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Luis Ramos Amezcua

Narrar y escribir se me da naturalmente: David Martin del Campo

By Rutas literarias, Sobre 2 ruedasNo Comments

David Martín del Campo ( Ciudad de México 1952) escritor, periodista y ensayista. Estudió periodismo y comunicación colectiva en la UNAM, y cinematografía en el CUEC. Ha ejercido el periodismo en medios como Unomásuno, La Jornada y Reforma). Actualmente tiene una columna que se publica en diversos diarios del país. Escritor de novelas y cuentos, de literatura para niños y jóvenes, obras con las cuales han sido galardonados con el Premio Nacional de Novela José Rubén Romero 1986 por Isla de lobos; Premio Internacional de Novela Diana/Novedades 1990 por Alas del ángel; su novela Premio Nacional de Cuento Infantil Juan de la Cabada 1995 por El hombre del Iztac. Premio IMPAC-Monterrey 1996 por El año del fuego y Premio Mazatlán de Literatura 2012 por Las siete heridas del mar. Su libro El azul de Van Gogh es un libro publicado en la desaparecida colección de Periodismo Cultural (Secretaria de Cultura del gobierno federal) en el que reúne una selección de 100 ensayos previamente publicados en la sección cultural del radio Reforma, dentro de la columna «Entre paréntesis» con su prosa curiosidad, intachable, culta y juguetona.

Entre sus novelas más celebradas se cuentan Dama de noche (que fue llevada al cine en 1993), No desearás, ¡Corre Vito!, La noche que murió Freud, y La inocencia de María. Y su ya clásico entre los niños El tlacuache lunático. Ha sido miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte. Desde hace algunos años vive entre la ciudad de México y  Cuernavaca. Prolífico narrador, suele dedicar poco más de la mitad del año a escribir una novela para adultos, y un libro para lectores infantiles o adolescentes.

-Su obra más reciente es Ahí viene el Lobo ¿cuál fue el origen, como nació esa historia?

Quizá en mi interés por por la fotografía desde preparatoria; tal vez en la secundaria heredé la afición a la fotografía por parte de mi padre. Él era ingeniero civil y como tal, manejaba las cámaras y fotografías familiares y de las obras que hacía. Viajaba mucho para construir puertos, ferrocarriles y presas. Al final trabajó en la Comisión Federal de Electricidad. Las  cámaras siempre estaban en casa, y yo de pronto las tomaba  para hacer fotos en secundaria, en preparatoria. Iba con mis amigos y sacaba fotos y tengo cantidad de ellas de mi grupo. Llegó un momento en que yo tenía como cinco o seis cámaras, sobre todo de treinta y cinco milímetros y una de seis por seis, una rolleiflex que heredé de mi padre.

 

Cuando sucedió el tránsito del rollo a lo digital, que es lo que vive el personaje de mi novela, me sentí mal y pensé ¿Qué sigue? Luego una vez visitando la casa donde viví de niño y adolescente traté de recordar a los vecinos, recordé a los Rainey, ¡guau!… cuando tenía unos nueve años en el edificio de enfrente, en un segundo piso, vivían unos niños alemanes. El papá trabajaba en la General Motors. Un día que andaba en bicicleta, tonteando, me invitaron a su casa. No estaban los papás. Era curioso ver que en Navidad los alemanes no les ponen luces a los árboles, sino velas y en Nochebuena las encienden y el árbol parece que se está incendiando. En esa visita mi amigo me dijo: te voy a enseñar algo. Abrió un el cajón en el cuarto de sus papás y sacó una caja con una cruz, resultó que su padre era un héroe de guerra de los nazis ¡Claro! habían perdido la guerra y por eso su papá y ellos estaban bien guardaditos en México. Conforme supe más, pensé «voy a hacer novela, no nada más de los vencedores, sino de los vencidos». Fue así como mi afición por la fotografía y todo lo investigado de fotografía me llevaron a escribir esta historia.

-¿Cuál es el libro que lo acercó a la lectura?

Recuerdo estos libros, los cuales me emocionaron mucho siendo adolescente. Uno es Hak Berry Finn, de Mark Twain. Este me gusta más que Tom Sawyer. No es una historia muy linda, es un muchacho que vive junto al Mississippi.Tiempo después la quise emular y escribí un libro que se llama Delfines y tiburones, que se desarrolla en Tuxpan, que es uno de los pocos ríos mexicanos que son navegables, digamos, en un tramo de veinticinco kilómetros. Otro que leí en la preparatoria, que nos dejó el maestro de etimologías grecolatina fuer Rayuela, de Julio Cortázar, con esta lectura me imaginé muchas cosas y días después nos puso a realizar un ensayo. El profesor iba diciendo los nombres de los compañeros y su calificación, las cuales eran muy bajas, se escuchaba: «cuatro, cinco, tres, cinco, seis» y de pronto menciona Martín del Campo ¡diez! Todos voltearon a verme y me cuestioné que hice para sacar esa calificación. Y así como ese hubo otros dos o tres asuntos en la vida en los que me di cuenta que narrar y escribir se me da naturalmente .

