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Fernando de Ita

TEATRO EN BIKINI

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En los años 60 un grupo de banqueros encabezados por Antonio Enríquez Savignac y Pedro Dondé Escandón buscaron por todo el litoral del país lugares apropiados para el turismo que comenzaba a florecer en las costas mexicanas, teniendo en Acapulco la joya de la corona. Entre los seis puntos escogidos el menos conocido era una lengüeta de tierra en forma de un 7 en la costa oriental de Quintana Roo que tenía el nombre maya de Kankún, o nido de víboras, que fascinó a Savignac por el maravilloso colorido de sus aguas, la blancura y fineza de su arena y la topografía de la lengüeta que permitía alinear los hoteles en su costa y tener agua dulce gracias a los cenotes de aquel paraíso habitado por un puñado de pescadores.

En 1969 el presidente Gustavo Díaz Ordaz le dio el visto bueno al proyecto y con el apoyo del gobernador de aquel territorio federal, Javier Rojo Gómez, los arquitectos Enrique y Agustín Landa Verdugo dibujaron los primeros planos de la ciudad que tiene como fecha de fundación el 20 de abril de 1970, aunque el Diario Oficial de la Federación registra el acontecimiento hasta el 10 de agosto de 1971. Savignac no pudo ver el surgimiento de aquel sitio paradisiaco porque su avión se desplomo en Bacalar en 1970, así que tampoco pudo atestiguar la degradación ecológica política y social de la ciudad que en tan solo 60 años pasó de cien individuos a un millón de habitantes.

Quienes conocimos Cancún en los años 70 contenemos el llanto al ver en lo que se ha convertido, y precisamente por ello hay que celebrar que la Muestra Nacional de Teatro número 45 se haga en el más visitado centro turístico del país, porque la cultura artística y la playa no son una buena pareja, como lo saben bien las diversas generaciones de artistas de la escena que han sudado sangre sudor y lágrimas para hacer teatro en Acapulco. También es notable que no sea el estado de Quintana Roo sino el municipio de Benito Juárez, donde se asienta Cancún, quien organice el evento con el Instituto Nacional de Bellas Artes. Eso confirma que el municipio mencionado tiene mas recursos que el estado.

Me cuentan que la alcaldesa Ana Patricia Peralta, de Morena, se quiere reelegir y está haciendo méritos para ello, y para diluir la nota del diario local Cambio 22 que exhibe a su esposo Lucio Galileo Lastra como “el señor de los diezmos”, porque está pasando la charola con los pudientes para los fondos de la campaña de su mujer. Detallitos aparte, que la MNT sea en Cancún es un triunfo de los artistas de diversas disciplinas que han picado piedra desde hace varios años para alentar una alternativa cultural en una población que carecía de esa posibilidad. Por lo tanto, será interesante saber cómo resolverá el Instituto de la Cultura y las Artes de Cancún la presentación de 29 espectáculos y 87 actividades paralelas en una ciudad que tiene todo para la diversión y poco para la expresión artística, tanto en infraestructura como en personal especializado para un evento tan grande. Aunque el Instituto tuvo el tino de llamar a don Ángel Ancona, quien tiene literalmente un mundo de experiencia en sus espaldas en este tipo de reuniones artísticas.

 

En lo personal me es muy grato que la medalla Xavier Villaurrutia se le entregue este año al maestro Luis Martín porque su vida ha estado dedicada primero al teatro y ahora a la memoria del teatro, espacio real y simbólico que él ha ayudado a construir en la ciudad de Monterrey y por ende en el estado de Nuevo León. Me alegra que los jóvenes que tendrán en esta Muestra un lugar preferente sepan que están ahí porque gente de teatro como este director, gestor, promotor e investigador escénico aprovecharon las enseñanzas de sus maestros para acrecentar su legado y dejar una herencia que se ha expandido por todo el país, como ejemplifican los 17 estados que estarán presentes en los foros y las reuniones para dragonear sobre su porvenir. Así que mi querido Luis Martín, a sacar la ropa de playa porque este año la Muestra Nacional de Teatro será en bikini, del 6 al 15 de noviembre. Otra buena noticia es que el IACC invitó a Alma Rosa Castillo a ejercer, como tantos años antes de jubilarse, de apoyo, alivio y consuelo de la nueva generación de cómicos que tendrán el conflicto de escoger entre el reventón playero y el reventón escénico. Feliz cruda para todos los asistentes.

