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Fernando de Ita

Por fin ella

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Juro por la Patria que prendí el televisor justo en el momento en el que la presidenta Claudia Sheinbaum daba su primer grito de independencia, y me quedé literalmente boquiabierto cuando vi a una mujer habitada por su papel, proclamando con fervor cívico el reconocimiento de las mujeres que en diversos grados han sido sobajadas al papel de consortes de la Independencia de México, que más que una gesta histórica, nos dicen los historiadores independientes, fue un enredo de los criollos que deseaban correr a sus padres españoles para quedarse con el territorio. Aunque hubo insurgentes ingenuos como Allende y auténticos padres de la Patria como Morelos.

 Por primera vez vi a la presidenta de México sin la sombra de su sombra, a pesar de que esa oscuridad invocó a todas sus ocurrencias históricas en sus gritos del 15 de septiembre. Desde los binoculares del teatro vi a una mujer cumpliendo con el anhelo de su juventud biológica y política, cuando los sueños de un activista es cambiar el mundo y lo que haces es meterte a un partido político. Es largo el camino del militante que quiere cambiar el mundo pacíficamente, pero además de prolongado las mujeres tenían ese sendero cuesta arriba porque eran las adelitas de los revolucionarios. Como el tema es otro salto de las fotografías de la presidenta en sus días de activista universitaria, llena del desafío juvenil que va en contra del orden establecido, a la imagen de una jefa de estado que está proclamando la independencia histórica de su país, y por esos instantes de euforia interior, la suya propia.

Si así fuera, si aquella joven realizada en la primera mujer que ocupa la máxima autoridad del país, celebrara también su independencia política, comenzaría otra forma de ejercer el poder, porque evidentemente la misión es conservarlo. Sería más sano para la sociedad en su conjunto que la presidenta ejerciera sus facultades por sí misma. Todo indica que autoritariamente, pero acaso sin la nefasta hipocresía del pasado inmediato, sin los proyectos inverosímiles de ese periodo y conteniendo al menos la indescriptible corrupción del obradorato.

Pasando al mundo real, esto es, al formato audiovisual del grito de independencia, me puse a criticar las insistentes tomas de la multitud que había en el Zócalo sin acercamientos a las personas que formaban aquel conglomerado de paisanos. Es básico detallar quien compone esa masa humana para darle perspectiva al conjunto, pero nada. Puro Long shot. El director de cámaras se tardó cinco minutos es hacer un brevísimo acercamiento a la multitud y regresó a su encuadre general. El fondo musical fue el acostumbrado por la fecha y en lugar de los lugares comunes que decían los locutores oficiales al respecto, la y el comentarista del espectáculo patrio hicieron un breve ejercicio de propaganda política a favor del gobierno y cuando comenzaba a quejarme del panfleto cortaron la transmisión gubernamental, entró Televisa y entendí de golpe que estamos perdidos si la decisión está entre uno y otro bando. Tiene que haber un tercer sendero.

¡ES EL PÚBLICO!

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Actualmente el dilema del tetro no es el ser o no ser de Hamlet, ¡es el público!, me dice con vehemencia Armando Quinteros, actor y director del Teatro Abierto, movimiento del teatro independiente argentino que en plena dictadura (1981), montó en Buenos Aires obras que desafiaron la censura imperante. Figuras como Osvaldo Dragún, Roberto Cossa, Luis Brandoni, convocaron a 21 autores a escribir obras cortas que fueron representadas por distintos directores y elencos diversos bajo el lema: “¡teatro contra la dictadura”.

El 28 de julio de 1981 se inauguró el ciclo en el Teatro del Picadero y las colas de espectadores no se hicieron esperar. Fue tanto el éxito de aquella iniciativa que, a una semana de haberse iniciado el llamado a la resistencia pacífica, el teatro fue incendiado intencionalmente y quedó en ruinas. Lejos de amedrentarse el movimiento continuó en el Teatro Tabaris, situado en pleno centro de Buenos y esa trinchera artística fue el preámbulo para la caída de la dictadura, Fue el mismo Osvaldo Dragún quien me contó en una entrevista para el primer unomásuno las peripecias de aquel movimiento artístico que marcó un hito en la manera de enfrentar la represión de los militares, y fue Dragún quien me presentó al joven Armando Quintero con quien hoy platico por Zoom sobre otra represión igualmente nefasta para la cultura en Argentina: la de Javier Gerardo Milei.

Los recortes para la cultura han sido brutales, pero a casi dos años de Milei el teatro de Buenos Aires se está reponiendo de la debacle económica, cuenta el amigo nacido en Jujuy, pero avecinado en Buenos Aires desde muy joven, quien agrega que recién se ha publicado una encuesta de consumo cultural que deja ver cosas reveladoras para el teatro. En primer lugar, el teatro comercial sigue llenando varias de sus salas a pesar de que el boleto para esos espectáculos cuesta 50 mil pesos argentinos que son 3.650 pesos mexicanos al cambio actual. Sin embargo, la encuesta señala que en este año ha disminuido la asistencia a esos teatros en 12 por ciento.

