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DANZA DEL CUERPO

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Murió Farahilda Sevilla (1946-2926), una de las alumnas destacadas de La Academia de la Danza Mexicana, la matriz de la danza clásica y contemporánea de nuestra nopalera, fundada en 1947 por Guillermina Bravo y Ana Mérida, madrinas de una ahijada artística que sacó de ellas la pasión irrefrenable por la gramática del cuerpo que conjuga el verbo te jodes por la belleza, cada día y cada vez que un bailarín entra al salón de ensayo.

Para consolidar el verbo mencionado Farahilda se fue al Instituto Estatal de Artes de Moscú a especializarse en la pedagogía de la danza clásica, donde se empapó del Sistema de Agrippina Vagánova (1879-1951) que es una fusión del lirismo de la danza tradicional rusa, la fluidez de la escuela francesa y la técnica y el virtuosismo de la escuela italiana, según me dijo Fara en alguna de nuestras múltiples charlas a la orilla del desolladero humano de Jitanjáfora, donde sus alumnas dejaban la piel en la tarima de madera en donde se urdía el asalto al escenario.

Fara fue tan buena persona que se acercó a mi por su interés en el teatro, aunque ahora sé de cierto que el alumno fui yo porque a partir de su investigación sobre Antonine Artaud ella sabía más sobre los resortes internos de la frecuencia mental que atormentan al cuerpo del artista, que aquel joven critico de los Llanos de Apan. Pero fue tan generosa con el prójimo que se convirtió en una de las más entusiastas lectoras de mis notas sobre teatro y cultura.

A partir de su indagación sobre el Teatro de la Crueldad, en 1986 Farahilda le dio a su grupo el nombre de Teatro del Cuerpo en el que el rigor y la disciplina de la danza clásica estaba al servicio de cuerpo en tiempo presente, esto es, de la danza contemporánea. Fara quería profundizar en el dramatismo de le expresión física par ampliar y actualizar la prosodia del cuerpo que estudia los elementos fónicos que van más allá de las palabras y le dan ritmo, entonación, expresividad y estructura del discurso.

Yo lo digo con petulancia, ella lo hacía con la compleja sencillez de la maestría, con la convicción de que el cuerpo no miente. Hablamos mucho sobre la veracidad del actor en escena, sobre el fingimiento y la vivencia, más concretamente sobre al actor del teatro ilusionista y el actor del teatro realista, o de cómo la técnica podía alcanzar la ilusión de la veracidad que la emoción vivencial echaba a perder cuando carecía de pericia.

En los años noventa, cuando la URSS se disolvió como una pesadilla nocturna que duró 69 años, Farahilda regresó de Moscú con un ruso muy bien puesto, físicamente hablando, que respondía al nombre de Anatoli Lokachtchouk (1952-2023) y era un artista del circo que Fara conoció en el IEAT de Moscú donde ella se hizo pedagoga de la danza. Como dije, Anatoli se veía muy saludable, pero venía de un país en el que los artistas habían perdido la asistencia social que les permitía comer mal, pero lo indispensable. Este dato es relevante, como se verá enseguida.

En ese tiempo yo era el responsable del Programa Nacional de Apoyo al Teatro y pude contratarlo para dar clases de acrobacia en una de las Muestras Nacionales de Teatro, para que lo dejaran entrar a México. Como no hablaba una palabra de español Fara fue la traductora y su taller fue un éxito hasta que al ruso se le ocurrió tomarse un litro de jugo de naranja que para un estómago que llevaba meses de alimentarse con hojas de té y hogazas de pan resultó una bomba gastrointestinal que lo tuvo al borde de la muerte. Por fortuna su constitución física de cirquero lo sacó adelante y con el tiempo fue una figura clave para la disciplina del clown y el malabarismo en la Escuela Nacional de Teatro del INBA (ENAT).

Desde siempre recuerdo a Farahilda como como un ser abierto a la emoción del mundo, como una niña que se azora con la puesta del sol y se embravece contra la burocracia cultural y la ruindad de nuestra clase política, intelectual y empresarial. Toda su vida adulta luchó para ser una artista independiente de las grillas, los amiguismos, favoritismos y demás ismos políticos y culturales. Fue un ser noble, generoso, independiente, y una maestra del movimiento del cuerpo y sus efectos en el alma individual y colectiva de la colmena.

Al redactar esta semblanza sucede que la siento junto a mí y me fundo con ella en el abrazo que nos dimos la última vez que nos vimos en el homenaje a Eugenio Barba en una sala de la UNAM. Se veía desmejorada, pero en el tumulto de saludos solo pudimos vernos a los ojos con el afecto de siempre. No sabía que era el adiós. Aunque uno nunca le dice adiós a la gente que admira y quiere por su bonhomía, porque ahora sé que hay gente que uno respeta profundamente por la sencilla razón de que tu cuerpo te dice que ese otro ser es mejor que tú.

¿SE DILUYE LA FIESTA DEL ESPÍRITU?

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El domingo 18 de octubre finaliza el Festival Internacional Cervantino que por casi medios siglo fue la festividad artística más importante de Iberoamérica, aunque en su edición número 54 mostró un claro declive, sobre todo en el interés de los anfitriones, la gente de Guanajuato.

En los 40 años que cubrí primero como reportero y luego como crítico de teatro “La Fiesta del Espíritu”, jamás vi la Alhóndiga de Granaditas con espacios vacíos en sus escalinatas. Las colas para entrar eran uno de los termómetros para medir el interés de la gente común por una celebración artística que nació en la Plaza de San Roque con los Entremeses Cervantinos que el maestro Enrique Ruelas montó con estudiantes de la Universidad de Guanajuato, en los que actuaron futuros alcaldes, rectores y gobernadores.

