Amoríos del Marabú una exposición individual de Nelson Dominguez se inaugura en la Galería Picci Fine Arts el jueves 20 de agosto.
Nelson Domínguez es una figura relevante del arte cubano. Su pintura se caracteriza por un lenguaje visual de gran fuerza expresiva, donde el color intenso, las formas simbólicas y la imaginación se combinan para explorar la identidad, la memoria y la cultura popular de su isla.

Todas las máscaras.
El expresionismo cubano tiene una larga historia que se remonta a los años cincuenta, cuando Antonia Eiriz, el colectivo Los Once y Agustín Fernández, entre otros, rompieron con lo pintoresco tropical para explorar la angustia, la fuerza de la materia y los aspectos más bellos y más miserables de la condición humana. Trabajaron con tonos oscuros, presentaron rostros deformados y abordaron nuevas temáticas. De esta manera, se liberaron del realismo y del academismo que imperaban entonces. Aunque pertenece a una generación posterior, Nelson Domínguez se inscribe en esta corriente crítica y portadora de una inmensa energía creativa. En las obras presentadas se intuyen importantes referencias a figuras de las vanguardias como Matta, Lam, Picasso y Buffet. En ellas conviven elementos del surrealismo, del expresionismo y de la tradición cubana, dando lugar a composiciones dinámicas que oscilan entre lo cotidiano y lo fantástico.
La pintura de Domínguez evita el realismo convencional para proponer múltiples lecturas, en las que el espectador participa activamente en la construcción del significado. En ella se aprecia una gran abundancia de símbolos y recursos visuales y, al mismo tiempo, una notable coherencia estética y una constante capacidad de renovación, lo que lo consolida como uno de los artistas más representativos de las artes plásticas cubanas.
En esta serie en particular, pintada entre México y La Habana, confluye el sincretismo cultural mesoamericano con las raíces afrocubanas características del Caribe y de la Sierra Madre, donde el artista se crió. Todo ello está impregnado de los tintes revolucionarios que marcaron su obra y le otorgaron un fuerte contenido social y de cultura popular.
El Marabú del título de la exposición es un árbol muy conocido en Cuba. Los amoríos aparecen en varios lienzos de tonalidad romántica.
Cuatro obras, en particular, llamaron nuestra atención.
En «Todas las máscaras», resalta el contraste entre la serenidad de la joven vendedora y el carácter amenazador de las máscaras que presenta. Las referencias cromáticas aparecen invertidas: es el color el que provoca inquietud, mientras que el blanco, el negro y el gris se asocian a la confianza y a una visión más serena del futuro.

En «Hombre en el platanal», el magnífico dibujo del racimo de plátanos parece evocar, al mismo tiempo, la exuberancia de la vegetación cubana y una suerte de deidad con múltiples brazos o candelabros. En cambio, el rostro asombrado del hombre situado a su lado, o el cuadro que representa su cara, nos introduce en un extraño sueño tropical. Como en la obra anterior, el contraste entre el gris, el blanco y el color provoca un sentimiento ambiguo de extrañeza y sosiego.

En la obra «La familia», nuestra mirada parece obligada a detenerse en todos los detalles: desde las formas alargadas de los protagonistas, que recuerdan a El Greco, hasta los tres ángulos desde los que se presentan sus respectivos rostros, pasando por las formas que evocan escamas sobre su piel y por la figura que puede interpretarse como un pez amarillo en la parte inferior derecha.

Para terminar, en «Recolección de papaya» impactan la sutileza y la precisión de los tonos anaranjados de las papayas que lleva la joven, así como las miradas que no llegan a cruzarse, otorgando a la obra un aire de misterio, pudor y expectativa.

