En las paredes de la Casa Jaime Sabines y el Centro Cultural San Ángel cuelgan casi un centenar de obras de arte que hacen una lectura visual a la figura y la poesía de Jaime Sabines. La intención es recordar los versos del poeta de «Los amorosos» en el centenario de su nacimiento para que su poesía siga tan viva en los nuevos lectores como en esos artistas que han preparado una obra de arte releyendo al poeta que marco a su generación con libros como Tarumba o Algo sobre la muerte del mayor Sabines.
La muestra colectiva se titula «Es la sombra del agua», uno de sus versos reunidos en su Recuento de Poemas, y contiene piezas que fueron hechas por los artistas a partir de una frase, un poema o un libro de Sabines, y buscaron acercarse al poeta desde las emociones que atraviesa su obra –el amor, el deseo, la melancolía, el paso del tiempo, la belleza de lo cotidiano o la muerte– para traducirlas en imágenes.
Convocados por el crítico de arte y escritor Luis Ignacio Sáinz y la periodista y autora del libro Sabines. Apuntes para una biografía, Pilar Jiménez Trejo, la exposición reúne obras de artistas –pintores y escultores– algunos que tuvieron una relación directa con el poeta, así como fotografías de autores que lo retrataron a lo largo de su vida, entre ellos Daisy Ascher, Eliane Cassorla, Rogelio Cuéllar, Eunice Chao, Gilberto Chen, Ulises Castellanos, Roberto Portillo y Maritza López.
La muestra es también una celebración con un significado especial para la alcaldía Álvaro Obregón, pues la Casa Sabines, que fue inaugurada por el propio poeta en 1996 como un espacio abierto a la cultura, había permanecido más de siete años cerrada, pero desde hace más de un año el recinto fue recuperado y reabierto como parte de la estrategia del alcalde Javier López Casarín para devolver a la comunidad recintos dedicados al arte y la cultura, un año importante para conmemorar el 30 aniversario de esta Casa.
Desde su reapertura, el inmueble cuenta nuevamente con galería, salas de conferencias y talleres, además de una programación cultural para acercar nuevas audiencias a la literatura y las artes. La Casa también se incorporó al programa Noche de Museos de la Ciudad de México, con actividades nocturnas que han reunido a cientos de asistentes.
- El alcalde Javier López Casarín, Ana Isabel Sabines, Pilar Jiménez Trejo, Julio Sabines y Luis Ignacio Sáinz.
Entre las piezas se encuentran obras vinculadas con algunos de los títulos más representativos del poeta, como los de su primer libro Horal en donde aparece ya su icónico poema «Los amorosos», están también referencias a sus libros de Adán y Eva, Tarumba, Algo sobre la muerte del mayor Sabines, varios de sus celebres poemas de amor como «Te quiero a las diez de la mañana», «Yo no lo sé de cierto», «Tu cuerpo está a mi lado»; y por supuesto a su poema «La luna». Se encuentran algunas referencias también al libro Los amorosos: cartas a Chepita, publicado por su esposa casi diez años después de la muerte del poeta, en el que están las carta que Jaime Sabines le escribió a su mujer Chepita.
Las obras buscan demostrar que los versos del poeta nacido en Tuxtla, Gutierrez, Chiapas un 26 de marzo de 1926, mantienen su capacidad de dialogar con las nuevas generaciones pues abordan temas universales como el amor, la perdida, el deseo, el misterio creador de la existencia, la inevitable muerte para saber que hay que vivir. Porque para Sabines la poesía siempre fue «un canto de sobrevivencia».
Durante el tiempo en que estará la exposición, se realizarán mesas redondas con el tema ¿Cómo hablar de la poesía de Sabines desde el arte? en la que poetas, escritores, críticos de literatura y editores hablarán de las conexiones de la palabra y el arte en la cultura contemporánea.
