“La historia conforma las matrices mentales, incluso celulares, donde se escriben las experiencias de la vida propia y de la memoria ancestral”. Así Dorota Ziółkowska (1977 Plock, Polonia) resume la esencia de su arte. La artista gráfica polaca ha desarrollado su obra a partir de una introspección completa, en la que desaparece las brechas temporales y se reconoce como el producto de una historia mucho más grande que el presente.
El viernes en la tarde, el tráfico chilango, lo mejor es La Plaza Loreto en donde la Embajada de Polonia, presenta una exposición de su artista: Dorota Ziółkowska en . En este festival de cuatro días se acercó la cultura polaca al público mexicano y hubo de todo, comida, películas, presentaciones musicales, exhibiciones de arte. Los comensales que estábamos en el Restaurante Jurema probando pierogis y cerveza polaca, y los que se sentaron en las gradas para esperar la proyección de la película Blanco, dirigida por el Polaco Krzysztof Kieslowski, entre todo resaltaba la figura de una mujer rubia, delgada y con una chaqueta de brillos. Era Dorota Ziółkowska, la artista principal de las exhibiciones de arte.
Ziółkowska es una artista gráfica formada en Varsovia que se ha distinguido por su arte experimental, en donde se mezclan diversas disciplinas que añaden a las obras un toque único. Por ejemplo, de la pintura, ha retomado el arte de comprender al mundo a través del color y entender las dinámicas de la luz y el color. Del diseño de modas, reconoció el valor de las texturas y las formas. Y del arte en general, comprendió la importancia de la autenticidad. En palabras de su curador JuanJo Soto “la obra de Dorota se afienza la idea de crear una obra irrepetible por el margen de accidente fortuito pero premeditadamente provocado”.
Con una amabilidad y un buen español, Dorota Ziółkowska concedió la siguiente entrevista:
En retrospectiva, ¿cuándo surgió tu interés por el arte?
El arte me gusto desde la infancia, de pequeña me encantaba dibujar y hacer ilustraciones. Pero mi primer acercamiento al arte no fue como artista gráfica, sino como diseñadora de modas.
Estudié Diseño de Vestuario en Poznan (en el Colegio de Diseño Aplicado), en esa época, mi inspiración principal eran las obras de František Kupka, un artista Checo que fue de los primeros artistas abstractos de los principios del siglo XX. Me llamaba la atención que sus piezas exaltaban los colores y sus formas expresivas.
Esto se reflejaba un poco en la vestimenta que yo diseñaba. En su mayoría tendían a ser piezas que mezclaban la escultura y el vestuario.
Más adelante, cuando decidí entrar en las bellas artes de Varsovia, tenía que escoger un área de especialización. Primero pensé en pintura, pero quería tener un conocimiento más amplio y la Facultad de Artes y Diseño enseñaba más materias, por eso ingresé a la Facultad de Artes Gráficas en la Academia de Bellas Artes de Varsovia. En esos años comencé a dedicarme a las artes gráficas utilizando como medio de creación el grabado, intentando potencializar el arte del color. Quizá por eso en mis piezas abundan los colores.
En tu obra se habla sobre la influencia de la memoria colectiva. ¿Cómo piensas que influyó la historia de tu país en la forma que creas arte?
La idea sobre el reflejo de la memoria colectiva fue una interpretación que hizo el curador de esta exposición, Juan Jo Soto, y creo que es un buen enfoque a mi trabajo. En este encuentro, presento piezas que corresponden a dos series, una que realicé en Polonia y otra que empecé aquí en México.
En particular, en la primera serie que se llama Chambre d’Amour / Chambre d’Enfer, hecha en Polonia, habla mucho de eso, de la memoria que está escrita en el cuerpo. Me refiero a las matrices mentales, matrices celulares, donde se escriben las experiencias de nuestra vida y de la memoria ancestral. Hay un movimiento en la psicología o epigenética, en particular, que explica cómo dentro nuestro, tenemos escritas las memorias de seis o siete generaciones atrás y como esto y el entorno influye en el comportamiento, la cognición, la personalidad y la salud mental, es decir cómo percibimos el mundo.
En cuanto a mí país, pues sí, la historia de Polonia es muy compleja, hemos vivido situaciones difíciles como invasiones de nuestros vecinos y otros conflictos políticos. Y claro que esto influye en cómo la sociedad polaca se conduce, en nuestra percepción del mundo y también, incluso, en nuestras formas de ser en situaciones personales. Sin embargo, cuando se trata del arte, al menos en mi caso, me concentro sobretodo en rebelarme a los patrones familiares que aprendí. Concientizar estos patrones, entender que las historias se cuentan por dos lados y aceptar el lado oscuro, donde están las sombras, han sido prácticas que me permiten crecer.
Y sobre las obras que has hecho en tu estadía en México, ¿te has inspirado por la cultura mexicana, es una continuación a la cultura polaca o una fusión de ambas?
Creo que la inspiración para esta serie ha sido mi propia experiencia en una cultura distinta. Para mí la expresión artística es una vía para entenderse a uno mismo. Busco comprender mi percepción del mundo, mi conexión con la naturaleza o mis relaciones interpersonales.
