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Sobre 2 ruedas

Obra de Jazzamoart viaja entre pasiones y gestualidad pictórica.

By Sobre 2 ruedasNo Comments
De Bakú y Estambul a Dallas y Los Ángeles, del jazz al fútbol, la obra de Jazzamoart.

Después de publicar el libro “Las letras y la pintura”, a inicios de 2026, el artista visual Jazzamoart presenta actualmente una serie de exposiciones en Europa y Estados Unidos. La muestra “El bop de la pintura” ha itinerado por varias sedes de Azerbaiyán, destacando el Museo de Cultura Musical en Bakú, siendo el primer artista mexicano en exponer en dicho recinto, está muestra se exhibirá también en Turquía y Portugal en este año. La muestra está integrada por óleos de mediano formato que evocan a la música, principalmente al jazz para generar sonidos visuales que viajan en el tiempo y el espacio, generando diálogos imaginarios entre la pintura gestual y expresionista con Charlie Parker y Miles Davis, o encuentros atemporales entre El Greco y el saxofón.

Este artista es reconocido mundialmente por su capacidad para traducir el ritmo y la improvisación del jazz al lenguaje de la pintura. Sus lienzos suelen estar llenos de trazos gestuales, «garabatos» con fuerza y un colorido vibrante que evoca la energía de un concierto.

La segunda muestra itinerante, nos presenta al pintor desde su pasión por el fútbol, Jazzamoart ha pintado sobre este tema desde 1986, generado un vasto cuerpo de obra en torno a ello, mismo que ha sido mostrado al público en diversas exposiciones. La colección “Goles de pintura” se presenta actualmente en Dallas, Texas, en el Latino Cultural Center, espacio diseñado por el arquitecto Ricardo Legorreta y que ha recibido esta muestra con gran entusiasmo. Otra parte de la colección futbolera de Jazzamoart será parte de la propuesta de Casa México, espacio oficial de hospitalidad del gobierno de México en Los Ángeles con motivo de la Copa Mundial.

Jazzamoart prepara también proyectos de exhibiciones para este año en el Museo Internacional del Barroco en Puebla, El Museo Nacional de Antropología y el Seminario de Cultura Mexicana en la Ciudad de México. Todo ello en el marco de sus 75 años de vida, esperando poder concretar una gran muestra antológica de su carrera, ya que nunca se ha hecho una revisión que haga un recorrido amplio de sus diversas etapas, temáticas, conceptos, técnicas y actividades alternas.

El que pinta, lee. Las letras y la pintura, un libro con las obsesiones literarias de Jazzamoart

Jazzamoart seleccionó frases de escritores esenciales de sus lecturas más íntimas para revisitarlos, releerlos y pintarlos, en el libro Las letras y la pintura. Jazzamoart en donde aparecen obras inspiradas en la lectura de Juan Rulfo, Miguel León Portilla, Ramón López Velarde, Efraín Huerta, Sor Juana Inés de la Cruz, Miguel de Cervantes, Octavio Paz, James Joyce, Charles Baudelaire, Julio Cortázar y Haruki Murakami, entre otros.

El libro surgió sobre todo a partir de una serie que pintó de Juan Rulfo, releyó Pedro Páramo y se puso hacer más de 20 piezas sobretodo de un fragmento que le gusta mucho:

—¿Qué es? —me dijo./—¿Qué es qué?—le pregunté./—Eso, el ruido ése./—Es el silencio…

“La parte dedicada a Juan Rulfo es medular en este libro. Además de la admiración que siempre le he tenido desde la infancia —gracias a mi papá, que me acercó a Rulfo, a Juan José Arreola y a Ramón López Velarde—, aparecen varias pinturas inspiradas en su obra literaria y fotográfica. A esto se sumó la ópera que hizo Julio Estrada, el gran músico mexicano de vanguardia, en torno a la obra de Rulfo y que justamente se llama ‘el ruido ese’ “, cuentó Jazzamoart.

Jazzamoart hijo, quién ayudo a su padre en la realización de este proyecto, resumió así la estructura del libro:

“El libro es un diálogo entre la literatura favorita de Jazzamoart y sus creaciones. Contiene tres capítulos. El primero da cuenta del origen refiriéndose a textos prehispánicos de Miguel León Portilla, textos mexicanistas de López Velarde, Juan Rulfo, Efraín Huerta, algunos de sus autores favoritos, va a una parte más mística con Sor Juana Inés de la cruz y San Juan de la Cruz, y sigue con una parte hispanista en referencia al Quijote con Miguel de Cervantes, y una alusión taurina a La Emperatriz de Lavapiés de Jorge F Hernández. El segundo capítulo nos lleva a una reflexión sobre el ser, sobre la figura con Carlos Montemayor, Octavio Paz con Los privilegios de la vista y con el concepto de La chingada, que le encantaba a Paz y a Jazzamoart le fascina; poetas como Bukowski, Baudelaire y Jaime Sabines. Y al final no podía faltar la parte musical, las referencias jazzeras con Julio Cortázar, Alain Derbez, Evodio Escalante y Murakami.

Jazzamoart no solo pinta; también es escultor, grabador y ha incursionado en la cerámica y la creación de objetos. Ha colaborado con músicos legendarios, como B.B. King, reafirmando su papel como puente entre el sonido y la imagen. Eñ Auditorio Nacional resguarda el mural monumental El festín de los jazzeros , una pieza clave de su producción.

La obra de Jazzamoart ha cruzado fronteras, consolidándose en importantes recintos de América, Europa y Asia. Se estima que ha participado en más de 500 exposiciones a nivel global.

DON FIDEL, SU AUSENCIA.

By Sobre 2 ruedasNo Comments
Todo se remonta a la plaza Haymarket, a orillas del lago Michigan, en 1886. De la represión que efectuó la policía contra los manifestantes obreros, se hablaría después de los “Mártires de Chicago” que así se inscribirían en la historia. Aquel Primero de mayo daría pie a la institución del Día Internacional del Trabajo (o del trabajador), que es celebrado en todos los países.

 

