Skip to main content
All Posts By

Cultura en Bicicleta

Bi 07022021

By Bicicletas

Bicicletas del maestro Eloy Tarcisio para Cultura en Bicicleta.

Título 1. Bicicleta, 07022021
Lápiz de color, acuarela y tinta sobre papel

Título 2: Bi, 07022021
Lápiz de color, acuarela y tinta sobre papel

Un Estudio ‘Patafísico.
Texto: Dominique Legrand.

Siempre pensé que Eloy Tarcisio tiene una propensión a la ‘patafisica, esa ciencia de las soluciones imaginarias tal como la definió su inventor Alfred Jarry (UBU REY), a quien Marcel Duchamp y Julio Cortázar admiraban tanto. Por eso me arriesgo a interpretar aquí a su manera las dos obras yuxtapuestas que nos envió:
Dicen los pesimistas que la finalidad del movimiento es la inmovilidad. O todo lo contrario según los optimistas. En esta última perspectiva se situarían las dos obras, si admitimos que las bicicletas tienen género o sexo. En la 1, tenemos al velocípedo en su majestad, al parecer en un pedestal con su engranaje cerebral que parece ser una tercera rueda, o un caballete (Eso no es una bici, pensaría Magritte). Y en la 2, un enjambre, un tropel, un hormiguero de bicicletas guardadas o que corren a toda prisa sin dueño hasta su destino final, la inmovilidad. Por el momento se ven muy alegres.
En las dos bicis hay una depuración de la imagen, característica de Tarcisio, con un distanciamiento al objeto representado aquí como en una radiografía de los radios del aparato y de sus elementos principales- cuya precisión clínica se ve cuestionada por un uso lúdico de los colores-.
En todo esto hay algo de ‘patafisico, con apóstrofe antes de la p. recordemos que Jarry casi siempre andaba en bicicleta y escribió “ la pasión considerada como una carrera de bicicletas cuesta arriba” , para poner estas obras de Tarcisio en cierta perspectiva que puede ser justa. O no.

Texto Dominique Legrand

El ciclista

By Bicicletas

Pieza realizada por el maestro para Cultura en Bicicleta.

En este óleo, la bici es un centauro (puesto que la máquina se confunde con su ciclista) lanzado a toda velocidad, fulminante. La acción se asocia a una tempestad. En las características del vehículo, se destaca la eficacia más que la elegancia. Hay que recordar que, desde la Segunda Guerra Mundial, a la mayoría de los grandes ciclistas de carrera contrarreloj, por su fuerza y la regularidad de su cadencia, se les comparó con una locomotora. En eso andamos aquí.
Estamos muy cerca de la abstracción lírica. Los colores violentos no hacen nada para frenar el movimiento irresistible del aparato. Estamos plenamente en el universo de Luciano Spanó, de violencia expresada y apenas retenida por los azules y una manchita de blanco.
Hay artistas para quienes el arte es una suerte de terapia, como lo sugería en una entrevista anterior el artista, aquí me parece que el arte se considera como un combate personal. Claro, hay que invitar al espectador a participar, sino el artista se encuentra en solitario. De aquí la maestría en la expresión de la velocidad, de la combinación de colores, la sensación de persecución a otra persona fuera del cuadro o de huida, en breve, una historia, un drama quizás.
Los elementos se contratan y se acurrucan, se expenden y están a punto de explotar, no hay duda, estamos en el camino violento y accidentado de la pintura gestual, de la que no perdona.

Texto Dominique Legrand

La rueda de la vida

By Bicicletas

Obra de Juan San Juan Rebollar para Cultura en Bicicleta.

Al presentar este bodegón con hojas marchitadas y plato de barro en una Expo sobre bicicletas, el artista digital partió de la analogía entre la rueda y el ciclo de la vida, ya que círculo y ciclo tienen el mismo origen que indica rotación y serie.
Su trabajo fotográfico con la marchitación de las hojas relacionado con el envejecimiento del hombre lo sitúa en la línea de los pintores que trataron el tema de la vanidad, de la fugacidad del tiempo y de la muerte ineluctable.
Evidencia también una complicidad entre el hombre y la naturaleza, una relación profunda que se opone totalmente a la relación agresiva de explotación de esta naturaleza por nuestras técnicas modernas. (Por cierto, la bici es un modo de locomoción mucho más cercano al paisaje, y cien por ciento menos contaminante que los demás).
Este acercamiento amable a la naturaleza podría hacer que reconsideremos nuestras relaciones sociales al notar que, en el mundo vegetal, tan complejo y creativo, no hay jefe.
Una obra de arte vive raramente sola. En mi museo imaginario, pondría esta composición al lado del Vertumnus de Arcimboldo, este emperador compuesto de una multitud de legumbres, y del Sombrero rojo de Gauguin, uno de los primeros objetos con bodegón, por la forma similar y los colores que vienen del interior de las cosas.