SE ACABÓ EL BORLOTE

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En donde estaba Cutberto López había borlote, bulla, algarabía. Alto y ancho como era este hombre de teatro nativo del estado de Sonora, su risa era decibélica, estridente, estrepitosa. Su ruidosa cordialidad lo convirtió en un referente para la Muestra Nacional de Teatro en donde me enteré que era un prolífico dramaturgo que trabajaba para difundir las acciones culturales de la Universidad de Sonora. Ese fue el motivo de la distancia que marcó conmigo cuando coincidimos en San Luis Potosí. No su puesto ni la Universidad, sino el hecho de ser el antagonista del dramaturgo Sergio Galindo, también sonorense y cabeza del grupo que mantenía un pleito soterrado con el grupo universitario que comandaba Cutberto.

Yo conocí a Sergio desde los años 70 en la ciudad de México y cuando regresó a Hermosillo seguí su desarrollo como dramaturgo, actor y director de escena, mostrando públicamente mi entusiasmo porque su teatro se sumergió en la cultura popular de la sierra y en los mentideros de la ciudad, así como en los conflictos sociales de sus coterráneos, cuya traslación al teatro le dio reconocimientos locales y nacionales. Aunque a finales del siglo XX el teatro en Sonora andaba de capa caída porque no había dinero público para el teatro y Sergio tuvo la ocurrencia de hacer una farsa descaradamente sonorense llamada, Güevos rancheros, que tuvo un éxito tan contundente que 25 años después sigue llenando el local cuando se repone. Pero a Cutberto le pareció que el recurso carpero del texto y el montaje era inadmisible, y marcó la raya con su paisano.

Yo desconocía esta discordia y juzgué que su sequedad conmigo era porque le caía mal y punto. En el 2006 se estrenó en la UNAM Yamaha 300 dirigida por Antonio Castro y como tantos espectadores texto y montaje me parecieron magníficos y así lo dije en La Jornada. A la siguiente Muestra Nacional de Teatro Cutberto me invitó un mezcal y ahí descubrí que él no tomaba así que su desparpajo era de puro oxígeno, Me alegró que sin ser amigos no me considerara un enemigo aunque fue muchos años después, estando como jurado en una Muestra Estatal de Teatro en Hermosillo, que entendí las raíces del conflicto entre el grupo de Sergio Galindo y el de Cutberto López, que ya había trascendido a sus hijos porque eran ellos y no sus padres quien ahora competían por el lugar de honor en el pódium de la opinión pública.

En breve, Cutberto consideraba que Sergio arrasaba en su tierra con premios y apoyos públicos más por sus relaciones con los precisos que por su mérito artístico. Así que él hizo fama en el coto universitario y en otros lares, Monterrey entre ellos. Afortunadamente antes de la Pandemia coincidí con Cutberto como jurado del premio para obra dramática que instauró Medardo Treviño -otro incansable autor, director y promotor del teatro del norte-, en Coahuila, y en ese trance pudimos conversar ampliamente del teatro y de la vida, de manera que mi último recuerdo de él se asemeja a la multitud de reconocimientos y elogios que ha recibido por la noticia de su muerte. Mejor dicho, que no ha recibido porque murió antes de poder leerlos.

Lo que sí recibió un mes antes de su fallecimiento fue el homenaje por sus 40 años de teatro que le dio el Instituto Sonorense de Cultura. Sin duda, un dramaturgo que escribió más de 100 textos dramáticos y que amó al teatro tanto como a la vida deja el telón abierto para visitar algunos de los 57 textos que alcanzó a publicar. Quedan también en el archivo de la memoria obras como Yamaha, para decir que Cutberto López no pasó en balde por los escenarios de la ficción, que suelen ser mas reales que la realidad misma.

EL DESENCANTO

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Los 50 años de Arturo Ríos en los escenarios.

Entramos a la recta final del año cuando el Sistema Nacional de apoyo a la Creación Artística da sus últimos resultados que llenan de contento a un puñado de beneficiados y hunden en la melancolía a varios miles de pedigüeños que de nueva cuenta deberán militar en la esperanza de las convocatorias del año venidero. Aunque esta vez el desencanto de los rechazados provocó una evaluación realista de los apoyos que da el Estado, como ente jurídico. a la formulación artística del mundo. Luego de hacer números Alejandro Ortiz concluyó que con los recursos disponibles sólo el 10 por ciento de la masa de artistas que solicitan apoyo gubernamental puede recibir esa prebenda.

Ya Rubén Ortiz, Edén Coronado y otros investigadores del Ramo 48 se habían acercado a esa versión de los hechos que hoy tiene relevancia porque se están pidiendo firmas para trasformar EFIARTES y pedir un aumento en el presupuesto para cultura del 2026. Ilusamente se evoca la propuesta de la UNESCO de invertir el 1 por ciento del PIB en el sector cultural, alegando que según el INEGI las actividades de tal sector generan un millón 400 mil empleos y producen 820 mil millones de pesos anuales. La realidad es que los medios audiovisuales y las plataformas digitales son las que logran esas sumas estratosféricas, mientras las artes vivas resultan el pariente pobre de la ecuación.