Para esa fecha circulaba ya el Manifiesto Comunista, publicado por Carlos Marx y Fedeico Engels, donde se instruía al movimiento obrero mundial para emprender la revolución proletaria que los liberaría de la explotación capitalista de los burgueses dueños de fábricas y empresas. Una de las medidas previas a la gran revolución obrera, consistía en luchar por medidas concretas de mejoramiento salarial, por ejemplo la reducción de la jornada laboral a ocho horas, que fue el motivo de aquella manifestación histórica.
Se cuenta que hubo tiros, la participación de grupos anarquistas, el estallido de algunas bombas de fabricación casera. Muchos heridos y algunos muertos en las calles, que derivaría en la detención de una veintena de obreros, de los cuales cinco serían condenados a la horca. Todos ellos, menos uno, eran de origen alemán.
Ese ha sido el discurso que han manejado todos los gobiernos  a partir de la instauración del régimen de la Revolución Mexicana, de modo que le resultó muy sencillo empatar el legado agrarista (que fue el principal motivo de la insurrección armada) con el “proletario” de aquel entonces. La Casa del Obrero Mundial y sus “batallones rojos”. Líderes como Vicente Lombardo Toledano (fundador de la CTM), Fidel Velázquez, Luis N. Morones (CNOP), Fernando Amilpa, Joaquín Hernández Galicia (“la Quina”, dirigente del sindicato petrolero), e incluso Joaquín Gamboa Pascoe (tan elegante), se empataban con el presidente en turno –Lázaro Cárdenas, Miguel Alemán, Adolfo López Mateos, José López Portillo, Carlos Salinas de Gortari–, y desde el balcón central de Palacio Nacional veían marchar los contingentes obreros donde se sucedían los ferrocarrileros, los electricistas, los petroleros, los maestros, las enfermeras, los pilotos comerciales…
Recuerdo que más de una vez mi padre, ingeniero civil contratado en la SCOP (luego en la CFE), regresaba por la tarde de aquellos Primeros de Mayo extenuado de sol, por decir lo menos, para beberse dos vasos de limonada y tirarse en la cama para una siesta de tres horas.
Ha sido la condena de todos los gobiernos. Empatarse con mayor o menor hipocresía al discurso proletario que ya no aspira a la revolución mundial, sino a la mejora paulatina de las condiciones de vida del trabajador (vía del aumento salarial o la disminución de la jornada), pues en el fondo la extinción del capitalismo ha quedado para las calendas.
El dirigente de dirigentes era el zorro Fidel Velázquez, secretario general de la Confederación de Trabajadores de México, acompañando a todos los presidentes desde Lázaro Cárdenas hasta Ernesto Zedillo, de modo que a sus 97 años era retratado por el caricaturista Magú rodeado de moscas, seguramente panteoneras, acechándolo.
 Y las gafas oscuras, y la imprescindible corbata, y sus declaraciones mofletudas que nadie comprendía, amén de sus tres frases históricas que han quedado para el bronce de los monumentos: “El que se mueve, no sale en la foto” (en política, no te salgas del huacal subordinado). “Llegamos a balazos, con la fuerza de las armas, y así nos habrán de sacar”. “Estamos con el partido, y con usted Señor Presidente… hasta la ignominia”, y José López Portillo, que era letrado, sonrió por el despropósito.
Ya mayor, a sus noventaitantos, llegó al hospital para atenderse de un mal que le impedía sostenerse en pie. El país entró en pánico, “¡cómo, está en peligro la vida del dirigente histórico del proletariado nacional?”. Una sagaz reportera se coló al nosocomio, se disfrazó de enfermera, llegó hasta su cuarto y en soledad le preguntó:
       –¿Don Fidel, qué ha sucederle al movimiento obrero ahora en su condición?
       El viejo zorro, reconociéndola, le respondió:
       –Ay, Carmelita, mire usted… los seres humanos a veces se enferman, y yo, que soy humano, ahora me encuentro malito.
Pero aquello se extinguió con el líder histórico en 1997, a poco de que el “sector obrero” del PRI se hiciera polvo con el partido agonizando en su lecho de muerte. Qué falta nos hace ahora don Fidel, erguido con su inseparable puro a la mano, aguantando unos segundos para estrechar la mano del presidente en turno. Ese era pundonor proletario, no como ahora.

LA SOMBRA DE SHAKESPEARE.

By Sobre 2 ruedasNo Comments

Apenas ayer, 23 de abril, los simples mortales celebramos el doble aniversario del nacimiento y la muerte de William Shakespeare, dando por sentado que el autor de Hamlet es todo lo que se ha dicho de él, comenzando por Harol Bloom, que lo volvió una divinidad al decir que Shakespeare inventó al hombre moderno, dándole a la palabra una temporalidad muy amplia; del renacimiento a la actualidad.

O su elogio más conocido: “Shakespeare es el canon Occidental. Él establece la medida y el límite de la literatura”.

Quienes leemos a Shakespeare como si fuera Shakespeare, ese  señor inglés que utilizó 20 mil palabras distintas para escribir 38 obras de teatro en aproximadamente 24 años, sin tener una educación formal, no ponemos en duda que un provinciano que curtía pieles, fabricaba guantes y vendía granos en el negocio de su padre, llegara a Londres para convertirse en pocos años en un autor sobresaliente del siglo XVI pero con el potencial futurista para llegar a ser el escritor de teatro más estudiado y representado del siglo XX y XXI; los creyentes no dudamos, pero hay autoridades en el estudio del teatro isabelino, como la española Isabel Gortázar (1940-2013), que dedicó su vida académica a demostrar que el verdadero autor de las obras de Shakespeare fue Christopher Marlowe.

La añeja polémica entre quienes defienden a Shakespeare como el genuino autor de sus obras, y quienes las atribuyen a Marlow, fue motivo de un artículo que el lingüista Joan Viar escribió para la revista Letras Libres de este mes de abril, a propósito de un libro de Stephen Greenblat, titulado, El renacimiento oscuro: la turbulenta vida del gran rival de Shakespeare Christopher Marlow, Viar repasa con ironía las contradicciones. no solo del libro. sino de la batalla académica en pro y en contra de la autoría de las obras, y asienta que es un hecho que tanto Marlow como su supuesto asesino, Ingram Frízer, fueron espías de la Reina Isabel I, lo que permite la posibilidad de que la muerte de Marlow haya sido una farsa (como ocurre tan frecuentemente en Netflix donde los espías fingen su muerte para seguir vivos), pero, sobre todo, Viar nos remite a Isabel Gortázar, como una de las mas acertadas investigadoras del caso.

Ya con ella, vemos que su hipótesis se basa en que Marlow no murió de una puñalada en un ojo en una taberna en 1593, sino que su muerte fue fingida para salvarlo de una acusación de herejía. La delegada en España de la Marlow Society, del Reino Unido, cuestiona cómo un “vendedor de granos”, como llegó a llamar al bardo, que no hablaba griego, latín, español, italiano y hebreo, y sin conocimiento gramatical del idioma inglés, pudo manejar un vocabularios tan amplio y tocar temas que sólo conociendo a los clásicos se pueden desarrollar, y destaca que por su educación en Cambridge Marlow si tenía los atributos para escribir las obras que firmó Shakespeare. Porque si Marlow escribía desde el exilio requería de un escritor vivo para dar la   cara. Al respecto, la investigadora aduce que no es una casualidad que la primera obra formada por Shakespeare apareció solo unas semanas después de la supuesta muerte de Marlowe.

Lo que aceptan incluso los defensores de Shakespeare es que las obras de Marlow influyeron en la escritura del bardo de Strafford-Avon, y el ya mencionado Stephen Greenblat reconoce que Shakespeare era uno de esos “cuervos embellecidos con nuestras plumas”, como les decían en el siglo XVI a los plagiarios. Pero agrega una nota brillante. Dice que era peligroso que te imitara porque lo hacía mejor que tú. Greenblat apunta que Shakespeare escribía mejor que Marlow pero que Marlow tuvo una vida mucho más agitada, mundana y divertida, y acepta que la educación y la cultura de Marlow lo hacen un buen candidato a ser Shakespeare, si Shakespeare no existiera, pero Shakespeare existe y los folios de sus obras llevan su firma.

Curiosamente no se tiene ni una sola línea escrita por ellos que hable de su vida personal, de sus sentimientos, se su intimidad. Hay muchos documentos mercantiles y administrativos de Shakespeare, y llama la atención que en su testamento el bardo especifica quien se queda con sus muebles, pero no hace alusión a un solo manuscrito ni a un solo libro. Marlow tampoco tiene cartas o escritos sobre su vida, pero hay documentos de su actividad como espía, de sus arrestos, y el sospechoso informe forense sobre su muerte. Así que uno puede imaginar que uno era el genio de la acción y el otro el genio de la escritura, y que, así como trabajaron juntos en la tragedia de Enrique VI, cuando Marlow fingió su muerte le siguió pasando los temas en crudo a Shakespeare para que los pasara al verso blanco que cambió la literatura inglesa. Y más allá de cualquier sospechosísmo, lo real y concreto es que tenemos sus obras.

