Como el amor, el teatro no se enseña, pero se aprende, así que este mes de julio festejamos dos acontecimientos memorables para la formación artística: La fundación de la Escuela de Arte Teatral del INBA, abierta oficialmente el 15 de julio de 1946, y la apertura del Centro de Investigación Teatral Rodolfo Usigli, ocurrida el 12 de julio de 1981. La EAT, que incorporó a su membrete el adjetivo de Nacional, para llamarse ENAT en 1994, cumple 80 años de existencia y el CITRU 45 de vida académica. En esta entrega me ocupo de la Escuela porque tiene una larga, magnifica y tormentosa historia, que comienza como epopeya en los años 40, alcanza su cima en los años 70-80 y deviene como sainete en los años de la Pandemia.
Primero hay que aclarar que en virtud de que el INBA se funda el 31 de diciembre de 1946, bajo la inaugurada presidencia de Miguel Alemán, a él se le atribuye la fundación de la EAT, aunque esta ocurrió aun bajo el mandato del general Manuel Ávila Camacho que dejó el poder el 30 de noviembre del 46. Hay que consultar diversos diccionarios y registros periodísticos para configurar la historia de esta institución porque los datos cambian de una fuente a otra. Aunque los compendios más confiables coinciden en que todo comenzó en 1927 cuando una jovencita de 17 años llamada Clementina Otero se topó en la calle de Mesones número 42 con un grupo de adolescentes reunidos en un proyecto llamado, Teatro de Ulises.
La historia de cómo una hija de familia tradicional se volvió actriz cuando el teatro era visto como fuente de perdición, es fascinante, pero el espacio me obliga a resumir que una de las razones fue que la joven Clementina era cuñada de Celestino Gorostiza, uno de los fundadores del Ulises, La segunda circunstancia fue que el padre de la futura actriz viajaba mucho y a la madre le encantaba el teatro. Clementina Otero debutó a los 18 años con una obra de Vildrac dirigida por Roberto Owen, quien aprovecho el montaje para enamorarse de ella con ahínco. Como no fue correspondido, la debutante siguió los pasos de Rodolfo Usigli -con quien trabajó en su Teatro de Medianoche-, para irse a la Universidad de Yale, y de allá trajo el proyecto original para la fundación de la EAT.
Salto hasta los años 70 porque ahí ya no abrevo en los almanaques que cuentan la historia sino en mi propia experiencia, porque luego de un viaje de tres años fuera del país regresé a vivir a la ciudad de México en 1974 a los Edificios Condesa, habitado por una notable fauna de artistas en la que abundaban los actores, comenzando con María Rojo y Juan Allende, a cuyo departamento llegué a vivir. Ya amancebado con Margie Bermejo, quien vivía en el edificio de enfrente y acababa de separarse de Octavio Galindo, supe de primera mano el orgullo que mostraban todos los actores egresados de la ENAT por su alma mater. Muchos de ellos padecieron el abuso de autoridad de sus maestros, además del acoso sexual, y muchas de ellas soportaron ambas cosas con mayor riesgo, pero nadie hablaba mal de su escuela, menos cuando me convertí en reportero de cultura.
El hecho es que, desde su fundación, la EAT fue la piedra de toque de la formación actoral en México. Si revisamos su inscripción veremos que el 70 por ciento de las actrices y actores del teatro de riesgo en México son egresados de la ENAT, y no se diga del “Nuevo Cine Mexicano”. Joder, muchos de ellos eran mis vecinas y mis compas de tertulia, así que viví de cerca la forma en que cambió su vida una película, Luego la espera, el silencio, la ansiedad y de nuevo el teatro para recuperar la vida. Entonces apareció la Televisión con sus melodramas y hasta los actores artudianos dijeron, quítate que hay voy. Ahí estaba el éxito y la renta. Además, si el director de la telenovela era Julio Castillo, todo estaba justificado: seguías siendo actor. Aunque acá entere nosotros, Julio fue muy ambivalente con sus amigos del alma a la hora de darles llamado.
¿Cuándo entró en crisis el aprendizaje entre maestro y alumno? Quizá siempre, pero se hizo evidente cuando el autoritarismo patriarcal se puso en cuestión. En este sentido, el teatro Universitario de los años 70 y 80 fue una escuela superior de actuación porque combinó la teoría con la práctica y tuvo en Héctor Mendoza, Ludvik Margules, Juan José Gurrola y Alejandro Luna artistas excepcionales que más que cátedra, dieron obras que iluminaron el firmamento teatral de la nopalera. Con el mismo autoritarismo de la ENAT, con similares acosos sexuales, con el mismo paternalismo, el teatro de la UNAM logró ser punta de lanza de la vanguardia del teatro en Hispanoamérica.
Con el tiempo, todos los sistemas pedagógicos se agotan, y cuando no hay un autentico y genial pedagogo de la educación como Edgar Morin, se agrieta el edificio formativo. Esa fractura rompió la fragilidad de la ENAT, en donde ya se daban los abusos relatados, pero en casos muy focalizados. Más llegaron don jinetes del apocalipsis; el COVI y el Me Too. En México este movimiento de las actrices de Hollywood por el abuso de los productores, comenzó el 20 de marzo del 2019 en la ENAT. Infortunadamente no puedo detenerme en los detalles sino sacar una conclusión. Como ya lo escribí en su momento, sucedió que las victimas reales tuvieron razón en la denuncia, pero las víctimas ficticias propiciaron un desconcierto institucional, que, por seguir el impulso feminista, le jodieron la vida a maestros sin culpa y cobraron una víctima mortal: el director ruso de circo Anatoli Lokachtchouk, con el agravante, para mí, que yo propicie su estancia en México.
La vida de las instituciones no es propia porque se hace posible por la acción de una compleja comunicad de instituciones, maestros, alumnos, políticas culturales. Los alumnos acusaron a sus maestros de; “acoso sexual, hostigamiento, manipulación psicológica y abuso de poder”. La directora, Gabriela Pérez Negrete, como mujer, se vio en un brete: si lo ignoro me cuelgan, así que mejor colgamos a los maestros. En suma, ese movimiento reivindicador de la educación teatral fue tan necesario como improcedente porque al final del trayecto tenemos dos o tres culpables y un grupo notable de maestros desprestigiados en vano.
¿Quien pagará los daños morales, laborales, psicológicos y sociales de los afectados injustamente, Solo ellos.











