peso de los años y los banquetes le quitaron la agilidad de sus 14 años, en los que apareció como el dios Apolo con un traje dorado que le daría el mote de “El Rey Sol”, Luisito se propuso profesionalizar la danza y nombró a Pierre Beauchamps como director de la Académie Royal de Danse, en 1661, y Pedrito Campo Hermoso respondió al cargo estableciendo las cinco posiciones básicas de la danza clásica, así como la posición de los brazos, No me dilato en el plié, el Tendu, la piroutte, o el dehors (la rotación de las piernas hacia afuera desde la cadera, que surgió de la obligación de los cortesanos de moverse con gracia de lado a lado sin darle la espalda al rey), porque esta breve crónica está dedicada a Marta Graham, pues fue ella quien se rebeló radicalmente en contra de la rigidez simétrica y las puntas del ballet clásico, que por siglos fue un desafío contra la gravedad para dar la ilusión de una vuelo divino desde lo humano.

Marta Graham nació el 11 de mayo de 1894 en un pueblito que fue el origen de Pittsburgh, Pensilvania. De haberse quedado ahí no existiría la danza contemporánea porque al inicio del siglo XX Pittsburgh era la capital del acero y nada más lejano a la formación artística que la industria que contaminó ese territorio. Pero su familia se mudó a Santa Barbara, California, donde Martita pudo ver en 1911 una función de la pionera de la danza moderna, Ruth St. Denis, que le cambió la vida. Aunque fue su padre, el doctor George Graham, alienista -como se les decía entonces a los psiquiatras-, quien le dio la clave de su filosofía artística. Le dijo su padre; Marta, el cuerpo nunca miente porque registra el movimiento del alma.

La aportación de la Graham a la danza del ser humano fue cambiar el centro de su movimiento corporal que por siglos estuvo en las piernas y los brazos. Ella descubrió que la respiración es el fuelle del cuerpo y que es en la pelvis donde se da la contracción de energía que viaja hacia la columna vertebral. Y supo que, al inhalar, esa energía se libera, la columna se extiende, el pecho se dilata hacia el espacio proyectando fuerza, empoderamiento, libertad y éxtasis. Mientras la danza clásica es un desafío a la gravedad, la postura de la Graham fue dejarse abrazar por ella. De ahí que los bailarines de esa corriente se caen y se levantan todo el tiempo.

Como en The Notebooks of Marta Graham (1973), está toda la información sobre su vida y su obra, paso a comentar la influencia de su enseñanza en la danza contemporánea de la nopalera. El México Mágico de los años 30 y 40, cuando el muralismo y la música académica estaba en su etapa más creativa y los artistas de Europa y Estados Unidos viajaban a la tierra del sol y la serpiente emplumada en busca de una geografía utópica que los curar del desencanto de vivir en un mundo determinado de antemano. La Graham viajó a México al menos dos veces, pero su aliento, su aportación, su disciplina se propagó aquí gracias a dos mujeres fuera de serie: Waldeen y Anna Sokolov.

Waldeen fundó en 1939 el Ballet de Bellas Artes y tomó la técnica Graham para adaptarla al cuerpo de los nativos dando por resultado, La coronela, uno de los monumentos de la danza moderna en México, entre otras cosas por la música de Silvestre Revueltas y la participación de Josefina Lavalle, Guillermina Bravo y Mayra Montoya. Anna Sokolov, discípula directa de la Graham, impartió los principios de su maestra como fueron la expresión social, psicológica y humanista. Ella también trabajó con artistas mexicanos de la taya de Revueltas y Carlos Mérida; fundó La paloma azul, la primera compañía de danza contemporánea y propició la aparición de la Academia Mexicana de la Danza.

Aunque también estudió con la Sokolow, a Guillermina Bravo la llamaron la Marta Graham mexicana porque fundó en 1948 el Ballet Nacional de México a partir de la enseñanza de “la contracción y el reléase”, y en lugar de los mitos griegos que fueron un tema central de la Graham, la Bravo utilizó los mitos prehispánicos, En corto, Guillermina Bravo fue la matriz de la danza contemporánea en México, incluso por oposición, porque no todas y todos comulgaron con su maestría.

El caso que es que este año se conmemoran los cien años de la fundación de la Compañía de Marta Graham, ocurrida el mes de abril de 1926, y los herederos de aquel legado estarán en el Palacio de Bellas Artes próximamente para honrar la memoria de una de las artistas que reformularon el movimiento del cuerpo humano bajo la premisa que hoy es casi un dogma: el cuerpo no miente.