LA CULTURA DEL EMBUDO

By Sobre 2 ruedasNo Comments

Las vacaciones son para los asalariados y similares, incluyendo a los dueños del negocio que igual descansan en las fiestas oficiales. Pero los artistas llamados independientes, porque no tienen patrón, ni horario, ni trabajo, para no andarme con rodeos, no se van de vacaciones sino de botargas de semana santa en donde con suerte la hacen de pilatos, el camarada que se lava las manos. El caso es que uno regresa a la realidad de siempre en la que se es el empresario y el obrero del teatro, el “creativo” y el realizador, el actor y el tramoyista y, sobre todo, ese ser “independiente” regresa a llenar formularios porque ya es la hora del embudo, ese aparato que tiene una boca enorme y un culo muy cerrado por el que apenas pasa el siete por ciento de los miles de trabajadores del arte, para llamarlos con decoro, que se lanzan por cuenta propia al triturador.

A propósito de los estímulos que da el gobierno federal a los artistas del país, el dramaturgo Enrique Olmos escribió en su columna semanal de un diario del estado de Hidalgo, un artículo muy pertinente porque basa su opinión en argumentos sólidos para exponer que la burocracia cultural ha perfeccionado un sistema de competencia que bajo su apariencia democrática esconde una perversión tremenda.

Dice Olmos: “En el ecosistema artístico mexicano la convocatoria ha dejado de ser un instrumento para convertirse en un entorno. No se trata de momentos específicos sino de una atmósfera permanente en la que los creadores existen como solicitantes crónicos. Todo artista es, en potencia, un postulante. Y toda obra, antes que un gesto expresivo, es un expediente en preparación”.

Los suplicantes del siglo XX tuvimos la suerte de que la obra del solicitante fuera el punto de partida y de llegada para el apoyo gubernamental, porque ahora, como dice Olmos, ese afán se ha desplazado de la creación a la gestión cultural. El tiempo que antes se empleaba en dragonear, bosquejar, idear una obra de ficción ahora se va en cumplir con los inverosímiles requisitos de la burocracia cultural.

Aunque lo verdaderamente significativo, dice Olmos, “no es la escasez -condición histórica del campo cultural-, sino la forma en que esta escasez organiza las prácticas. La convocatoria no solo distribuye recursos; modela comportamientos. Establece lenguajes, impone formatos, delimita lo decible. Se aprende pronto qué tipo de proyecto es legible, qué tono resulta financiable, qué clase de riesgo es tolerable. En este aprendizaje, inevitablemente algo se ajusta: la obra comienza a escribirse con la convocatoria en la mente”.

Naturalmente, el origen de esta trasmutación del artista de creador a formulante, está en que jamás se ha cumplido en la nopalera con la propuesta de la UNESCO de dedicar el uno por ciento del Producto Nacional Bruto a la cultura.  Como otros defensores de este mandato, Olmos cita el porcentaje que genera la cultura al respecto, evitando mencionar que ese porcentaje le pertenece en un 90 por ciento a la industria masiva del espectáculo porque la aportación al PIB de las artes escénicas es ridícula. Aunque este espejismo no le quita un gramo de razón a su critica al sistema del embudo por el que entra la masa de solicitantes sólo para descubrir, que de nueva cuenta, su solicitud fue rechazada.

 

Cuando a pesar de tu dedicación y tu tenacidad nunca eres la más talentosa del certamen ni el más creativo del concurso, acaso puedas seguir el ejemplo del artista visual Santiago Rebolledo, quien se planta con frecuencia ente el balcón de Claudia Stella Curiel de Icaza, en la calle de Arenal, sede de la Secretaría Federal de Cultura, para exigirle a gritos que lo reciba. ¿Se imaginan lo hermoso que sería organizar piquetes de rechazados de las convocatorias, que se turnen los días y los horarios con el fin de mostrarle a las autoridades lo feo que se siente ser triturado por el embudo de las convocatorias?

Si somos tan creativos, por qué no organizar tandas de teatro en esa calle fifí de Coyoacán que puedan comenzar a la hora que las madres llevan a sus críos a la guardería y hacer teatro para la primera infancia. El siguiente espectáculo sería a la hora en la que las y los niños de primaria salen al recreo, con una escena de teatro para adolescentes, y continuar con teatro contestario que exponga todo lo que callaron en los formularios para no ser rechazados. Acá en Arenal, puro teatro del oprimido, teatro de agitación, de denuncia, de hartazgo. Total, si actualmente es posible protestar por falta de agua en tu colonia sin que te   te rompan el cráneo a macanazos, porque no hacer del teatro una protesta permanente contra la falta de teatro. ¿No dice el clásico que el arte es el alimento del alma? Protestemos entonces porque la Cuatro T nos está matando de hambre.

UN MIRLO BLANCO

By Sobre 2 ruedasNo Comments
Tenía 29 años y se transportó como pudo a ese rincón del país. Era septiembre de 1955, el servicio meteorológico vaticinaba de posibles tormentas arribando al litoral quintanarroense, como ya había ocurrido semanas atrás con el huracán Hilda. Y el territorio caribeño enfrentó ese nuevo ciclón. El 30 de septiembre, dictándolo por vía telefónica, el despacho del reportero afirmaba: “El huracán Janet tocó ayer las costas del Caribe mexicano dejando un sudario de horror y destrucción que suma ya 97 muertos, en su mayoría niños. Se puede afirmar que Chetumal, la capital de este territorio, ha dejado de existir”. Firmaba la nota el osado reportero Julio Scherer García.
Estos días se cumplen cien años de nacimiento del, quizás, más destacado periodista del siglo XX mexicano. Una semblanza de él, publicada por Arno Burkholder en las páginas de Letras Libres, refiere que el inquieto jovencito no se conformó con iniciar las carreras de Jurisprudencia y Filosofía en la Universidad Nacional, y así fue a dar (recomendado por su padre) a la redacción del diario Excélsior, que dirigía Rodrigo de Llano. De “office-boy” y “hueso” no pasó el primer año, pero poco a poco fue comprendiendo ese oficio de colmillo, astucia y filantropía.
 Muy pronto el joven Julio Scherer aprendió las claves y mañas que ejercían, en ese oficio, Enrique Borrego, Carlos Denegri, Luis Spota y el mismo Regino Hernández Llergo (director de Impacto) quien, al conocer su insobornable honradez, lo bautizó como “el mirlo blanco” del periodismo de aquel entonces. (Un mirlo, como todos recordarán, es negro renegrido).
Su desempeño y buen oficio lo llevaron a dirigir el periódico iniciando el año de 1968, hasta el golpe administrativo ocurrido en julio de 1976, y que fue auspiciado por el gobierno de Luis Echeverría. Así lo cuentan las hemerotecas: los reportajes, artículos y entrevistas de esos dos años (1974 y 75) eran feroces en cuanto al despilfarro y desatino de las medidas gubernamentales. Las firmas de Daniel Cosío Villegas, Heberto Castillo, Gastón García Cantú, Froylán López Narváez, Miguel Angel Granados Chapa, Vicente Leñero, Ángel Trinidad Ferreyra, Carlos Monsiváis, así como las caricaturas de Abel Quezada irritaron tanto al gobierno, que se decidió ese “golpe interno” manipulando una asamblea de cooperativistas que decidió la expulsión de Scherer y su equipo. Para bien.
A poco de eso los periodistas proscritos decidieron fundar una publicación igualmente crítica e insobornable. Así nació, en noviembre de 1976, la revista Proceso, cuya lectura fue obligatoria para mi generación. Los cartones de Naranjo, las colaboraciones de José Emilio Pacheco, los artículos de Heberto Castillo y Ricardo Garibay.
Decíamos que para bien fue el golpe de Echeverría al periodismo que representaba don Julio, ya que la embestida provocó la multiplicación de medios analíticos y esclarecedores que poco a poco fueron poblando los kioskos de prensa… después de Proceso, los diarios Unomásuno (luego LaJornada), Reforma, Milenio (en sustitución del viejo Novedades), El Financiero, El Heraldo (refundado), La Crónica, La Razón…
Los jueves por la tarde, a la hora del café en el Vip’s de Plaza California, era muy divertido encontrarse en la mesita del rincón a Vicente Leñero, don Julio, el jesuita Enrique Maza, Carlos Marín… callaban sus secretos de Estado y me saludaban. La secta se reunía ahí en preparación de la junta que decidiría la edición de Proceso, a dos cuadras de ahí.
 La escisión aquella que me permitió tratar, y cruzar alguna copa, con reporteros, jefes y editores como René Arteaga, Manuel Becerra Acosta, Jorge Hernández Campos, Rodolfo Roja-Zea, Rafael Cardona, Raymundo Riva Palacio, Carlos Duayhe, Antonio Andrade, Enrique Loubet, David Siller, Abelardo Martín, Jaime Avilés, Antonio Marimón, Carmen Lira, Agustín Gutiérrez Canet, José Manuel Fortuny, Guadalupe Irízar, Javier Molina, Ramón Márquez, Víctor Avilés, Ramón Colombo y Eduardo Deschamps quien, después de entrevistar a Brigitte Bardot en el Aeropuerto Internacional, a instancias de ella se bebieron una botella de champagne en el Ambassadeur de Reforma.
Y todo por la honorabilidad de don Julio. A mucha honra.