La capital argentina tiene el record mundial de teatros independientes porque hay 400 locales en activo que cobran entre 10 y 20 mil pesos la entrada, o sea, 730 y 1460 pesos respectivamente. El 2023 fue muy duro para el teatro no subvencionado, cuenta Quintero, porque la gente no podía cubrir sus gastos básicos. Afortunadamente, tanto el teatro comercial como el alternativo ya han formado un público que este año ha vuelto a las butacas, aunque en menor cantidad. La encuesta señala que estos teatros han perdido hasta un 15 por ciento de sus seguidores, pero solo unos cuantos han bajado el telón. Aunque como tú sabes acá la gente del teatro independiente no vive del teatro sino para el teatro, remata mi amigo con una carcajada que estalla en la computadora.

En México han sido pocos y aislados los intentos por indagar el comportamiento del público de la cultura artística. Hay nociones generales y apuntes interesantes sobre esa masa anónima que llamamos público, pero teniendo los instrumentos para descifrar más a fondo el por qué ha sido tan complicado formar un público mayoritario para las artes escénicas, carecemos de los estudios necesarios sobre el tema, sobre todo en el caso de los mal llamados grupos independientes, que al contrario que los colectivos argentinos no se constituyen como entes privados que desarrollan un trabajo grupal sin apoyo oficial. Por el contrario, en la nopalera los grupos independientes son los que hacen cola en todas las convocatorias gubernamentales para hacer teatro. Y no es juicio, solo descripción.

Una de las formas mas directas de escudriñar la mentalidad del público sería que esos teatros marginales se dieran el tiempo para hablar con la gente que va a sus espectáculos con un cuestionario que toque los puntos nodales de por qué la gente va o no va al teatro. Sabemos que la situación económica es un factor determinante, y otro la educación y la cultura de las mayorías, pero no son las únicas razones por las que esos espacios no son sustentables en la taquilla. Asi que habrá que voltear a Buenos Aires porque una ciudad que tiene 400 teatros alternativos en activo algo tiene que enseñarnos al respecto.

EL MISTERIO REBELADO

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El háktór, el agere, el que hace la acción, el que hace el teatro. El actor contemporáneo es un engendro de la historia en el sentido original y derivativo de la palabra. Engendro porque fue engendrado por los ritos dionisiacos de la antigua Grecia y ocho siglos más tarde es el engendro, el monstruo de las mil caras, las mil vidas, las mil maneras de ser otro siendo el mismo.

En el caprichoso calendario onomástico del capitalismo occidental hace dos lunas fue el día del actor, sustantivo que en la gramática castellana incluye a las mujeres que se dedican a la actuación, discriminación lingüística justificada por la historia del teatro puesto que fue hasta el siglo XVII que se permitió la presencia de las damas en el escenario. De Esquilo a Shakespeare los hombres hicieron los personajes femeninos y la razón es la misma: el patriarcado.

En la Grecia del siglo VI las mujeres no podían participar en política ni asistir a las asambleas ni participar en los actos cívicos y religiosos. En la Inglaterra del siglo XVI, gobernada por una mujer, actuar sería una deshonra para ellas. Los griegos usaban máscaras para interpretar los roles femeninos, los ingleses utilizaban muchachos de voz aguda para hacer de Julieta o lady Macbeth. El machismo histórico se mordía la cola travistiendo a los varones en hembras.

Ahora que sabemos que hay una memoria cognitiva y una memoria del cuerpo resulta que el actor lo supo sin saberlo antes que los neurólogos y los psicólogos. La Comedia dell’arte que se popularizó en la Italia del siglo XVI fue el primer teatro físico en el que participaban mujeres y en el que la repetición de los movimientos formó al personaje. Tenemos al Teatro de Arte de Moscú de 1898 como el inicio del famoso método de actuación de Stanislavsky, pero ya en 1672 el pastor luterano Johann Gottfried tenía la Academia de Arte Dramático de Moscú para instruir a los jóvenes en el dominio del lenguaje escénico, aunque desde el renacimiento la verdadera escuela de los actores fue la práctica, la imitación de la expresión humana.

Fue hasta finales del siglo XIX con la aparición de autores como Ibsen y Chéjov que los actores tuvieron que modificar su forma de exponer las emociones y la ideología de sus personajes con una estética realista, objetiva y fiel. A partir de ahí la actuación se fue convirtiendo en una indagación sobre las costumbres sociales de cada época, y en los mejores casos en una indagación sobre la condición humana, comenzando por la del propio actor.

Fue emocionante escuchar a las diversas generaciones de actrices y actores de la Compañía Nacional de Teatro festejar el día del actor con una reflexión sobre su oficio, porque en los más jóvenes destacó su compromiso con el teatro y el aliento que le da a su vida profesional tener los medios para hacer teatro. Los comediantes de la generación intermedia aprecian la oportunidad de estar en un elenco estable, pero saben que el camino es arduo y nada es para siempre, así que están contentos por ser cómicos y trágicos, pero están alertas.

Fueron los viejos quienes llegaron al fondo del asunto. Ellas y ellos dijeron con sus propias palabras que el teatro es una forma en que la vida te permite conocerte a fondo y descubrir así a los otros en ti mismo. Actuar es un don divino a la manera de Spinoza; un don de la naturaleza humana. Actuar es una forma de autoconocimiento y de observación social. Sin el entorno no hay nada para el teatro. El teatro sólo puede ser con los otros y para ellos, aunque esa emoción, esa corriente vital pasa por la mente y el cuerpo del actuante, del simulador en la doctrina de Juan José Gurrola que halló en la simulación la clave para ser verídico.