Por buenas y malas razones la edad de oro del FIC fue entre 1976 y 1982, en el reinado de Doña Carmen Romano de López Portillo, quien fue presidenta del Festival cuando su marido José le dijo al pueblo de México:” Tenemos que acostumbrarnos a administrar la abundancia”. En esos seis años vimos las mejores orquestas, los mejores ensambles, los mejores solistas, las mejores compañías de las artes escénicas del mundo y, por ende, la prensa cultural tuvo un empuje inédito y formativo porque vimos en vivo y en directo los artificios artísticos que la virtualidad ha puesto hoy al alcance de cualquier celular.

Por muchísimos años el FIC fue el punto se reunión de las hordas juveniles que convertían las calles y plazas de Guanajuato en cantina, cama y mingitorio trastornando las bunas costumbres de la ciudad. Aquella caterva de adolescentes no iba a los teatros ni a los museos ni a los actos culturales, pero estaban ahí por el arte callejero y en nombre de la cultura. Como director del FIC Ramiro Osorio hizo una programación para ellos en las afueras de la ciudad y los jóvenes respondieron atiborrando esos espacios abiertos para miles de espectadores, Pero como se olvidaron de ellos, este año se fueron a farmear aura a sus propias calles.

Para los asiduos al FIC la debacle comenzó cuando el populismo cultural   del señor de Macuspana sustituyó al mérito artístico como el criterio de selección. Por siete años la programación del Festival fue como la de cualquier festival de provincia donde se privilegia el folclor, la gastronomía y las artesanías. Ciertamente permitió la presentación de agrupaciones y solistas nacionales y extranjeros de buen desempeño artístico, pero en lugar de los conjuntos e individuales extraordinarias que justificaban el desplazamiento de lejanos puntos del país, por su virtuosismo, ese grado de aprendizaje, diciplina, talento y recursos artísticos y económicos que hace de un evento como el FIC la fiesta del espíritu.

La prensa local se quejaba de que la dirección colegiada del FIC desplazó a la Universidad de Guanajuato, a la alcaldía de la ciudad y al gobierno del estado de las decisiones importantes, y puso los boletos del Teatro Juárez y del Auditorio del Estado a precios imposibles para los bolsillos nativos. También criticaron el proceder laboral y el mal trato de la directora de difusión Irma Iris Ortega, así como la falta de difusión.

En las redes se comentó que como cualquier iniciativa humana el FIC se desgastó con el paso del tiempo, pero el Festival de Salzburgo cumple 106 años porque inició en 1920, y los festivales de teatro de Edimburgo y Aviñón celebran 79 años en plena lozanía, así que no es el padre Cronos quien  le quitó a la fiesta su espíritu sino la decisiones políticas de un movimiento que se dice de izquierda y sin embargo no le da a la cultura el presupuesto indispensable para cumplir con el derecho a la cultura de todos los mexicanos.

Hace unos días el escritor Juan Villoro dijo, al recibir el Premio Carlos Fuentes, que un gobierno de izquierda debe priorizar los apoyos para la cultura, la educación, la ciencia y la salud, y sostuvo que la riqueza cultural es el mayor activo del país ante el mundo, así que, si “no contamos con eso, vamos a estar en banca rota moral”. Como el discurso entero de Juan es una pieza de oratoria clara, brillante, valiente y sensible al sentir de muchos ciudadanos que consideramos que el pensamiento critico es un ejercicio necesario para la sociedad, les recomiendo leerlo en la red para hallar ahí, algunas de las razones por las que el FIC no es mas la fiesta del espíritu.

LA ADVERTENCIA

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La conseja de los viejos de todos los tiempos nos dice que la vida cuelga de un hilo, aunque solo cuando esa hebra se rompe de pronto la tomamos en cuenta. La súbita muerte de Uriel Bravo, actor y director de teatro nativo de Michoacán, pero asentado en la ciudad de Querétaro desde 1996, le partió el hilo cuando preparaba el estreno de Karl, un acercamiento íntimo al autor de El Capital, Karl Marx, con su grupo Mezquite errante.

Egresado de la ENAT y afinado por Ludwik Margules en el Foro de la Rivera, Uriel no murió en el teatro, pero se fue a otra dimensión haciendo teatro y preparando otra gira por Colombia y Venezuela con las obras del dramaturgo juarense Pilo Galindo, cuya obra Río Animas le abrió los teatros alternativos de Suramérica. Desde el nombre de su primer grupo, Pulque y peyote, Uriel dejó en claro su afiliación a los usos y costumbres de su tribu, aunque sus primeros montajes de gran formato fueron Titus Andrónicus y Volpone, de afamados autores europeos.

Hace unos años Uriel le rindió homenaje a la ciudad y el estado que le dio teatro y amigos con una obra que LEGOM escribió para él: Volver a Querétaro. Para regresar hay que estar ausente y Uriel nunca olvido a su Matria y viajó con frecuencia a otros estados para presentar sus montajes o hacer uno de ellos en otras entidades, porque también ejerció el magisterio, el académico y el de las tablas. Hace tiempo no compartía con él un pulque, pero tengo nítido su recuerdo en el escenario y en la cantina: ¡Salud, camarada!