Texto Dominique Legrand

Alrededor del árbol

By Bicicletas

Obra realizada por Néstor Quiñones para Cultura en Bicicleta.

Conociendo el gusto del autor por la filosofía, pensé al descubrir este acrílico en el eterno retorno de Nietzsche y en su opuesto, la fugacidad del tiempo. En la ecología con una sierra circular que corta el árbol pero éste, en vez de caer, se eleva en “la insostenible levedad del ser”, en el lado “conversación con el viento “ a la manera japonesa.
Pero recibí un correo de Néstor Quiñones que cambió la perspectiva, orientándome hasta otro protagonista de la gesta pictórica, el Dios azar, o serendipia, o más simplemente chiripada.
He aquí, in extenso, el contenido de su mensaje:
“No sé si alcanzas a notar qué hay un especie de remolino que rodea el árbol. Debajo de él está el círculo que hace la bicicleta.
En realidad ya tenía una pintura empezada con el árbol y empecé a poner pintura para darle cuerpo a la imagen.
De ahí surgió la idea de los círculos creados por la bicicleta rodeando el árbol.
En un principio eran dos bicicletas, lo cual me pareció simbólico en el sentido de que crearan un “equilibrio” entre su marcha pero en el tratamiento una fue desapareciendo y no hice mucho para hacerla notar.”
Chiripada o brusco arrepentimiento, gesto incontrolado en la desaparición, todo esto contribuyó a hacer esta obra sorprendente. La escritura de Néstor es tan fina y precisa como su dibujo, y me dio gusto recibir este testimonio del “work in process”.

Por otra parte, estas líneas del autor nos revelan una faceta importante de su talento: el arte de la elipsis que consiste aquí en llamar la atención sobre un pequeño detalle para hacernos ver la obra de otra forma. ¡Su sentido del atajo le permite cambiar la perspectiva sin usar las leyes que rigen esta técnica!

Otro secreto revelado después por el artista: ¡la otra bici está en la parte baja de la gran mancha blanca que cubre el tronco.

Texto Dominique Legrand

Bicicleta en cuarentena

By Bicicletas

Obra de Roberto Parodi para Cultura en Bicicleta.

Con sus últimas grandes exposiciones en el Munal, Bellas Artes y San Ildefonso se pensaba que Parodi iba a seguir dialogando con los escultores o los muralistas, confrontándose pues con los grandes del pasado. Se dio lo contrario, un retorno a lo íntimo, a sus raíces norteñas.
Aquí estamos en el desierto, hay un ataúd con una bici. Se aprecia la ironía del título, que se opone sin embargo a la impresión de desolación que emana de la acuarela. Estamos en un ambiente rulfiano con espectros al acecho y la cromacidad que se mueve entre negros y grises le insufla algo de lóbrego.
Las cosas tienen su peso existencial, con contornos acentuados y profundidad de campo, pero hay también en esta tela una suerte de ligereza que se encuentra también en Rulfo, una impresión de flotar, de estar aquí y allá a la vez, siempre muerto y siempre presente. Hay viento. Hay duende, dicen los gitanos.
Me acuerdo de sorprendentes bodegones o naturalezas muertas de este artista. Aquí, a pesar de la idea de confinamiento y de la presencia de la muerte, se podría hablar de naturalezas vivas.

Texto Dominique Legrand

Aquelarre bicicletero

By Bicicletas

Obra de Gerardo Rivera Kura, una pieza hecha para Cultura en Bicicleta.

El título sorprende. Parecen estar bien tranquilos estos en su tándem, él un poco preocupado y ella dándole la espalda y al parecer comentando algo. Uno se imagina que van al aquelarre. Pero la contradicción forma parte del juego, estamos en su contexto, en el mundo de serpientes diablos y escaleras, en un universo laberíntico interactivo e inmersivo donde florecen los animales y en el que lo grotesco y lo serio cohabitan. Es el mundo de la fiesta medieval, del día de los locos o de nuestros contemporáneos alebrijes, cuyas formas y colores el artista retoma.

Esta obra me procura una sensación giratoria, obstinada y drolática, por sus tonos lóbregos y festivos a la vez, por la rueda -serpiente- y sobre todo por la sonrisa del animal que parece estar suspendida en la noche como la del gato de Cheshire en Alicia en el país de las maravillas.