También se propagó en las redes que el Sistema Nacional de Investigadores (SIN), que apoya a miles de científicos de diversas disciplinas podría ser un modelo para que crezca exponencialmente el Sistema Nacional de Creadores. El problema está en que los científicos trabajan en proyectos concretos para instituciones públicas y privadas identificables en el padrón correspondiente. y el 90 por ciento de la gente de teatro va por su cuenta o se ampara en un membrete de Asociación Civil que cualquiera puede registrar. Vamos, en las artes escénicas no sabemos a ciencia cierta cuántos somos y dónde estamos. Carecemos de un Registro Nacional de Espacios, Prácticas y Agentes Culturales como el que inició en el 2018 TELARES, nos dice Alejandro Ortiz, que llegó a registrar más de 40 mil elementos constitutivos del sector cultural. Pero esa iniciativa de la Secretaría de Cultura dejó de funcionar y su página está muda.

Sin el mapa real del sector no se puede elaborar un presupuesto que cubra las acciones medulares del sistema cultural. Por ahí se debe comenzar aconseja el sentido común, aunque el saber cuantos somos y donde estamos no resuelva el problema presupuestal, de algo servirá conocer nuestra identidad como sector dedicado a inventar satisfactores artísticos para nuestros semejantes, tan cerca de las plataformas digitales y tan lejos de los teatros.

Regresando al tema de los apoyos del estado, desde Nueva York la escritora Malú Huajúca del Toro pide una depuración del SNC en la que no se “estimule” a quien tiene un capital heredado educativo, social y económico. “Hay que estimular a los jóvenes creadores y gestores y complementar los ingresos de quienes desde su trayectoria demuestren actividad artística-cultural constante”. Quienes, por sus ingresos, del origen que sea, y premios previos gocen de seguridad financiera, no deberían ser sujetos del sistema de apoyo, concluye la autora de Las razones menos pensadas, una ficción futurista escrita sin el apoyo del SNC.

CAMBRRIDGE VS INTELIGANCIA ARTIFICIAL

 Al festejar los 50 años de Arturo Ríos en los escenarios cometí un error garrafal al confundir La Fin, escrita en 1946 con Fin de Partie, representada por primera vez en Londres en 1957, y a Hamm con el anciano sin nombre cuyo desalojo de un lugar de asistencia es el motivo de una sombría reflexión sobre la soledad, la decrepitud, el abandono y la muerte. Digamos que el vagabundo que vive sobre el escenario la decadencia física y mental en la que algunos críticos han visto la metáfora de Europa destruida por la segunda guerra mundial, es el preámbulo de los personajes inverosímiles de sus dramas cómicos, si se me permite la contradicción.

Mi equivocación tuvo como cómplice a la Inteligencia Artificial porque al consultarla sobre El Final me mandó a Fin de Partida, y al decirle a Gemini que la primera era el monólogo del único personaje de la obra respondió que se trataba del soliloquio que tiene Hamm al final de su peripecia. Si como en los tiempos previrtuales hubiera consultado mi Cambridge Guide to Theatre habría evitado la equivocación que como sea, es mía.

Arturo tuvo la gentileza de apreciar mi reconocimiento a su trabajo sin darle importancia al dislate, y mi hijo me consoló contándome que la IA está hecha para complacer a su consultor al grado de mentir para lograrlo. En castigo, leí con diccionario en la mano el relato de Beckett en francés para seguir con la imaginación el desalojo del anciano y su batalla por sobrevivir, resumida icónicamente en las estupendas fotografías con las que Ana Graham, la productora y directora de la pieza, ha publicitado la celebración del medio siglo de trabajo de un actor que ha hallado en la desolación del teatro del nobel irlandés una forma de superarla, es decir, de asumir la desesperanza como la única esperanza posible. Conociendo el compromiso personal y artístico de éste gran comediante espero poder ver en el teatro Orientación la escena que cierra el relato en la que el viejo se refugia en un cobertizo abandonado cerca de un río, en espera de su destino final, que es la muerte. En esa meditación fatal el pesimismo del autor deja una pequeña rendija para la vida, destello de luz que se apagará en sus obras consagratorias. Pero me dicen que en esa oscuridad el actor brilla con enorme intensidad.

