En México hay muy poco dinero para la cultura, pero bastante para el aparato burocrático a pesar de que este año la Secretaría Federal del ramo recibirá 4 mil millones menos que el año pasado. Acaso esa sea la razón por la que esa dependencia ha redefinido su reglamento interior pasando de 16 a 12 unidades administrativas y creando nuevas nomenclaturas como la Dirección General de Sistema de Apoyo a la Creación Cultural, que anteriormente era el FONCA.
La intención de esta nota no es evaluar el nuevo organigrama de la burocracia cultural sino señalar que de los 12 mil 700 millones de pesos que tendrá este año la SFC sólo entre el cinco y siete por ciento será para apoyará directamente la producción artística. Todas las convocatorias oficiales para recibir algún beneficio económico exponen el desequilibrio entre el gasto administrativo y la inversión creativa, que es la razón de ser de la burocracia cultural. Verbigracia: mil 300 colectivos de teatro compiten para el programa IMSS-INBA y sólo cien recibirán el apoyo, mientras todos los administrativos del Instituto siguen cobrando sus quincenas.
En diversos países de Europa entendieron que el aparato cultural del estado debe ser sólo un núcleo administrativo y no, como en México, un gigante con pies de barro que se traga el 90 por ciento del presupuesto para mantener a los 25 mil empleados que de una manera u otra laboran en sus actividades. Cierto que en países como Francia, Alemania, Inglaterra, España, las provincias tienen su propio núcleo administrativo y su propio presupuesto. Se dirá que en México también, pero allá la burocracia cultural gasta entre el 35 y 40 por ciento de sus ingresos, acá el 90. Por eso la ventanilla para los apoyos a la invención artística tiene un letrero permanente: no hay dinero.
Por falta de fondos se han terminado programas emblemáticos que cumplían el ciclo virtuoso de la cultura: preparación-invención artística-socialización y formación de nuevos públicos, como lo hizo el teatro escolar. Ante dicho panorama hay que celebrar que la Muestra Nacional de Teatro cumple 45 años y se hace este otoño en el municipio Benito Juárez de Quintana Roo, mejor conocido como Cancún.
En Acapulco supimos lo difícil que es hacer teatro en centros vacacionales con playa y antros al por mayor; se requieren mártires que naden contra la corriente como los autores, directores y comediantes que hicieron el pie de cría de un teatro que tuvo momentos estelares que nuevas generaciones sostuvieron pese a todo. El año pasado La Paz fue la sede de la MNT porque la directora del Teatro de la Ciudad, Aletse Toledo es una mujer de teatro de larga data, no porque el movimiento teatral de la Baja California Sur sea sobresaliente. Creo que la perseverancia y creatividad de gente como Saúl Enríquez tiene mucho que ver con que el Instituto de la cultura y las artes de Benito Juárez comparta con el INBAL la organización del festejo al que acudirán 22 producciones de 16 estados, como un muestrario del teatro de las nuevas generaciones y las diversas maneras de ficcionar su realidad.
En sus orígenes la MNT fue una revelación para los artistas de los estados que hallaron en esas reuniones la forma y el fondo para renovar su formación, su inventiva y su repertorio. En esos años ir a la Muestra le daba los provincianos un estatus nacional que ayudó a crear colectivos que hicieron historia en diversos puntos del país. En la era previrtual la Muestra fue el escenario para presenciar los avances de la dramática y el montaje en diversas direcciones. Con el internet ya no cumple esa función, pero sigue siendo el lugar en el que se puede tener un panorama parcial de lo que están haciendo los nuevos comediantes, y la ocasión en donde llamarla comunidad no es un eufemismo.
Hace unos años el INBAL tenía seis millones de pesos para la MNT y la sede debía poner otro tanto en infraestructura, alojamiento, trasporte y alimentación. Supongo que hoy la inversión es más alta, pero, aunque llegara a 10 millones por cada parte sería un gasto menor para los beneficios que logra como uno de los pocos programas institucionales a nivel nacional. A lo que voy es que, si se empleara el 20 por ciento del presupuesto del INBAL en apoyo directo a la producción artística, esta florecería más y mejor porque buena parte de sus integrantes podría comer tres veces al día. Aunque la realidad es que la burocracia que etimológicamente significa el poder de la oficina o del escritorio, es la que tiene los beneficios sociales que no tienen los artistas, y la que determina el rumbo de la cultura institucional. Así las cosas, hay que imitar a los oaxaqueños que hace unos días corrieron a gritos y objetos diversos a los funcionarios que tenían una zona VIP en un concierto para el que miles de mujeres y hombres de a pie hicieron cola por horas. Como dicen en Sonora; Ta buenos que sean cochis, pero no trompudos.