La doble bici como escoba de bruja, ¿Quién se lo hubiera creído? No falta la alusión picante y picaresca con aquellos dos que circulan con su simple vestidura de nacimiento, él con los cuernos erguidos y ella chimuela
de sombrero azul.

Dan ganas de cantar con ellos la salsa del demonio.

Texto Dominique Legrand

Pez bici

By Bicicletas

Obra realizada por Jesús Reyes Cordero para Cultura en Bicicleta

Chucho Reyes, el caballero de Zacatecas, nos lleva con este pez bici al mundo surrealista de los sueños submarinos. Se sumerge en los meandros de la memoria afectiva.
La textura de la acuarela es untuosa, en cambio, los contornos de los objetos y personajes son nítidos. Los triángulos evocan el marco de una bici, los círculos sus ruedas naturalmente, hay hasta la bocina que suena (podría ser también, según su autor, una lamparita, un foco). El señor, cuya figura aparece arriba- yo lo llamo el mago- es una figura recurrente de la obra del artista. Aquí podemos imaginar que, en el fondo de un mar o de un estanque, él está montado en una bicicleta hecha pedazos, de esas antiguas, primitivas, llamadas Draisienne en el siglo XIX, según el barón de Drais quien las inventó en la época romántica. En alemán, se llamaban Laufmaschine, es decir máquina de correr.

Hay también una sirena y un pez.

En la paleta de este artista se encuentran formas geométricas similares a las de los indios navajos y aparecen igual como símbolos de harmonía y de interrelación cosmogónica, así como los colores de los huicholes, tan presentes en Zacatecas. Estamos aquí lejos de la bicicleta, pues no tanto. La bici lleva sueños, libera energías creativas, aquí pues la bici está nadando o, mejor dicho, la bici casi nada.
Quisiera agregar que no se conoce lo suficiente las otras facetas del zacatecano. Es un gran fotógrafo y un poeta sorprendente, a mi juicio. En la misma veta que su pintura, he aquí un poema suyo en forma de pez, con título de Leonard Cohen:

LA BONITA PERCHA RUBIA DE MI DAMA

tendrá que ser un día
en bicicleta
Especialmente un jueves que empiece en bajo solo
dentro de un hotel que tenga
palmeral y perspectiva
wagons-lits interior y coche celular
y pescaditos azules circulen
por la habitación la cerradura de las puertas
encima de la cama
debajo de las cochas
después de un huracán
que ha devastado la vajilla
el florero el hielo en las bebidas
la pesada bruma azul de las ventanas
y el polvo de los libros
mientras pálidas luces
de los faros de Tulum
se prenden se apagan
se prenden se apagan
se prenden
a lo lejos
palmeral y perspectiva
wagons-lits interior y coche celular
y pescaditos azules circulen

Texto Dominique Legrand

Biciurbe

By Bicicletas

Obra de Octavio Moctezuma para Cultura en Bicicleta.

En nuestro mundo del zapping, parece que no hay tiempo que perder: dedicamos en promedio a una obra menos de 10 segundos contra 42 hace apenas 14 años. Para una obra como Bici Urbe, es preciso recuperar algo de tiempo y detener la vista, para regocijarse y deleitarse. También importa la distancia entre el espectador y el cuadro, como en un duelo de capa y espada: mejor no tan lejos , en este caso, ya que este oleo y temple es de pequeño formato y lleno de detalles significativos. Dos rostros de mujeres aparecen de perfil y paralelos. La forma global es circular, se distingue una piedra y el eje de un pedal, al parecer entre los grises hay muros.
Las tonalidades que desde lejos se veían oscuras y sordas, pierden de su opacidad y se ven no propiamente alegres, pero sí más serenas. Hay la impresión, por la parte de arriba a la izquierda, de que uno puede escapar de la urbe. La impresión general es de flexibilidad.
Los contornos están subrayados y el impasto no está tan fuerte como parecía. Se nota también que el pintor busca liberar las formas de su aspecto habitual, que se dedica a jugar con las diferentes capas de color, con los contrastes entre las manchas, en la veta del arte informal de Jan Fautrier por ejemplo, en el que “cada artista deja toda la libertad a lo imprevisto de las materias”. Esta importancia de la libre expresión de la pintura, que en cierto momento parece escapar a su creador, tiende a provocar una emoción que el arte abstracto, cuando surgió, quiso dejar de lado.

Texto Dominique Legrand

La bicicleta

By Bicicletas

Obra de Gabriel Macotela para Cultura en Bicicleta.

Así pinta Macotela.

