Con unos juguetes Lego pintados en café, Gabriel Macotela presenta una gran maqueta de una ciudad que parece estar abandonada en el desierto pero que es una ciudad bombardeada y en una de las paredes expone cinco peregrinos que se parecen a estelas funerarias.

Las pequeñas esculturas de Miguel Castro Leñero son com guardias de la exposición , con su semblante medio amenazador medio amable, situados en un tiempo prehispánico y futurista a la vez, entre lo geométrico y lo vivo , y Franco Aceves Humana presenta una serie de rostros sencillos de personajes siniestros de la historia actual que todos reconocerán.


Los demás artistas presentes están a la altura de esos creadores, y sin duda algo pasa en la calle Sullivan.
En la mitología griega Sísifo (Σίσυφος), Rey de Éfira —nombre original de Corintio—, fue considerado el hombre más astuto y engañoso, de aquel fantástico universo, tan embustero que engañó a la muerte por partida doble para regresar del inframundo a regañar a su mujer por no haberle dado una digna sepultura. Además de embaucador Sísifo era chismoso y en ese afán denunció a Zeus por haber desvirgado a la ninfa Egina, así que Tánatos, Hades y Zeus lo condenaron a subir eternamente una enorme piedra a una escarpada colina del tártaro, el lugar en el que los dioses olímpicos castigaban a los titanes y los mortales como Sísifo a condenas infinitas.
Barítonos y sopranos, todos en el salón de clases nos esmerábamos por ser el que mejor entonara las estrofas apuntadas en el pizarrón. La leyenda decía que el poeta había sido encerrado por su novia, hasta que no completara los versos que compondrían esa propuesta de “himno nacional” en el concurso de 1854 convocado para el caso.
Y en esas estábamos hasta que un compañero, el rebelde del grupo, alzó la mano preguntando:
–Maestra, ¿por qué la palabra “guerra” se repite siete veces en el Himno?
La respuesta (que no la hubo) reside en que el ambiente nacional de entonces, después de la guerra con los Estados Unidos que perdimos (y que nos costó la cesión de los territorios del norte, de California a Tejas), era del todo vindicativo. Sí, que nadie osase plantar el pie extranjero en la Patria dolida, porque se le irían encima bridones y rugidos de cañones.
El teórico militar Carl von Clausewitz lo explicó en las páginas de su famoso tratado: la guerra “no es más que la continuación de la política por otros medios” …más explícitos que la discusión parlamentaria.
De los “alegres años veintes” del siglo pasado, a los de este XXI, el panorama se ha trastornado. Los países que hoy están en guerra suman una decena (Ukrania, Rusia, Pakistán, Afganistán, Estados Unidos, Israel, Irán, Kuwait, Irak, Palestina) por lo menos, sin contar los conflictos e intervenciones militares localizadas, como ha ocurrido en Caracas y en Tatalpa, Jalisco.
Todo lo cual lleva a concluir que la visión idealista de un mundo en permanente paz, es por demás ilusa. El espíritu guerrero habita desde siempre en nuestras arterias, y no ha habido lapso de la historia sin uno o dos conflictos de ese tipo. Desde los murales de Cacaxtla hasta las pinturas de Eugene Delacroix, son exaltadas las batallas donde el vencedor impone la propia causa. El siglo pasado fue un hervidero de guerras, algunas internas referidas como “revoluciones”, que abarcó a los cinco continentes. Así que ahora no nos debemos llamar a escándalo.
El presidente Donald Trump así lo ha entendido, y asumiéndose como heredero intervencionista de las dos guerras mundiales, la de Corea, la de Vietnam, la de Irak, hoy ha decidido abrir un nuevo frente en la antigua Persia, estrangulada por el régimen de los Ayatolas. La única diferencia es que anteriormente se requería del desplazamiento de batallones y artillería por miles, cuando que hoy la guerra se está decidiendo con el disparo de cohetes teledirigidos y drones.
El gran temor es que alguno de los contendientes resuelva defenderse con armas de orden atómico, lo que dislocaría por completo el acuerdo tácito que se mantiene, otorgando a las grandes potencias sus parcelas de influencia. Estados Unidos, Rusia y China, en primer orden, y detrás Francia, Reino Unido, Corea del Norte, Israel, India y al parecer ya no Irán.
Es algo de lo que ya no se habla con la efusividad de los años 60, cuando la “crisis de los misiles” mantuvo al planeta suspendido de un hilo, con los teléfonos calientes de Nikita Kruschev y John F. Kennedy.
Ahora las imágenes de Gaza arrasada, luego de la declaración implícita de guerra del 7 de octubre de 2023, cuando tropas de Hamas atacaron territorio de Israel, se han vuelto la estampa que suple a las fotografías de Vietnam o las de la “la madre de todas las batallas” en Irak.
El talante belicoso de míster Trump no es muy distinto al del presidente Richard Nixon en 1970. El enemigo de entonces era el avance del comunismo, el de ahora es el del empoderamiento islámico, y de refilón la guerra contra el terrorismo de los cárteles, que se habrían apoderado de cierto país que no lo reconoce.
La continuación de la política por otros medios, bien lo decía Von Clausewitz, de modo que malamente nos estamos acostumbrando a las imágenes de la guerra, como si fuesen un capítulo más de la entrega de los Óscares.
En todo caso nos queda el Himno para liberarnos de cualquier afrenta, y los patrios pendones, ¡guerra, guerra!, en las olas de sangre empapar.
Málaga, España.- La 29ª edición del Festival de Málaga ha concluido con una histórica victoria para el cine mexicano, que se ha consolidado como el gran triunfador de sus secciones más competitivas. Triunfo para «Oca» y «El jardín que soñamos».