«Están en proceso dos proyectos editoriales. El primero es la redición de una de las obras menos leídas del poeta y artista libanés Gibran Khalil Gibran, Arena y espuma (1926), que fue traducida por un intelectual libanés en México en 1943. Ya están en la imprenta los ejemplares que se regalarán a las personas que asistan a la mesa redondas correspondientes aún por precisar» , abunda Luis Ignacio Sáinz .
El segundo es una antología en árabe de poesía la Sabines, hecha por el poeta libanés Afif Albert Kaissar entre 1999 y 2009 que circuló en Medio Oriente. Es importante recordar que el padre de Jaime Sabines llegó de Líbano siendo un niño y enseñó a su hijo muchas historias de la la literatura árabe. La idea es hacerlo en una edición bilingüe con los poemas también en español, todo de la mano del traductor original y con la anuencia de la familia del poeta, e incorporar a artistas de ascendencia libanesa o levantina para ilustrarla, detalló Sáinz.
En el texto de sala se lee:
Poeta de los sentidos y las ilusiones, los deseos y las aflicciones, que inculcó a varias generaciones de lectores el amor a la poesía y la responsabilidad en la vida y frente a la muerte. Jaime Sabines persevera en una incapacidad exquisita: su renuencia a envejecer. Y ahora que cumple su primer siglo de existencia, celebramos esa energía seductora que nos estremece de la cabeza a los pies, y lo hacemos leyéndolo, pensándolo e imaginándolo a través de las representaciones de un sinfín de artistas plásticos y visuales, y un puñado de coleccionistas del instante:
Fernando Aceves Humana, Gilberto Aceves Navarro, Miguel Ángel Alamilla, Mónica Álvarez Herrasti, Alicia Amador, Perla Arroyo, Daisy Ascher, Maribel Avilés, Rodrigo Ayala, Oscar Bachtold, Juan Berruecos, Jeannette Betancourt, Jordi Boldó, José Luis Bustamante, Valerie Campos, Beatriz Canfield, Ana María Casanueva, Ulises Castellanos, Alberto Castro Leñero, Miguel Castro Leñero, José Castro Leñero, Eliane Cassorla, Margarita Chacón Bache, Eunice Chao, Gilberto Chen, Rogelio Cuéllar, Barry Domínguez, Mónica Dower, Laura Echeverría, Beatriz Ezban, Aldo Flores, Ana Fuentes, René Freire, Filogonio García, Vanesa García Lembo, Renata Gerlero, Tomás Gómez Robledo, Ilse Gradwhol, Natasha Grey, Carlos Gutiérrez Angulo, Patricia Henríquez, Jazzamoart, Saúl Kaminer, Christa Klinckwort, Lenka Klobásová, Salvador Enrique Lacroix, Arturo Lazcano Botello, Mayra León, Adolphe Lechtenberg, Maritza López, Águeda Lozano, Gabriel Macotela, Luis Manuel Serrano, Eugenia Marcos, Manuel Marín, Marit, Héctor Massiel, Alfonso Mena Pacheco, Octavio Moctezuma, Leticia Morales Bojalil, Mónica Ortega, Roberto Portillo, Coral Revueltas, Jorge Ismael Rodríguez, Rubén Rosas, Pablo Rulfo, Jeanne Saade Palombo, Nunik Sauret, Sebastian, Federico Silva, Ana Luisa Solar Horcasitas, Patricia Soriano, Luciano Spanó, Carolina Tangassi, Fabiola Tanus, Eloy Tarsicio, Esmeralda Torres, Paloma Torres, Laura Vázquez, Héctor Velázquez, Teresa Velázquez, Jorge Yázpik, Ernesto Zeivy, Irene Zundel.
Sin duda alguna:
Es la sombra del agua
y el eco de un suspiro,
rastro de una mirada,
memoria de una ausencia…
Póker de versos que atesora un ideario delirante y expansivo, el de una sensibilidad a ultranza que nos conmueve y en una paradoja infinita nos lanza a la aventura de sumergirnos en el otro para perfeccionar nuestra identidad. Ser en el otro, ser con el otro, ser para el otro, ser dos reconciliados en la utopía de la unidad…
El mejor favor que podemos hacerle al poeta chiapaneco de ascendencia libanesa y que él desde la condición intangible de su escritura nos hace consiste en sumergirnos en sus palabras preñadas de deseo, melancolía, evocación sentimental…
Eso, y solo eso, pretende la Casa Jaime Sabines y el Centro Cultural San Ángel: imbuirnos del placer de la lectura.
- Luciano Spanó y Jazzamoart.
- Beatriz Canfield, Luciano Spanó, Christa Klinckwort, Juan Berruecos y Luis Manuel Serrano
- Aldo Flores y Beatriz Canfield.
En la exposición se pueden encontrar estas piezas que evocan estos versos…

