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Los 50 años de Arturo Ríos en los escenarios.

Entramos a la recta final del año cuando el Sistema Nacional de apoyo a la Creación Artística da sus últimos resultados que llenan de contento a un puñado de beneficiados y hunden en la melancolía a varios miles de pedigüeños que de nueva cuenta deberán militar en la esperanza de las convocatorias del año venidero. Aunque esta vez el desencanto de los rechazados provocó una evaluación realista de los apoyos que da el Estado, como ente jurídico. a la formulación artística del mundo. Luego de hacer números Alejandro Ortiz concluyó que con los recursos disponibles sólo el 10 por ciento de la masa de artistas que solicitan apoyo gubernamental puede recibir esa prebenda.

Ya Rubén Ortiz, Edén Coronado y otros investigadores del Ramo 48 se habían acercado a esa versión de los hechos que hoy tiene relevancia porque se están pidiendo firmas para trasformar EFIARTES y pedir un aumento en el presupuesto para cultura del 2026. Ilusamente se evoca la propuesta de la UNESCO de invertir el 1 por ciento del PIB en el sector cultural, alegando que según el INEGI las actividades de tal sector generan un millón 400 mil empleos y producen 820 mil millones de pesos anuales. La realidad es que los medios audiovisuales y las plataformas digitales son las que logran esas sumas estratosféricas, mientras las artes vivas resultan el pariente pobre de la ecuación.

También se propagó en las redes que el Sistema Nacional de Investigadores (SIN), que apoya a miles de científicos de diversas disciplinas podría ser un modelo para que crezca exponencialmente el Sistema Nacional de Creadores. El problema está en que los científicos trabajan en proyectos concretos para instituciones públicas y privadas identificables en el padrón correspondiente. y el 90 por ciento de la gente de teatro va por su cuenta o se ampara en un membrete de Asociación Civil que cualquiera puede registrar. Vamos, en las artes escénicas no sabemos a ciencia cierta cuántos somos y dónde estamos. Carecemos de un Registro Nacional de Espacios, Prácticas y Agentes Culturales como el que inició en el 2018 TELARES, nos dice Alejandro Ortiz, que llegó a registrar más de 40 mil elementos constitutivos del sector cultural. Pero esa iniciativa de la Secretaría de Cultura dejó de funcionar y su página está muda.

Sin el mapa real del sector no se puede elaborar un presupuesto que cubra las acciones medulares del sistema cultural. Por ahí se debe comenzar aconseja el sentido común, aunque el saber cuantos somos y donde estamos no resuelva el problema presupuestal, de algo servirá conocer nuestra identidad como sector dedicado a inventar satisfactores artísticos para nuestros semejantes, tan cerca de las plataformas digitales y tan lejos de los teatros.

Regresando al tema de los apoyos del estado, desde Nueva York la escritora Malú Huajúca del Toro pide una depuración del SNC en la que no se “estimule” a quien tiene un capital heredado educativo, social y económico. “Hay que estimular a los jóvenes creadores y gestores y complementar los ingresos de quienes desde su trayectoria demuestren actividad artística-cultural constante”. Quienes, por sus ingresos, del origen que sea, y premios previos gocen de seguridad financiera, no deberían ser sujetos del sistema de apoyo, concluye la autora de Las razones menos pensadas, una ficción futurista escrita sin el apoyo del SNC.

CAMBRRIDGE VS INTELIGANCIA ARTIFICIAL

 Al festejar los 50 años de Arturo Ríos en los escenarios cometí un error garrafal al confundir La Fin, escrita en 1946 con Fin de Partie, representada por primera vez en Londres en 1957, y a Hamm con el anciano sin nombre cuyo desalojo de un lugar de asistencia es el motivo de una sombría reflexión sobre la soledad, la decrepitud, el abandono y la muerte. Digamos que el vagabundo que vive sobre el escenario la decadencia física y mental en la que algunos críticos han visto la metáfora de Europa destruida por la segunda guerra mundial, es el preámbulo de los personajes inverosímiles de sus dramas cómicos, si se me permite la contradicción.

Mi equivocación tuvo como cómplice a la Inteligencia Artificial porque al consultarla sobre El Final me mandó a Fin de Partida, y al decirle a Gemini que la primera era el monólogo del único personaje de la obra respondió que se trataba del soliloquio que tiene Hamm al final de su peripecia. Si como en los tiempos previrtuales hubiera consultado mi Cambridge Guide to Theatre habría evitado la equivocación que como sea, es mía.

Arturo tuvo la gentileza de apreciar mi reconocimiento a su trabajo sin darle importancia al dislate, y mi hijo me consoló contándome que la IA está hecha para complacer a su consultor al grado de mentir para lograrlo. En castigo, leí con diccionario en la mano el relato de Beckett en francés para seguir con la imaginación el desalojo del anciano y su batalla por sobrevivir, resumida icónicamente en las estupendas fotografías con las que Ana Graham, la productora y directora de la pieza, ha publicitado la celebración del medio siglo de trabajo de un actor que ha hallado en la desolación del teatro del nobel irlandés una forma de superarla, es decir, de asumir la desesperanza como la única esperanza posible. Conociendo el compromiso personal y artístico de éste gran comediante espero poder ver en el teatro Orientación la escena que cierra el relato en la que el viejo se refugia en un cobertizo abandonado cerca de un río, en espera de su destino final, que es la muerte. En esa meditación fatal el pesimismo del autor deja una pequeña rendija para la vida, destello de luz que se apagará en sus obras consagratorias. Pero me dicen que en esa oscuridad el actor brilla con enorme intensidad.

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