Jaime Sabines: el poeta que nos enseñó a llorar la hermosa vida.

By Rutas literarias, Sobre 2 ruedasNo Comments

Extractos de conferencias leídas en el marco de los 100 años de Jaime Sabines durante marzo y abril 2026.

Estamos conmemorando los 100 años del nacimiento de Jaime Sabines, el poeta que, se ha convertido en el autor más leído; aquel de quien muchos conocemos sus versos de memoria. ¿Quién no ha dicho: «Los amorosos callan», o «Yo no lo sé de cierto, lo supongo»?

Fue un escritor que logró penetrar a través de su obra en el gusto de miles de personas en México y el extranjero. Porque los lectores de Sabines van más allá de nuestras fronteras: existen antologías de su obra en distintas lenguas como inglés, francés, alemán, italiano, chino, japonés o árabe, el idioma que hablaba de niño su padre, el Mayor Sabines.

Me refiero, particularmente, a la antología que apareció tras su muerte, traducida por el poeta libanés Afif Albert Kaissar, de la cual su traductor ha dicho recientemente: «Mi interés por traducir a Sabines no fue solo por su origen libanés, sino porque encontré en él la sabiduría de lo sencillo». Sin embargo, esa aparente sencillez fue uno de los principales retos al llevar su poesía al árabe. Kaissar explicó: «»Me encanta Dios» no pude traducirlo al árabe clásico, como los otros poemas». A diferencia de otras lenguas, el árabe presenta una división entre el registro clásico —usado en contextos formales— y el coloquial, que varía según la región. «Si lo traducía al clásico, había palabras que se perderían totalmente, así que lo traduje al coloquial libanés».

Incluso hay poemas/libros emblemáticos como Algo sobre la muerte del mayor Sabines o Tarumba que vuelven a versificarse constantemente.

Jaime Sabines sigue siendo un poeta de todos. Basta recorrer hoy las redes sociales —Facebook, Instagram, X o TikTok— para encontrar su nombre multiplicado en voces de personajes anónimos: lectores jóvenes, o no tan jóvenes, que descubren en sus versos el arrebato del amor, el consuelo ante la pérdida o la intensidad misma de sobrevivir.

Desde que publiqué en 2012 mi libro Jaime Sabines. Apuntes para una biografía —resultado de casi diez años de conversaciones con el poeta, sostenidas entre 1988 y 1999—, he seguido con atención sus huellas con la intención de comprender más profundamente la raíz de sus palabras y el difícil arte de su sencillez.

Sabines y su obra son una mezcla entre el cedro del Líbano y el robledal de Chiapas. En esta imagen está cifrada la identidad profunda del poeta: la raíz oriental que le heredó la sangre de su padre y la fuerza terrestre de su voz a través de los cuidados de su madre, doña Luz. De esa confluencia nace su poesía.

Cito un fragmento de lo que Jaime me contó para mi libro:

«Siempre he pensado que mi infancia y mi juventud me influyeron en ese ambiente de libertad y de naturaleza maravillosas que hay en Chiapas, donde sobra la luz. Es decir, me dieron carne y sustancia, aunque en mi poesía nunca he hablado de Chiapas; pero sí fue determinante en mí. No soy un poeta bucólico ni paisajista, ni he hablado de la selva ni de los ríos de Chiapas, como Carlos Pellicer sí lo hizo con Tabasco».

Solamente hay un poema donde la naturaleza es el tema central, se llama «Las montañas». En la finca de Orencio López, llamada El Carmen, en el municipio de Ixhuatán, Chiapas —dice el poema— es donde Sabines conoció las montañas: «Aquí Dios se detuvo, se detiene, se abstiene de sí mismo, se complace».

Sobre su libro Adán y Eva, el poeta contaba:

«Ellos se encuentran en el paraíso; no hay una influencia directa de la tierra ni de la naturaleza de Chiapas. El poema habla del paraíso y de las cosas que hay en él: el mar, el aire, los árboles, las estrellas… La formación del medio ambiente que rodea a Adán y Eva. Es un poema que, al leerlo, da una sensación de tranquilidad, como debió haber sido su mundo, ¿verdad? Ellos jamás tuvieron celos; no había un tercero, ni hombre ni mujer, que se metiera en sus vidas».

La primera edición de mi libro, publicada por Coneculta, se presentó en 2013 en el Líbano, la tierra desde la cual el Mayor Sabines partió hacia América alrededor de 1902. En este volumen se incluyen fotografías y documentos del archivo de la familia Sabines Rodríguez que confirman su participación en la Revolución Mexicana. La presentación fue organizada por Jaime García Amaral, entonces embajador de México en Líbano, quien junto con el Instituto Cervantes de Beirut reunió a un grupo de lectores e hispanistas. Entre ellos se encontraba el estudioso Antoine S. Khater, quien me dijo: «Sabines parece un poeta que nunca hubiera salido de Líbano».

Aquellas palabras confirmaban algo que el propio Jaime sabía:

«Fue mi padre quien me enseñó la profundidad de la literatura árabe. Sabía de memoria las historias de Las mil y una noches o Las aventuras de Antar. De igual modo, me repetía enseñanzas espirituales y filosóficas de la Biblia: poesía pura que no seduce los oídos, sino el alma. En la secundaria y la preparatoria leí muchísimo; acudí a infinidad de libros, pero la influencia mayor fue a través de mi padre. Su conocimiento de la literatura oriental me ayudó a llegar a las raíces de todo. Soy, al mismo tiempo, un poeta oriental y occidental, porque mi poesía intenta hacer confluir la mística con el razonamiento contemporáneo».

Con los años, Jaime siguió interesado en la literatura que le había descubierto su padre. Así llegó a Tagore, el primer no europeo en ganar el Premio Nobel. Tagore fue uno de sus grandes maestros: lo fascinaba por su sinceridad y su ternura. Sabines aspiraba a esa profundidad de la poesía oriental; lograrla fue su meta. Me encanta la literatura árabe. Creo que es muy diferente a la occidental; ellos son más sueltos, más profundos, más líricos, ven el mundo con ojos más generosos, más transparentes”.