El protagonismo de la noche fue para «Oca», de la directora Karla Badillo, que se alzó con la Biznaga de Plata a la Mejor Película Iberoamericana en la sección Zonazine. Acompañada por la actriz mexicana Cecilia Suárez, mostraron su alegría y agradecieron al festival así como al público malagueño quienes otorgaron el Premio del Público que coronó a la cinta como la favorita de los asistentes.

Por su parte, en la Sección Oficial, el director Joaquín del Paso hizo historia al recibir la Biznaga de Oro a la Mejor Película Iberoamericana por «El jardín que soñamos», llevándo además el premio a la Mejor Dirección. Estas victorias confirman el altísimo nivel de las producciones nacionales en el circuito internacional.
Aunque no se llevó ninguna Biznaga «Juana» opera prima del actor y ahora director Daniel Giménez Cacho, complementan el despliegue de talento mexicano, el festival contó con la participación de «Juana», la obra dirigida por Daniel Giménez Cacho. La película, que compitió en la Sección Oficial, fue una de las propuestas más comentadas y seguidas por la crítica, cerrando una delegación mexicana que ha dejado una huella imborrable en la capital malagueña.
Palmarés Principal – 29ª Edición Festival de Málaga
Sección Oficial (Largometrajes)
Sección Zonazine (Cine de Autor y Vanguardia)
Con este palmarés, México se posiciona como la cinematografía más sólida de la edición, logrando un ‘doblete’ histórico al llevarse la máxima distinción en la Sección Oficial y el favor unánime del jurado y el público en la sección Zonazine.
Fuengirola, Málaga.- En el marco del Mes de la Mujer, la Galería Atelier Natale se convierte en el epicentro de una reflexión colectiva con la exposición «Mujer Internacional». Bajo la curaduría de Alejandra Natale, esta muestra no solo celebra el arte, sino que se posiciona como un manifiesto sobre la visibilidad femenina en la industria actual. La exposición busca ir más allá de la simple exhibición de piezas, convirtiéndose en un espacio de reflexión.

En la exposición participan: Alba Dalmau, Alejandra Natale, Alexodo, Alicia Natale, Anmary Lobato, Aquafonia TToñi López, Carmeli Polo, Clara Belén Gómez, Cinta Aller Kráhe, Gemma Pahissa, Juan Antonio Cortés, José Domínguez, Juan Luís Barud, Lotta León, Luana Zottarelli, M.B Coranti, Ma. Carmen Gñómez, Marisol Almenara, Marisol Ramos, Maryla Dawroska, Michele Uzac, Natalia Ramos, Nieves Arceredillo, Olga Gómez, Pía Ojeda, Piedart Pilar del Río, Rosa Ma. Lecumberri y Victoria Márquez.
Para entender el alma de esta exposición, conversamos con su comisaria, Alejandra Natale, sobre el proceso que dio vida a esta selección.

