Skip to main content

—¿Qué es? —me dijo./—¿Qué es qué?—le pregunté./—Eso, el ruido ése./—Es el silencio… Juan Rulfo

Los sueños de Jazzamoart.

«Yo soy bastante obsesivo, y a veces se me confunde esa obsesión con repetición. Estar insistiendo en la misma frecuencia, en algo que se vuelve un sueño, totalmente obsesivo, que me obsesiona demasiado y que lo voy a pintar toda la vida. En este caso la cuestión de la literatura aparece y desaparece. De repente hay un libro que leí hace mucho tiempo, algún día buscando lo vuelvo a redescubrir y lo vuelvo a releer o el fragmento que tanto me gustaba y entonces lo retomo y me surge una idea para pintarlo distinto», cuenta Jazzamoart en su estudio de la Ciudad de México.

«Por ejemplo El Perseguidor de Julio Cortázar lo ilustré en los años 70 a leerlo por primera vez, y ahorita lo pintaría de otra manera, de alguna manera en cierta forma es escribir con imágenes visuales y transformarlo, reinterpretarlo, tomar ese fragmento de esa gran novela o poema o ensayo  y darle una revolcada, una zangoloteada, pictóricamente hablando, con formas.

«De algún modo es algo que surge también en los sueños, tengo la fortuna de que sueño bastante, y quizá porque me dedico a las imágenes y me acuerdo de lo que sueño. Claro hay toda clase de sueños, evidentemente los sueños de pesadilla no me gustan, aunque hay algunos que podían ser muy pintables pero sin embargo prefiero soñar cosas más poéticas que me lleven a mundos mejores. Y tengo esa fortuna de revivir incluso de retomar el sueño como, hay veces que estoy soñando algo muy interesante me despierto, me vuelvo a dormir y afortunadamente lo vuelvo a retomar, lo cual me parece maravilloso. Tengo sueños recurrentes, algunos muy como el sueño de ser torero, ese lo he tenido desde niño y es un sueño que además  ha evolucionado en las ganas de querer ser torero hasta estar ya con el toro enfrente y decir `ahora qué voy a hacer´.

En la literatura si existen fragmentos que son muy dignos de soñar, con Rulfo me pasó. Tuve un pequeño percance de salud una operación de próstata y al estar en el hospital tuve una pesadilla terrible que tiene mucho que ver con la última película que se hizo sobre Rulfo, Pedro Páramo, en mi sueño había una gran plasta de lodo que me caí encima, era la enfermedad, al salir de eso y viene la reconciliación, y después de esa pesadilla como a las seis, ya que amanecía tuve un sueño, digamos dulce y lleno de virtudes generosas, flotantes, totalmente color, ilusión, algo donde se aparecían los ángeles tocando saxofones. Todo eso va a trastornando en mi cabeza y va a produciendo las pinturas que vienen de literatura».

Las letras y la pintura un libro de Jazzamoart

Durante el último año el pintor Javier Vázquez Estupiñán, Jazzamoart, se dedicó a revisitar sus obras y sus lecturas, en algunas casos fragmentos de novelas o poemas que lo han obsesionado hasta pintar series completas dedicadas a autores como Juan Rulfo, Miguel de Cervantes, Miguel León Portilla, Julio Cortázar, Sor Juana Inés de la Cruz, Efraín Huerta, Ramón López Velarde, Jaime Sabines, James Joyce, Charles Baudelaire, Haruki Murakami o Xavier Vázquez –su padre quien fue un hombre polifacético que quiso ser torero, pintor y también escribió poesía–.

Con la ayuda de su hijo (también llamado Jazzamoart), el artista logró reunir las pinturas que evocan a estos autores, en algunos casos desde su época de estudiante en San Carlos hasta meses recientes en los que se dio a la tarea de pintar por ejemplo, uno de sus descubrimientos recientes, su lectura a Retratos de Jazz un libro de Haruki Murakami, un autor al que le gustaría conocer personalmente y algún día ilustrar una portada de uno de sus libros porque está seguro de que se podrían entender: “Creo que él al ver mis cuadros entendería por qué pinto lo que pinto, y la relación y la hermandad que tenemos cada quien en su área, en torno a la pasión por el jazz, sería un factor que nos daría un punto de encuentro importante”.

En su colorido estudio Jazzamoart habla de cómo nació Las letras y la pintura, esta nueva aventura de la que “en realidad el verdadero culpable es Jazzamoart hijo que ha sido fundamental en muchos de los proyectos junto con Nora, su madre. Él se ha encargado de coordinar y canalizar de alguna manera mis intenciones literarias, mis aficiones literarias, y aunque no me considero un gran lector porque sería presumir demasiado, me encantaría poder decir que he leído muchos libros, pero más bien he leído muchos fragmentos de muchos libros, pero libros completos realmente he leído muy pocos, lo cuál no me da pena decir porque lo importante es leer y aprender. Creo que con unas frases que te lleves de un libro, que te inunden y te motiven para sentirte mejor o pintar un cuadro o para ´quitarte un poco lo pendejo´, ya es suficiente”.