Pero tambén sabía que en una parte recóndita, y cito: « toda la literatura árabe y mi descendencia paterna marcaron mi visión fatalista de que el hombre, cuando habla de libertad, no es más que un muñeco manejado por la vida (…)
»

Alguna vez fue invitado al Líbano, pero tuvo que declinar porque temía encontrar un país muy diferente al que recordaba su padre: «Yo soñaba con conocer la tierra de mis ancestros, pero luego ya no me dieron ganas de ver un Líbano destrozado por las luchas intestinas», dijo entonces, con una vigencia que duele hoy mismo.

¿Pero quién fue este poeta que, a cien años de su nacimiento, sigue atrayendo a multitudes? Jaime Sabines Gutiérrez nació en la primavera de 1926, un 25 de marzo, en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. Fue hijo de Julio Sabines, quien llegó a América siendo un niño desde Saghbine, una aldea en el distrito de Beqaa Occidental, en la frontera de Líbano con Siria. Aquel hombre ingresó al ejército mexicano y en 1914 llegó a Chiapas como capitán de las tropas de Venustiano Carranza, alcanzando el grado de Mayor.

Su madre, Luz Gutiérrez, pertenecía a la aristocracia chiapaneca, sabía tocar piano y violín; a su hermana, la Tía Chofi, contaba el poeta, la bañaban con leche de burra para conservar su cutis blanco y terso. Su familia, de hacendados, lo perdió todo con la Revolución. Un tío abuelo de ella, Joaquín Miguel Gutiérrez, fue gobernador del estado, y es por él que la ciudad de Tuxtla lleva el apellido Gutiérrez.

Jaime fue el menor de tres hermanos: Juan, Jorge y él.

Muchas noches de su niñez, el Mayor le contaba las historias de Las mil y una noches.

De su padre escribió para el libro: De Líbano a México. Crónica de un pueblo emigrante: (Mi padre) Decía que el cedro no era nada más una madera preciosa, era una preciosa sombra, un techo para los juegos de los niños, un regazo para el adolescente que piensa. Traía la harina y el horno, la semilla y la flor del Líbano. Aquí encontró el dolor, la nostalgia, los sueños. Se hizo hombre comose hace una espada, a fuerza de golpes: el señor de la vida es un herrero. Aquí encontró mujer. La cuidó y la amó, fue amado. Anticipó el paraísoen el lecho nupcial. Recibió el regalo de los hijos y construyó su casa.

Sacó agua del pozo y cultivó la tierra. El señor de la vida es sembrador y es albañil y es carpintero.

Fue agredido por el desprecio y la soberbia de los tontos. Pero no alimentó

rencor ni odio. Puso a crecer su corazón y creció limpio. Se llamó resistencia.

Adoptó a este país como adoptar a un padre, como escoger a una familia, como optar por un lugar donde vivir y donde quedar muerto.

Su interés por la poesía también llegó por su madre, quien le hacía recitar. Jaime sabía de memoria El declamador sin maestro y devoró a autores como Víctor Hugo, Tolstoi, Dostoievski,  Balzac, Dumas. En 1945, cambió Tuxtla por la «hostil» Ciudad de México para estudiar Medicina. Tres años de angustia le bastaron para comprender que esa no era su vocación. En ese tiempo de soledad, leyó desesperadamente a Lorca, Machado, Neruda, Whitman y Vallejo. Allí, la Biblia se convirtió en su libro de cabecera.

En ese tiempo de soledad pudo leer y escribir desesperadamente. Aparecieron autores como James Joyce, Aldous Huxley, Friedrich Nietzsche, Cesar Vallejo, Baudelaire, Omar Khayyám y  Tagore… Sabines dijo que en esos años de sufrimiento y soledad se hizo poeta

Volvió a Tuxtla para ver a su familia y le confeso a su padre que terminaría la carrera de medicina, pero nunca la ejercería. Entonces el mayor Sabines le dijo que estudiara lo que él quisiera, pero estudiara.

En 1949, regresó a la capital para estudiar Lengua y Literatura Castellana en la Facultad de Filosofía y Letras, en el legendario edificio de Mascarones. En aquellas madrugadas de café, cigarros Delicados y música de Bach, escribió «Los amorosos», donde ya aparecían sus grandes temas: la soledad, el amor y la muerte. Así nació Horal (con «H», como los libros de horas medievales), publicado en 1950 cuando apenas tenía 23 años.

Pero hay que hablar también de la presencia de Dios en su obra. Sabines tuvo la audacia de bajar a la divinidad de los altares para meterla en la cocina y la taberna. Para él, Dios no es un juez distante, sino un acompañante de la soledad; un ser al que se le habla de «tú», al que se le reclama y al que, a veces, se le compadece. Introducir a Dios no fue un acto de fe, sino de compañía.

En 1952, durante una estancia en Tuxtla, su padre sufre un accidente y esto lo obligó a quedarse… meses después decide casarse con Josefa Rodríguez, «Chepita», su novia desde la preparatoria. Se hace cargo de «El Modelo», una tienda de telas que era de su hermano Juan. Tras ese mostrador, con la noticia del pronto nacimiento de su primer hijo, escribe su poema: Tarumba (1956), del que decía era «un canto a la sobrevivencia», uno de sus libros cruciales… el grito del hombre cercado; es ese ‘otro’ al que le habla, no un personaje literario, sino el único testigo de su resistencia.

Fueron siete años tras el mostrador y un largo aprendizaje de humildad. Sabines tuvo que desprenderse de la soberbia del poeta joven que se cree un ser sagrado o privilegiado para aceptar que, antes que nada, era un hombre común que barría la calle y atendía a la clientela. Detrás de ese mostrador, sin embargo, encontró una libertad inesperada al no tener que hacer literatura por obligación.

En 1959 vendieron la tienda de ropa y toda la familia, con sus padres, se mudó definitivamente a la Ciudad de México. Casi de inmediato, Jaime comenzó a trabajar con su hermano Juan en una fábrica de alimento para animales. En medio de este cambio de vida, el Ateneo de Ciencias y Artes de Chiapas le otorgó el Premio Chiapas, un reconocimiento que fue a recibir en abril de 1960. A este le seguirían más de una decena de reconocimientos, entre ellos el Premio Xavier Villaurrutia y el Nacional de Ciencias y Artes (1983). Sabines dijo que la poesía para él, más que una vocación, fue un destino que lo atrapó para siempre.

En esos años, Sabines recorría la ciudad con su camión repartiendo alimentos, de establo en establo, actividad que lo acompañará durante más de dos décadas. Por ese tiempo su padre enferma de cáncer y el poeta, como una imposición natural ante el dolor y la cercanía de la muerte, comienza a escribir los versos que se han convertido en uno de sus más importantes poemas: Algo sobre la muerte del Mayor Sabines. El 30 de octubre su padre fallece y Sabines abandona el poema… Pero en 1964, la imposición del tema de la muerte lo obliga a escribir la segunda parte, que se publica hasta 1973.

Entonces combina su vida entre su rancho de Yuria en Chiapas y la Ciudad de México; entra por dos periodos cortos a la política como diputado, pero no es un político… Sabines sabe entonces que al escribir y publicar —y cito mi libro—: “Existen dos alegrías: la del momento en que se escribe un poema, cuando se sabe que es un buen poema y nadie te ve, y puedes ponerte a bailar a solas en tu cuarto por el gusto de haberlo escrito; y la otra alegría es saber que te leyeron, porque de algún modo uno está buscando el amor de las gentes”.

Desde sus inicios fue un autor universal. Ya en 1977 se tradujo Tarumba, en una edición a cargo de Philip Levine y Ernesto Trejo. La editorial alemana Vervuert publicó en 1987 una antología que en ese idioma llevaba el nombre de su poema “Tu cuerpo está a mi lado”.