Por cierto, otra novela sería El Viejo y el Mar de Hemingway y Adiós a las armas, de la que no se comenta mucho pero que es muy interesante. Por otro lado, igual hubo escritores mexicanos que me acercaron a la lectura. Tuve cierta amistad con José Revueltas, leía sus obras con atención porque en algún momento iba a hacer un documental sobre su vida. Incluso en este desarrollo tuve la oportunidad de visitar su casa en distintas ocasiones, conocer más de él y su gusto por el vino blanco, con el cual se llegaba a emborrachar, era la única bebida alcohólica que le permitía el doctor porque tenía mal el hígado.

Otras lecturas obligatorias fueron las de Carlos Fuentes, La región más transparente, me impresionaba mucho porque eran visiones cosmopolitas de un México revolucionario, era muy interesante. Un libro que también me interesó mucho fue Memorias de Pancho Villa, de Martín Luis Guzmán, que es extraordinario. Hay un capítulo donde cuenta que Pancho Villa  lleva un compadre que está muerto de sueño en un caballo después de una batalla, andan huyendo por la sierra. De pronto dice “hay que despertarlo porque nos están alcanzando”, y le disparan un balazo cerca de él y el otro amigo dice “No se despierta”  a lo que Villa responde “¿qué cosa es el sueño?”, es una frase padre.

¿Cuál es el libro más antiguo que tiene?

Yo creo que un diccionario de la Real Academia Española, está impreso en España, es de 1937, que es una edición que celebra el triunfo de Franco sobre la República Española. Entonces, dice “ahora que España llega, por fin se ha acabado la anarquía”…  de pronto lo consulto para ver las definiciones que se hacían. Creo que tengo un par de libros más antiguos de los mil ochocientos que eran de mi tío Rafael Martín del Campo, quien era famoso en la Universidad Nacional, porque fue el primer biólogo de México. Él estudiaba medicina y cuando se inventa la carrera de biología se pasa a estudiar biología y fue, por ejemplo, el mentor de José Aristeo Sarukhán, el rector de la UNAM. Y cuando falleció hace muchos años en el velorio, estuvo Sarukhán. Fue alguien que hablaba náhuatl, y conversaba en esta lengua con Miguel León Portilla. Fue todo un sabio, entonces cuando murió, nos dijeron que nos lleváramos sus libros y ahí los tengo.

¿Cuál es el libro que está leyendo actualmente?

Estoy leyendo un libro que se llama Una belleza rusa, de Vladimir Nabokov, es una historia en tiempos de Gorbachev, durante la Unión Soviética, a punto de convertirse en la Federación Rusa, que es hoy. Entonces, como los rusos quieren ser como los occidentales al mismo tiempo desprecian a los gringos y sobre todo a los franceses y hay una mujer guapísima que vive de su belleza y se relaciona con el músico Shostakovich, (pero le cambian el nombre) y este y muere en la cama de ella. Es muy divertida la novela porque son los amores de una rusa.

Realizo lecturas muy combinadas, pero creo que uno de cada dos libros que leo son libros editados por Anagrama, que es una editorial española. Hay garantía de que son muy buenas traducciones y libros muy interesantes, en una de sus colecciones lees autores que están vivos, autores yugoslavos, japoneses, africanos, norteamericanos, ingleses, checos, etcétera, es una manera de actualizarte. Pues conocer lo que se está escribiendo en todo el mundo.

Eso en cuanto a literatura y en cuanto a otro tipo de textos estoy leyendo un libro sobre los inmigrantes europeos en México en el siglo veinte, es un ensayo que abarca biografías de inmigrantes famosos que llegan a partir de la Guerra Civil española, en la cual arribaron intelectuales, como mi editor Joaquín Díez Canedo, al que yo quería mucho. En una ocasión que lo entrevisté para el diario Reforma, cuando los periódicos eran periódicos (por grandes y completos), me confesó  que en la Guerra Civil él sí echó tiros, me contó “no sé si le dije a alguien o no, pero me obligaron durante dos o tres semanas a ir a combatir a las trincheras de la Ciudad Universitaria de Madrid en un parque que se llama el campo de Retiro, y del otro lado del campo estaban los falangistas y en Madrid estaban los republicanos”. Díez Canedo, pudo huir por Portugal, se subió a un barco rumbo a América. Bueno, eso estoy leyendo en estás biografías.

