Si hacemos el recuento de este año, y si lo hacemos desde la estructura del sistema de producción del teatro en México, podemos decir que nada ha cambiado, o que sigue siendo la misma burra pero revolcada. El teatro público a nivel federal sólo subvenciona a la Compañía Nacional de Teatro y las pocas ventanillas que hay para pedir algún apoyo exigen una maestría en llenado de formularios entrega de documentos y una paciencia infinita para esperar el día del fallo en el que de 270 solicitudes…, escogen siete.
Como ya me aburre mencionar por milésima vez la falta de seguridad social y la autoexplotación laboral del gremio, mejor pregúntense ustedes que ha cambiado en estos doce meses en su condición de gente de teatro que aspira a vivir dignamente de su trabajo. No olvido que Nuevo León es acaso el único estado que tiene representación de los gremios artísticos en algunas decisiones de la secretaria de Cultura estatal, y aun así me parece que la batalla por conseguir una producción escénica sigue siendo cuesta arriba de manera que seguimos laborando con nuestras propias uñas y viviendo de prestado.
En el año 2006 el entonces Consejo Nacional para la Costura en las Tardes, como le decía Jesusa Rodríguez al CONACULTA, reportó que únicamente el once por ciento de las miles de personas dedicadas profesionalmente al teatro vivían holgadamente de hacer teatro. El resto sobrevivía de dar talleres, cursos, lecturas y demás actividades en torno al teatro (como la Academia), pero no de hacer teatro, que es para lo que están en esta tremenda comedia humana.
Lo que me llamó la atención de aquel dato del CNCA es que había dos tipos de actores, directores, vestuaristas, iluminadores, escenógrafos y productores ejecutivos, en aquel once por ciento que vivía bien de su trabajo. En primer término los actores, directores, etcétera dedicados al teatro privado o comercial, y aquella gente de teatro que por el teatro había llegado al cine, ocasionalmente a la televisión, pero que volvía al teatro como forma de vida. Hoy los autores de teatro se convierten en guionistas de series y los actores, directores y etcétera se van felices a grabar a casa del peje porque una serie les salva el año. Pero ya no hacen teatro, aunque en algunos casos, gracias a las series pueden volver al teatro.
Hay mucho que indagar sobre los cambios que los medios digitales están provocando en los formatos y los contenidos de las artes escénicas. Los años de la pandemia nos enseñaron que la esencia presencial del teatro se modifica en los medios audio visuales de tal modo que el teatro se vuele otra cosa. Por ello, al menos en lo que yo pude ver ese par de años, los mejores intentos de la gente de teatro por no perder visibilidad fueron aquellos que utilizaron el lenguaje tecnológico y digital de la cámara y el sonido ya no para hacer teatro sino para contar una historia.
La discusión es larga y puede ser bizantina, pero volviendo al resumen del año, algo que sí cambió en nuestro teatro es la presencia de la mujer en todos los terrenos de la creación dramática que el macho ocupó por tanto tiempo. No podemos negar que el (Me too) «yo también” de las actrices de Hollywood desató en algunas escuelas de teatro de la ciudad de México y Xalapa, notoriamente, una reivindicación necesaria y por lo mismo arbitraria, como toda revuelta que pone en manos del agraviado la venganza.
Este año los coloquios, mesas redondas, encuentros, ediciones, programas y celebraciones públicas de todo tipo, antes atiborradas de todo tipo de hombres estuvieron repletas de todo tipo de mujeres. El FONCA se lo llevaron todo siete dramaturgas y este año las obras dirigidas por mujeres estuvieron al parejo de los directores. En la MNT las mujeres dominaron las áreas neurológicas del evento y ni hablar de las actrices de mi tierra y la tuya porque desde hace rato son las reinas del escenario, sin olvidar que ya hay vestuaristas e iluminadoras imprescindibles y más mujeres que hombres en tareas administrativas, ejecutivas, publicitarias y de otra índole en el teatro de hoy en México.
Así que a mi juicio nada cambió este año en el teatro nacional, salvo la presencia femenina, que no es poca cosa para comenzar a moldear la nueva masculinidad de los machines, si eso es posible.
Finalmente, cuando los deseos de que todos disfrutemos la vida no se dicen sólo con la boca sino con genuina emoción, vale la pena repetirlos: camaradas, dedíquense estos días al amor en todas sus formas, y citando a mi maestro Nicolás Núñez, porque todos nos vamos a morir. Feliz Navidad y mejor año nuevo.