El domingo 18 de octubre finaliza el Festival Internacional Cervantino que por casi medios siglo fue la festividad artística más importante de Iberoamérica, aunque en su edición número 54 mostró un claro declive, sobre todo en el interés de los anfitriones, la gente de Guanajuato.
En los 40 años que cubrí primero como reportero y luego como crítico de teatro “La Fiesta del Espíritu”, jamás vi la Alhóndiga de Granaditas con espacios vacíos en sus escalinatas. Las colas para entrar eran uno de los termómetros para medir el interés de la gente común por una celebración artística que nació en la Plaza de San Roque con los Entremeses Cervantinos que el maestro Enrique Ruelas montó con estudiantes de la Universidad de Guanajuato, en los que actuaron futuros alcaldes, rectores y gobernadores.
Por buenas y malas razones la edad de oro del FIC fue entre 1976 y 1982, en el reinado de Doña Carmen Romano de López Portillo, quien fue presidenta del Festival cuando su marido José le dijo al pueblo de México:” Tenemos que acostumbrarnos a administrar la abundancia”. En esos seis años vimos las mejores orquestas, los mejores ensambles, los mejores solistas, las mejores compañías de las artes escénicas del mundo y, por ende, la prensa cultural tuvo un empuje inédito y formativo porque vimos en vivo y en directo los artificios artísticos que la virtualidad ha puesto hoy al alcance de cualquier celular.
Por muchísimos años el FIC fue el punto se reunión de las hordas juveniles que convertían las calles y plazas de Guanajuato en cantina, cama y mingitorio trastornando las bunas costumbres de la ciudad. Aquella caterva de adolescentes no iba a los teatros ni a los museos ni a los actos culturales, pero estaban ahí por el arte callejero y en nombre de la cultura. Como director del FIC Ramiro Osorio hizo una programación para ellos en las afueras de la ciudad y los jóvenes respondieron atiborrando esos espacios abiertos para miles de espectadores, Pero como se olvidaron de ellos, este año se fueron a farmear aura a sus propias calles.
Para los asiduos al FIC la debacle comenzó cuando el populismo cultural del señor de Macuspana sustituyó al mérito artístico como el criterio de selección. Por siete años la programación del Festival fue como la de cualquier festival de provincia donde se privilegia el folclor, la gastronomía y las artesanías. Ciertamente permitió la presentación de agrupaciones y solistas nacionales y extranjeros de buen desempeño artístico, pero en lugar de los conjuntos e individuales extraordinarias que justificaban el desplazamiento de lejanos puntos del país, por su virtuosismo, ese grado de aprendizaje, diciplina, talento y recursos artísticos y económicos que hace de un evento como el FIC la fiesta del espíritu.
La prensa local se quejaba de que la dirección colegiada del FIC desplazó a la Universidad de Guanajuato, a la alcaldía de la ciudad y al gobierno del estado de las decisiones importantes, y puso los boletos del Teatro Juárez y del Auditorio del Estado a precios imposibles para los bolsillos nativos. También criticaron el proceder laboral y el mal trato de la directora de difusión Irma Iris Ortega, así como la falta de difusión.
En las redes se comentó que como cualquier iniciativa humana el FIC se desgastó con el paso del tiempo, pero el Festival de Salzburgo cumple 106 años porque inició en 1920, y los festivales de teatro de Edimburgo y Aviñón celebran 79 años en plena lozanía, así que no es el padre Cronos quien le quitó a la fiesta su espíritu sino la decisiones políticas de un movimiento que se dice de izquierda y sin embargo no le da a la cultura el presupuesto indispensable para cumplir con el derecho a la cultura de todos los mexicanos.
Hace unos días el escritor Juan Villoro dijo, al recibir el Premio Carlos Fuentes, que un gobierno de izquierda debe priorizar los apoyos para la cultura, la educación, la ciencia y la salud, y sostuvo que la riqueza cultural es el mayor activo del país ante el mundo, así que, si “no contamos con eso, vamos a estar en banca rota moral”. Como el discurso entero de Juan es una pieza de oratoria clara, brillante, valiente y sensible al sentir de muchos ciudadanos que consideramos que el pensamiento critico es un ejercicio necesario para la sociedad, les recomiendo leerlo en la red para hallar ahí, algunas de las razones por las que el FIC no es mas la fiesta del espíritu.


