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Actualmente el dilema del tetro no es el ser o no ser de Hamlet, ¡es el público!, me dice con vehemencia Armando Quinteros, actor y director del Teatro Abierto, movimiento del teatro independiente argentino que en plena dictadura (1981), montó en Buenos Aires obras que desafiaron la censura imperante. Figuras como Osvaldo Dragún, Roberto Cossa, Luis Brandoni, convocaron a 21 autores a escribir obras cortas que fueron representadas por distintos directores y elencos diversos bajo el lema: “¡teatro contra la dictadura”.

El 28 de julio de 1981 se inauguró el ciclo en el Teatro del Picadero y las colas de espectadores no se hicieron esperar. Fue tanto el éxito de aquella iniciativa que, a una semana de haberse iniciado el llamado a la resistencia pacífica, el teatro fue incendiado intencionalmente y quedó en ruinas. Lejos de amedrentarse el movimiento continuó en el Teatro Tabaris, situado en pleno centro de Buenos y esa trinchera artística fue el preámbulo para la caída de la dictadura, Fue el mismo Osvaldo Dragún quien me contó en una entrevista para el primer unomásuno las peripecias de aquel movimiento artístico que marcó un hito en la manera de enfrentar la represión de los militares, y fue Dragún quien me presentó al joven Armando Quintero con quien hoy platico por Zoom sobre otra represión igualmente nefasta para la cultura en Argentina: la de Javier Gerardo Milei.

Los recortes para la cultura han sido brutales, pero a casi dos años de Milei el teatro de Buenos Aires se está reponiendo de la debacle económica, cuenta el amigo nacido en Jujuy, pero avecinado en Buenos Aires desde muy joven, quien agrega que recién se ha publicado una encuesta de consumo cultural que deja ver cosas reveladoras para el teatro. En primer lugar, el teatro comercial sigue llenando varias de sus salas a pesar de que el boleto para esos espectáculos cuesta 50 mil pesos argentinos que son 3.650 pesos mexicanos al cambio actual. Sin embargo, la encuesta señala que en este año ha disminuido la asistencia a esos teatros en 12 por ciento.

La capital argentina tiene el record mundial de teatros independientes porque hay 400 locales en activo que cobran entre 10 y 20 mil pesos la entrada, o sea, 730 y 1460 pesos respectivamente. El 2023 fue muy duro para el teatro no subvencionado, cuenta Quintero, porque la gente no podía cubrir sus gastos básicos. Afortunadamente, tanto el teatro comercial como el alternativo ya han formado un público que este año ha vuelto a las butacas, aunque en menor cantidad. La encuesta señala que estos teatros han perdido hasta un 15 por ciento de sus seguidores, pero solo unos cuantos han bajado el telón. Aunque como tú sabes acá la gente del teatro independiente no vive del teatro sino para el teatro, remata mi amigo con una carcajada que estalla en la computadora.

En México han sido pocos y aislados los intentos por indagar el comportamiento del público de la cultura artística. Hay nociones generales y apuntes interesantes sobre esa masa anónima que llamamos público, pero teniendo los instrumentos para descifrar más a fondo el por qué ha sido tan complicado formar un público mayoritario para las artes escénicas, carecemos de los estudios necesarios sobre el tema, sobre todo en el caso de los mal llamados grupos independientes, que al contrario que los colectivos argentinos no se constituyen como entes privados que desarrollan un trabajo grupal sin apoyo oficial. Por el contrario, en la nopalera los grupos independientes son los que hacen cola en todas las convocatorias gubernamentales para hacer teatro. Y no es juicio, solo descripción.

Una de las formas mas directas de escudriñar la mentalidad del público sería que esos teatros marginales se dieran el tiempo para hablar con la gente que va a sus espectáculos con un cuestionario que toque los puntos nodales de por qué la gente va o no va al teatro. Sabemos que la situación económica es un factor determinante, y otro la educación y la cultura de las mayorías, pero no son las únicas razones por las que esos espacios no son sustentables en la taquilla. Asi que habrá que voltear a Buenos Aires porque una ciudad que tiene 400 teatros alternativos en activo algo tiene que enseñarnos al respecto.

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