Sin remontar a los griegos antiguas, que más bien fabricaban falsas monedas, se cree que el primer falsificador de arte fue Miguel Ángel en su juventud. En 1496, copió una escultura romana de Cupido dormido y la hundió en la tierra para hacerla pasar por una antigüedad. La vendió muy bien pero se descubrió la trampa. En vez de castigarlo, el Papá de entonces admiró su dexteridad y le dio trabajo. Tuvo suerte…

En todo caso las obras falsas son incontables. Thomas Howing, antiguo director del Metropolitan Museum de Nueva York, declaró en 1997 que el 40% de las obras de su museo eran o falsas, o tan restauradas o mal atribuidas que era lo mismo. En el Times de 1934 salió la noticia de que Corot pintó 2000 cuadros, de los cuales 10000 están en los Estados Unidos, oficialmente declarados a la importación allá. Buena parte de las obras falsas fue hecha por un falsificador a pesar suyo, que pintaba a la manera de Corot y fue burlado por gente que cambió las firmas.

Los expertos no son infalibles: hace dos años, el museo Van Gogh de Ámsterdam desclasificó tres obras del pintor, que figuraban en el catálogo razonado de 1971 , y hasta una de ellas la había declarado auténtica el propio museo en 2011. Hay casos en los que la viuda del artista se equivoca en la autentificación, como Dorothea Tanning con un Marx Ernst, pintores borrachos que afirmaron que habían pintado tal y resultó que no era cierto, y también pintores que perdieron la inspiración y confían a otro hacer obras que ellos mismos firman y venden. Se rumoreó eso de dos ex surrealistas cuyos nombres empiezan por D. y Ch. respectivamente.
Se tuvo que esperar 23 años para que fuera reconocido el arte parietal en parte por culpa de un falsificador. En 1873, en una gruta en Suiza descubrieron unos huesos con figuras prehistóricas, que resultaron falsas, realizadas por un estudiante que quería diplomarse rápido. El que dictaminó que fue trampa era Ludwig Lindenschmit, el fundador del museo romano de Majuncia. Este mismo pensaba que no había ningún arte paleolítico y fue escuchado, a tal punto que él que descubrió las grutas de Altamira en 1879 pasó por un falsificador hasta 1902 cuando se admitió que tenía razón y que entre los hombres prehistóricos había artistas. Si es difícil imaginar el arte abstracto sin el descubrimiento de Altamira, ¿qué hubiera pasado pues sin la falsificación del estudiante alemán?, se podría extrapolar.