Apuntes sobre la obra de Kaminer.
Desde la abstracción de lo inasible digital a la síntesis de los procesos germinales de la creación humana, en la obra de Saúl Kaminer un trazo, una línea, un hilo, se convierten en nudo, luego en otro, luego en otro, generando el ritmo a través de la frecuencia, va describiendo una trama, sonando una melodía que empuja fuera del primer plano las figuras y, dependiendo en dónde se encuentre el espectador, sus sombras, que no dictan el mismo lenguaje, sino uno paralelo, como el arquetipo de “la sombra” que nos propone Jung.
La oposición es una fuerza presente, necesaria para el proceso artístico, el público no sólo se deleitará con lo estéticamente hermoso, habrá de involucrarse de manera íntima y compleja con la proyección de la oscuridad. La incisión – la herida, el relieve – la cicatriz. La obra de Kaminer plantea desde diversos ángulos la necesidad de reconciliación con lo otro.
El I-Ching alude a la unión del cielo y la tierra:
“En el cielo reina un constante movimiento y cambio; sobre la tierra pueden observarse estados fijos, aparentemente duraderos. Pero mirado con mayor detenimiento, esto es sólo un engaño. (…) No existe nada sencillamente quieto; la quietud es, al contrario, tan sólo un estado de transición del movimiento, es por así decirlo movimiento latente. Pero existen puntos en los cuales el movimiento se torna visible. Esto se simboliza mediante trazos firmes (lo Creativo) y blandos (lo Receptivo) con los que se van construyendo los diferentes signos. En este contexto se designa como principio del movimiento a lo firme, lo fuerte, y como principio de quietud a lo blando. La línea firme se representa mediante un trazo indiviso que corresponde al principio de lo luminoso (lo Creativo); y la línea blanda mediante un trazo partido que corresponde al principio de lo oscuro (lo Receptivo).”
Las líneas de Kaminer surgen justamente en este intervalo, son, a manera de una conversación plástica, el resultado del contraste pero no en sus extremos sino en sus intervalos: el movimiento perpetuo, alumbramiento del color primario hacia un sugerido crisol.