Alfonso Mena. Sabines,2026. Óleo,máquina de escribir y papel sobre lino. 41 x 61 x 20 cm.
Los amorosos callan.
El amor es el silencio más fino,
el más tembloroso, el más insoportable.
Los amorosos buscan,
los amorosos son los que abandonan,
son los que cambian, los que olvidan.
Su corazón les dice que nunca han de encontrar,
no encuentran, buscan.

Alberto Castro Leñero. Sabines con raíces aéreas. Resina plástica y pigmentos sobre tela. 50 x 60 cm.
¿Has visto cómo crecen las plantas? Al lugar en que cae la semilla acude el agua: es el agua la que germina, sube al sol. Por el tronco, por las ramas, el agua asciende al aire, como cuando te quedas viendo el cielo del mediodía y tus ojos empiezan a evaporarse.
De: Adán y Eva

Gabriel Macotela A Sabines,2026 Pastel sobre papel 45 x 60 cm
…si es huérfano el que pierde un padre, si es viudo el que ha perdido la esposa, ¿cómo se llama el que pierde un hijo?, ¿cómo, el que pierde el tiempo? Y si yo mismo soy el tiempo, ¿cómo he de llamarme, si me pierdo a mí mismo?
De: Diario semanario y poemas en prosa

Ana María Casanueva . Las hojas del tiempo,2026 Collage,ensamble. 40 x 60 cm
Amaneció sin ella.
Apenas si se mueve.
Recuerda.
(Mis ojos, más delgados,
la sueñan).
¡Qué fácil es la ausencia!
En las hojas del tiempo
Esa gota del día
resbala, tiembla.
De Horal

Pablo Rulfo. Estábamos en el paraíso,2026. Temple sobre tabla. 40 x 35 cm
-Estábamos en el paraíso. En el paraíso no ocurre nunca nada. No nos conocíamos. Eva, levántate.
-Tengo amor, sueño, hambre. ¿Amaneció?.
-Es de día, pero aún hay estrellas. El sol viene de lejos hacia nosotros y empiezan a galopar los árboles. Escucha.
-Yo quiero morder tu quijada. Ven. Estoy desnuda, macerada, y huelo a ti.
Adán fue hacia ella y la tomó. Y parecía que los dos se habían metido en un río muy ancho, y que jugaban con el agua hasta el cuello, y reían, mientras pequeños peces equivocados les mordían las piernas.
De: Adán y Eva

Natasha Gray. La luna,2026. Acuarela y grafito sobre papel arches (poliptico 6 pzas). 64 x 42 cm
Se puede dar de postre a los niños
cuando no se han dormido,
y unas gotas de luna en los ojos de los ancianos
ayudan a bien morir.
Pon una hoja tierna de la luna
debajo de tu almohada
y mirarás lo que quieras ver.
Lleva siempre un frasquito del aire de la luna
para cuando te ahogues,
y dale la llave de la luna
a los presos y a los desencantados.
La Luna

Eliane Cassorla El Poeta, 1987.
Lento, amargo animal
que soy, que he sido,
amargo desde el nudo de polvo y agua y viento
que en la primera generación del hombre pedía a Dios.
Amargo como esos minerales amargos
que en las noches de exacta soledad
maldita y arruinada soledad
sin uno mismo
trepan a la garganta
y, costras de silencio,
asfixian, matan, resucitan.

Jordi Boldó Los amorosos callan 2026 Óleo, grafito, tintas/lino peinado 50 x 50 cm
Los amorosos callan.
El amor es el silencio más fino,
el más tembloroso, el más insoportable.

Rogelio Cuéllar Sabines en su casa del Pedregal. 1991
A estas horas, todas las noches, para siempre, yo soy el que ha perdido el día. (Aunque sienta que, igual que sube la fruta por las ramas del durazno, está subiendo, en el corazón de estas horas, el amanecer.)

