El éxito de la actriz mexicana Cecilia Suárez en el Festival de Otoño de Madrid, con la adaptación dramática de la novela de Cristina Rivera Garza, El invencible verano de Liliana, puso en relevancia el nombre de Amaranta Osorio como adaptadora del relato, precisamente en la tierra de su tercera nacionalidad porque nació en México de madre nativa y padre colombiano, de manera que esta mujer de teatro por los cuatro costados viaja por el mundo con tres pasaportes para atender los estrenos de sus obras que ya alcanzan las 34 producciones en España, Chile, Colombia, México, Argentina, Portugal y Checoslovaquia.
Tan solo este año Amaranta ha tenido estreno de su obra Mapa en Francia, de Clic, Cuando todo cambia -escrita con Itziar Pascual-, en México,; gira de. La mató, de ella y Natalia Marcet, en Argentina y Perú; gira También por Buenos Aires de Clic; estreno en esa misma ciudad de, Sobre tus alas; una versión libre de El divino Narciso, de Sor Juana, en el Festival Iberoamericano del Siglo de Oro en Alcalá, España; estreno en México con la Compañía Nacional de Teatro de, Más vale morir, versión de La Orestiada escrita con Jorge Volpi; su partitura dramática para la cantante Cecilia Aguirre, titulada, Vive Callas, en teatro de la UNAM; función de Cuerpo habitado, de su autoría, en Valladolid, España, y ha rematado el año con la gran producción del Festival de Otoño de Madrid. Con 21 obras publicadas y todo un ramillete de distinciones y reconocimientos de diversos países, es tiempo de preguntar: ¿Quién es Amaranta Osorio?
Yo la conocí siendo una niña en la ciudad de Guanajuato en donde su madre, Cristina Cepeda, y su padre, Ramiro Osorio, comenzaban a difundir la sagrada palabra de Enrique Buenaventura, fundador del Teatro Experimental de Cali y padre de la “creación colectiva”, eufemismo con el que éste notable artista colombiano dirigió todas sus obras en nombre de sus dirigidos. Así, mi primer recuerdo de ella es bailando cumbia al estilo de la costa caribe para mostrarle a los invitados cómo se baila de origen ese ritmo. Y como pasa con las niñas, de pronto ya era una hermosa jovencita que nos acompañaba en los reventones de rumba del Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá. En uno de ellos, por cierto, Amaranta me acompaño a entrevistar a Jan Fabre, el coreógrafo belga famoso por sus escándalos públicos y privados. La entrevista fue un salón de baile y resultó eufórica, así que Fabre y su entrevistador terminaron bailando sobre la mesa.
Como lo demuestran las hijas de tantos artistas célebres, no basta nacer y crecer en una familia de artistas para serlo. Desde muy joven Amarante estuvo rodeada de personajes del teatro mexicano, colombiano y mundial, y conoció de primera mano la gestión cultural de sus progenitores, actividad en la que Ramiro Osorio fue y es paradigmático. Y como su padre, Amaranta ha tenido una actividad frenética primero como gestora y luego como actriz y autora de ficciones dramáticas en dos continentes al menos. Su condición nómada y sus múltiples nacionalidades le han permitido atender dos temas centrales de nuestro tiempo; la emigración forzada y la violencia contra las mujeres.
Su obra, digamos personal, trata esos temas desde diversos puntos de vista, y aunque la intención es la denuncia de ambas tragedias, evita el lugar común para exponer la complejidad de esa violencia. Por otra parte, su colaboración con otras autoras y autores nos habla de que el encuentro con tantas mentes brillantes a lo largo de su vida le han inculcado el respeto por el trabajo ajeno y la seguridad del propio. Además de que el teatro es una acción colectiva que primero individualizaron los autores y luego los directores hasta llegar al punto de retorno en el que la acción dramática es el conjunto de varios saberes y disciplinas.
Ignoro en dónde estará actualmente Amaranta Osorio, muy probablemente en Madrid donde tiene uno de sus domicilios y donde su nombre resuena hoy en su versión mexicana porque tanto la actriz Cecilia Suárez como Marcela Díez, la directora del Festival de Otoño de Madrid, son paisanas. Tres mujeres orgullosas de ser mujeres creativas y transnacionales. Hurra.




