Desde el siglo XVII, la cocina en el arte se relacionaba con la comunión (Da Vinci), la felicidad (Renoir), lo fantástico (el surrealismo), la identidad y la tradición (Rivera). En el food art la comida era arte. En general la cocina era un motivo, y a menudo un pretexto. Pero para Edurne Esponda, la comida es un incentivo para crear. Explora su textura, su sabor, el deseo de comerla, se inspira en los procesos de germinación de las plantas, de sus colores, de sus transformaciones antes y durante su elaboración culinaria.

Fotos: Miguel Estévez, cortesía de la artista
Le gusta explorar las interconexiones entre naturaleza y cultura. Después de trabajar con la música, se interesa en otro sentido, el gusto, siempre en relación, claro, con la vista, la visión del pintor y del espectador.
Con Especias, Mezcal de gusano, o Código propio 5, el gesto abstracto y lírico está fuertemente acentuado y podría aludir a un paisaje mineral y líquido como el de las sierras de Oaxaca, la tierra abrupta donde crecen las especias a las que se refiere la artista con la gravedad de la pintura, las rupturas rocosas , la oposición de tonos. Por otra parte, las vistas estratigráficas tienen colores intensos profundos, que dan una impresión de serenidad, de larga degustación del tiempo, y en todo caso señalan una temporalidad.
Otras obras son más sobrias, como las franjas verticales de varios colores(¿sabores?) superpuestas, estelas como piedras que indican un camino o una ruta que seguir, que dan ganas de tocarlas( otro sentido) para ver lo que encierran. Acerca de ellos, recordamos la famosa frase de Adeline André, “the mother of minimalism“ , al referirse a la moda que es, como se sabe, otra pasión de Edurne Esponda :«el trabajo no debe verse ni notarse, debe dar la impresión de una magia».
En las esferas, o más precisamente en las Bolas de nieve, la artista suelta las riendas y nos da a saborear una multitud de sensaciones gustativas, en una explosión de sabores y colores, del blanco navajo al naranja, rosa y café que describen perfectamente el placer ardiente que procura en este caso el frío en la lengua. En los otros cuadros que se refieren explícitamente a la comida, se pueden apreciar las sensaciones de dulce o amargo, de calor en la boca, el placer que procuran no solo los manjares sino también su evocación y el ritual de su elaboración.
Se trata aquí de una auténtica pintura coral, llena de vibraciones, de tensiones sordas, de proposiciones pictóricas.
Decía la pintora y escultora noruega Ana Eva Bergman de manera sencilla y justa: «El camino que lleva al arte pasa por la naturaleza y la actitud que tenemos hacia ella».
¡Buen provecho!