 DARÍO FO

 

El hilo de la vida fue largo y fuerte en el caso del bufón más famoso del teatro europeo: Darío Fo, quien murió el 13 de octubre del 2016 en la ciudad de Milán, de manera que se cumplen los primeros diez años de su partida. Fo murió a los 90 años y le dedicó al teatro 72 años de su vida porque debutó en la radio en 1954, pero muy pronto se subió a los escenarios con su esposa, Franca Rame, para hacer desde el Vodevil la crítica de la burguesía de la posguerra.

El de la voz tuvo el placer y el privilegio de estar con Darío Fo dos veces en la vida, la primera en 1987 y la segunda en 1993. La primera en el pueblo de San Giano, junto al lado Maggiore de la provincia de Verase, donde nació el comediante. En aquella ocasión me negó la entrevista que había tramitado mi camarada Giorgio Ursini, porque estaba ahogando la pena del primer y único rompimiento con su mujer, Franca Rame, con quien estuvo casado 59 años. Me negó la entrevista, pero no la compañía así que cuando el vino hizo su efecto lo vi bailar y cantar canciones medievales obscenas en dialecto lombardo con su amigo de parranda. Fue un regalo de Risus, el dios romano de la risa.

Hablo de cosas personales porque cualquiera se puede enterar de la prodigiosa carrera que Fo compartió con Rame. En la entrevista que sí le hice en 1993, publicada en el libro Telón de Fondo, hay un buen compendio de los diversos periodos de su teatro, siempre en contra del poder impuesto, ya sea por la iglesia, los partidos, los gobernantes, las ideologías, los empresarios, los dogmas, incluyendo los revolucionarios.

Para colocar una flor en su tumba reproduzco una de las preguntas que le hice hace 33 años, y su respuesta, claro está.

-Usted comenzó a hacer teatro a la mitas del siglo (XX), y tiene, por lo tanto, casi cincuenta años sobre la escena. ¿Qué le ha dejado esa experiencia?

-La convicción de que la risa es insobornable. En todos esos años que usted menciona he vivido el nacimiento de varias utopías, he luchado desde mi trinchera por algunas de ellas y he combatido la opresión del hombre por el hombre. En ese andar he comprendido que en nombre de las ideas se prohíbe pensar y en nombre de la libertad se esclaviza a pueblos enteros. Frente a la estupidez de la Historia queda la risa. El único poder que no corrompe.

TEATRO TUERTO

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El teatro sigue siendo el lugar donde los seres humanos se reúnen para mirar el milagro de estar vivos. Porqué el teatro que merece ser visto, es la constancia de que vernos a los ojos sigue siendo el más alto grado de amor del ser humano: Fernando de Ita.

 Ahora que estoy batallando con mi vista recordé que hace un tiempo escribí que había siete miradas en el teatro: la del autor, el director, el actor, el escenógrafo, el iluminador, el vestuarista y el público. La séptima mirada de toda producción escénica es la suma de todas y en ella debe estar la del crítico, que al contrario del espectador común debe tener noción de cada una de las partes que componen el todo.

Entonces advertía yo el peligro de que el espectador sapiente que debe ser el crítico olvide que su lugar está en las butacas, aunque eso no impida que conozca lo más posible la tramoya de las seis miradas anteriores a la suya. Me refería al crítico que olvida que es el vínculo entre la intención artística de la obra y el efecto que hace esa voluntad creativa en la séptima mirada, para exigir el teatro que él quiere mirar, no el que está viendo el público.

Eran los tiempos en el que el teatro tenía un canon y los críticos juzgaban la producción dramática y escénica por géneros y estilos. Eran los días en los que yo me preguntaba como crítico: teatro para qué, teatro para quien, porque las salas estaban vacías y las butacas desiertas. Hoy, que esa ausencia es la de la crítica, me pregunto si tiene caso mencionarla porque nadie parece extrañarla.

Digo nadie y me salta el nombre de la doctora Elvira Popova  que hace unos días organizó un encuentro en la Universidad Autónoma de Nuevo León sobre la Crítica teatral en el siglo XXI. La teatróloga y dramaturgista llegó hace unos años de Bulgaria para ver con otra mirada la dramaturgia mexicana de entre siglos y valorar con otros instrumentos teóricos a los autores del siglo XXI que como Luis Enrique Gutiérrez Ortiz Monasterio LEGOM, eran muy celebrados pero muy poco analizados.

Ignoro cuál fue el resultado de la discusión pero sé que uno de los temas fue el desplazamiento de la crítica formal por “contenidos de red”, rápidos, sintéticos y de fácil digestión, que es lo que hay en la nube, en donde no falta una opinión superlativa sobre algún montaje, o una condena visceral  sobre el mismo, que deja contentos o furiosos a los usuarios, y punto, porque la cultura líquida se va entre los cables de la computadora y la pantalla del Fon ya está reclamando otro post, otra alabanza, otro insulto. Aunque como excepción hay textos sorprendentes por su hondura y  buena factura literaria, que igualmente se pierden en esa red de formas sin fondo, de impresiones no de reflexiones, de tomas parciales de lo real cuyo montaje rara vez te permite el contexto.

La fragmentación del mundo que privilegia la virtualidad y la simultaneidad de las acciones que presenta en vivo han dinamitado el tiempo clásico del teatro y por ende el de la crítica. Ya se puede estar en el día y la noche al mismo tiempo y la historia criminal de La casa de Atreo se puede contar en cinco minutos. Ya no hay sustento mitológico ni simbólico en los crímenes de lesa humanidad que vemos por internet. Sólo sangre, fuego, demencia y sin sentido. Cómo puede el artificio del teatro capturar una masacre colectiva, la matanza de niños y mujeres embarazadas ya no en Palestina sino en el barrio donde vivo? Qué explicación da el arte a lo inexplicable?

