Las obras presentadas aquí salieron literalmente del agua y del lodo, ya que Héctor Massiel recuperó los bastidores en la calle, tirados frente a un taller de serigrafía tras el paso del huracán John por Acapulco. El azar objetivo que provocó este hallazgo propició una transformación simbólica del desastre en nuevas perspectivas creadoras, donde las figuras que embrujan al pintor se van transformando y sus técnicas adquieren una suerte de soltura con la que el artista juega. Además de la violencia urbana que asoló su ciudad y los huracanes, los dos otros temas de la exposición son los peces y la lucha libre asociados a la infancia.
Su inspiración viene del expresionismo alemán y escandinavo y de sus predecesores como Edvard Munch, y también de la películas de terror gótico de la época . En la versión muda de Nosferatu el vampiro ( 1922), una frase poética decía: «Pasado el puente, los fantasmas vinieron a su encuentro». André Breton la citó y los surrealistas vieron en ella una expresión pura de la belleza convulsiva. Horror, belleza, fealdad, asombro, expectativa, son palabras que bien podrían definir las figuras de Massiel.
Todo parte de una mancha de la cual surgen formas que él sigue y acompleta, explica, siguiéndolas en una suerte de trance. Luego precisa en un correo, al referirse a su Expo anterior “Errantes” : «Hay una evolución pero sin dejar el estilo que me define, solo se amplia la paleta de colores que manejaba y las temáticas, mas libertad en el trazo, ahora no solo la mancha es mi generadora de formas, también lo es el garabato como elemento básico del dibujo para crear ». Afirma también que su afán en este momento es llegar a la abstracción, rozar la abstracción. Confiesa estar consciente de que sus personajes extraños no lo dejaron nunca, ya que los ve al caminar, en los transeúntes, en los árboles, en las hendiduras de las paredes, y que se manifestarán siempre en su obra, dejándolo al margen o muy muy cerca de la abstracción.
Volvemos al garabato: Al ensanchar su gesto inicial con el trabajo del garabato, hace surgir unas cabezas raras que hacen pensar en los personajes grotescos en la historia de la pintura, desde Bruegel hasta Bacon. Sus caras son más o menos redondas, infladas, distorsionadas. Ahora bien , se sabe que lo grotesco irrumpe en periodos de transición o metamorfosis, generalmente de índole estética, económica o moral. He ahí, a mi parecer, donde el pintor encara nuestra época movediza, con guerras absurdas a las que las figuritas fantásticas en torno a un cadáver en una autopsia aluden, así como los otros cuadros en los que se asoman.
El artista insiste en la fuerza de la mirada de sus personajes: -«es como si posaran para un fotógrafo, buscando crear una interacción especial con el espectador», dice.
En las obras que se refieren a la lucha libre, el pintor tiende al abstracto y las líneas son vagabundas y sinuosas, se siente una liberación del gesto, un respiro más amplio en el trazo, y un goce al representar los múltiples movimientos de la acción. Como un guiño o la expresión de una continuidad, los luchadores, la chica sentada y los que levantan las manos al cielo llevan los colores y la ropa rayada de los errantes, pero como los “grotescos» casi no tienen rasgos definidos.
En la serie de peces Massiel se sumerge en su infancia al borde del mar, cuando pescó un tiburón-gato del cual se acuerda mucho. Aquí, los que parecen ser vendedores de pescado son hombre- peces, en sus brazos aparecen pejes filiformes y no sabemos si son sus pies, sus piernas u otros animales marinos que contemplamos. La infancia como ósmosis. Están entre dos mundos… El rasgo es cada vez más suelto, más audaz, menos racional al parecer. La querida y temida abstracción extiende sus tentáculos.
En cuanto a los colores, es de notar que ciertas figuras vibran a partir de una asociación de colores que están en el polo opuesto en la gama cromática, el violeta con el amarillo, el naranja con azul, el verde con rojo .-«Son colores que chocan entre sí, pero si los pones juntos, vibran», dice el artista.
La permanencia de sus dos colores fetiches, el azul y el verde, confieren a la Expo, de manera extraña, una impresión de melancolía, una suerte de sosiego, una posibilidad de libertad. Como si las cosas fueran tan aciagas que ahora solo pueden mejorar. De por sí, el acto creativo en esta exposición se puede entender en el marco de un ritual de posesión y conjuración, asociado a la idea de, con el arte, no dejarse vencer por el desastre.
Es patente el afán de metamorfosear la realidad, gracias a los recuerdos de la infancia cerca del mar, a la libertad del garabato que tiene un poder de sugestión y facilita la soltura del dibujo y de la pintura.
La temática de la hibridación zoomórfica, muy presente en la obra de Massiel con los seres errantes que se parecían a unas girafas o a unos centauros y las cabezas triangulares a ultranza de ciertos nómadas, con una marcada acentuación de los huesos faciales que les daba algo inquietante, está presente en las serie de los peces, pero se trata más bien de una ósmosis, con por ejemplo, en los hombres hechos de peces rodeados de peces. La noción de amenaza latente, de inquietud tiende a esfumarse. Se pasa del desastre, del miedo, del espanto a una suerte de dulce relación entre el hombre y el animal. El acercamiento a lo maravilloso (pensamos en las sirenas) sucede al misterio, se puede decir que se trata de una ósmosis sin dolor. Por otra parte, la tentación del abstracto, el ansia de desprenderse del ilusionismo (la pintura no refleja la realidad ), le da al pintor una libertad que probablemente le permite confrontarse con sus obsesiones o sus sueños despiertos recurrentes, renacer tras la tormenta y superar la adversidad.
En su todavía breve trayectoria se pueden ya divisar dos aspectos de su carácter: introspección y fascinación, a los que hay que añadir con Evocaciones transformación y audacia.
A pesar de que su estilo es único y se reconoce entre mil, por su mezcla de rabia y de esperanza entre otros, se aprecia en Evocaciones su deseo de cuestionarse al cuestionar la evolución del mundo en el que vive. El aspecto poético que impregna su obra hace que la magia opere irresistiblemente.