En la última década de su vida aparecieron también versiones al inglés y al francés con la colaboración de poetas-traductores como Jean-Clarence Lambert y W. S. Merwin, ambos también traductores y amigos de Octavio Paz.

Además, existen otras versiones en francés para Quebec, Canadá, como la realizada por Émile Martel en Les Écrits des Forges, y las recientes de Colin Carberry, un canadiense de origen irlandés que vive en México y lleva años traduciendo toda la obra de Sabines.

El pasado 29 de marzo en el homenaje que se le realizó en el Palacio de Bellas Artes, que fue en la sala Manuel M. Ponce, con e 245 butacas, y que desde 15 minutos antes de la hora estaba llena y muchas personas ya no pudieron entrar, en su ponencia el escritor, poeta, diplomático y fundador de la organización ecologista Grupo de los Cien, Homero Aridjis, recordó el Festival de Poesía de la Ciudad de México, que organizó en agosto de 1987 en el Teatro de la ciudad, en el que participaron 22 poetas extranjeros procedentes de 19 países, y 17 poetas mexicanos, entre los que figuraron Octavio Paz y Jaime Sabines.

Y cito a Aridjis:

«Allí Paz leyó dos largos poemas “Pilares” y “Carta de Creencia” de Árbol Adentro, su libro de poesía que saldría en octubre de ese año».

Dijo que Paz terminó con estos versos:

Tal vez amar es aprender

a caminar por este mundo.

Aprender a quedarnos quietos

como el tilo y la encina de la fábula.

Aprender a mirar.

Tu mirada es sembradora.

Plantó un árbol.

                              Yo hablo

porque tú meces los follajes.

Y continuó: «La lectura de Paz fue recibida con aplausos.

Cuando vino el turno de Sabines, apenas enunció “Los amorosos callan”, el público empezó a corear con él, porque se sabía el poema de memoria:

El amor es el silencio más fino,

el más tembloroso, el más insoportable

Siguió con “Te desnudas igual”, “Los he visto en el cine”, “Tu cuerpo está a mi lado”, “Me tienes en tus manos”, “No es que muera de amor”, “He aquí que está sola”, “Me doy cuenta de que me faltas”, “No es nada de tu cuerpo”, y “En la boca del incendio”… Para terminar su lectura con “Amor mío”… la gente acompañándolo, recitando.

Te quiero desde el poste de la esquina,

Desde la alfombra de ese cuarto a solas,

en las sábanas tibias de tu cuerpo

donde se duerme un agua de amapolas.

 Cabellera del aire desvelado,

río de noche, platanar oscuro,

colmena ciega, amor desenterrado,

 voy a seguir tus pasos hacia arriba,

de tus pies a tu muslo y tu costado.

Y explotó el teatro con emoción.

Terminada la sesión, Octavio Paz, visiblemente molesto, vino conmigo para preguntar: “¿Quién le paga a la gente para aplaudir a Sabines? ¿No será el Gordo Pesqueira?, se refería a Eduardo Pesqueira Olea, el secretario de Agricultura y Recursos Hidráulicos de 1984 a 1988.

Le dije, Octavio, nadie le paga al público para que le aplauda a Sabines, no es el tipo de público que asiste a los festivales de poesía».

En noviembre de 1989, durante un viaje a Chiapas, resbala en un pequeño escalón y se fractura el fémur de la pierna izquierda. A partir de entonces la enfermedad comienza a golpear su cuerpo, que sufrió más de 40 operaciones.

Hace unos años, su hijo mayor, Julio Sabines Rodríguez, contó una pregunta que le hizo a su padre: ¿por qué la mayor parte de su poesía estaba escrita en primera persona? Entonces el poeta le respondió: “Esa fue una decisión muy consciente desde que comencé a escribir poesía. Es una manera de favorecer la comunicación con el lector”. Aquella apuesta literaria —dijo Julio Sabines— la sigue ganando Jaime Sabines.

 

El viernes 19 de marzo de 1999 murió Jaime Sabines, víctima «del Príncipe Cáncer». Murió en su casa, al sur de la Ciudad de México, bajo los cuidados de su familia… Antes de morir, ya sin hablar, sus ojos verde-azules se quedaron mirando a través de la ventana de su habitación: al otro lado, una buganvilia comenzaba a florecer tras la cercanía de la primavera.

Seis días después el poeta habría cumplido 73 años.

El autor de el Recuento de poemas es hoy aquello que solo el tiempo consagra: un poeta universal, un clásico vivo en la memoria de sus lectores, en la página y en el libro, en la literatura y en la respiración misma de la lengua. Jaime Sabines pertenece ya a esa rara estirpe de poetas que trascienden su país y su tiempo.

Como decía su paisano, el escritor Eraclio Zepeda: “La semilla de tu nombre, Jaime Sabines, ha congregado a los lectores; una de las grandes virtudes que tiene tu nombre es que, como una campana, reúne a la gente a la enorme ceiba que eres. Tú, Jaime, eres un poeta que nace una vez cada quinientos años. Dentro de 500 años, cuando nadie recuerde a los pequeños hombres que hoy son importantes en el mundo, dos jóvenes amantes, tomados de la mano, entrarán a una librería a comprar tu libro y serás tan joven como ellos”.

Arranca en Málaga el primer Festival TIP TOE con 600 participantes frente al mar

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Málaga.- ​En una jornada histórica para la cultura malagueña, el emblemático Muelle Uno se ha transformado en un gran escenario al aire libre. Bajo los colores rosa y negro del Soho Internacional Dance Festival TIP TOE, 600 participantes se reunieron para formar una barra de ballet gigante frente al Mediterráneo.

Arranca la primera edición del Soho International Dance Festival TIP TOE, una iniciativa pionera impulsada por Antonio Banderas y dirigida por la estrella internacional Lucía Lacarra. Durante diez días, la ciudad no solo será espectadora de la mejor danza del mundo, sino protagonista activa de su creación.

Una de las actividades  que ha dejado huella es la convocatoria de 600 participantes para ponerse al lado de la barra de ballet y hacer una rutina Desde las nueve de la mañana comenzaron a llegar las primeras participantes, la cita para dar comienzo al evento eran las 12, pero como profesionales decidieron llegar con anticipación para colocarse en su lugar  y empezar el calentamiento apropiado, hombres y mujeres de diferentes edades se prepararon con sus mallones, faldas y maquillaje para dar lo mejor de su arte.

​La reconocida bailarina Lucía Lacarra y directora de Tip Toe,  encabezó el evento, dando una cálida bienvenida a los asistentes. Antes de comenzar, invitó a todos los participantes —estudiantes, profesores y profesionales— a disfrutar y divertirse con la experiencia. Con la cercanía que la caracteriza, marcó el inicio de la sesión diciendo: «Haremos la rutina que hacemos diariamente», acercando así la disciplina del alto rendimiento al corazón de la ciudad.

El muelle uno se convirtió en la sala más grande de danza. Los movimientos eran pausados y la elegancia se hacía presente. Al ritmo de la música  los brazos se movieron y las piernas tomaron altura ante una barra cómplice de la dificultad y belleza que tiene la danza. Cada uno de los 600 participantes dio su mejor esfuerzo.

Al evento no podía faltar la presencia de Antonio Banderas, impulsor del festival, quien se mostró sumamente integrado, tomando imágenes de los bailarines con su propio dispositivo y sorprendido al  trabajo y la dedicación técnica  en este arte,  también la belleza y elegancia que emana cada movimiento.