“Amo actuar, es mucho más real que la vida”, dijo Arturo Beristain citando a Oscar Wilde. Sin duda. Sin amor no hay teatro. Del actor santo de Grotowski a las estrellas de Hollywood hay un pantano que nadie cruza sin mancharse, pero en el teatro aún se guarda una forma personal de ser yo, pero desprendido de mí. Nunca disfrazado, habitado más bien por la historia que estoy viviendo. Dentro y fuera de la ficción. Dentro y fuera de la realidad. Dentro y fuera del misterio revelado que es el teatro, esa ficción de la mente y el cuerpo que nos permite cruzar al otro lado del espejo de cuerpo entero.

TEATRO UNAM

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Para Huemantzin, camarada ejemplar en
el periodismo y en la vida.

Gracias a la Universidad Autónoma de México el teatro universitario no es solamente un teatro estudiantil sino un espacio de libertad ideológica artística y pedagógica que desde 1934 ha estado por delante del teatro oficial y mercantil en la búsqueda de su trascendencia. En latín, transcendere es pasar de un estado a otro, traspasar algo, y el teatro de la UNAM ha trascendido el tiempo para atravesar el siglo XX como una disciplina que en su momento áureo estuvo a la par del mejor teatro del mundo.

Trascender es también una forma de manifestarse, difundirse, divulgarse, propagarse, popularizarse, y si alguien duda que el teatro de la UNAM ha logrado ese propósito, que pregunte en su rancho cuál ha sido el paradigma del teatro universitario de su entidad. Que el teatro académico de las provincias no siempre haya logrado el nivel de su ejemplo, es otro cantar, aunque sin duda en estados como Veracruz, Nuevo León, Jalisco, Querétaro, el teatro universitario fue el refugio del teatro de ideas y aspiraciones artísticas. ¿Lo sique siendo?

En 1962 el maestro Héctor Azar abrió el Centro Universitario de Teatro (CUT), que fue hasta 1973 la capilla de su fundador para transformarse en el aula de Héctor Mendoza, el sagrario de Luis de Tavira, el oratorio de Ludwik Margules y la oficina de José Caballero y una larga lista de hombres de teatro, así que cuando la escenógrafa Mónica Raya quiso ser la primera mujer en dirigirlo se armó la bronca y como aun no estaba de moda invocar la discriminación de género, se quedó con las ganas. Como señal de los tiempos actualmente la directora es la actriz Emma Dib.

Aunque no fue la academia sino la práctica quien convirtió el teatro estudiantil de la UNAM en una disciplina artística, como consta en los testimonios de Alejandro Luna y Juan José Gurrola que en los años 60 se prepararon en el Teatro de Arquitectura para las hazañas teatrales que acometerían enseguida. La llegada de Héctor Mendoza a la dirección de teatro propició la enseñanza y la escenificación de un teatro de director que tocó varias cumbres del teatro público y encumbró esa figura sobre el resto de un arte por fuerza colectivo.

Este pasado está presente en el 32 avo Festival Internacional de Teatro de la UNAM que tendrá su gran final del 4 al 14 de septiembre. Final porque hay un proceso de inscripción, otro de selección y finalmente la presentación de los grupos nacionales e internacionales. La tarea es ardua porque pueden participar todos los grupos de alguna institución escolar de nivel bachillerato y profesional, y dentro de esos grupos también hay categorías para distinguir a los grupos de escuelas sin especialidad en teatro y las que si imparten esa materia.

Los invito a conocer los detalles del Festival en la plataforma de la UNAM porque ahí está el esquema de un teatro educativo en el mejor sentido de la palabra, sobre todo considerando que la educación artística en la educación básica es una zona de desastre. Descubrir que hay cientos de grupos de teatro en las escuelas de educación media y superior es una buena nueva, y una oportunidad para los futuros comediantes que pasan de la teoría a la práctica con público asegurado. Los estudiantes que solo están de paso por las tablas pueden ser los futuros espectadores de los estudiantes que quieren hacer del teatro su forma de vida. Por cierto, este año el Festival también abrió un espacio para el teatro de la primera infancia, así que habrá mucho teatro en la UNAM del 4 al 14 de septiembre.

 

 

LA RESISTENCIA

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En diversas épocas se ha debatido si la creatividad en el arte tiene fecha de caducidad o es permanente. Para ejemplificar el agotamiento poético se menciona a Rimbaud, y para lo contrario, a Goethe. Germán Castillo, acaso el decano de la dirección escénica en la nopalera decía que la creatividad en el teatro dura entre 20 y 30 años, con picos ascendentes y descendentes, pero en activo, Luego solo se repite. La creatividad artística en Grotowski duró diez años, el resto fue su maestría como profeta disfrazado de pedagogo.

El Odín Theater de Eugenio Barba tiene 61 años de fundado y todavía abre telón en diversas partes del mundo. Los orígenes de la Compañía de Teatro de la Universidad Veracruzana se remontan a 1953 y su consolidación a 1984. El común denominador de las agrupaciones que han resistido el paso del tiempo es que tienen financiamiento oficial o académico, gubernamental o universitario, ¿Pero cuanto resisten los colectivos que se rascan con sus propias uñas?

En Nuevo León la Compañía  Gorguz Teatro cumple esta temporada 20 años de habitar el escenario y llama la atención que desde el nombre hace una declaración de principios porque Gorguz es una vara larga con una punta de hierro de dos hojas, una recta y otra curva que sirve para recoger las piñas de los pinos, los libros de un alto librero, las pantaletas que se atoran en la lámpara del cuarto, esto es, se trata de un instrumento de trabajo, de una herramienta para el cambio, a decir de su director artístico Alberto Ontiveros.

