Juro por la Patria que prendí el televisor justo en el momento en el que la presidenta Claudia Sheinbaum daba su primer grito de independencia, y me quedé literalmente boquiabierto cuando vi a una mujer habitada por su papel, proclamando con fervor cívico el reconocimiento de las mujeres que en diversos grados han sido sobajadas al papel de consortes de la Independencia de México, que más que una gesta histórica, nos dicen los historiadores independientes, fue un enredo de los criollos que deseaban correr a sus padres españoles para quedarse con el territorio. Aunque hubo insurgentes ingenuos como Allende y auténticos padres de la Patria como Morelos.
Por primera vez vi a la presidenta de México sin la sombra de su sombra, a pesar de que esa oscuridad invocó a todas sus ocurrencias históricas en sus gritos del 15 de septiembre. Desde los binoculares del teatro vi a una mujer cumpliendo con el anhelo de su juventud biológica y política, cuando los sueños de un activista es cambiar el mundo y lo que haces es meterte a un partido político. Es largo el camino del militante que quiere cambiar el mundo pacíficamente, pero además de prolongado las mujeres tenían ese sendero cuesta arriba porque eran las adelitas de los revolucionarios. Como el tema es otro salto de las fotografías de la presidenta en sus días de activista universitaria, llena del desafío juvenil que va en contra del orden establecido, a la imagen de una jefa de estado que está proclamando la independencia histórica de su país, y por esos instantes de euforia interior, la suya propia.
Si así fuera, si aquella joven realizada en la primera mujer que ocupa la máxima autoridad del país, celebrara también su independencia política, comenzaría otra forma de ejercer el poder, porque evidentemente la misión es conservarlo. Sería más sano para la sociedad en su conjunto que la presidenta ejerciera sus facultades por sí misma. Todo indica que autoritariamente, pero acaso sin la nefasta hipocresía del pasado inmediato, sin los proyectos inverosímiles de ese periodo y conteniendo al menos la indescriptible corrupción del obradorato.
Pasando al mundo real, esto es, al formato audiovisual del grito de independencia, me puse a criticar las insistentes tomas de la multitud que había en el Zócalo sin acercamientos a las personas que formaban aquel conglomerado de paisanos. Es básico detallar quien compone esa masa humana para darle perspectiva al conjunto, pero nada. Puro Long shot. El director de cámaras se tardó cinco minutos es hacer un brevísimo acercamiento a la multitud y regresó a su encuadre general. El fondo musical fue el acostumbrado por la fecha y en lugar de los lugares comunes que decían los locutores oficiales al respecto, la y el comentarista del espectáculo patrio hicieron un breve ejercicio de propaganda política a favor del gobierno y cuando comenzaba a quejarme del panfleto cortaron la transmisión gubernamental, entró Televisa y entendí de golpe que estamos perdidos si la decisión está entre uno y otro bando. Tiene que haber un tercer sendero.

