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¿quién es el ser humano que vive bajo la máscara de su personaje?

Hay una línea recta entre el ruso Konstantin Stanislavsky y el polaco Jerzy Grotowsky. El primero nació el 17 de enero de 1863 y el segundo murió el 14 de enero de 1999. Grotowsky tenía cinco años cuando el inventor de El Sistema murió en 1938. Eugenio Barba el italiano-, contaba solo con dos años al fallecimiento del cofundador del Teatro de Arte de Moscú. Como estudiante del Instituto Ruso de Artes Teatrales el instigador del Teatro pobre se mamó a fondo la versión rusa del sistema que logró algo trascendental para el teatro: cambiar al actor por el personaje.

Hasta entonces lo importante en el teatro burgués era la apariencia del comediante, su capacidad vocal y gesticulativa. Divos y divas eran marionetas del texto y de la trama y únicamente algunos talentos naturales lograban humanizar aquellas exageraciones de los personajes, porque lo importante no era la Dama de las Camelias sino quién la interpretaba. El teatro por imitación tuvo su gracia en La Comedia del Arte que hizo de la repetición una virtud que ya los hindúes habían convertido en el canon de su arte dramático.

El siglo XIX ruso fue una novela prodigiosa, un poema de Pushkin por ese romanticismo realista que hace del amor y la historia de los rusos una tragedia épica. En ese fragor cultural de las elites sociales y artísticas apareció Antón Chéjov, tres años más grande que Stanislavsky porque nació en 1860, también en el mes de enero. Ese doctor de un pueblo perdido en la madre Rusia pudo ser el ejemplo vivo de Tolstoi al decir que para ser universal hay que ser profundamente pueblerino. De otro modo no se entiende que Chéjov esté entre los autores mas montados del mundo, cuando en el mundo paralelo del internet, que es el que rifa, la quietud emocional y la parsimonia intelectual en la que ocurren las comedias de Chéjov, son impensables.

Lamento saltarme completo el chisme en el que se cuenta que Stanislavsky ciertamente les dio sustento interior a los personajes de Chéjov, pero convirtiendo la sonrisa melancólica del autor en un duro drama interior. Como comedia humana la obra de Chéjov es admirable. Grotowsky habló mucho de Stanislavsky y le reconoció en privado y en publico como el fundador de un sistema perfectamente estructurado para indagar quién es el personaje. La virtud del polaco fue indagar quién es el ser humano que vive bajo la máscara de su personaje.

Diré algo tremendo pero cierto:  Grotowsky renunció a las candilejas polacas e internacionales que le dio una obra que vio en presencia apenas un puñado de mortales: El príncipe constante. Renunció a esa fama hacia el exterior del personaje, pero cultivo el culto hacia el interior de quien ostentaba la máscara. Era realmente intrincado acercarse a él porque estableció un sistema de jerarquías, incluso con los detestables hombres de tinta como yo, para decir quien si y quien no podía disfrutar de su presencia. Yo tuve mi historia como perro de presa persiguiendo a Grotowsky por la sierra huichola, pero gracias a mi maestro Nicolás Núñez logré pactar la paz y una entrevista que devino en diversas invitaciones a ver su performance en varias partes del mundo.

Jerzy Grotowsky fue para el teatro de nuestro tiempo lo que fue Konstantin Stanislavsky para el teatro del siglo XX: una fortuna. Lo sabe mucho mejor que yo el italiano que llegó a la vera de Grotowsky con una vida ya bullendo por dentro, pero ajena a Stanislavsky, que por su maestro polaco también alumbró el próximo sendero de este hombre de teatro que invariablemente yo veo como un marinero, no solo por su libro fundamental para la historia del teatro occidental del siglo XX, Las islas flotantes, sino por ese afán que tiene por andar corriendo mundo, diciendo a quien quiera oírlo: ¿Qué hacemos sin el teatro, cabrones? Déjenlo morir y verán cómo les va.

Nos va, diría yo, porque Eugenio Barba ( Bríndisi, Italia, 1936) es para siempre. Joder. Qué resistencia. Sin el teatro no se puede vivir. Pero el teatro mata. Lo sabes Eugenio y acaso tu lección está en cómo has sobrevivido a tanto teatro y todo lo que conlleva de afán, de gloria y de clavario. Creo que porque tienes fe en ese acto efímero de la única eternidad que nos hez permitida a los efímeros:

La puta belleza del instante en la que el mundo es otro porque yo ya no soy el mismo. Me atrevo a decir que en la línea que he trazado, Konstantin les dio un sistema para actuar por dentro; Jerzy lo tomó para adentrarse ya no en el actor sino en el actuante, y tu lo echase al mar con una canoa de papel que para tu primera sorpresa cruzo varios océanos.

Fundaste un imperio, la verdad, Quienes tuvimos el privilegio de visitar Hostebro -durante el reinado de Augusto, el mejor de Roma-, quedamos asombrados por esa combinación de elegancia practica e intelectual en aquella granja de vacas convertida en un paraíso para el training de Grotowsky, pero al estilo italiano. Me pierdo en detalles. El paraíso cristiano en el que tu maestro polaco tuvo tanta esperanza también tuvo una manzana podrida. Ignoro los detalles y me callo. Pero te digo de corazón abierto: Eugenio Barba, sigue navegando.

A partir del lunes 26 Eugenio Barba y Gulia Varley tendran diversas actividades abiertas al público, también en parte de febrero. En internet se pueden consultar fechas y los auditorio.

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