Por fin ella

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Juro por la Patria que prendí el televisor justo en el momento en el que la presidenta Claudia Sheinbaum daba su primer grito de independencia, y me quedé literalmente boquiabierto cuando vi a una mujer habitada por su papel, proclamando con fervor cívico el reconocimiento de las mujeres que en diversos grados han sido sobajadas al papel de consortes de la Independencia de México, que más que una gesta histórica, nos dicen los historiadores independientes, fue un enredo de los criollos que deseaban correr a sus padres españoles para quedarse con el territorio. Aunque hubo insurgentes ingenuos como Allende y auténticos padres de la Patria como Morelos.

 Por primera vez vi a la presidenta de México sin la sombra de su sombra, a pesar de que esa oscuridad invocó a todas sus ocurrencias históricas en sus gritos del 15 de septiembre. Desde los binoculares del teatro vi a una mujer cumpliendo con el anhelo de su juventud biológica y política, cuando los sueños de un activista es cambiar el mundo y lo que haces es meterte a un partido político. Es largo el camino del militante que quiere cambiar el mundo pacíficamente, pero además de prolongado las mujeres tenían ese sendero cuesta arriba porque eran las adelitas de los revolucionarios. Como el tema es otro salto de las fotografías de la presidenta en sus días de activista universitaria, llena del desafío juvenil que va en contra del orden establecido, a la imagen de una jefa de estado que está proclamando la independencia histórica de su país, y por esos instantes de euforia interior, la suya propia.

Si así fuera, si aquella joven realizada en la primera mujer que ocupa la máxima autoridad del país, celebrara también su independencia política, comenzaría otra forma de ejercer el poder, porque evidentemente la misión es conservarlo. Sería más sano para la sociedad en su conjunto que la presidenta ejerciera sus facultades por sí misma. Todo indica que autoritariamente, pero acaso sin la nefasta hipocresía del pasado inmediato, sin los proyectos inverosímiles de ese periodo y conteniendo al menos la indescriptible corrupción del obradorato.

Pasando al mundo real, esto es, al formato audiovisual del grito de independencia, me puse a criticar las insistentes tomas de la multitud que había en el Zócalo sin acercamientos a las personas que formaban aquel conglomerado de paisanos. Es básico detallar quien compone esa masa humana para darle perspectiva al conjunto, pero nada. Puro Long shot. El director de cámaras se tardó cinco minutos es hacer un brevísimo acercamiento a la multitud y regresó a su encuadre general. El fondo musical fue el acostumbrado por la fecha y en lugar de los lugares comunes que decían los locutores oficiales al respecto, la y el comentarista del espectáculo patrio hicieron un breve ejercicio de propaganda política a favor del gobierno y cuando comenzaba a quejarme del panfleto cortaron la transmisión gubernamental, entró Televisa y entendí de golpe que estamos perdidos si la decisión está entre uno y otro bando. Tiene que haber un tercer sendero.

¡ES EL PÚBLICO!

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Actualmente el dilema del tetro no es el ser o no ser de Hamlet, ¡es el público!, me dice con vehemencia Armando Quinteros, actor y director del Teatro Abierto, movimiento del teatro independiente argentino que en plena dictadura (1981), montó en Buenos Aires obras que desafiaron la censura imperante. Figuras como Osvaldo Dragún, Roberto Cossa, Luis Brandoni, convocaron a 21 autores a escribir obras cortas que fueron representadas por distintos directores y elencos diversos bajo el lema: “¡teatro contra la dictadura”.

El 28 de julio de 1981 se inauguró el ciclo en el Teatro del Picadero y las colas de espectadores no se hicieron esperar. Fue tanto el éxito de aquella iniciativa que, a una semana de haberse iniciado el llamado a la resistencia pacífica, el teatro fue incendiado intencionalmente y quedó en ruinas. Lejos de amedrentarse el movimiento continuó en el Teatro Tabaris, situado en pleno centro de Buenos y esa trinchera artística fue el preámbulo para la caída de la dictadura, Fue el mismo Osvaldo Dragún quien me contó en una entrevista para el primer unomásuno las peripecias de aquel movimiento artístico que marcó un hito en la manera de enfrentar la represión de los militares, y fue Dragún quien me presentó al joven Armando Quintero con quien hoy platico por Zoom sobre otra represión igualmente nefasta para la cultura en Argentina: la de Javier Gerardo Milei.

Los recortes para la cultura han sido brutales, pero a casi dos años de Milei el teatro de Buenos Aires se está reponiendo de la debacle económica, cuenta el amigo nacido en Jujuy, pero avecinado en Buenos Aires desde muy joven, quien agrega que recién se ha publicado una encuesta de consumo cultural que deja ver cosas reveladoras para el teatro. En primer lugar, el teatro comercial sigue llenando varias de sus salas a pesar de que el boleto para esos espectáculos cuesta 50 mil pesos argentinos que son 3.650 pesos mexicanos al cambio actual. Sin embargo, la encuesta señala que en este año ha disminuido la asistencia a esos teatros en 12 por ciento.