Solo puedo añadir que el teatro y la crítica tienen mucho en qué pensar.

Burocracia Cultural

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Cómo fue que el funcionario cultural se convirtió en el factor determinante de la creación artística y el ars, artis, (sujeto que tiene la habilidad de transformar la realidad en otra cosa), se quedó a la saga, sin ninguno de los beneficios que tienen los administradores del presupuesto público, cuando sin el trabajo de los artistas ellos serían los desempleados?

Si tomamos la fundación de la Secretaría de Educación Pública en 1921 como la primera piedra del Aparato Cultural del Estado Mexicano, veremos que fueron los mejores pensadores y artesanos de las artes quienes idearon, administraron y ejecutaron las acciones que llevaron a la creación del INBAL y las instituciones superiores e inferiores que se agrupan actualmente en la Secretaría de Cultura de la Federación.

De 1946 a 1952 los artistas tuvieron la dirección y ejecución de la cultura institucional. Entre 1952 y 1954 ya fue un abogado, diplomático y Académico quien dirigió el Aparato, aunque Andrés Iduarte también estudió filosofía y permitió que la velación de Frida Kalho fuera en el Palacio de Bellas Artes, más ese beneplácito le costó el puesto porque el presidente Ruíz Cortines no soportó que el féretro de la pintora fuera cubierto por la bandera comunista.

El presidente López Mateos nombró director del INBAL al abogado Miguel Álvarez Acosta, abogado y político que cubrió todo el sexenio (1954-1958). Días Ordaz devolvió el puesto a un hombre de vasta cultura como fue el historiador y ensayista, José Luis Martínez, quien tuvo a su cargo el Programa Cultural de las XIX Olimpiada que se hizo en 1968. Luis Echeverría tuvo cuatro directores de cultura. El doctor en filosofía y musicólogo Miguel Bueno y Malo: el arquitecto e historiador del arte Luis Ortiz Macedo; el escritor Sergio Galindo Márquez y el abogado Juan José Bremer.

En los 30 años que hay entre la fundación del INBAL y la presidencia de Echeverría, nadie advirtió públicamente que el Aparato Cultural se había convertido en otro activo del cooperativismo estatal a favor del PRI, afiliando a sus funcionarios públicos y a los trabajadores a las organizaciones y sindicatos que sostuvieron por 70 años la “democracia perfecta”, es decir, el dominio de un solo partido., dejando a la razón de ser del Aparato a la deriva, sujetos a las decisiones mas políticas que culturales de la cúpula burocrática que, como toda la pirámide del estado, tenía la vista fija en el presidente de la República.

En esos 30 años hubo diversos intentos de agrupar a los artistas, generalmente desde la izquierda, para oponerse al sistema opresor, pero a nadie se le ocurrió hacerlos partícipes del presupuesto público. Ciertamente su carácter de artesanos de la ficción (para griegos y romanos, nuestros padres linguisticos y por lo tanto conceptuales, artista era un labriego, un carpintero, un músico o pintor), dificulta su afiliación a la seguridad salarial, de salud y retiro, porque si su patrón es el estado se jodío su libertad creativa, aunque su paradoja consiste en que desde Homero esos buenos para nada (porque la poesía no cotiza en la bolsa de valores), han dependido del sistema dominante. Primero los reyes, la nobleza, lego la burguesía y finalmente el capitalismo que ha hecho, sobre todo de la pintura y los bets seller literarios, un valor de mercado.

En algunos países europeos se han formulado políticas públicas que protegen a los artistas como entes productivos para esas sociedades, y se puede añadir que en esos entornos la burocracia cultural no consume más del 35 por ciento del presupuesto cultural. En México el 80 por ciento del dinero público para la cultura se va en salarios y los generadores de ése cultivo del intelecto y la intuición tienen entre el siete y el diez por ciento para sobrevivir. Este verano, diversos miembros de la comunidad teatral han hecho valiosas aportaciones a esta incongruencia del Aparato, pero destaco la frase del director e investigador Rubén Ortiz donde dice que cuando un cómico no gana alguna de las convocatorias estalla contra el sistema, pero cuando gana lo atribuye a su mérito personal. Falta comunidad, concluye Rubén. Hay que formarla.

Luego de medio siglo de ver cómo y por qué han fracaso esos intentos, solo se me ocurre una acción radical. Tomar oficinas burocráticas, tomar teatros, hacer manifestaciones permanentes en Arenal, en el Auditorio, en Bellas Artes, bloquear avenidas principales de la ciudad, lanzar huevos podridos en todas las conferencias de presa de la burocracia cultural; cantar canciones obscenas cada vez que un alto funcionario inaugura algún evento para la fotografía. En fin, hacer lo que tantos sectores de la sociedad están haciendo para ser escuchados. Exigir, en suma, que la burocracia cobre el 10 por ciento del presupuesto público para cultura y los artesanos de la cultura reciban el 80 por ciento que ellos tienen (hay que dejar un diez por ciento para el mantenimiento del Aparato.) De otro modo todo cambiará para seguir igual, como dijo Lampedusa.

