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En diversas épocas se ha debatido si la creatividad en el arte tiene fecha de caducidad o es permanente. Para ejemplificar el agotamiento poético se menciona a Rimbaud, y para lo contrario, a Goethe. Germán Castillo, acaso el decano de la dirección escénica en la nopalera decía que la creatividad en el teatro dura entre 20 y 30 años, con picos ascendentes y descendentes, pero en activo, Luego solo se repite. La creatividad artística en Grotowski duró diez años, el resto fue su maestría como profeta disfrazado de pedagogo.

El Odín Theater de Eugenio Barba tiene 61 años de fundado y todavía abre telón en diversas partes del mundo. Los orígenes de la Compañía de Teatro de la Universidad Veracruzana se remontan a 1953 y su consolidación a 1984. El común denominador de las agrupaciones que han resistido el paso del tiempo es que tienen financiamiento oficial o académico, gubernamental o universitario, ¿Pero cuanto resisten los colectivos que se rascan con sus propias uñas?

En Nuevo León la Compañía  Gorguz Teatro cumple esta temporada 20 años de habitar el escenario y llama la atención que desde el nombre hace una declaración de principios porque Gorguz es una vara larga con una punta de hierro de dos hojas, una recta y otra curva que sirve para recoger las piñas de los pinos, los libros de un alto librero, las pantaletas que se atoran en la lámpara del cuarto, esto es, se trata de un instrumento de trabajo, de una herramienta para el cambio, a decir de su director artístico Alberto Ontiveros.

Como todos los grupos mal llamados independiente, Gorguz también ha recibido apoyos oficiales para sus montajes, pero eso no basta para tener una actividad coherente con sus intenciones durante 240 meses. Y sus motivos para hacer ficción dramática son artísticos y sociales, en ese peligroso equilibrio entre la estética y la moral política, para emplear una expresión que está ausente entre los legisladores del partido en el poder.

Es inevitable volver a Brecht para recordar que, para lograr la eficacia artística de su mensaje político, el artista y activista alemán rompió el esquema del teatro tradicional empleando recursos del cabaret y del teatro frívolo en un formato de cultura popular que el teatro latinoamericano comprometido imitó hasta el agotamiento, y rara vez haciéndole honor a su profeta.

En el amplio y variado el repertorio de Gorguz Teatro podemos ver que hay una intención artística en el origen de cada montaje. Me refiero a los textos escogidos que también nos muestran el interés por el contexto geográfico y social de la región noreste de México. Yo estoy convencido que el teatro regional puede ser tan universal como las obras de Chéjov que suceden en pueblos perdidos de la madre Rusia. Por lo mismo, el teatro clásico puede tener su versión regional si se hace la adecuada traslación más que del texto de la intención central de la obra. Y eso intenta Gorguz Teatro.

En los montajes que he presenciado se han cumplido las premisas del colectivo de hacer un teatro en el que el artefacto artístico es el medio para exponer el dolor tan variado del ser humano. Ese dolor puede ser por la violencia, la injusticia, el destino, la venganza, la marginación, y la queja es que a veces pesa más ese fondo que la forma de explorarlo, aunque explorar es la palabra clave en la historia de este colectivo porque Ontiveros está en esos picos del talento y el imaginario personal en el que la experimentación con los lenguajes estéticos y audiovisuales del presente y el cruce de disciplinas es lo que hay y lo que está produciendo las visiones del porvenir.

En nuestro país cada montaje bien realizado es un acto de resistencia, de manera que quien ha resistido 20 años utilizando el teatro como una pinza para atrapar la realidad y transformarla en ficción, merece el premio mayor de todo cómico serio; la atención del público.

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