Como todos los grupos mal llamados independiente, Gorguz también ha recibido apoyos oficiales para sus montajes, pero eso no basta para tener una actividad coherente con sus intenciones durante 240 meses. Y sus motivos para hacer ficción dramática son artísticos y sociales, en ese peligroso equilibrio entre la estética y la moral política, para emplear una expresión que está ausente entre los legisladores del partido en el poder.

Es inevitable volver a Brecht para recordar que, para lograr la eficacia artística de su mensaje político, el artista y activista alemán rompió el esquema del teatro tradicional empleando recursos del cabaret y del teatro frívolo en un formato de cultura popular que el teatro latinoamericano comprometido imitó hasta el agotamiento, y rara vez haciéndole honor a su profeta.

En el amplio y variado el repertorio de Gorguz Teatro podemos ver que hay una intención artística en el origen de cada montaje. Me refiero a los textos escogidos que también nos muestran el interés por el contexto geográfico y social de la región noreste de México. Yo estoy convencido que el teatro regional puede ser tan universal como las obras de Chéjov que suceden en pueblos perdidos de la madre Rusia. Por lo mismo, el teatro clásico puede tener su versión regional si se hace la adecuada traslación más que del texto de la intención central de la obra. Y eso intenta Gorguz Teatro.

En los montajes que he presenciado se han cumplido las premisas del colectivo de hacer un teatro en el que el artefacto artístico es el medio para exponer el dolor tan variado del ser humano. Ese dolor puede ser por la violencia, la injusticia, el destino, la venganza, la marginación, y la queja es que a veces pesa más ese fondo que la forma de explorarlo, aunque explorar es la palabra clave en la historia de este colectivo porque Ontiveros está en esos picos del talento y el imaginario personal en el que la experimentación con los lenguajes estéticos y audiovisuales del presente y el cruce de disciplinas es lo que hay y lo que está produciendo las visiones del porvenir.

En nuestro país cada montaje bien realizado es un acto de resistencia, de manera que quien ha resistido 20 años utilizando el teatro como una pinza para atrapar la realidad y transformarla en ficción, merece el premio mayor de todo cómico serio; la atención del público.

EL TIEMPO PASA

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El tiempo pasa y los hombres nos volvemos polvo: Armando Partida, Roberto Servín, Francisco Beverido, tres destacadas personalidades del teatro que ya hicieron mutis de una vida que abarca más de la mitad del siglo XX hasta nuestros días porque Partida nació en 1937, Servín en 1941 y Beverido en 1949.

Coincidencia o destino, los tres hicieron sus carreras a la vera de las universidades de México, Querétaro y Veracruz, respectivamente.

Cuando la crítica de teatro estaba más cerca de la farándula que de la academia, Armando Partida llegó de la Unión Soviética con el rigor necesario para convertir el análisis del texto y la puesta en escena en una tarea del conocimiento, aunque como dijo Braulio Peralta, uno de sus alumnos en la UNAM, sus clases eran tediosas. No tenía el don de la retórica, pero si el rigor del estudio y la serenidad de un maestro zen.

Compartí butaca muchos años con él en la ciudad de México y las Muestras Nacionales de Teatro, así que fui testigo de cómo la sordera lo fue tirando hacia el silencio interno porque se negaba a usar aparato auditivo por coqueto, decía su gran amigo Enrique Mijares. Sin gozar realmente de su amistad porque de algún modo yo era su antípoda como persona y como crítico, abrevé en su saber sobre el teatro y la cultura rusa en general. Recuerdo una cena en San Luis Potosí en donde le pregunté qué era leer Crimen y Castigo de Dostoievski en su idioma original. Se quedó absorto, dejó los cubiertos en la mesa, trató de decir algo, no pudo y tuvo que secar la humedad de sus ojos con la servilleta.

Roberto Servín fue una referencia para mí desde los años 70 en que comencé a frecuentar la ciudad de Querétaro como reportero de cultura. Como uno de los fundadores del histórico colectivo Cómicos de la legua en 1959, pensé que era una fuente directa del episodio en el que “el jefe Diego” (Fernández de Ceballos), azotó con un fuete al poeta y rector de la UAQ, Hugo Gutierrez Vega, así que en la primera ocasión que tuve le pregunté cómo fue la agresión, pero sólo respondió que fue una discusión muy acalorada y se salió del tema. Por algo era un destacado abogado de aquella sociedad que aún tenía retratos de Maximiliano en la sala.

Los cómicos de la legua fue la simiente de la visión liberal, más tolerante y jocosa que hizo del teatro universitario en centro de reunión de los conspiradores del porvenir en el sentido de que el pensamiento progresista se dejaba ver en su repertorio. Servín fue maestro de varias generaciones de cómicos y su paso por el teatro y la vida dejó una huella que se refleja en las sentidas condolencias que provocó su muerte.

Conocí a Francisco Beverido en Xalapa como el joven apuesto, brillante y apasionado del teatro en los años 80. Lo primero que me llamó la atención fue su biblioteca en la que había ensayos, historia, literatura y teatro, porque la ciencia le llegó directamente de su padre, el arqueólogo Francisco Beverido Pereau, reconocido por la elite cultural que vivía en la coda de aquella Atenas cultural de los años 50. La familia Beverido Duhalt que yo conocí era hermosa de aspecto, inteligente en la plática, generosa en la mesa y tenía sentido del humor.