In Memoriam

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Si en la mirada de un niño podemos ver el inicio del mundo, en la mirada de un viejo observamos cómo ese territorio de la infancia se ha transformado radicalmente. La muerte de mi primo hermano Arturo Álvarez Icaza Carrasco me permite decir que los Llanos de Apan, siendo los mismos, son otros. Como tantos de nosotros, Arturo estuvo ligado desde niño a la leyenda de las haciendas que tuvo la familia de su padre y mi madre, que eran hermanos, particularmente a los solares de Zotoluca y Chimalpa que fueron administradas por nuestro abuelo Juan de Dios Álvarez Icaza y Téllez Girón; aunque la generación de nietos a la que pertenezco vivió o visitó Chimalpa cuando ya era propiedad del tío Nicolás Núñez.

Arturo no fue uno de ellos porque pertenece a la siguiente camada de nietos de las once hijas e hijos que tuvo la abuela Concepción, Sin embargo, y acaso por no haber estado ahí, Arturo se apropió de aquel pasado y rastreó la genealogía del abuelo Juan de Dios como quien sigue la contracorriente de un río para hallar la fuente de la que proviene. Ya como gerente de un prominente banco, grabó el escudo de la familia en algún pañuelo, camisa o suéter, y desde muy joven fue de los más entusiastas visitantes a las Lomas del Pedregal, que resultó el corolario de aquel pasado grandioso de las haciendas pulqueras: un monte lleno de piedras en donde apenas crecía la mala yerba, pero que el amor de mi tía Berta y la niña Alicia, mi madre, convirtió en un vergel con el concurso de sus hermanos Guillermo, Juan y Luis, este último padre de Arturo, de quien sacó el porte, el gusto por la guitarra y la sonrisa que conquistaba la atención femenina.

Con el tiempo y cuando murieron los tíos, Arturo se convirtió en el referente masculino de las primas que se quedaron en aquel pedregal, ahora florido, en donde mi difunto primo abrió un centro de sanación de medicina alternativa que hizo fama en los llanos por su pirámide y su temazcal, pero sobre todo por la gentileza y el don de gentes con los que ofrecía el primer remedio a sus pacientes, que ya se cuentan por docenas,

Paradójicamente, fue el respeto por la tradición curativa de los chamanes la que acortó su vida porque puso su fe en la falsa sapiencia de una curandera que le robó el tiempo que requería la medicina alópata para mitigar la insuficiencia renal que le arrebató la vida. Cuando intentó esa curación fue demasiado tarde.

Fueron muchos los días que compartimos la alegría de vivir, celebrando a los abuelos, los tíos, los primos, los amigos que dejaron su huella en este valle de lágrimas convertido por unas horas en todo lo contrario. En mi experiencia no hay una familia perfecta, pero en aquellos convivios los dramas personales no disminuían el contento general del encuentro, y Arturo era uno de sus animadores; siempre atento, siempre sonriente, siempre dispuesto a cooperar con algo, con alguien, para bien de la colmena.

De algún modo fue coherente que aquel gerente de banco, que aquel funcionario de CARITAS (amor al prójimo), terminara como un sanador de su comunidad. Acaso la tragedia de su muerte sea que lo mató su convicción de que se puede sanar la enfermedad del cuerpo y de la mente con la fe que exige el amor a Dios, mejor dicho: en aquellos que se dicen sus discípulos. Supe que en su último aliento dijo que necesitaba perdón, dejando la duda si era él quien debía dar o recibir esa gracia. Por mi parte nada tengo que perdonarle y en conciencia considero que él tampoco tiene que perdonarme nada. Consumada tu partida, Arturo, ya eres parte de la historia de la familia que tu rastreaste desde sus orígenes y cuyo emblema llevaste con orgullo. Sin duda, las nuevas ramas de ese árbol te recordarán con el cariño con el que nosotros añoramos a nuestros difuntos, y en las noches estrelladas de los Llanos de Apan, al calor de una hoguera recordarán tu nombre y tu bonhomía, y cantarán canciones en tu memoria, como hicimos nosotros con nuestros ancestros.

Verano del 26.

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Cuando se haga la peli de lo que pasó este verano con el teatro del país, el espectador medio podrá decir que fue esplendido porque en Monterrey se dio la 36ava edición de la Muestra Estatal de Teatro de Nuevo León en la que se presentaron 12 obras de diversos formatos, con algunos de los montajes más logrados del año, en los teatros representativos de la ciudad, con un pago de entre 12 y 15 mil pesos por función y teatros llenos.

En Mérida, una aficionada de hueso colorado al teatro se verá en la peli aplaudiendo a rabiar la clausura de Teatro a una sola voz, en su edición número 21, que por su formato unipersonal permitió este año la elección de 21 propuestas que hacen gira por diversas regiones del país dando siete funciones en total, a 9 mil pesos por función. Lo que ignora esa linda mujer yucateca que bate palmas como si hiciera tortillas, es que fueron 200 aspirantes los que metieron solicitud al programa, de manera que se quedaron sin su aplauso 179 artistas y equipo que los acompaña.

El verano del 26, en 29 estados del país hubo al menos una mujer o un hombre de teatro que se sintió feliz al ver el nombre alegórico de su agrupación seleccionada para el programa IMSS-INBAL que con una inversión de 30 millones de pesos le da 300 mil a cada grupo beneficiado para que haga gira en la región que le corresponde. Lo que empaña el regocijo del gremio es que para el periodo 25/26 se recibieron mil 300 solicitudes, de modo que para el 26/27 se quedarán sin chamba mil 200 agrupaciones que se pasaron semanas cubriendo todos los requisitos que se solicitan para ser seleccionados. Eso en caso de que no hayan aumentado el número de solicitudes, lo que es improbable porque muchos de los que quedaron fuera el año pasado insistieron y hubo nuevos ilusos en busca del sueño.