La capital argentina tiene el record mundial de teatros independientes porque hay 400 locales en activo que cobran entre 10 y 20 mil pesos la entrada, o sea, 730 y 1460 pesos respectivamente. El 2023 fue muy duro para el teatro no subvencionado, cuenta Quintero, porque la gente no podía cubrir sus gastos básicos. Afortunadamente, tanto el teatro comercial como el alternativo ya han formado un público que este año ha vuelto a las butacas, aunque en menor cantidad. La encuesta señala que estos teatros han perdido hasta un 15 por ciento de sus seguidores, pero solo unos cuantos han bajado el telón. Aunque como tú sabes acá la gente del teatro independiente no vive del teatro sino para el teatro, remata mi amigo con una carcajada que estalla en la computadora.

En México han sido pocos y aislados los intentos por indagar el comportamiento del público de la cultura artística. Hay nociones generales y apuntes interesantes sobre esa masa anónima que llamamos público, pero teniendo los instrumentos para descifrar más a fondo el por qué ha sido tan complicado formar un público mayoritario para las artes escénicas, carecemos de los estudios necesarios sobre el tema, sobre todo en el caso de los mal llamados grupos independientes, que al contrario que los colectivos argentinos no se constituyen como entes privados que desarrollan un trabajo grupal sin apoyo oficial. Por el contrario, en la nopalera los grupos independientes son los que hacen cola en todas las convocatorias gubernamentales para hacer teatro. Y no es juicio, solo descripción.

Una de las formas mas directas de escudriñar la mentalidad del público sería que esos teatros marginales se dieran el tiempo para hablar con la gente que va a sus espectáculos con un cuestionario que toque los puntos nodales de por qué la gente va o no va al teatro. Sabemos que la situación económica es un factor determinante, y otro la educación y la cultura de las mayorías, pero no son las únicas razones por las que esos espacios no son sustentables en la taquilla. Asi que habrá que voltear a Buenos Aires porque una ciudad que tiene 400 teatros alternativos en activo algo tiene que enseñarnos al respecto.

EL MISTERIO REBELADO

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El háktór, el agere, el que hace la acción, el que hace el teatro. El actor contemporáneo es un engendro de la historia en el sentido original y derivativo de la palabra. Engendro porque fue engendrado por los ritos dionisiacos de la antigua Grecia y ocho siglos más tarde es el engendro, el monstruo de las mil caras, las mil vidas, las mil maneras de ser otro siendo el mismo.

En el caprichoso calendario onomástico del capitalismo occidental hace dos lunas fue el día del actor, sustantivo que en la gramática castellana incluye a las mujeres que se dedican a la actuación, discriminación lingüística justificada por la historia del teatro puesto que fue hasta el siglo XVII que se permitió la presencia de las damas en el escenario. De Esquilo a Shakespeare los hombres hicieron los personajes femeninos y la razón es la misma: el patriarcado.

En la Grecia del siglo VI las mujeres no podían participar en política ni asistir a las asambleas ni participar en los actos cívicos y religiosos. En la Inglaterra del siglo XVI, gobernada por una mujer, actuar sería una deshonra para ellas. Los griegos usaban máscaras para interpretar los roles femeninos, los ingleses utilizaban muchachos de voz aguda para hacer de Julieta o lady Macbeth. El machismo histórico se mordía la cola travistiendo a los varones en hembras.

Ahora que sabemos que hay una memoria cognitiva y una memoria del cuerpo resulta que el actor lo supo sin saberlo antes que los neurólogos y los psicólogos. La Comedia dell’arte que se popularizó en la Italia del siglo XVI fue el primer teatro físico en el que participaban mujeres y en el que la repetición de los movimientos formó al personaje. Tenemos al Teatro de Arte de Moscú de 1898 como el inicio del famoso método de actuación de Stanislavsky, pero ya en 1672 el pastor luterano Johann Gottfried tenía la Academia de Arte Dramático de Moscú para instruir a los jóvenes en el dominio del lenguaje escénico, aunque desde el renacimiento la verdadera escuela de los actores fue la práctica, la imitación de la expresión humana.

Fue hasta finales del siglo XIX con la aparición de autores como Ibsen y Chéjov que los actores tuvieron que modificar su forma de exponer las emociones y la ideología de sus personajes con una estética realista, objetiva y fiel. A partir de ahí la actuación se fue convirtiendo en una indagación sobre las costumbres sociales de cada época, y en los mejores casos en una indagación sobre la condición humana, comenzando por la del propio actor.