Cordobés de nacimiento, Paco montó su primera obra (el Periquillo Sarniento) a los 14 años y desde ahí no soltó el teatro en el que fue autor, actor, director, docente, investigador y documentalista, actividad que guarda su propia memoria en el centro de documentación Candileja, que abrió en Xalapa en 1995 con el actor Jorge Castillo y el fotógrafo Luis Marín. Por varios años aquel espacio sumido en el Callejón del Diamante fue el centro de la tertulia teatral de la capital veracruzana. Pero como a las palabras se las lleva el viento desde 1979 Beverido había rescatado una bodega en descuido de la Universidad Veracruzana para montar La Caja, espacio teatral que fue un desahogo para la generación de su fundador, que ahí pudo experimentar la sensación del espacio y el tiempo de la creación. Por cierto, 46 años después de su inauguración La Caja es un referente del teatro veracruzano.

No tengo claro a qué edad aquel joven tan atractivo por su físico, su intelecto y su creatividad comenzó su lucha con el ángel de una manera tan solitaria e introvertida que lo fue consumiendo por dentro lenta pero inexorablemente. Cuando lo volví a ver ya era un señor tocado por el dolor físico de una pierna que lo obligaba al bastón que sería de ahí en adelante su santo y su seña. Cojeando fue a recoger los reconocimientos que sus paisanos le brindaron por una vida dedicada al teatro y a la formación de la gente de teatro. Cojeando por fin se puso las camisas floridas que había guardado en el closet (él, que se vistió de negro por años), lo que me hizo pensar que finalmente se había reconciliado consigo mismo.

Sin duda es gracias a gente de teatro como Partida, Servín y Paco Beverido que pese a todos los obstáculos el teatro en México no deja de sorprendernos, de deslumbrarnos, de permitir que la lucha con el ángel no sea una batalla en solitario, como la de Paco.

EL PODER DEL ESCRITORIO

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En México hay muy poco dinero para la cultura, pero bastante para el aparato burocrático a pesar de que este año la Secretaría Federal del ramo recibirá 4 mil millones menos que el año pasado. Acaso esa sea la razón por la que esa dependencia ha redefinido su reglamento interior pasando de 16 a 12 unidades administrativas y creando nuevas nomenclaturas como la Dirección General de Sistema de Apoyo a la Creación Cultural, que anteriormente era el FONCA.

La intención de esta nota no es evaluar el nuevo organigrama de la burocracia cultural sino señalar que de los 12 mil 700 millones de pesos que tendrá este año la SFC sólo entre el cinco y siete por ciento será para apoyará directamente la producción artística. Todas las convocatorias oficiales para recibir algún beneficio económico exponen el desequilibrio entre el gasto administrativo y la inversión creativa, que es la razón de ser de la burocracia cultural. Verbigracia: mil 300 colectivos de teatro compiten para el programa IMSS-INBA y sólo cien recibirán el apoyo, mientras todos los administrativos del Instituto siguen cobrando sus quincenas.

En diversos países de Europa entendieron que el aparato cultural del estado debe ser sólo un núcleo administrativo y no, como en México, un gigante con pies de barro que se traga el 90 por ciento del presupuesto para mantener a los 25 mil empleados que de una manera u otra laboran en sus actividades. Cierto que en países como Francia, Alemania, Inglaterra, España, las provincias tienen su propio núcleo administrativo y su propio presupuesto. Se dirá que en México también, pero allá la burocracia cultural gasta entre el 35 y 40 por ciento de sus ingresos, acá el 90. Por eso la ventanilla para los apoyos a la invención artística tiene un letrero permanente: no hay dinero.

Por falta de fondos se han terminado programas emblemáticos que cumplían el ciclo virtuoso de la cultura: preparación-invención artística-socialización y formación de nuevos públicos, como lo hizo el teatro escolar. Ante dicho panorama hay que celebrar que la Muestra Nacional de Teatro cumple 45 años y se hace este otoño en el municipio Benito Juárez de Quintana Roo, mejor conocido como Cancún.

En Acapulco supimos lo difícil que es hacer teatro en centros vacacionales con playa y antros al por mayor; se requieren mártires que naden contra la corriente como los autores, directores y comediantes que hicieron el pie de cría de un teatro que tuvo momentos estelares que nuevas generaciones sostuvieron pese a todo. El año pasado La Paz fue la sede de la MNT porque la directora del Teatro de la Ciudad, Aletse Toledo es una mujer de teatro de larga data, no porque el movimiento teatral de la Baja California Sur sea sobresaliente. Creo que la perseverancia y creatividad de gente como Saúl Enríquez tiene mucho que ver con que el Instituto de la cultura y las artes de Benito Juárez comparta con el INBAL la organización del festejo al que acudirán 22 producciones de 16 estados, como un muestrario del teatro de las nuevas generaciones y las diversas maneras de ficcionar su realidad.

En sus orígenes la MNT fue una revelación para los artistas de los estados que hallaron en esas reuniones la forma y el fondo para renovar su formación, su inventiva y su repertorio.  En esos años ir a la Muestra le daba los provincianos un estatus nacional que ayudó a crear colectivos que hicieron historia en diversos puntos del país. En la era previrtual la Muestra fue el escenario para presenciar los avances de la dramática y el montaje en diversas direcciones. Con el internet ya no cumple esa función, pero sigue siendo el lugar en el que se puede tener un panorama parcial de lo que están haciendo los nuevos comediantes, y la ocasión en donde llamarla comunidad no es un eufemismo.