Al verlo pedalear a diario por el parque Luis Cabrera escoltado por sus perros Pita y Torito, uno piensa en las cualidades de un ciclista, que se asemejan a las de un buen jinete: soltura, fluidez, nada de rigidez ni de miedo al movimiento, equilibrio. Esas son precisamente las características del quehacer artístico de Gabriel Macotela.

El artista no para nunca. Tanto como en la escultura como en el dibujo, es un descubridor, un desbrozador. Quiso ser arquitecto. Le queda la pasión por las maquetas a escala, por la construcción, le encanta experimentar. Como se dijo de Picasso, en cuanto algo pasa a su alcance, lo agarra y trata de hacer otra cosa.

Con él, cada creación es siempre la continuación de otra. De aquí su perpetua impaciencia, bien manifiesta en la película de A. Fernández titulada ¿Dónde está Macotela? Por aquí y por ella, siempre encuentra algo nuevo, una forma, la idea de un libro, una preocupación política, una intervención en la calle con sus amigos etcétera.

En las conversaciones, evoca a menudo unos paseos de su infancia jalisciense con el tío Walter, un amigo de sus padres que había sido ingeniero naval, en los cascos de barcos en el muelle, que le impresionaron mucho. Hay algo de esto, me parece, en toda su obra, un recuerdo de pasillos, pasadizos y pasarelas, unas formas de rodamientos, engranajes y valeros, de poleas, de lo que permite la fluctuación, de lo que hace avanzar un mecanismo.

Avanzar, progresar, con gesto seguro y atinado, sin fiorituras ni adjetivos, hacia una representación sustancial de su realidad, tal parece ser la meta del maestro. Sin embargo, no le gusta la seriedad ni los dogmas, le encantan la risa, el amor y el canto, la libertad surrealista.

Al ver los grabados que nos dio para esta subasta, un amigo pregunto: ¿Dónde está la bici? Gabriel le hubiera contestado: Abajo, en el garaje. Antes de pasar a otra cosa: el dibujo apremia.

Texto Dominique Legrand

Paseo en bicicleta

By Bicicletas

Obra de Mayra león para Cultura en Bicicleta.

“Estaba un cuervo posado en un árbol y tenía en el pico un queso” , reza la fábula de Jean de la Fontaine El cuervo y el zorro. Aquí tenemos un cuervo posado en un pez enorme sobre una bicicleta. Estos animales aparecían muy a menudo en las iluminaciones que ilustraban los libros medievales o renacentistas, formaban parte del bestiario del jardín de Edén, eran una alegoría del paraíso perdido. Aquí aparentemente, no hay ninguna metáfora (son pues dos animales semi domésticos que pasean tranquilamente en bici, en una de estas alianzas fortuitas que procuran los sueños o las delicias de la práctica del collage), o sí hay una , está en las alusiones a la historia de la pintura, en los guiños a Giorgio de Chirico en los pórticos del fondo, a Magritte en el humor frío y la postura de los personajes, a Chagall con los malabaristas sobre la bici en el circo, al Bosco quizás por los animales en un lugar inverosímil. La referencia forma parte de la creación…
Hoy en día se da también una tendencia al retorno a la figuración, tan admirada durante siglos en la pintura de Historia con sus grandes batallas y sus hombres admirables, tan despreciada en el siglo XX, desplazada por la foto y el cine. Hastiados del abstracto, de la geometría, de la descripción clínica de los objetos de la vida cotidiana, varios artistas retoman ahora la voluntad de representar el mundo con realismo. Los criterios del arte han cambiado. Ya no hay movimientos, manifiestos, la idea de progreso y la visión linear se esfuman. Hasta el criterio de novedad compite con los de diversidad, comunicación, elección de temas, referencia.
Mayra León retoma la representación figurativa, la narrativa pues, con un formato más pequeño y con otra distribución de los papeles y del escenario: los actores son animales y bici, el entorno al parecer no se presta mucho a una escapada y la anécdota se sustituye a la Historia con “H” mayúscula.
Pero en esta anécdota y con estas reminiscencias, la pintora introduce en su tela una sensación de desajuste, de desliz entre a la impasibilidad de los animales y la idea de aventura que sugiere la bicicleta, entre el escenario urbano metafísico y la metamorfosis de los ciclistas en animales, una inquietante extrañeza, algo como un error de casting.
Con todo y esto, hay en esta representación cierta inquietud que refleja el laberinto del fondo, pero también sabemos que el mundo de los cuentos y las fábulas no es tan idílico como lo parece, ni la naturaleza tan cándida.

Texto Dominique Legrand