En el programa se rendirá homenaje al icónico bailarín argentino Julio Bocca, quien recibirá el Premio LUX DUCTOR por su trayectoria. Previamente, Bocca mantendrá un encuentro con el público y estudiantes.

Evocaciones de Héctor Massiel, bajo los auspicios del rescate y de la audacia.

By Bicimundo / Viceversa, Sobre 2 ruedasNo Comments

Las obras presentadas aquí salieron literalmente del agua y del lodo, ya que Héctor Massiel recuperó los bastidores en la calle, tirados frente a un taller de serigrafía tras el paso del huracán John por Acapulco. El azar objetivo que provocó este hallazgo propició una transformación simbólica del desastre en nuevas perspectivas creadoras, donde las figuras que embrujan al pintor se van transformando y sus técnicas adquieren una suerte de soltura con la que el artista juega. Además de la violencia urbana que asoló su ciudad y los huracanes, los dos otros temas de la exposición son los peces y la lucha libre asociados a la infancia.

Su inspiración viene del expresionismo alemán y escandinavo y de sus predecesores como Edvard Munch, y también de la películas de terror gótico de la época . En la versión muda de Nosferatu el vampiro ( 1922), una frase poética decía: «Pasado el puente, los fantasmas vinieron a su encuentro». André Breton la citó y los surrealistas vieron en ella una expresión pura de la belleza convulsiva. Horror, belleza, fealdad, asombro, expectativa, son palabras que bien podrían definir las figuras de Massiel.

Todo parte de una mancha de la cual surgen formas que él sigue y acompleta, explica, siguiéndolas en una suerte de trance. Luego precisa en un correo, al referirse a su Expo anterior “Errantes” : «Hay una evolución pero sin dejar el estilo que me define, solo se amplia la paleta de colores que manejaba y las temáticas, mas libertad en el trazo, ahora no solo la mancha es mi generadora de formas, también lo es el garabato como elemento básico del dibujo para crear ». Afirma también que su afán en este momento es llegar a la abstracción, rozar la abstracción. Confiesa estar consciente de que sus personajes extraños no lo dejaron nunca, ya que los ve al caminar, en los transeúntes, en los árboles, en las hendiduras de las paredes, y que se manifestarán siempre en su obra, dejándolo al margen o muy muy cerca de la abstracción.

Volvemos al garabato: Al ensanchar su gesto inicial con el trabajo del garabato, hace surgir unas cabezas raras que hacen pensar en los personajes grotescos en la historia de la pintura, desde Bruegel hasta Bacon. Sus caras son más o menos redondas, infladas, distorsionadas. Ahora bien , se sabe que lo grotesco irrumpe en periodos de transición o metamorfosis, generalmente de índole estética, económica o moral. He ahí, a mi parecer, donde el pintor encara nuestra época movediza, con guerras absurdas a las que las figuritas fantásticas en torno a un cadáver en una autopsia aluden, así como los otros cuadros en los que se asoman.

El artista insiste en la fuerza de la mirada de sus personajes: -«es como si posaran para un fotógrafo, buscando crear una interacción especial con el espectador», dice.
En las obras que se refieren a la lucha libre, el pintor tiende al abstracto y las líneas son vagabundas y sinuosas, se siente una liberación del gesto, un respiro más amplio en el trazo, y un goce al representar los múltiples movimientos de la acción. Como un guiño o la expresión de una continuidad, los luchadores, la chica sentada y los que levantan las manos al cielo llevan los colores y la ropa rayada de los errantes, pero como los “grotescos» casi no tienen rasgos definidos.

En la serie de peces Massiel se sumerge en su infancia al borde del mar, cuando pescó un tiburón-gato del cual se acuerda mucho. Aquí, los que parecen ser vendedores de pescado son hombre- peces, en sus brazos aparecen pejes filiformes y no sabemos si son sus pies, sus piernas u otros animales marinos que contemplamos. La infancia como ósmosis. Están entre dos mundos… El rasgo es cada vez más suelto, más audaz, menos racional al parecer. La querida y temida abstracción extiende sus tentáculos.

En cuanto a los colores, es de notar que ciertas figuras vibran a partir de una asociación de colores que están en el polo opuesto en la gama cromática, el violeta con el amarillo, el naranja con azul, el verde con rojo .-«Son colores que chocan entre sí, pero si los pones juntos, vibran», dice el artista.

La permanencia de sus dos colores fetiches, el azul y el verde, confieren a la Expo, de manera extraña, una impresión de melancolía, una suerte de sosiego, una posibilidad de libertad. Como si las cosas fueran tan aciagas que ahora solo pueden mejorar. De por sí, el acto creativo en esta exposición se puede entender en el marco de un ritual de posesión y conjuración, asociado a la idea de, con el arte, no dejarse vencer por el desastre.

Es patente el afán de metamorfosear la realidad, gracias a los recuerdos de la infancia cerca del mar, a la libertad del garabato que tiene un poder de sugestión y facilita la soltura del dibujo y de la pintura.

La temática de la hibridación zoomórfica, muy presente en la obra de Massiel con los seres errantes que se parecían a unas girafas o a unos centauros y las cabezas triangulares a ultranza de ciertos nómadas, con una marcada acentuación de los huesos faciales que les daba algo inquietante, está presente en las serie de los peces, pero se trata más bien de una ósmosis, con por ejemplo, en los hombres hechos de peces rodeados de peces. La noción de amenaza latente, de inquietud tiende a esfumarse. Se pasa del desastre, del miedo, del espanto a una suerte de dulce relación entre el hombre y el animal. El acercamiento a lo maravilloso (pensamos en las sirenas) sucede al misterio, se puede decir que se trata de una ósmosis sin dolor. Por otra parte, la tentación del abstracto, el ansia de desprenderse del ilusionismo (la pintura no refleja la realidad ), le da al pintor una libertad que probablemente le permite confrontarse con sus obsesiones o sus sueños despiertos recurrentes, renacer tras la tormenta y superar la adversidad.

En su todavía breve trayectoria se pueden ya divisar dos aspectos de su carácter: introspección y fascinación, a los que hay que añadir con Evocaciones transformación y audacia.

A pesar de que su estilo es único y se reconoce entre mil, por su mezcla de rabia y de esperanza entre otros, se aprecia en Evocaciones su deseo de cuestionarse al cuestionar la evolución del mundo en el que vive. El aspecto poético que impregna su obra hace que la magia opere irresistiblemente.

La festividad de Día de Muertos llegará a Málaga respaldada por la Sociedad Económica de Amigos del País 

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La ciudad de Málaga se prepara para recibir una de las manifestaciones más profundas y simbólicas del patrimonio universal: el Día de Muertos que tiene sus raíces en México. Del 29 de octubre al 3 de noviembre, la histórica sede de la Sociedad Económica de Amigos del País se convertirá en el marco institucional y epicentro de este proyecto cultural que busca asentar la verdadera esencia de esta tradición en el corazón de la Costa del Sol.

El proyecto es una idea original y está bajo la dirección de la periodista  María Esther Beltrán. Nace con el firme propósito de divulgar la autenticidad de esta tradición mexicana, declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO. Beltrán, con una trayectoria sólida en la comunicación, subraya la importancia de informar al público sobre el origen de esta festividad para marcar una distancia necesaria con las corrientes comerciales y globales del Halloween anglosajón.​

​​Para comprender el significado del Día de Muertos en México, es importante analizar la naturaleza de su origen. Día de Muertos, no se trata de una celebración de terror, sino de un complejo fenómeno de sincretismo cultural que fusiona dos cosmovisiones: la de los pueblos originarios de Mesoamérica y la traída por los evangelizadores españoles.

