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La canción de Chava Flores en la que define magistralmente el aporte del señor de la casa para el mantenimiento del hogar, le queda como anillo al dedo al presupuesto de cultura de ayer hoy y mañana. El señor gobierno le da a la Secretaría de Cultura dos pesos al año para cumplir la sagrada misión de cultivar a 133 millones de mexicanos y Bartola se truena los diez dedos de las manos para cumplir su misión porque sabe que la mayoría de sus chamacos se quedará mirando como comen aquellos que alcanzan lugar en la mesa de mamá.

Si miramos la cartelera del país queda la impresión de que México sí está mejor que Dinamarca en el terreno del teatro porque terminamos el año con docenas de obras de alto calado en la ciudad de México y las capitales de los estados en las que hay cinco centavos para hacer teatro. Hay testimonios de que la Muestra Nacional de Teatro fue un éxito tan caluroso que los hijos de Bartola que gozaron de Cancún sintieron de verdad que habían estado en la República del Teatro. En paralelo, la Compañía Nacional de Teatro hace temporada para mostrar que los consentidos de la jefa del hogar desquitan las tres comidas diarias con espectáculos espectaculares.

Hay encuentros internacionales de teatro y producciones millonarias con el dinero que las empresas reducen de sus impuestos, además de las giras por los teatros del Seguro Social que hasta donde yo me entero no ha reportado ningún desaguisado. Y más allá del teatro subvencionado la red nos permite saber que hay un montón de grupos que aspiran a ser independientes abriendo telón en donde pueden, pero anhelando siempre hacer teatro con los dos pesos de Bartola.

La paradoja de Bartola (parádoxos, contrario a la opinión común), está en que son los esfuerzos de la señora de la casa por gastarse sus dos pesos con el mayor provecho posible lo que pone en evidencia lo imposible de su misión. Como la manera mas democrática de distribuir los cuatro tostones de Bartola es haciendo convocatorias, los artistas interesados en cada disciplina artística solicitan su lugar en la mesa de acuerdo a las condiciones que pone la patrona para que así sea. La delicadeza del Arte, con letra grande, disfraza la barbarie que es una de las fuentes de la deformación de la realidad que logra la ficción. Ahora sabemos que los solicitantes a la mesa de Dionisio ya no son pequeños grupos de personas dedicadas a cantar, actuar, escribir, pintar y demás actividades sospechosas por su irrealidad, sino hordas salidas de las universidades publicas y privadas y de un variopinto tipo de escuelas que ofrecen desde maestría académica a cursos teóricos prácticos para botargas. Además de un incomprensible número de hombres y mujeres que por su cuenta han fatigado la calle, las plazas y los jacales para hacer teatro.

Hasta el año pasado los bárbaros se daban la vuelta con sus espadas y sus escudos al saber los resultados de las convocatorias que los dejaban fuera por enésima vez de la mesa de Bartola. ¿Será porque en su mayoría eran devotos del Señor de Macuspana? ¿O simplemente ya se cansaron de cortar leña con el hacha y quieren su lugar en la mesa con el hacha en la mano? Lo que es evidente es que somos muchos y parió la abuela. Es decir, si hacemos zoom out de las carteleras para ver el panorama general del teatro público el problema es complejo y no tiene solución a corto plazo porque los dos pesos de Bartola no dan para más.

Yo respeto los reclamos de diversos grupos o personajes del teatro que llaman a discutir con los funcionarios la manera en que Bartola tenga tres pesos, porque es lo que hay para pretender que tenemos realmente un diálogo con las autoridades. Pero el problema de fondo es que para los gobiernos pasados y el presente la cultura es ornamental, aleatoria y conceptual porque jamás la ubican como algo real y necesario para la salud pública. Así las cosas, en el pasado y en el presente lo que hace alguna diferencia son las personas encargadas de los dos pesos de Bartola. En el sexenio pasado los gastaron en demagogia. Al menos en el teatro, hoy el INBAL está multiplicando los panes y los peces comadreando con quien se deje para sostener una actividad notable y variada, con el inconveniente, para el motivo de esta nota, de que hacer más con los dos pesos de Bartola, lo que provoca es dejar en claro que no es suficiente.De muy joven soñaba que una noche sin estrellas las criadas de todas las casas burguesas degollaban a sus amos. Anoche vi en sueños a las barbaros cortar con sus hachas los listones rojos de todas las convocatorias culturales.

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