En el verano del 26 los cómicos del estado de Hidalgo, Morelos y Guerrero, que forman parte de la Región 1 (el programa está dividido en 8 regiones), irán de rodillas el próximo 12 de diciembre a la Villa de Guadalupe para que pongan a la ciudad de México como una región propia porque este año de los 31 apoyos 27 fueron para la antigua capital del país, y solo uno para cada uno de sus vecinos, mostrando que el centralismo cultural sigue gozando de cabal salud.

Aunque en el Verano del 26, la contradicción del Sistema Cultural que se voló la barda fue EFIARTES, el programa que permite apoyar a la creación artística  con dinero de la iniciativa privada deducible de impuestos, y la Secretaría de Hacienda, el SAT y la Secretaria de Cultura como vigilantes de las normas del estímulo fiscal, que son tantas y tan intrincadas que se requiere contratar a un lobista, un despacho contable, asesoría jurídica y ser un as de la virtualidad para ser seleccionado. Y aquí comienza el absurdo oficial porque como reveló la actriz Andrea Salmerón, este año se metieron solicitudes aptas para ser apoyadas por 721 millones de pesos, pero Hacienda y la Cámara de diputados autorizaron un techo presupuestal de tan solo 250 millones de pesos, cuando es un verdadero calvario conseguir una empresa que quiera hacerte el paro. Lo logras y no hay de chía, solo vinagre de cuarta,

Aunque en el Verano del 26, a pesar los limites presupuestales del gobierno y los dislates de Hacienda, se puedo concluir que sin estos programas la precariedad de los artistas sería más penosa. Con lo que hay, al menos hay una esperanza anual para esa rara tribu de mujeres y hombres que consideran que la realidad es una ficción de su cerebro.

¿SE ACABA UN SUEÑO?

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Cuando se cierra un teatro se frustra un anhelo personal y colectivo, sobre todo si ese espacio se abrió con el esfuerzo de gente de teatro sin otro recurso que su habilidad y su talento. En el año 2013 de nuestra era, precisamente cuando el gobierno de los Estados Unidos descalificó la información sobre el avión U-2, que desde los años 50 dio pie a que un inmenso solar en el desierto de Nevada, llamado Groom Lake  -marcado simplemente en los mapas militares como Área 51-, fuera considerado un sitio de aterrizaje de naves extraterrestres, Luis Enrique Gutierrez Ortiz Monasterio (LEGOM), logró que el CONACULTA, presidido por Rafael Tovar y de Teresa, le diera los fondos iniciales para abrir el Foro, Área 51 en la calle Revolución número 307 en la ciudad de Xalapa, Veracruz.

Eran los días en los que Legom y el de la voz hacíamos pareja para fastidiar a los funcionarios culturales en los diarios de circulación nacional que aun tenían un peso político. Aunque esta vez no presionamos a nadie porque el prestigio de Luis Enrique bastó para que un jurado del FONCA le otorgara el recurso solicitado. Así comenzó la imposible tarea de Patricia Estrada, Ana Lucía Ramírez, Karina Meneses, Agustín Morgan, Miguel Corral y Eglantina González, para limpiar aquella bodega que era la imagen misma del desastre.

Limpiar los escombros fue una tarea titánica, pero faltaba lo más complicado: la tramoya, en una casa diseñada para que viviera una familia y no la cantidad de personajes que han expuesto ahí la condición humana de mil maneras distintas. Ignoro el número de obras que se han presentado en Área 51 en sus 13 años de vida, pero lo importante es que se convirtió en un espacio de la comunidad artística para la comunidad artística y desde ahí para el público. Al respecto, lo que nos reitera la crisis económica que amenaza con cerrar el espacio, es que el teatro que busca hablar críticamente sobre la dicha y el tormento de ser humano, no se sostiene con la taquilla. Ni en Berlín ni en Xalapa. Sólo que en Alemania sí hay recursos para los grupos independientes y  contestatarios. En México no.

Con Legom dándole de latigazos, Agustín Morgan hizo el milagro y poco a poco aquella bodega se transformó en un espacio para la ficción y la convivencia. Ya con Karina Eguía y Alejandra Serrano de refuerzos, Área 51 conoció la bonanza, es decir, el equilibrio financiero, gracias al apoyo institucional de la Federación y a la gestión de la Serrano, que tiene por costumbre administrar proyectos incipientes y de dudosa fortuna, pero cuando son un éxito, los deja en otras manos (¿cómo no quitarse el sombrero?) Patricia Estrada tomó la estafeta varios año que consolidaron la vocación independiente, critica y abierta a otras experiencias del Foro, en el que sí aterrizaban extraterrestres disfrazados de comediantes. Pero llegó el populismo y terminó con el mérito artístico como el santo y la seña de los proyectos de la imaginación creativa. Cero apoyos para los artistas capaces de sostener con su trabajo un foro abierto a la aventura artística.

Como explicó Karina Meneses en la red, la falta de apoyos institucionales y la insuficiencia de la taquilla, además del reclamo de los dueños de la casa por el terreno que quieren convertir en un espacio realista, hacer ficción ahí ya es insostenible. Queda la dudosa esperanza de que el gobierno de la ciudad de Xalapa, que últimamente ha mostrado simpatía por el diablo, quiero decir, por el teatro, les de un espacio en comodato para que la cuerda del teatro siga tensando esa línea divisoria entre la vigilia y el sueño que es el teatro. Ni siquiera menciono al gobierno del estado porque Roció Nahle es uno de los personajes más nefastos de ese circo de horror que es la 4T.