¿Cómo fue el proceso de selección de las piezas y qué narrativa buscabas transmitir?
«El proceso es complejo. Si eres mujer, cualquier obra puede ser apropiada porque el requisito es reforzar el papel de la mujer artista. En el caso de participantes masculinos, el requisito fundamental es que la pieza sea un homenaje a las mujeres. No elegimos las obras solo por su relato, sino por el grado de involucración del artista con el concepto de la exposición: la conmemoración del 8 de Marzo».
¿Qué esperas que el espectador se lleve al salir de la sala?
«Por encima de todo, que conecten con las piezas. Cada obra tiene la explicación que el artista ha querido transmitir para generar un mejor diálogo visual. Me gustaría que el público se lleve una sensación de conexión y comprenda que el arte hecho por mujeres no habla solo de mujeres, sino de experiencias humanas universales. Queremos cuestionar narrativas establecidas y abrir caminos para las generaciones futuras».

¿Consideras que el mercado del arte está logrando finalmente una paridad real?
«Creo que todavía estamos en una fase de transición. Se han dado pasos importantes y hay mayor conciencia institucional, pero cuando analizamos la representación en grandes colecciones o el mercado, la paridad real aún no se ha alcanzado. Todavía hay reticencias por parte de algunos coleccionistas y galeristas hombres a valorar justamente el trabajo de la mujer».
También participa la historiadora y crítica de arte Clara Belén Gómez ha analizado la muestra, destacando la capacidad de integrar miradas tan diversas. Según su análisis, «Mujer Internacional» logra un recorrido que abarca desde la introspección y la memoria hasta la denuncia social.
Clara destaca cómo algunas obras presentan a la mujer desde la intimidad, mediante figuras silenciosas y retratos emocionales, mientras otras revisan los relatos heredados de la historia del arte para entender la identidad femenina actual.

Resultan especialmente interesantes los trabajos donde la mujer se relaciona con la energía creativa, transformada en símbolo de origen y renovación. Señala sobre la dimensión social que no faltan piezas con un tono más crítico que abordan la violencia y las estructuras sociales que han condicionado históricamente el papel de la mujer.
En conclusión es un espacio de visibilidad. Gracias a la diversidad de lenguajes —que incluyen desde lo figurativo y el abstracto hasta el collage y la experimentación material—, la exposición refuerza la idea de que la experiencia femenina es plural.
Como bien señala la crítica de Clara, en un mundo donde los principales cargos siguen siendo mayoritariamente masculinos, exposiciones como esta, lideradas por figuras como Alicia y Alejandra Natale, son fundamentales. Son el recordatorio necesario de que, cuando se brinda la oportunidad de formación y creación, el talento femenino es, sencillamente, enorme.
Sin remontar a los griegos antiguas, que más bien fabricaban falsas monedas, se cree que el primer falsificador de arte fue Miguel Ángel en su juventud. En 1496, copió una escultura romana de Cupido dormido y la hundió en la tierra para hacerla pasar por una antigüedad. La vendió muy bien pero se descubrió la trampa. En vez de castigarlo, el Papá de entonces admiró su dexteridad y le dio trabajo. Tuvo suerte…

En todo caso las obras falsas son incontables. Thomas Howing, antiguo director del Metropolitan Museum de Nueva York, declaró en 1997 que el 40% de las obras de su museo eran o falsas, o tan restauradas o mal atribuidas que era lo mismo. En el Times de 1934 salió la noticia de que Corot pintó 2000 cuadros, de los cuales 10000 están en los Estados Unidos, oficialmente declarados a la importación allá. Buena parte de las obras falsas fue hecha por un falsificador a pesar suyo, que pintaba a la manera de Corot y fue burlado por gente que cambió las firmas.