El libro surgió sobre todo a partir de una serie que pintó de Juan Rulfo, releyó Pedro Páramo y se puso hacer más de 20 piezas sobretodo de un fragmento que le gusta mucho:

—¿Qué es? —me dijo./—¿Qué es qué?—le pregunté./—Eso, el ruido ése./—Es el silencio…

“La parte dedicada a Juan Rulfo es medular en este libro. Además de la admiración que siempre le he tenido desde la infancia —gracias a mi papá, que me acercó a Rulfo, a Juan José Arreola y a Ramón López Velarde—, aparecen varias pinturas inspiradas en su obra literaria y fotográfica. A esto se sumó la ópera que hizo Julio Estrada, el gran músico mexicano de vanguardia, en torno a la obra de Rulfo y que justamente se llama ‘el ruido ese’ “, cuenta Jazzamoart.

“Asociado a mi pintura, que es precisamente ‘ese ruido’ del que siempre he hablado (sonidos, garabatos congelados hechos música), busco atrapar la música por medio de las imágenes. En este caso, al leer a Rulfo y encontrar esas imágenes llenas de tierra, polvo, barro y mexicanidad, pensé en que existían los ‘saxofones de barro’. En este libro está esa reminiscencia de Rulfo desde mi infancia. Luego están las ironías del destino: en el Ágora que estaba en Insurgentes y Barranca del Muerto, Rulfo y yo fuimos vecinos de compras; él estaba ahí viendo discos, yo sabía quién era él, pero él no sabía quién era yo. Solo nos saludábamos con un ‘buenas tardes’ o ‘buenas noches’. Puedo decir que fuimos compañeros de música en un diálogo silencioso”.

Se incluyen las lecturas de sus paisanos Jorge Ibargüengoitia, Ramón López Velarde y Efraín Huerta, de este último, a quien le hubiera gustado conocer para «echarse un tequila», admira su libro Transa poética; por ello, le dedica pinturas a sus «cocodrilos» y a la «muchacha ebria» entre otros versos pintados.

También hay fragmentos de un poema de su padre Xavier Vázquez dedicado a Irapuato con estructura similar a Suave Patria de López Velarde del que dice: “Mi papá fue un adelantado a su tiempo. En los años 50 hacía monigotes en alambrón y móviles similares a los que Alexander Calder hacía en Estados Unidos; pero a Calder le decían genio y a mi papá, en Irapuato, que estaba loco. Más allá del cariño, su poema está aquí porque estoy convencido de su valor estético”.

El libro es una galería de su colección espiritual íntima, aunque reconoce que siempre faltarán nombres: “Alguien criticaba que faltaban mujeres, y es cierto. No fue por machismo; está Sor Juana, pero podrían estar Rosario Castellanos y otras. En realidad, fue un ejercicio de placer y travesura donde reuní obras que ya tenía y otras que pinté ex profeso releyendo textos que me obsesionan desde San Carlos”, concluye.

Jazzamoart hijo, resume así la estructura del libro:

“El libro es un diálogo entre la literatura favorita de Jazzamoart y sus creaciones. Contiene tres capítulos. El primero da cuenta del origen refiriéndose a textos prehispánicos de Miguel León Portilla, textos mexicanistas de López Velarde, Juan Rulfo, Efraín Huerta, algunos de sus autores favoritos, va a una parte más mística con Sor Juana Inés de la cruz y San Juan de la Cruz, y sigue con una parte hispanista en referencia al Quijote con Miguel de Cervantes, y una alusión taurina a La Emperatriz de Lavapiés de Jorge F Hernández. El segundo capítulo nos lleva a una reflexión sobre el ser, sobre la figura con Carlos Montemayor, Octavio Paz con Los privilegios de la vista y con el concepto de La chingada, que le encantaba a Paz y a Jazzamoart le fascina; poetas como Bukowski, Baudelaire y Jaime Sabines. Y al final no podía faltar la parte musical, las referencias jazzeras con Julio Cortázar, Alain Derbez, Evodio Escalante y Murakami.

Es una descripción de su literatura personal, sin más rigor que su propio gusto. El prólogo es de Rafael Estrada, que logró describir íntimamente al Jazzamoart pintor, pero también al lector y sobre todo al Jazzamoart humano”.

Las letras y la pintura. Jazzamoart –un libro editado por La Cabra Ediciones, con la participación en el diseño de Óscar Juárez Vargas–, se presenta el sábado 31 de enero a las 12:00 horas en la casa Jaime Sabines –Av. Revolución 1747, San Ángel, Álvaro Obregón, 01000 CDMX– con la presencia del maestro Jazzamoart, acompañarán Evodio Escalante, Alain Derbez, Rafael Estrada Michel y moderará María Luisa Passarge.

Acerca del autor

Leave a Reply