​En la época prehispánica, civilizaciones como la mexica, maya y purépecha no veían la muerte como el fin de la existencia, sino como una fase de un ciclo infinito. El culto a la muerte era una celebración de la vida. Los antiguos pueblos creían que los rumbos del universo estaban regidos por deidades como Mictlantecuhtli y Mictecacíhuatl, los señores del inframundo (Mictlán). Para ellos, los difuntos no «asustaban», sino que regresaban temporalmente para convivir con los vivos y nutrirse de la esencia de los alimentos que se les ofrecían.

​Con la llegada de los españoles en el siglo XVI, estas prácticas se encontraron con el calendario litúrgico católico. La festividad indígena, que originalmente solía celebrarse en fechas distintas según el calendario solar, se desplazó para coincidir con las festividades cristianas de Todos los Santos y los Fieles Difuntos. Fue en ese punto donde la espiritualidad cristiana aportó elementos como las velas (luz de fe), las cruces y las oraciones por las ánimas del purgatorio, fundiéndose con el cempasúchil, el copal y el simbolismo del pan. Es este «abrazo» de dos mundos lo que María Esther Beltrán desea resaltar en la sede de la Sociedad Económica, un espacio que, por su propia historia, representa la ilustración y el conocimiento compartido.

​​Tras una primera edición en el 2025, que se caracterizó por una presentación sencilla y un acercamiento preliminar al público malagueño, el proyecto regresa este 2026 con una estructura mucho más robusta. Esta evolución hacia una propuesta de mayor calado ha sido posible gracias al respaldo institucional de José María Ruiz Povedano, presidente de la Sociedad Económica de Amigos del País. Ruiz Povedano ha comprendido la relevancia de ceder este espacio histórico para que funcione como el hogar natural de una manifestación que une el pasado colonial de Málaga con el presente vibrante de México.

​Asimismo, la iniciativa se integra en el marco de la Casa de América en Málaga, el proyecto impulsado por su creador José Antonio Sierra, que  se suma como  Asesor Cultural del proyecto. Para Sierra, la presencia del Día de Muertos en una institución tan emblemática como la «Económica» es un paso decisivo para convertir a Málaga en una capital cultural que mira de frente a su herencia atlántica.

​La programación de este año, cuidadosamente diseñada por Beltrán, se divide en dos ejes fundamentales que buscan equilibrar la experiencia estética con el rigor informativo. La Tradicional Ofrenda se erigirá un altar en el patio de la Sociedad Económica. Este altar no será solo un objeto visual. Incorporará los cuatro elementos: agua para la sed del caminante, tierra (frutos), fuego (velas) y aire (papel picado). La presencia de flores de cempasúchil, con su color naranja vibrante, servirá para marcar el camino de regreso de las almas al mundo de los vivos.

Además que se hará una Mesa Redonda que es el componente intelectual del proyecto se materializará en un encuentro de expertos coordinado por la propia periodista. En este foro se abordará el significado antropológico de la muerte en la cultura iberoamericana y la importancia de defender las tradiciones propias frente a la aculturación. Se busca generar un espacio de pensamiento crítico donde se explique por qué el Día de Muertos es una filosofía de vida y no un producto de consumo.

​Beltrán asume la responsabilidad de actuar como puente. Su deseo es que el visitante malagueño no solo observe una estética colorida, sino que comprenda la cosmovisión de un pueblo que ríe con la muerte para quitarle el miedo, pero que llora con respeto para no olvidar a sus ancestros.

TEATRO Y FE.

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La pasión de Iztapalapa que se inició en 1843 reúne actualmente a dos millones de espectadores que ven como cinco mil nativos de uno de los barrios más antiguos y poblados de la ciudad capital, crucifican al hijo del Dios cristiano en el monte de la Estrella donde los aztecas celebraban el rito anual del fuego nuevo. La conjunción de la cultura nativa del Anáhuac con la tradición cristiana apostólica y romana comienza, como todos sabemos, con la conquista. Los frailes dominicos, franciscanos y agustinos vieron que los cantos, los bailes y las ofrendas con las que los pueblos originales de la entonces llamada Nueva España celebraban sus ritos religiosos, eran la forma ideal para cambiar el contenido de aquella fe pagana por el de la iglesia de los conquistadores.

Hay dos formas universales de conseguir el sincretismo cultural: por las buenas o por las malas. Lo romanos, por ejemplo, permitían que los pueblos subyugados adoraran a sus dioses y practicaran sus ritos (Aunque fue el emperador romano, Teodosio I. quien  en el año 380 de la era actual convirtió al cristianismo en una religión de estado que persiguió con maldad y sevicia a quienes no se doblegaron a la fe impuesta). Por las buenas, los germanos, los galos y otros pueblos europeos adoptaron parte de la cultura romana sin perder su identidad.

Los españoles exterminaron a los infieles en su territorio y para sobrevivir árabes y judíos tuvieron que renunciar a la fe de sus ancestros o partir al exilio. En el Anáhuac los españoles arrancaron brutalmente los cimientos culturales y religiosos de los hablantes del náhuatl y otras lenguas autóctonas, y gracias al ingenio y acaso la bondad de los frailes, no exterminaron a todos los paganos porque estos hallaron en el teatro la manera de conciliar su fe ancestral con la de sus nuevos amos. Verbigracia: Tonantzin-Guadalupe.

 Las celebraciones cívicas-religiosas de los pueblos de Mesoamérica eran al aire libre así que los frailes levantaron capillas abiertas y utilizaron los atrios para que la multitud pudiera ver y participar en la celebración del rito cristiano, disfrazado de performance. Sí. Como en un inicio ni los indígenas hablaban español ni los frailes el náhuatl, las representaciones eran mímicas, gestuales, narraciones corporales apoyadas en el movimiento y los objetos que hacían de símbolos.

Más ocurrió que en 1533 el fraile franciscano Andrés de Olmos escribió en náhuatl El Juicio Final, un auténtico misil hipersónico que perforó la conciencia de los naturales para destrozarlos con la culpa y el castigo, con el pecado original de haber nacido y toda esa carga de rencor por estar vivo de la religión judío cristiana. La obra se presentó por primera vez en la capilla de San José de los Naturales, en el centro de la ya ciudad de México, y cuentan las crónicas que el efecto fue devastador para la multitud de nativos que terminando la representación salieron llorando, golpeándose el pecho, arrancándose los cabellos, gritando y lamentando sus “pecados”.

Y la culpa no fue solo del dramaturgo sino de los directores del espectáculo, los monjes que utilizaron todos los recursos del teatro para declarar el juicio final. Con los espectadores ya en sus manos, los frailes hicieron sonar las chirimías, los caracoles, los tambores, para darle su dimensión sonora a la escenografía que representaba el cielo, la tierra y el infierno, al que se entraba por la boca de un monstruo. Parte del ingenio del teatro evangelizador fue utilizar a los propios nativos como personajes, así que había docenas, acaso cientos de indígenas enmascarados de demonios que pululaban entre la multitud, mientras con un juego de poleas los ángeles descendían de las alturas con sus espadas de fuego para aniquilar a Lucía, la mujer disoluta cuyos pecados de la carne exigían el peor de los castigos.

Para entender la conmoción de aquel montaje, Miguel León Portilla nos recuerda que en el pensamiento indígena el tiempo era cíclico, de manera que el juicio final era definitivo, el fin del mundo. Creo que 493 años después de aquella memorable representación, los dos millones de espectadores de la Pasión de Iztapalapa ya han pecado lo suficiente con el cuerpo para saber que un buen baño de vapor nos permite ver a dios limpios de cuerpo y alma.

Sin renegar por haber nacido. Más bien dando las gracias.