Los expertos no son infalibles: hace dos años, el museo Van Gogh de Ámsterdam desclasificó tres obras del pintor, que figuraban en el catálogo razonado de 1971 , y hasta una de ellas la había declarado auténtica el propio museo en 2011. Hay casos en los que la viuda del artista se equivoca en la autentificación, como Dorothea Tanning con un Marx Ernst, pintores borrachos que afirmaron que habían pintado tal y resultó que no era cierto, y también pintores que perdieron la inspiración y confían a otro hacer obras que ellos mismos firman y venden. Se rumoreó eso de dos ex surrealistas cuyos nombres empiezan por D. y Ch. respectivamente.
Se tuvo que esperar 23 años para que fuera reconocido el arte parietal en parte por culpa de un falsificador. En 1873, en una gruta en Suiza descubrieron unos huesos con figuras prehistóricas, que resultaron falsas, realizadas por un estudiante que quería diplomarse rápido. El que dictaminó que fue trampa era Ludwig Lindenschmit, el fundador del museo romano de Majuncia. Este mismo pensaba que no había ningún arte paleolítico y fue escuchado, a tal punto que él que descubrió las grutas de Altamira en 1879 pasó por un falsificador hasta 1902 cuando se admitió que tenía razón y que entre los hombres prehistóricos había artistas. Si es difícil imaginar el arte abstracto sin el descubrimiento de Altamira, ¿qué hubiera pasado pues sin la falsificación del estudiante alemán?, se podría extrapolar.
El siete de marzo del 2006 murió Ludwik Margules, y su hija Lydia con el apoyo de las coordinaciones de teatro del INBA y la UNAM, mas el concurso del CITRU, hicieron un memorial cálido, lúcido y por fortuna disfrutable en vivo o grabado, por sus 20 años de ausencia. En suma, lo que dijeron las actrices, los actores y directores que participaron en el recordatorio fue que Margules es nuestro contemporáneo. Esa verdad me recordó que yo tengo un ensayo prácticamente inédito -porque sólo se leyó una vez en la Catedra Ingmar Berman que la doctora María Teresa Paulin sostiene con el apoyo de la Universidad Autónoma de Hidalgo-. Escuchar a Lorena Maza, David Holguín y Mauricio Jiménez hablas de su maestro y amigo fue gratificante, aunque entendí que mi privilegio con Ludwik fue no se su alumno ni su colaborador, sólo su amigo. Eso me permitió compartir con él algunas experiencias vedadas para sus colaboradores por su carácter etílico y personal. He aquí el fragmento de un capítulo sobre eso de ser contemporáneos en el arte de mentir la vida, para revelarla, haciendo teatro.
Fausto, la tragedia de Cristopher Marlow, fue el principio de una honda reflexión de Ludwik Margules sobre la vida en el teatro. Antes que en Camus Margules halló en Marlow la subversión del hombre rebelde, del santo maldito, del blasfemador de lo sagrado que pertenece, para decirlo con Ludwik, “a la corriente negra de los grandes transgresores de la cultura, como Ben Jonhson, François Villon, Jean Genet”. El teatro de Cristofer Marlow le dio a Shakespeare y el bardo inglés lo llevó a Jan Kott, el crítico polaco que nos ayudó a descubrir que el autor del Rey Lear era nuestro contemporáneo.
La hermenéutica de Kott sobre la obra de Shakespeare modificó la visión que tenía la gente de teatro sobre el autor emblemático del teatro isabelino, porque el critico polaco leyó a Shakespeare en clave existencialista y descubrió que los personajes del autor de Hamlet sufrían la misma neurosis del hombre del siglo XX, que a su vez luchaba por el poder con la misma crueldad que los isabelinos. Margules sabía que Kott luchó contra los nazis y fue parte de la resistencia polaca, más cuando la URSS se adueñó de Polonia fue un férreo defensor del estalinismo, y para su infortunio, dejó prueba de ello en un manifiesto donde le exige al teatro estar al servicio del partido comunista y de su máximo líder. Cuando murió Stalin Kott renunció al partido y comenzó una critica al sistema que lo obligó a emigrar a los Estados Unidos donde falleció.
Yo ignoraba la militancia estalinista del paisano de Margules cuando Ludwik me invitó al departamento de soltero que tenía en la colonia Hipódromo Condesa, para hablarme de Kott. Margules ya estaba casado con Lidia, a quien amó hasta su muerte, pero él y un grupo de amigos polacos tenían al inicio de los años 80 aquel refugio más para la tertulia que para el fornicio, aunque a veces se colocaba en la puerta un letrero que decía: “Wstep wzbroniony”. Prohibida la entrada.
Fueron los años en los que beber con Ludwik era una cuestión de fondo, de fondo de botella porque compraba un litro de vodka para él y otra para su invitado. En su español ladino Margules hizo aquella noche una exposición formidable no solo de Shakespeare, nuestro contemporáneo, sino de El manjar de los dioses, el ensayo sobre el teatro griego en el que Kott sigue los pasos de su Best Seller sin lograr el mismo efecto. Como eran tiempos previrtuales sólo Margules había leído entre nosotros aquel ensayo editado en inglés en 1973, doce años después de su hito literario que salió a la luz en 1961. Y puesto que Polonia no existe, como afirma Hamlet al decir que es un territorio imaginario, sólo Margules conocía la debilidad de Kott por el padrecito Stalin que mató a más compatriotas suyos que la guerra.
Y como no se bebe una botella de vodka polaco impunemente, luego de alabar a Kott sin mesura, comenzó a maldecirlo por culero. Aunque es poco probable que Ludwik haya pronunciado esa palabra porque es un mexicanismo y Margules maldecía en términos castellanos en desuso, pero el sustantivo resume la serie de imprecaciones que el polaco Margules soltó sobre el polaco Kott, a quien consideraba su maestro en Shakespeare. Ahí aprendí que el intelecto puede separar lo personal de lo histórico, lo ideológico de los artístico, pero el corazón borracho de vodka no.
Margules era un rencor vivo -para decirlo con Juan Rulfo- porque le ardía la vida y solo en el escenario podía aliviar esa carga soltando electricidad a diestra y siniestra en los ensayos. De ahí que cada montaje fuera para Ludwik un compromiso de vida tan a fondo que varias veces fue para él un compromiso de muerte. Suena retórico, pero quien ensayó con Margules sabe que es una frase verídica. En cuanto a esa noche que el vodka no pudo borrar de mi memoria, terminó cuando Ludwik comenzó a hablar en polaco y en ruso, y como en el breve y luminoso poema de Paz sobre las estrellas, sin entender nada comprendí todo.
Madrid, España.- La Semana del Arte en Madrid recibirá este marzo un soplo de aire cosmopolita con sello malagueño. El reconocido artista José Luis Puche regresa puntualmente de su residencia en Manhattan para presentar ‘Welcome’, una colección que marca un hito en su carrera: es la primera serie creada íntegramente en su nuevo estudio neoyorquino tras su traslado permanente en 2025.
La cita tendrá lugar en el Hyatt Regency Madrid, convirtiéndose en uno de los eventos destacados de la agenda artística de la capital.

