Para crear, los dioses, y para inventar los hombres: Alejandro Luna
En cuanto se supo que el presupuesto del 2025 contenía un 30 por ciento menos de lo que recibió el sector cultural éste año, un músico, Horacio Franco, un autor dramático y empresario teatral, Enrique Olmos, un coreógrafo, Jaime Camarena, una pintora, Sandra Pani, y una documentalista, Luciana Kaplan, hicieron anteayer rueda de prensa en la ciudad de México para protestar por el recorte, al tiempo que docenas, acaso cientos de artistas firmaban una petición para Claudia Sheinbaum pidiendo que no se cumpla esa amenaza presupuestal.
Como soy un hombre contento con su vida no es la amargura la que me lleva a considerar que, con todo y el despliegue mediático que recibirá la protesta no pasará nada que no quiere que pase el gobierno morenista. Vean la entrevista que le hizo José Cárdenas al presidente del senado, Fernández Noroña a propósito de la ratificación de la presidenta del Consejo Nacional de Derechos Humanos, cuyo nombre no pronunció para no tener que enjuagarme la boca con legía. En suma, el periodista le expresa a Noroña las contradicciones, imposiciones, agandalles camarales y la vergüenza política que debería provocar esa ratificación, y el senador sólo responde que los contrarios de Morena pueden decir misa, pero el partido decidió que era lo mejor para ellos y basta.
Así las cosas, mejor me ocupo de un tema central al respecto que también me sugirió el joven empresario Olmos cuando publicó en Instagram un cartel para las instituciones culturales que resumo de este modo: “pongan un letrero en sus puertas que diga: No hay dinero. Cierren la puerta y ahórrense los12 mil millones de pesos y centavos de este año”.
Ese mínimo mensaje contiene una verdad inmensa: De no existir la burocracia cultural, es decir, el poder del escritorio que es lo que significa la palabra burocracia semánticamente, habría por lo menos 6 mil millones de pesos para la formación artística que está en crisis y para la creación de obras en toda la gama de acciones culturales del siglo XXI. Si la burocracia cultural fuera como la de Dinamarca -eficaz y reducida en número-, el 80 por ciento del presupuesto cultural llegaría directamente a los inventores de ficciones ( cuando digo inventores en lugar de creadores, siempre recuerdo la sentencia de Alejandro Luna, porque él decía que para crear, los dioses, y para inventar los hombres).
Aprovecho el paréntesis para advertir que hay burócratas de la cultura que merecen la santidad por haber trabajado tanto tiempo a favor de las comunidades culturales en condiciones tan adversas. Un ejemplo reciente de este camino de espinas ocurrió hace unos días en la MNT de La Paz, cuando Alma Rosa Castillo anunció su jubilación del INBA y las diversas generaciones presentes se volcaron en un abrazo amoroso hacia su persona, y desde nuestro olvido las generaciones pasadas nos unimos a ese contento porque la Castillo tiene alma de rosa o una rosa en el alma. Si esto no convence hay que preguntarle a Juan Melia, Luis Mario Moncada, Mario Espinoza y Antonio Zúñiga, cuatro venturosos funcionarios, qué harían en sus puestos si el sistema burocrático mexicano fuera como el de Dinamarca.
El caso es que con o sin el 30 por ciento del presupuesto la invención artística, el derecho de sus inventores a la seguridad social y al trabajo remunerado, esperará otro sexenio para resolverse porque apenas lleva 78 años de postergación si tomamos la invención del INBA en 1946, como un punto de partida. Con la estructura actual del Sistema Cultural Mexicano no hay manera en que el presupuesto para cultura sea para los artistas, promotores, maestros, entrenadores y demás participantes en la invención artística, porque hay en medio una multitud de 40 o 50 mil personas que sí cobran en esa ventanilla, mal, pero cobran, Los artistas no. Se alquilan por temporada. Y como dice Olmos, sin ese 30 por ciento el alquiler será menor en tiempo y banco.
Bien por las protestas porque fue así como Morena llegó al poder, y precisamente por ello, las protestas contra las arbitrariedades de todo tipo contra el partido gobernante no tendrán consecuencia porque cuando se controlan los tres poderes de gobierno comienza la dictadura de partido. Como dijo Noroña, el prototipo de la nueva casta gobernante: digan y protesten lo que quieran, el poder es nuestro.
En ese contexto el futuro del teatro sería una trivialidad, pero lo impide su propia naturaleza en la que se depositó por tanto tiempo la conciencia de ser humano en la tierra. Hoy la manera de formular esa premisa tiene mil formas y muy diversas intenciones, propósitos o contenidos. Aunque acaso por nuestro descuido, el teatro ha perdido su connotación simbólica, que es la de encarnar la condición humana en todas sus facetas. De manera que seguir haciendo teatro será nuestra mejor defensa contra nuestro propio desamparo.