Fue emocionante escuchar a las diversas generaciones de actrices y actores de la Compañía Nacional de Teatro festejar el día del actor con una reflexión sobre su oficio, porque en los más jóvenes destacó su compromiso con el teatro y el aliento que le da a su vida profesional tener los medios para hacer teatro. Los comediantes de la generación intermedia aprecian la oportunidad de estar en un elenco estable, pero saben que el camino es arduo y nada es para siempre, así que están contentos por ser cómicos y trágicos, pero están alertas.

Fueron los viejos quienes llegaron al fondo del asunto. Ellas y ellos dijeron con sus propias palabras que el teatro es una forma en que la vida te permite conocerte a fondo y descubrir así a los otros en ti mismo. Actuar es un don divino a la manera de Spinoza; un don de la naturaleza humana. Actuar es una forma de autoconocimiento y de observación social. Sin el entorno no hay nada para el teatro. El teatro sólo puede ser con los otros y para ellos, aunque esa emoción, esa corriente vital pasa por la mente y el cuerpo del actuante, del simulador en la doctrina de Juan José Gurrola que halló en la simulación la clave para ser verídico.

“Amo actuar, es mucho más real que la vida”, dijo Arturo Beristain citando a Oscar Wilde. Sin duda. Sin amor no hay teatro. Del actor santo de Grotowski a las estrellas de Hollywood hay un pantano que nadie cruza sin mancharse, pero en el teatro aún se guarda una forma personal de ser yo, pero desprendido de mí. Nunca disfrazado, habitado más bien por la historia que estoy viviendo. Dentro y fuera de la ficción. Dentro y fuera de la realidad. Dentro y fuera del misterio revelado que es el teatro, esa ficción de la mente y el cuerpo que nos permite cruzar al otro lado del espejo de cuerpo entero.

TEATRO UNAM

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Para Huemantzin, camarada ejemplar en
el periodismo y en la vida.

Gracias a la Universidad Autónoma de México el teatro universitario no es solamente un teatro estudiantil sino un espacio de libertad ideológica artística y pedagógica que desde 1934 ha estado por delante del teatro oficial y mercantil en la búsqueda de su trascendencia. En latín, transcendere es pasar de un estado a otro, traspasar algo, y el teatro de la UNAM ha trascendido el tiempo para atravesar el siglo XX como una disciplina que en su momento áureo estuvo a la par del mejor teatro del mundo.

Trascender es también una forma de manifestarse, difundirse, divulgarse, propagarse, popularizarse, y si alguien duda que el teatro de la UNAM ha logrado ese propósito, que pregunte en su rancho cuál ha sido el paradigma del teatro universitario de su entidad. Que el teatro académico de las provincias no siempre haya logrado el nivel de su ejemplo, es otro cantar, aunque sin duda en estados como Veracruz, Nuevo León, Jalisco, Querétaro, el teatro universitario fue el refugio del teatro de ideas y aspiraciones artísticas. ¿Lo sique siendo?

En 1962 el maestro Héctor Azar abrió el Centro Universitario de Teatro (CUT), que fue hasta 1973 la capilla de su fundador para transformarse en el aula de Héctor Mendoza, el sagrario de Luis de Tavira, el oratorio de Ludwik Margules y la oficina de José Caballero y una larga lista de hombres de teatro, así que cuando la escenógrafa Mónica Raya quiso ser la primera mujer en dirigirlo se armó la bronca y como aun no estaba de moda invocar la discriminación de género, se quedó con las ganas. Como señal de los tiempos actualmente la directora es la actriz Emma Dib.

Aunque no fue la academia sino la práctica quien convirtió el teatro estudiantil de la UNAM en una disciplina artística, como consta en los testimonios de Alejandro Luna y Juan José Gurrola que en los años 60 se prepararon en el Teatro de Arquitectura para las hazañas teatrales que acometerían enseguida. La llegada de Héctor Mendoza a la dirección de teatro propició la enseñanza y la escenificación de un teatro de director que tocó varias cumbres del teatro público y encumbró esa figura sobre el resto de un arte por fuerza colectivo.

Este pasado está presente en el 32 avo Festival Internacional de Teatro de la UNAM que tendrá su gran final del 4 al 14 de septiembre. Final porque hay un proceso de inscripción, otro de selección y finalmente la presentación de los grupos nacionales e internacionales. La tarea es ardua porque pueden participar todos los grupos de alguna institución escolar de nivel bachillerato y profesional, y dentro de esos grupos también hay categorías para distinguir a los grupos de escuelas sin especialidad en teatro y las que si imparten esa materia.