Cuando un teatro se cierra termina un sueño. Cuando un teatro se clausura la imaginación pierde un espacio. Cuando un teatro muere ni siquiera queda una tumba. Queda un vacío que se llena de nada.

 

EL APRENDIZAJE.

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Como el amor, el teatro no se enseña, pero se aprende, así que este mes de julio festejamos dos acontecimientos memorables para la formación artística: La fundación de la Escuela de Arte Teatral del INBA, abierta oficialmente el 15 de julio de 1946, y la apertura del Centro de Investigación Teatral Rodolfo Usigli, ocurrida el 12 de julio de 1981. La EAT, que incorporó a su membrete el adjetivo de Nacional, para llamarse ENAT en 1994, cumple 80 años de existencia y el CITRU 45 de vida académica. En esta entrega me ocupo de la Escuela porque tiene una larga, magnifica y tormentosa historia, que comienza como epopeya en los años 40, alcanza su cima en los años 70-80 y deviene como sainete en los años de la Pandemia.

Primero hay que aclarar que en virtud de que el INBA se funda el 31 de diciembre de 1946, bajo la inaugurada presidencia de Miguel Alemán, a él se le atribuye la fundación de la EAT, aunque esta ocurrió aun bajo el mandato del general Manuel Ávila Camacho que dejó el poder el 30 de noviembre del 46. Hay que consultar diversos diccionarios y registros periodísticos para configurar la historia de esta institución porque los datos cambian de una fuente a otra. Aunque los compendios más confiables coinciden en que todo comenzó en 1927 cuando una jovencita de 17 años llamada Clementina Otero se topó en la calle de Mesones número 42 con un grupo de adolescentes reunidos en un proyecto llamado, Teatro de Ulises.

La historia de cómo una hija de familia tradicional se volvió actriz cuando el teatro era visto como fuente de perdición, es fascinante, pero el espacio me obliga a resumir que una de las razones fue que la joven Clementina era cuñada de Celestino Gorostiza, uno de los fundadores del Ulises, La segunda circunstancia fue que el padre de la futura actriz viajaba mucho y a la madre le encantaba el teatro. Clementina Otero debutó a los 18 años con una obra de Vildrac dirigida por Roberto Owen, quien aprovecho el montaje para enamorarse de ella con ahínco. Como no fue correspondido, la debutante siguió los pasos de Rodolfo Usigli -con quien trabajó en su Teatro de Medianoche-, para irse a la Universidad de Yale, y de allá trajo el proyecto original para la fundación de la EAT.

Salto hasta los años 70 porque ahí ya no abrevo en los almanaques que cuentan la historia sino en mi propia experiencia, porque luego de un viaje de tres años fuera del país regresé a vivir a la ciudad de México en 1974 a los Edificios Condesa, habitado por una notable fauna de artistas en la que abundaban los actores, comenzando con María Rojo y Juan Allende, a cuyo departamento llegué a vivir. Ya amancebado con Margie Bermejo, quien vivía en el edificio de enfrente y acababa de separarse de Octavio Galindo, supe de primera mano el orgullo que mostraban todos los actores egresados de la ENAT por su alma mater. Muchos de ellos padecieron el abuso de autoridad de sus maestros, además del acoso sexual, y muchas de ellas soportaron ambas cosas con mayor riesgo, pero nadie hablaba mal de su escuela, menos cuando me convertí en reportero de cultura.

El hecho es que, desde su fundación, la EAT fue la piedra de toque de la formación actoral en México. Si revisamos su inscripción veremos que el 70 por ciento de las actrices y actores del teatro de riesgo en México son egresados de la ENAT, y no se diga del “Nuevo Cine Mexicano”. Joder, muchos de ellos eran mis vecinas y mis compas de tertulia, así que viví de cerca la forma en que cambió su vida una película, Luego la espera, el silencio, la ansiedad y de nuevo el teatro para recuperar la vida. Entonces apareció la Televisión con sus melodramas y hasta los actores artudianos dijeron, quítate que hay voy. Ahí estaba el éxito y la renta. Además, si el director de la telenovela era Julio Castillo, todo estaba justificado: seguías siendo actor. Aunque acá entere nosotros, Julio fue muy ambivalente con sus amigos del alma a la hora de darles llamado.

¿Cuándo entró en crisis el aprendizaje entre maestro y alumno? Quizá siempre, pero se hizo evidente cuando el autoritarismo patriarcal se puso en cuestión. En este sentido, el teatro Universitario de los años 70 y 80 fue una escuela superior de actuación porque combinó la teoría con la práctica y tuvo en Héctor Mendoza, Ludvik Margules, Juan José Gurrola y Alejandro Luna artistas excepcionales que más que cátedra, dieron obras que iluminaron el firmamento teatral de la nopalera. Con el mismo autoritarismo de la ENAT, con similares acosos sexuales, con el mismo paternalismo, el teatro de la UNAM logró ser punta de lanza de la vanguardia del teatro en Hispanoamérica.