Hace unos años el INBAL tenía seis millones de pesos para la MNT y la sede debía poner otro tanto en infraestructura, alojamiento, trasporte y alimentación. Supongo que hoy la inversión es más alta, pero, aunque llegara a 10 millones por cada parte sería un gasto menor para los beneficios que logra como uno de los pocos programas institucionales a nivel nacional. A lo que voy es que, si se empleara el 20 por ciento del presupuesto del INBAL en apoyo directo a la producción artística, esta florecería más y mejor porque buena parte de sus integrantes podría comer tres veces al día. Aunque la realidad es que la burocracia que etimológicamente significa el poder de la oficina o del escritorio, es la que tiene los beneficios sociales que no tienen los artistas, y la que determina el rumbo de la cultura institucional. Así las cosas, hay que imitar a los oaxaqueños que hace unos días corrieron a gritos y objetos diversos a los funcionarios que tenían una zona VIP en un concierto para el que miles de mujeres y hombres de a pie hicieron cola por horas. Como dicen en Sonora; Ta buenos que sean cochis, pero no trompudos.

 

PRIMERO FUE EL TEATRO

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En la cultura grecolatina que adoptamos en su versión castellana primero fueron Esquilo, Sófocles, Eurípides y luego Platón y Aristóteles. Hay aproximadamente 71 años de diferencia entre la primera representación de La Orestiada, de Esquilo (458 a.c.) y la fundación de La Academia de Platón (387 de esa era) y 123 estaciones del mismo periodo para la apertura del Liceo de su alumno más destacado; Aristóteles. Por lo tanto, primero fue el teatro luego la reflexión sobre esa poética en la que el Corpus Aristotelicum dominó la escena por siglos con todo y que nunca existió un solo documento original del estagirita sino lecturas de otras lecturas. De ahí que hasta los estudiosos de hoy pueden ser aristotélicos.

La mención viene a cuento porque el mes de julio de 1981 José Solé, el caballero del teatro, abrió en la ciudad de México el Centro de Investigación Teatral Rodolfo Usigli, del INBAL, que luego de sus modestos inicios y diversas peripecias cumple desde hace algunos sexenios su misión de investigar y documentar la historia del teatro en México. Ahí está parte de la memoria de la aventura mexicana de hacer teatro. La investigación abarca autores, directores, actores, revistas y movimientos visibles e invisibles de nuestro devenir dramático y escénico. La documentación incluye textos, crítica, programas de mano, carteles, exposiciones, fotografías, videos, y testimonios de diversas fuentes.

Aunque es oportuno preguntar cuál es la concurrencia entre los trabajos del CITRU y la gente de teatro. Cuántos autores, directores, actores, escenógrafos, vestuaristas, técnicos y amantes del teatro consultan el acervo de la institución, y qué orienta y determina el trabajo del Centro, más allá de la retórica liminal con la que presenta su labor públicamente. En otras palabras, cómo aprovechan los comediantes el trabajo de la academia y de qué modo la academia contribuye a la invención dramática.

El tema es largo y hondo y el espacio es breve así que mejor recordar que también en julio, pero de 1946, se fundó la Escuela Nacional de Teatro del INBAL y por lo tanto este mes cumple 79 veranos de formar farsantes, de manera que si pasamos lista veremos que un buen porcentaje de las actrices y actores que hicieron el teatro, el cine y la televisión del siglo XX salieron de sus aulas, y de ese porcentaje por lo menos la mitad fueron de las provincias porque en sus ranchos no había escuelas para tal fin.

Son muchas las peripecias por las que ha pasado la ENAT unas buenas, otras excelentes y algunas malas, como el abuso de autoridad en la que se fundamentó la enseñanza del arte de hacer tragedia, comedia y bululú en México y Nueva York, pues lo mismo en los salones del Centro Cultural del Bosque que en los del Actor’s Studio el director era el tirano de los ensayos. Hasta que llegó el Me Too y los tendederos feministas que colgaron la imagen de culpables e inocentes porque la rabia acumulada es como los ríos que se desbordan y arrasan con hombres, mujeres, niños, perros y gatos. Por cierto, el INBAL no ha dicho esta boca es mía con las denuncias de abuso y acoso que destruyeron la vida profesional de los denunciados y con la vida a secas de un hombre de bien como fue el maestro ruso Anatoli Lokachtchouk.

Igual en julio cumple 25 años el Festival Nacional de la Joven Dramaturgia que fundaron Luis Enrique Gutierrez Ortiz Monasterio, Edgar Chías y Manuel Naredo en la ciudad de Querétaro en año 2003. Precisamente este sábado cierra telón en el Museo de la Ciudad luego de otra ronda de obras, talleres, mesas cuadradas, conversatorios, desmontajes y despapayes. A propósito, este año una de las primeras alumnas de Legom, Ana Lucía Ramírez, ganó este año el Premio Manuel Herrera, y su comadre Patricia Estrada sigue dirigiendo el FNJD, de modo que de una manera muy curiosa su mentor sigue presente en la ciudad donde comenzó a ser LEGOM.