Los invito a conocer los detalles del Festival en la plataforma de la UNAM porque ahí está el esquema de un teatro educativo en el mejor sentido de la palabra, sobre todo considerando que la educación artística en la educación básica es una zona de desastre. Descubrir que hay cientos de grupos de teatro en las escuelas de educación media y superior es una buena nueva, y una oportunidad para los futuros comediantes que pasan de la teoría a la práctica con público asegurado. Los estudiantes que solo están de paso por las tablas pueden ser los futuros espectadores de los estudiantes que quieren hacer del teatro su forma de vida. Por cierto, este año el Festival también abrió un espacio para el teatro de la primera infancia, así que habrá mucho teatro en la UNAM del 4 al 14 de septiembre.

 

 

LA RESISTENCIA

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En diversas épocas se ha debatido si la creatividad en el arte tiene fecha de caducidad o es permanente. Para ejemplificar el agotamiento poético se menciona a Rimbaud, y para lo contrario, a Goethe. Germán Castillo, acaso el decano de la dirección escénica en la nopalera decía que la creatividad en el teatro dura entre 20 y 30 años, con picos ascendentes y descendentes, pero en activo, Luego solo se repite. La creatividad artística en Grotowski duró diez años, el resto fue su maestría como profeta disfrazado de pedagogo.

El Odín Theater de Eugenio Barba tiene 61 años de fundado y todavía abre telón en diversas partes del mundo. Los orígenes de la Compañía de Teatro de la Universidad Veracruzana se remontan a 1953 y su consolidación a 1984. El común denominador de las agrupaciones que han resistido el paso del tiempo es que tienen financiamiento oficial o académico, gubernamental o universitario, ¿Pero cuanto resisten los colectivos que se rascan con sus propias uñas?

En Nuevo León la Compañía  Gorguz Teatro cumple esta temporada 20 años de habitar el escenario y llama la atención que desde el nombre hace una declaración de principios porque Gorguz es una vara larga con una punta de hierro de dos hojas, una recta y otra curva que sirve para recoger las piñas de los pinos, los libros de un alto librero, las pantaletas que se atoran en la lámpara del cuarto, esto es, se trata de un instrumento de trabajo, de una herramienta para el cambio, a decir de su director artístico Alberto Ontiveros.

Como todos los grupos mal llamados independiente, Gorguz también ha recibido apoyos oficiales para sus montajes, pero eso no basta para tener una actividad coherente con sus intenciones durante 240 meses. Y sus motivos para hacer ficción dramática son artísticos y sociales, en ese peligroso equilibrio entre la estética y la moral política, para emplear una expresión que está ausente entre los legisladores del partido en el poder.

Es inevitable volver a Brecht para recordar que, para lograr la eficacia artística de su mensaje político, el artista y activista alemán rompió el esquema del teatro tradicional empleando recursos del cabaret y del teatro frívolo en un formato de cultura popular que el teatro latinoamericano comprometido imitó hasta el agotamiento, y rara vez haciéndole honor a su profeta.

En el amplio y variado el repertorio de Gorguz Teatro podemos ver que hay una intención artística en el origen de cada montaje. Me refiero a los textos escogidos que también nos muestran el interés por el contexto geográfico y social de la región noreste de México. Yo estoy convencido que el teatro regional puede ser tan universal como las obras de Chéjov que suceden en pueblos perdidos de la madre Rusia. Por lo mismo, el teatro clásico puede tener su versión regional si se hace la adecuada traslación más que del texto de la intención central de la obra. Y eso intenta Gorguz Teatro.

En los montajes que he presenciado se han cumplido las premisas del colectivo de hacer un teatro en el que el artefacto artístico es el medio para exponer el dolor tan variado del ser humano. Ese dolor puede ser por la violencia, la injusticia, el destino, la venganza, la marginación, y la queja es que a veces pesa más ese fondo que la forma de explorarlo, aunque explorar es la palabra clave en la historia de este colectivo porque Ontiveros está en esos picos del talento y el imaginario personal en el que la experimentación con los lenguajes estéticos y audiovisuales del presente y el cruce de disciplinas es lo que hay y lo que está produciendo las visiones del porvenir.

En nuestro país cada montaje bien realizado es un acto de resistencia, de manera que quien ha resistido 20 años utilizando el teatro como una pinza para atrapar la realidad y transformarla en ficción, merece el premio mayor de todo cómico serio; la atención del público.

EL TIEMPO PASA

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El tiempo pasa y los hombres nos volvemos polvo: Armando Partida, Roberto Servín, Francisco Beverido, tres destacadas personalidades del teatro que ya hicieron mutis de una vida que abarca más de la mitad del siglo XX hasta nuestros días porque Partida nació en 1937, Servín en 1941 y Beverido en 1949.