Aunque cuando llegué a México, encontré belleza en las montañas. La realidad es que Varsovia es una ciudad un tanto plana y que esta ciudad estuviera entre montañas fue interesante. También encontré inspiración en los encuentros interpersonales, en ver varios colores. Con esta idea, comencé la serie de montañas llamada Motor inmóvil.
Ahora que lo preguntas, también recuerdo una pieza de Posada. Es una pieza que corresponde a mi serie Las Niñas y Otros Animales. La pieza de Posada se llama “Una mujer que dio la luz a tres niños y cuatro animales”. En la imagen se ve el cuerpo de una mujer y estos seres recién nacidos, no sé con exactitud si son lagartos o algo así, pero para mí esta mujer es como un objeto esencial para el nacimiento de la vida, no del hombre o de la mujer, sino el nacimiento de lo que está vivo, de que todos somos iguales.
Ya está llegando el momento de terminar, así que haré las últimas tres preguntas. Primero, si pudieras definir tu creación artística en tres palabras ¿cuáles son y por qué?
Esta pregunta me toma por sorpresa, no lo había pensado antes. La primera palabra en la que pienso es placer. Si hablo de placer, me refiero a mi proceso creativo. Hay placer cuando trabajas, cuando cedes a la creación, cuando te encuentras. También lo que sucede con las palabras “placer” y “belleza” con la frecuencia es que la gente limita al arte, y percibe algo “bonito” o “placentero” como si no tuviera mensaje, como si no tuviera historia.
La segunda es introspección, en mis obras busco remarcar la conciencia que se tiene de sí mismo. Esto remarca la transición de la sombra a la luz. Las sombras es un tema que se retrata en el título de la exposición. Hay que reconocer que hay sombras dentro de nosotros mismos y que sería bueno verlas. No podemos quitarlas porque sin luces no hay sombras, sin sombras no hay luces y debemos aceptar esto como una forma de nuestra existencia.
La última se me complica, me gustaría decir espiritualidad, pero es una palabra de muchas interpretaciones.
Quizá la palabra sería conexión, conectar con lo divino, pero también con la esencia humana y con la naturaleza.
A razón del encuentro, ¿podrías compartirnos algún artista que representa la cultura polaca y si se relaciona de alguna forma con tu obra?
Escoger a un artista es complicado, hay tantas disciplinas, tantas formas de expresión en el arte contemporáneo polaco que en este momento me es difícil pensar en alguien – Dorota hace una pausa y me responde entre risas – no sé, considero inspiradora la obra de mis amigas, de la gente cercana a mí que crea arte.
Aunque también pienso en el nombre de las artistas que fueron pioneras de movimientos feministas en el arte polaco como Ewa Partum, Maria Pinińska-Bereś, Natalia LL o de las más contemporáneas Agnieszka Grzeszykowska. Ellas son artistas que considero importantes para la participación femenina en el arte y porque en mis piezas de la serie Chambre d’Amour / Chambre d’Enfer, hablo mucho del cuerpo femenino. Es una colecciónn que reclama el cuerpo propio y son autorretratos que trabajé con técnicas de artes gráficas.
Esta serie es muy personal, habla de mis propias formas de sobrepasar patrones, ansiedades, conseguir el cambio dentro del análisis de mis conductas.
También, en otra serie que expongo aquí Las niñas y otros animales, diseñé unas mascadas con impresiones gráficas. Para crearla me inspiré por un conjunto de deidades femeninas como la diosa Kali o Pelé, la diosa de los volcanes en Hawái. Estas figuras representan un ser que no es el prototipo de una niña calladita y bonita, sino que son personajes que rompen esquemas.
En estas piezas creo un paralelismo entre cómo se entrenan a las niñas y a los animales para ser seres que actúen como los demás esperan que sean: serviles, cuidadosas.
¿Cuál ha sido el rasgo que más agradeces de haber crecido en Polonia? ¿cómo se refleja en tu formación artística?
La fuerza. Al crecer en Polonia he reconocido un encuentro con la adversidad y la resistencia. Tener la fuerza para sobrepasar las situaciones complejas. Ser resiliente, pero también vulnerable, es un rasgo que atribuyo a mi crianza como polaca. Me ha ayudado no solo en el superar desafíos sociales, sino en los desafíos personales.
La educación polaca se centra en una cultura de firmeza y no es necesariamente bueno, pero lo considero formativo para la persona que soy ahora. Me ha fortalecido para enfrentar los momentos difíciles en el arte y en otros caminos de la vida.
Esto es un fragmento de casi dos horas conversación con Dorota Ziółkowska entre conversaciones sobre el arte, libros, los recuerdos de su juventud en Polonia, una crítica pequeña sobre el rol de las mujeres en la sociedad y muchos temas más… ya nos había encontrado la noche, el frío característico de otoño y las pequeñas soledades que se creaban cuando cada vez más personas se iban de la plaza. La artista sin perder la sonrisa y la tranquilidad se marcha con una felicidad inmensa.