Y para terminar con los festejos teatrales del mes de julio, les aviso que hay mil 200 cómicos en México algo desencajados porque ya se anunciaron los ganadores de la convocatoria IMSS y el INBAL para revivir de nuevo a los teatros del Seguro Social, y sólo fueron seleccionados 100 grupos de los 1,300 que metieron solicitud. En Guadalajara, el veterano director Fausto Ramírez ironizó el haber sido uno de los elegidos diciendo; “Ya somos los mismos de siempre”, y sí, de los que siempre han trabajado con ahínco por el teatro y destacan por lo mismo en este tipo de convocatorias. Con resignación pachuqueña mi paisano Carlos Cortés señala en FB que el 27 por cinto de los elegidos son de la ciudad de México de manera que el centralismo sigue siendo el eje de la República del Teatro. De nueva cuenta, la realidad económica pone sobre el escenario las dos caras del teatro en las que unos ríen y otros lloran.

El kitsch totalitario

By Rutas literarias, Sobre 2 ruedasNo Comments
En una sociedad en la que coexisten diversas corrientes políticas
y en la que sus influencias se limitan o se eliminan mutuamente,
el individuo puede conservar sus peculiaridades y el artista
puede crear obras inesperadas.
Pero allí donde un solo movimiento político tiene todo el poder,
nos encontramos de pronto en el imperio del kitsch totalitario.
Milan Kundera

Hay libros que te alcanzan en el momento más inesperado, digamos 40 años después de que leíste la primera edición en español de La insoportable levedad del ser, de Milan Kundera en editorial TusQuets. En el momento y el lugar más insólito como puede ser la oficina de una empresa subsidiaria de las farmacias del doctor Simi en la ciudad de Cuernavaca.

En un estante de aquel espacio en el que apoyaba a una famosa terapeuta Gestal jugando al teatro con 80 empleadas de Farmacias Similares, ya había encontrado y releído de una sentada El coronel no tiene quien le escriba, del Nobel colombiano, y cuando regresé el delgado volumen a su lugar note un libro con pasta azul en el que una mujer desnuda y decapitada flota en un sueño acuático. Era la reimpresión número 34 de la narración del escritor checo que destaca en un recuadro de la portada el millón de ejemplares vendidos hasta el 2019.

Esta vez el texto de la contraportada tiene razón al describir la novela como una extraordinaria historia de amor que abrió un nuevo cauce en la literatura europea, particularmente en los países que estuvieron bajo el dominio de la Unión Soviética. Quien escribe había pasado en los años 70 una extraordinaria experiencia en la ciudad de Praga y en dos pueblos muy pequeños de la campiña Checa, en donde a señas pasamos un amigo y yo dos veladas inolvidables porque tanto nuestros anfitriones como nosotros nos divertimos genuinamente sin entender una sola frase completa entre unos y otros. Aunque el recibimiento que nos dieron fue primero de rechazo, hasta ver en nuestros pasaportes que éramos mexicanos y entonces fue como si hubiéramos llegado de otro planeta. Al leer por primera vez la ficción realista de Kundera en los 80 entendí que el aislamiento de la población rural en los países de Europa del Este era tan brutal, a su manera, como el de los pueblos indígenas de mi país.

En Praga pasó todo lo contrario. En una cervecería del centro histórico antes de terminar la primera pinta estábamos rodeados por estudiantes que se morían por tocar nuestros pantalones vaqueros. Ninguno de ellos hablaba inglés, pero entre varios articularon el deseo de ver la marca de los pantalones, y cuando vieron Levy Strauss & Com., lanzaron una hurra con sus cervezas, y alguna de ellas derramó su espuma en el libro que llevaba yo a todas partes, y ahí comenzó la conmoción porque era, One-Dimensional Man, de Herbert Marcuse. Lo primero que hicieron fue tapar el libro con un periódico, lo segundo indagar quién hablaba inglés en el maravilloso salón en el que, ahora puedo imaginar, se curaban la resaca de la Primavera de Praga que terminó con la invasión de Checoslovaquia por la URSS.

Y llegó Agñezca, una joven delgada con grandes gafas y enormes pechos que platicó primero con el chavo que tapaba el libro, y luego preguntó de quien era el volumen, dije que mío, y fue a mí a quién le preguntó qué quería yo por él, respondí que nada porque lo estaba leyendo y eso quería seguir haciendo. Luego de hablar con el mismo tipo que tapaba el libro, Agñezca tomó mi mano izquierda y la puso entre las suyas para decirme: “es un libro muy importante para nosotros”. Gracias a Kundera puedo recomponer esa escena tan lejana en el tiempo paso por paso, pues al releer su novela aquel primer viaje a los países socialistas tomó otro sentido.

En Nueva York, donde comencé a leer a Marcuse, El hombre unidimensional era un libro de agitación intelectual entre los estudiantes latinoamericanos, en Praga era un acto de resistencia. Sería la deliciosa y potente cerveza oscura de Praga, o los besos de Agñezca, o el presentimiento de que un escritor checo me explicaría 15 años más tarde la insoportable levedad del amor, pero les dejé el libro.

