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Estuvieron juntos en los años 50-60 del siglo pasado en París. El texto de presentación dice que en esta ciudad transformaron sus prácticas y pusieron en diálogo la estética prehispánica y el arte popular con las vanguardias internacionales. Esto es particularmente evidenciado en el caso de Nieto, con referencias explícitas a sus lazos con el movimiento COBRA, como lo veremos luego. A mi parecer, otro de los aspectos interesantes de la confrontación es que vemos a Nieto buscándose, cavando su identidad , su existencia, a Toledo bailando sobre un hilo entre mito y realidad, manejando una sutil ironía, riéndose hasta de sí mismo ,y Tamayo imperial, generoso en la pintura y en la vida, funcionando como guía, mentor, pasarela entre las generaciones.

En las obras de Nieto se nota la voluntad de buscarse a sí mismo, la ansiedad sistematizada : en Zoología mental , la serie de obras se parece a una introspección sensible dominada por un proceso analítico, con colores intensos, de cuadro a cuadro hasta toparse con pared. Este auto análisis se concibe de manera científica, como en la serie de enfrente, que alude a imágenes producidas en laboratorios. Es patente la voluntad de afirmarse, de encontrar una solución a una crisis existencial. Si lo comparamos con el surrealismo, al que estaba tan cercano, Rodolfo Nieto sería más Artaud que Bretón.

Por otra parte, es importante señalar sus afinidades con Cortázar y con los miembros del grupo COBRA, acrónimo de Copenhague- Bruselas – Ámsterdam de donde venían sus miembros, movimiento artístico literario y pictural muy importante de la posguerra que se puede situar entre el surrealismo , el situacionismo y la beat generación, con una reivindicación del anarquismo, de la cultura popular y del art brut. En la mesa de su espacio, hay obras con formas redondeadas y texto caligrafiado arriba que parecen haber sido hechas a mano con Alechinsky y la última obra presentada , por la explosión de colores, las oposiciones y los colores chillantes podría ser un homenaje a Karel Appel.

En Toledo el mito se burla de la realidad. Estamos en el mundo de las fábulas, en las que el animal se ríe del hombre, un mundo al revés donde “El chango de Juchitan ”, como el mismo se calificaba, opera un cambio al transformarse en un gran pintor. Es la metamorfosis de Kafka (sobre la que Toledo luego trabajará) en un proceso inverso. Animal y hombre, mito y realidad, lo que se vive y lo que se siente, todo se intercambia, se transforma, se amenaza o festeja. Es un este sentido al contrario de Nieto, tan serio y determinado a comprenderse, a tratar de entender lo que es el mundo. Si usamos una terminología nuclear,Toledo es fusión , mientras que Nieto es en gran parte fisión.

El gran Tamayo, mucho mayor( dos generaciones los separan) , aparece como un especie de mentor de los dos jóvenes oaxaqueños . En su pintura “predominan la forma, el sentido del espacio, desde luego el color y su divina pincelada ”( J.A. Manrique. La Jornada). Trabaja con pocos elementos descriptivos, como a los jóvenes le interesa la dualidad, la poesía del color, la emoción .Se dice de la obra del Gato que evoca los horrores de la Segunda Guerra Mundial, con una referencia quizás a ciertas figuras del Guernica de Picasso. Pero hasta este gato está acompañado de una luz fuerte que proviene del sol o de la luna . No es el perro de Goya, es un grito y también la afirmación de una pulsión vital, feroz y determinada, a mi parecer.

El inquieto, el burlón, el radiante. Tres grandes en Paris.

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