Con el tiempo, todos los sistemas pedagógicos se agotan, y cuando no hay un autentico y genial pedagogo de la educación como Edgar Morin, se agrieta el edificio formativo. Esa fractura rompió la fragilidad de la ENAT, en donde ya se daban los abusos relatados, pero en casos muy focalizados. Más llegaron don jinetes del apocalipsis; el COVI y el Me Too. En México este movimiento de las actrices de Hollywood por el abuso de los productores, comenzó el 20 de marzo del 2019 en la ENAT. Infortunadamente no puedo detenerme en los detalles sino sacar una conclusión. Como ya lo escribí en su momento, sucedió que las victimas reales tuvieron razón en la denuncia, pero las víctimas ficticias propiciaron un desconcierto institucional, que, por seguir el impulso feminista, le jodieron la vida a maestros sin culpa y cobraron una víctima mortal: el director  ruso de circo Anatoli Lokachtchouk, con el agravante, para mí, que yo propicie su estancia en México.

La vida de las instituciones no es propia porque se hace posible por la acción de una compleja comunicad de instituciones, maestros, alumnos, políticas culturales. Los alumnos acusaron a sus maestros de; “acoso sexual, hostigamiento, manipulación psicológica y abuso de poder”. La directora, Gabriela Pérez Negrete, como mujer, se vio en un brete: si lo ignoro me cuelgan, así que mejor colgamos a los maestros. En suma, ese movimiento reivindicador de la educación teatral fue tan necesario como improcedente porque al final del trayecto tenemos dos o tres culpables y un grupo notable de maestros desprestigiados en vano.

¿Quien pagará los daños morales, laborales, psicológicos y sociales de los afectados injustamente, Solo ellos.

PENDON NEGRO EN LA CULTURA CULICHE

By Sobre 2 ruedasNo Comments

Como en un poema de Lorca, eran las cuatro de la tarde del once de mayo cuando la muerte en forma de bala amenazó la vida de Daniel Serrano, trabajador de la Dirección de Cultura de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS), quien murió en Culiacán el martes 23 de junio a consecuencia de la agresión recibida a las puertas de la dirección mencionada en Culiacan.

El día del ataque se presentaba en la tarde-nochi, en la explanada del edificio central de la UAS, el Trio Azteca, así que cuando sus camaradas de trabajo regresaron de su lonche se les torcieron las tripas con la noticia. Todos pensaron que se suspendería el concierto De Romances y Algo Más porque en el infierno de Culiacán nunca se había dado una agresión directa en un recinto cultural y porque se trataba de un grupo local que podría reprogramarse. Pero no, el director de cultura, Homar Medina dijo que la función debe continuar, aunque la mayoría de los trabajadores del área estaban devastados porque algunos vieron desde la ventana como se paró la motocicleta para balear a su compañero, y otros salieron a auxiliaron tratando detener la sangre de tantos disparos.

Pero el señor Medina, reconocido por su autoritarismo, insistió en que debía darse la función por la paz que estaba programada para las seis de la tarde, apenas dos horas después el atentado. Cuenta Jesus Solían, colega del agredido, que él no pudo cumplir la orden del jefe porque ya había sido testigo de otra agresión semejante, así que se retiró del recinto, mirando como sus compañeros cumplían con el trabajo por el temor a las represalias. Aunque estaban como él: consternados.

Daniel resistió 43 días en el hospital, pero su fallecimiento ha puesto en cuestión la insensibilidad del director de cultura, y ha fortalecido la sospecha de que su hubiera sido un funcionario el baleado se habría suspendido la función. Pero sólo era un trabajador de la cultura, así que había que ocultar el hecho lo mas posible y seguir cobrando como si nada. Salvo la muerte, que en Culiacán reina a sus anchas.

La Fiscalía del Estado concluyó que pudo ser la mujer de Daniel que ante la batalla por el divorcio y la custodia de la hija lo mando matar aprovechando que en Culiacán cada día es más barato asesinar alguien porque todo se lo cargan al la batalla de Chapos contra Mayos. Aunque lamentable, el problema es otro, según artistas culiches que se han pronunciado por la destitución del señor Homar Medina por no haberle dado a esa agresión la importancia que tenía para sus camaradas de trabajo.

Joder. Si balean al compañero con el que has trabajado meses, años, no tienes animo para escuchar boleros románticos. Si ves a tu equipo acongojado por la violencia, lo menos que debes hacer es tomarlo en cuenta. Sobre todo, como dicen los afectados, porque en Culiacán la muerte siempre anda rondando.

La cuestión de fondo, a mi juicio, es que si haces un concierto por la Paz no puedes ignorar la agresión mortal a uno de tus trabajadores, y menos obligarlos a seguir colocando mamparas, tarimas, micrófonos, bocinas, sillas y demás parafernalia para un concierto que podías presentar más tarde.

Ciertamente, hoy vivir en Culiacán es, sin exageración alguna, un peligro mortal. Por lo mismo la cultura por el bien común no puede ignorar ese riesgo cuando ocurre en las puertas de tu oficina. Todo lo contrario. Era la oportunidad para respetar la vida sobre la muerte anunciando que el concierto se suspende parar dar paso a una reflexión sobre la violencia que ya alcanza en Sinaloa proporciones demenciales.

Pero no; primero está el hueso.

Lo incomprensible es que ante la violencia imparable todo siga igual en el gobierno de Sinaloa; desde la gobernadora, las mismas gentes que participaron en el narco gobierno, incluyendo a los funcionarios universitarios e institucionales de la cultura. ¿Cómo pueden cambiar las cosas cuando no se cambian a quienes contribuyeron activa o pasivamente a que así fueran las cosas?

Pensando en Oscar Liera, cómo se extrañan para Sinaloa a los bandidos del siglo XIX que robaron a los ricos para beneficio de los pobres. Ay Jesús Malverde, ay Heraclio Bernal, ay Rafael Buelna, cuanta falta hacen en su estado natal.