EL KITSCH

 En el capítulo número 8 de la sexta parte de La insoportable levedad del ser, titulada, La gran marcha, Kundera parte de la muerte del hijo de Stalin electrificado en la valla de un campo alemán para prisioneros, para disertar sobre la incompatibilidad de la mierda y Dios, recordando que de niño conoció a Dios Padre por un grabado de Doré y al ver que el creador de todas las cosas, incluyendo al ser humano, tenía boca, dedujo que debía comer y si comía tendría intestinos que convertirían el alimento en mierda. Esta deducción lo puso ante la siguiente disyuntiva:

  • “Una de dos: o el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios y entonces Dios tiene tripas, o Dios no tiene tripas y entonces el hombre no se le parece” (1).

Kundera cuenta que Valentín, un maestro de la Gnosis del siglo II, procuró resolver el problema afirmando que Jesús comía y bebía, pero no defecaba, convirtiendo el problema de la mierda en una cuestión teológica más compleja que el mal (en palabras de Kundera), porque Dios le dio al hombre libre albedrio y por tal no se le puede culpar de los crímenes de su criatura, pero el único responsable de la mierda es aquel que creo al hombre, remata el escritor checo, para concluir de la siguiente manera:

  • “En el trasfondo de toda fe, religiosa o política, está el primer capítulo del Génesis, del que se desprende que el ser es bueno y que, por lo tanto, es correcto multiplicarse. A esta fe la denominamos acuerdo categórico con el ser…
  • “De eso se desprende que el ideal estético del acuerdo categórico con el ser es un mundo en el que la mierda es negada y todos se comportan como si no existiese. Este ideal estético se llama kitsch
  • “el kitsch es la negación absoluta de la mierda, en sentido literal y figurado: el kitsch elimina de su punto de vista todo lo que en la existencia es esencialmente inaceptable” (2).

Solo puedo lamentar no haber leído a Kundera entre 1979 y 1984 que fueron los años que visité como critico de teatro los países balcánicos que aun se agrupaban en la Yugoslavia de Tito, y como reportero Polonia, Alemana Oriental, Estonia y Lituania, porque habría visto con mayor claridad el trasfondo de aquellas sociedades socialistas en las que para forjar al hombre nuevo se habían jodido al modelo anterior porque en la sociedad sin clases había dos clases de ciudadanos: los miembros de la nomenclatura policiaca y política y los demás. Entre los artistas e intelectuales que frecuente en esos viajes persistía el idealismo comunista que Kundera describe en su libro como una corazonada en la que el sentimiento supera a la razón, de manera que la gran marcha de las izquierdas del mundo hacia la felicidad pertenece al reino del kitsch en donde impera la dictadura del corazón.

EL KITSCH TOTALITARIO

 “,,, Cuando digo (kitsch) totalitario quiero decir que todo lo que perturba al kitsch queda excluido de la vida: cualquier manifestación de individualismo (porque toda diferenciación es un escupitajo a la cara de la sonriente fraternidad), cualquier duda (porque el que empieza dudando de pequeñeces termina dudando de la vida como tal), la ironía (porque en el reino del kitsch hay que tomárselo todo en serio) y hasta la madre que abandona a su familia o el hombre que prefiere a los hombres y no a las mujeres y pone así en peligro la consigna sagrada >>amaos y multiplicaos>>. (3).

“En el imperio del kitsch totalitario las respuestas están dadas de antemano y eliminan la posibilidad de cualquier pregunta. De ello se desprende que el verdadero enemigo del kitsch totalitario es el hombre que pregunta…” (4).

¿Cómo un libro escrito hace medio siglo en medio de la desesperanza que provocó la invasión soviética a Checoslovaquia en 1968 nos puede esclarecer el presente mexicano? Observando la forma en que el gobierno de un caudillo con fachada feminista busca la unanimidad de la vida pública, de manera que cualquier cuestionamiento a su política reduccionista es castigado según la nueva ley de los nuevos jueces del régimen morenista.

Lo perverso del totalitarismo de cualquier color político es que castiga a sus opositores con todo el peso de la ley porque ese estatuto jurídico esta hecho a su medida. De ahí que en Venezuela Maduro puede jurar ante el pueblo que fue electo por el pueblo porque así lo dictaminaron las instancias legales correspondientes. Bajo ese modelo no importa que el nuevo poder judicial haya sido “elegido” por un ridículo porcentaje de ciudadanos, lo importante es que se hizo la elección más enrevesada de la historia reciente y las instancias calificadoras la dieron por buena. Ahí comienza otro rasgo del kitsch totalitario: sólo es real lo que yo digo, el resto es falso.

En la Polonia gobernada por el general Wojciech Jaruzelski comía opíparamente en los elegantes restaurantes de la Nomenclatura del Partido Obrero Unificado Polaco, pero cenaba frugalmente en las cantinas frecuentadas por artistas y disidentes. Como nos mostró el levantamiento de los trabajadores en el astillero de Gdansk que llevó a Lech Walesa al poder, la realidad estaba en las cantinas y la irrealidad en la nomenclatura. La bronca está en que aquí el pueblo bueno y paupérrimo no moverá un dedo mientas las finanzas públicas resistan el déficit monumental que en breve será insostenible porque a la dádiva con sombrero ajeno hay que agregar la presión de las pensiones y las deudas billonarias de las empresas públicas, incluyendo las desastrosas inversiones del señor de Macuspana. Hago votos para que las nuevas generaciones no tengan que esperar medio siglo para entender que había que decir NO hoy, no mañana.

(1 apartado 3 pág. 257-58)
(2 aparado 5 pág. 260)
(3 apartado 9 pág.264)
(4 apartado 11 pág. 266)