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Luego de 40 años de hacer un teatro insurrecto en la ciudad de Dallas, Texas, el Teatro Dallas fundado por Cora Cardona y Jeff Hurst en 1985 acusa los efectos de la política migratoria de Donal Trump: reducción del público, reducción de los elencos, miedo de actores y espectadores y la incertidumbre sobre el porvenir de esta institución privada que este mes festeja sus cuatro décadas de fundación, sublevación, desarrollo y resistencia.

Con sangre zapoteca del lado materno y con herencia poética del paterno, Cora Cardona estudió en la Escuela Nacional de Teatro del INBAL en los tiempos gloriosos de aquel centro y trabajó con la crema y la nata de los directores de vanguardia del México de los70-80, para hacer luego un periplo internacional de estudio y participación con personajes como el dramaturgo Osvaldo Dragún, en Alemania, y Ricardo Bartiz en Argentina, para aterrizar en el Scott Theater Center en Austin, Texas. Y de ahí a la barricada de un teatro que en principio se llamó Teatro Hispano de Dallas, pero perdió el adjetivo muy pronto porque más allá de la identificación idiomática se convirtió en el centro de convergencia de la emigración cultural radicada al sur de los Estados Unidos, aunque con un acento muy mexicano porque la matria de Cora es Juchitán, Oaxaca. Por ello el teatrista Ygor Zamora escribió: “Teatro Dallas, 40 años ininterrumpidos ha sido la referencia ancestral mexicana en el territorio del sur de los Estados Unidos”.

En 1993 y por consejo de Eduardo Ruíz Saviñón (que la dirigió en El árbol, de Elena Garro), Cora le pidió a Víctor Hugo Rascón Banda que dramatizara la tragedia del niño de 12 años, Santos Rodríguez, quien fue asesinado por el policía gringo Darrel Caine frente a su hermano, porque estaba acusado del gravísimo delito de haberse robado unos dulces. La respuesta del público al montaje de Santos, dirigido por Cora fue espectacular y por primera vez largas colas de espectadores rodeo el teatro en la primera y la segunda temporada de 1994. La representación dramática del policía blanco que juega en la patrulla con dos niños esposados a la ruleta rusa, matando a uno de los hermanos, estremeció a las comunidades de emigrantes que han sido la mano de obra del inmenso estado de Texas.

Santos fue el detonante de un teatro que buscó su identidad en las orillas del sistema, como lo hizo el teatro chicano a partir de 1965. La estilización que tuvo el teatro campesino de Luis Valdez en los años 70 era el referente de los grupos de teatro de la época y del público que se identificó con el glamur del pachuco. Afortunadamente Cora tenía su propio universo cultural y Jeff era un músico e iluminador capaz de darle actualidad a los mitos, los ritos y los cuentos que llevó su mujer al escenario en 45 años de compartir el teatro como forma de vida y la vida como forma de teatro.

Fueron muchas las obras que actuó y dirigió Cora Cardona, pero como actriz brilló intensamente como Frida Kahlo, dirigida por Abraham Oceransky logrando premios importantes y muy buena prensa. Como directora marcó un hito con Santos, pero también con sus diversas escenificaciones del Don Juan, de Zorrilla, que de galán clásico pasó a ser un vampiro roquero que conquistó nuevas audiencias para Teatro Dallas, que a lo largo de su historia ha organizado encuentros internacionales particularmente con países latinoamericanos, pero también con Sudáfrica y Ucrania, por ejemplo.

Cora fue también formadora de varias generaciones de mujeres y hombres de teatro que dentro y fuera de Teatro Dallas forman parte de la pequeña tribu que en estos días está reunida para resolver los retos que plantea la administración Trump a todo lo que huela a emigrantes. Jeff, quien también fue un destacado activista de los derechos civiles murió en el 2022 y Cora ha dejado la dirección del teatro a una dirección artística y gerencial, aunque precisamente estos días ha estado viajando entre Dallas y México para participar en los festejos por los 40 años de un teatro que ya es parte emblemática de la emigración cultural que, paradójicamente con el eslogan de Trump, ha hecho grande a los Estados Unidos con su trabajo, su empreño y su resistencia. Larga vida al Teatro Dallas.

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