Entre el barullo de la farándula, magnificado por la avalancha mediática sobre la muerte de la actriz Silvia Pinal, hay que rescatar el fondo de esa vida dedicada a representar personajes que ya quedaron en la historia del teatro, el cine y los medios electrónicos de habla española, porque en la cúspide de su carrera la actriz mexicana estuvo entre las divas mas atractivas del mundo de habla castellana, pues además de ser una mujer muy bella su registro dramático era muy amplio y por ello lo mismo trabajó con Luis Buñuel que con Chano Urueta.
Silvia Pinal se entusiasmó por el ambiente artístico desde niña aunque fue hasta que fracasó como estudiante de bel canto que se metió a estudiar actuación en Bellas Artes nada menos que con Salvador Novo, Carlos Pellicer y Xavier Villaurrutia y debutó com actriz en 1947 en El sueño de una noche de verano, de Shakespeare. Yo tuve una larga conversación con ella en los años 80 a propósito de su personaje de Ana Karenina en el montaje del maestro Héctor Mendoza en el que Alejandro Luna metió una autentica máquina de tren al teatro Hidalgo, aunque a pesar de la espectacular escenografía la obra fracasó estrepitosamente. Y no por ella que era muy diciplinada y seguía las ordenes de su director al pie de la letra.
En aquella charla comentó que el teatro fue su escuela y la herramienta que le permitió hacer sus primeras películas con cierto conocimiento de causa, El resto, agrego yo, lo hizo su don natural para la actuación y una sensualidad interior que podía ser explícita, sugerida, subterránea, picara o contenida pero siempre notable y efectiva. También en los años 80 participé en una gira que se llamó 24 horas con Cantinflas en la que el cómico de la gabardina se hizo acompaña de Silvia Pinal, me parece que a Mérida, donde el grupo de periodistas que nos reíamos a fuerzas de los malos chistes de Cantinflas, nos enamoramos en un día del encanto y el carisma de esa mujer admirada por tantos hombres aunque su lista de maridos no es muy recomendable.
El último de ellos fue el priísta Tulio Hernández, gobernador de Tlaxcala, lo que le permitió a la actriz remodelar y reabrir el histórico Teatro Xicoténcatl en la capital del estado.
Ahí tuve mi ultimo encuentro con esa mujer inteligente y simpática que fue pionera en la comedia musical de nuestro entorno, aprovechando las clases de canto lírico que tuvo de muy joven. Como sabemos, el teatro musical exige interpretes completos que pongan en acción las diversas disciplinas artísticas que lo componen, y la Pinal dejó a cientos de miles de espectadores con la boca abierta.
Ahora están pasando por televisión tanto las tres películas que le dieron fama internacional; Viridiana, El Ángel exterminador y Simón del desierto, pero también algunas de las comedias en las que su gracia y su talento se despliegan en diversas direcciones dejándonos en claro porque fue una de las actrices más completas del siglo XX mexicano.
La Pinal murió prácticamente en el escenario porque la televisión fue su último reducto, ya no como la joven deslumbrante y mujer madura de gran porte y personalidad, pero siempre actuando. Con tantos años de existencia no pudo evitar el bochorno de una vida personal digamos agitada, aunque en la memoria de sus admiradores, entre los que me cuento, quedaran las imágenes de una de las actrices más bellas y profesionales de nuestro medio artístico. He dicho!