Coincidencia o destino, los tres hicieron sus carreras a la vera de las universidades de México, Querétaro y Veracruz, respectivamente.

Cuando la crítica de teatro estaba más cerca de la farándula que de la academia, Armando Partida llegó de la Unión Soviética con el rigor necesario para convertir el análisis del texto y la puesta en escena en una tarea del conocimiento, aunque como dijo Braulio Peralta, uno de sus alumnos en la UNAM, sus clases eran tediosas. No tenía el don de la retórica, pero si el rigor del estudio y la serenidad de un maestro zen.

Compartí butaca muchos años con él en la ciudad de México y las Muestras Nacionales de Teatro, así que fui testigo de cómo la sordera lo fue tirando hacia el silencio interno porque se negaba a usar aparato auditivo por coqueto, decía su gran amigo Enrique Mijares. Sin gozar realmente de su amistad porque de algún modo yo era su antípoda como persona y como crítico, abrevé en su saber sobre el teatro y la cultura rusa en general. Recuerdo una cena en San Luis Potosí en donde le pregunté qué era leer Crimen y Castigo de Dostoievski en su idioma original. Se quedó absorto, dejó los cubiertos en la mesa, trató de decir algo, no pudo y tuvo que secar la humedad de sus ojos con la servilleta.

Roberto Servín fue una referencia para mí desde los años 70 en que comencé a frecuentar la ciudad de Querétaro como reportero de cultura. Como uno de los fundadores del histórico colectivo Cómicos de la legua en 1959, pensé que era una fuente directa del episodio en el que “el jefe Diego” (Fernández de Ceballos), azotó con un fuete al poeta y rector de la UAQ, Hugo Gutierrez Vega, así que en la primera ocasión que tuve le pregunté cómo fue la agresión, pero sólo respondió que fue una discusión muy acalorada y se salió del tema. Por algo era un destacado abogado de aquella sociedad que aún tenía retratos de Maximiliano en la sala.

Los cómicos de la legua fue la simiente de la visión liberal, más tolerante y jocosa que hizo del teatro universitario en centro de reunión de los conspiradores del porvenir en el sentido de que el pensamiento progresista se dejaba ver en su repertorio. Servín fue maestro de varias generaciones de cómicos y su paso por el teatro y la vida dejó una huella que se refleja en las sentidas condolencias que provocó su muerte.

Conocí a Francisco Beverido en Xalapa como el joven apuesto, brillante y apasionado del teatro en los años 80. Lo primero que me llamó la atención fue su biblioteca en la que había ensayos, historia, literatura y teatro, porque la ciencia le llegó directamente de su padre, el arqueólogo Francisco Beverido Pereau, reconocido por la elite cultural que vivía en la coda de aquella Atenas cultural de los años 50. La familia Beverido Duhalt que yo conocí era hermosa de aspecto, inteligente en la plática, generosa en la mesa y tenía sentido del humor.

Cordobés de nacimiento, Paco montó su primera obra (el Periquillo Sarniento) a los 14 años y desde ahí no soltó el teatro en el que fue autor, actor, director, docente, investigador y documentalista, actividad que guarda su propia memoria en el centro de documentación Candileja, que abrió en Xalapa en 1995 con el actor Jorge Castillo y el fotógrafo Luis Marín. Por varios años aquel espacio sumido en el Callejón del Diamante fue el centro de la tertulia teatral de la capital veracruzana. Pero como a las palabras se las lleva el viento desde 1979 Beverido había rescatado una bodega en descuido de la Universidad Veracruzana para montar La Caja, espacio teatral que fue un desahogo para la generación de su fundador, que ahí pudo experimentar la sensación del espacio y el tiempo de la creación. Por cierto, 46 años después de su inauguración La Caja es un referente del teatro veracruzano.

No tengo claro a qué edad aquel joven tan atractivo por su físico, su intelecto y su creatividad comenzó su lucha con el ángel de una manera tan solitaria e introvertida que lo fue consumiendo por dentro lenta pero inexorablemente. Cuando lo volví a ver ya era un señor tocado por el dolor físico de una pierna que lo obligaba al bastón que sería de ahí en adelante su santo y su seña. Cojeando fue a recoger los reconocimientos que sus paisanos le brindaron por una vida dedicada al teatro y a la formación de la gente de teatro. Cojeando por fin se puso las camisas floridas que había guardado en el closet (él, que se vistió de negro por años), lo que me hizo pensar que finalmente se había reconciliado consigo mismo.

Sin duda es gracias a gente de teatro como Partida, Servín y Paco Beverido que pese a todos los obstáculos el teatro en México no deja de sorprendernos, de deslumbrarnos, de permitir que la lucha con el ángel no sea una batalla en solitario, como la de Paco.