Más que una simple exposición, ‘Welcome’ es el testimonio plástico de una mudanza emocional y geográfica. Puche, tras casi un año de inmersión en la cultura estadounidense, traduce el «vacío inicial» y la desorientación del inmigrante en una propuesta visual potente.
Cambiar de continente implica desmontar certezas. Nuevo idioma, nuevos códigos culturales, nuevas formas de medir el tiempo y el éxito. En ese escenario, el artista se enfrenta a un vacío inicial que precede a toda creación.
“Los cambios físicos me desorientan, se acumulan las preguntas sin resolver y las respuestas van llegando a cuenta gotas”, afirma Puche.
En ‘Welcome’, el blanco y negro reaparece como origen del dibujo, como retorno a la raíz. El carbón graso —aplicado en capas, borrado, superpuesto— actúa como materia viva que respira sobre el papel. Las imágenes no se fijan: se erosionan, se repiten, se diluyen. La superficie funciona como un palimpsesto donde pasado y presente conviven en tensión.

Iconografías como la arquitectura neoyorquina, los coches accidentados entendidos como ruinas contemporáneas, el deporte como metáfora de resistencia emocional o la figura del inmigrante emergen desde una mirada que compara, traduce y reinterpreta. Nueva York no aparece como postal, sino como experiencia interior. Lo que sucede en el papel no es únicamente un dibujo, sino un acontecimiento.
La estética del cambio: El dibujo se entiende como un «acontecimiento» vivo que respira sobre el papel, donde el pasado y el presente conviven en tensión. Tras su paso por Madrid, Puche regresará a Nueva York para preparar sus próximos proyectos, incluyendo una esperada exposición en México el próximo mes de junio.
José Luis Puche no es un extraño en las grandes instituciones. Licenciado en Historia del Arte, su obra ha pasado por centros de prestigio mundial como el Centre Pompidou, el CAC Málaga y la Ópera de Sídney.
Su versatilidad también ha quedado patente en proyectos multidisciplinares, destacando su labor en la escenografía del musical Gypsy, dirigido por Antonio Banderas, o sus intervenciones murales de gran formato. Con ‘Welcome’, Puche reafirma su madurez artística, consolidándose como un creador capaz de convertir la experiencia migratoria en un discurso universal de vanguardia.
Con Welcome, Puche no solo presenta nuevas obras: presenta un momento vital. Un territorio intermedio entre dos ciudades, dos identidades y dos formas de entender el mundo.