Esmeralda Torres A Sabines, a Venus, a Iraida 2026 Mixta/ manta de algodón 50 x 50 cm
Te quiero a las diez de la mañana, y a las once, y a las doce del día. Te quiero con toda mi alma y con todo mi cuerpo, a veces, en las tardes de lluvia.

Daisy Ascher Algo sobre la muerte del mayor Sabines. 1988
Pasó el viento. Quedaron de la casa
el pozo abierto y la raíz en ruinas.
Y es en vano llorar. Y si golpeas
las paredes de Dios, y si te arrancas
el pelo o la camisa,
nadie te oye jamás, nadie te mira.
No vuelve nadie, nada. No retorna
el polvo de oro de la vida.

Jazzamoart. Cristo caído. Óleo sobre tela. 60 x 50 cm. 2023-2026
Dueña de la esperanza,
paloma del principio,
recógeme los ojos,
levántame del grito

Ulises Castellanos Sabines en la cámara de diputados. 1988.
Dentro de poco vas a ofrecer estas páginas a los desconocidos como si extendieras en la mano un manojo de hierbas que tú cortaste.
Ufano y acongojado de tu proeza, regresarás a echarte al rincón preferido.
Dices que eres poeta porque no tienes el pudor necesario del silencio.

Barry Domínguez Sabines en la Ciudad de México 1996.
Lento desde hace siglos,
remoto nada hay detrás,
lejano, lejos, desconocido.
Lento, amargo animal
que soy, que he sido
Homenajear a Sabines (Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, 1926) es reconocer al hombre que desnudó la existencia hasta dejarla en los huesos, ahí donde el desgarro del alma convive con el instante de llorar la vida que también es hermosa. Sus poemas de amor son el pulso de la sangre, son la fuerza que nos mantiene vivos y, al mismo tiempo, la que nos consume. Tarumba es el grito del hombre cercado; es ese «otro» al que le habla, no un personaje literario, sino el único testigo de su resistencia. Algo sobre la muerte del mayor Sabines es el testimonio del despojo; no ofrece consuelo, sino compañía en el espanto donde el dolor privado se vuelve un purgatorio colectivo. Su capacidad de encapsular un universo entero en un solo verso no es producto del azar, sino la facultad sagrada de un hombre que nació poeta.
La exposición «Es la sombra del agua» se puede visitar de martes a domingo de 10:00 a 17:00 horas en La casa Jaime Sabines –Av. Revolución 1747, San Ángel, Álvaro Obregón, Ciudad de México– y en el Centro Cultural San Ángel –Av. Revolución S/N , esquina con Francisco I. Madero, Col. San Angel, Alvaro Obregón, C.P. 1000, Ciudad de México–. La entrada es gratuita. Y permanecerá abierta hasta el 30 de diciembre de 2026.






















































Catrinas Regionales es un colectivo sin fines de lucro, “somos independientes y ya contamos con marca registrada ante el IMPI para fines culturales”, dijo Cortes, quien añadió que el colectivo no tiene patrocinio alguno, por lo que sus trajes, maquillajes y requerimientos técnicos los solventan con recursos propios.


De algún modo fue coherente que aquel gerente de banco, que aquel funcionario de CARITAS (amor al prójimo), terminara como un sanador de su comunidad. Acaso la tragedia de su muerte sea que lo mató su convicción de que se puede sanar la enfermedad del cuerpo y de la mente con la fe que exige el amor a Dios, mejor dicho: en aquellos que se dicen sus discípulos. Supe que en su último aliento dijo que necesitaba perdón, dejando la duda si era él quien debía dar o recibir esa gracia. Por mi parte nada tengo que perdonarle y en conciencia considero que él tampoco tiene que perdonarme nada. Consumada tu partida, Arturo, ya eres parte de la historia de la familia que tu rastreaste desde sus orígenes y cuyo emblema llevaste con orgullo. Sin duda, las nuevas ramas de ese árbol te recordarán con el cariño con el que nosotros añoramos a nuestros difuntos, y en las noches estrelladas de los Llanos de Apan, al calor de una hoguera recordarán tu nombre y tu bonhomía, y cantarán canciones en tu memoria, como hicimos nosotros con nuestros ancestros.






