-Ante todo, siempre hay un favorito ¿Cuál es su novela favorita?

De las que yo he escrito. Híjole… Te diría que son tres. Siempre respondo como las mujeres que les decían “Ay, María de tus cuatro hijos, ¿cuál es tu favorito? “ y siempre dicen que a todos los quieren igual.

Pero quiero más a las que han sido mejor aceptadas y que siento que son las más propositivas y en las que hay más de mí. Las voy a nombrar. Una es Alas de Ángel, que ganó el Premio Mazatlán de Literatura, otra sería Después de muertos y Ahí viene el lobo. Estas serían las novelas en las que encuentro más de mí.

-¿Qué novela nunca prestaría?

Una novela mía que se llama El año del fuego, que trata de la celebración al volcán Patín y el año del fuego fue en 1943 cuando hizo erupción, ese ya no la debo prestar porque nada más me queda un ejemplar.

¿Cuáles son sus tres autores imprescindibles?

Imprescindibles por mi formación, uno sería José Agustín, porque él nos enseñó como lectores que se podía hablar de la clase media mexicana como sujeto literario y narrativo, porque hasta ese momento uno suponía que la literatura mexicana era a fuerzas  hablar sobre la Revolución Mexicana, que era lo que leía en la secundaria. Y de repente, cuando leí De perfil, dije ¡Qué gozo!

Otro narrador sería John Irvin, que ya lo mencioné y Doris Lessing. Todos los libros, salvo uno de Doris Lessing, son encantadores. Era una mujer muy dulce, muy observadora y muy cosmopolita, ella nació en Afganistán, creció en Sudáfrica y se desarrolló como escritora en Inglaterra. Entonces la mitad de sus novelas se desarrollan en Sudáfrica, por ejemplo tiene una novela que se llama Canta la hierba, cuando Sudáfrica era una colonia inglesa, que es fenomenal, habla del conflicto de la comunidad blanca, de los antiguos boars, que eran los holandeses y los ingleses con The Boys de Voice. Y  desde luego, el mejor escritor que hay en español es Mario Vargas Llosa, es un fenómeno.

– Manteniéndonos dentro de los libros.  ¿Cómo tiene organizada su biblioteca?

Los libros de literatura los tengo por países, por ejemplo: España, y dentro de Latinoamérica se divide  en Argentina, Chile, Uruguay y así va subiendo, geográficamente. Luego los ingleses pegados con los norteamericanos, después los asiáticos, los australianos,  los centroeuropeos, que son los alemanes, húngaros, checos o rusos. Los tengo, así como por una especie de manía geográfica. Entonces, si el autor es italiano, está más o menos en Europa Central.

Los libros que son de cuestiones ensayísticas, los tengo en mi casa de Cuernavaca, que se encuentra a tres cuadras del centro, ahí tengo el cuarenta por ciento de mis libros. Se puede decir que tengo dos bibliotecas.

 

-¿Qué fue lo que lo llevó a escribir?

Cuando tenía diecisiete años, un grupo de amigos hicimos un viaje a un campamento de Veracruz, en el año sesenta y ocho.  Nos estuvimos allá como dos o tres semanas y fue un campamento fantástico, alucinante, en el que eran tiempos imbuidos por la marihuana y los Beatles.

Nos pasaron cosas maravillosas, cuando regresamos de ese campamento, le dije a mi amigo Ricardo: De esto que nos pasó voy a escribir un libro. En el lapso de ponerme hacer realidad ese proyecto, estudié la carrera de comunicación en la Universidad Nacional y tuve unos maestros extraordinarios para nosotros como escritores, y cuando digo nosotros, hablo de Ángeles Masttreta porque éramos compañeros de banca y otros que andan por ahí en la vida. Tuvimos maestros como Gustavo Sáenz, José Agustín, Gustavo Sáenz, Palmés García Saldaña, Gerardo de la Torre y René Avilés Fabila, de los cuales ya nada más vive José Agustín.

Gustavo Sáenz, nos daba redacción, estuvo con nosotros dos o tres semestres y nos obligaba a escribir cuentos, a escribir entrevistas, a escribir sueños. Tenía una revista y publicaba nuestros textos allí. Entonces, era una maravilla, porque tenías diez de calificación por tu texto o por tu entrevista, y además tenías seiscientos pesos por ser publicados con tu nombre los dieciocho años.

Eso me permitió muy pronto independizarme económicamente de mi familia, en el cuarto semestre ya tenía ingresos, no para irme a viajar a Las Vegas, pero sí era dinero de mi trabajo, de la escritura, para poder vivir en algún departamento compartido con amigos.

-¿Qué es lo que lo inspira a seguir escribiendo?

La escritura es muy gozosa, a veces estoy escribiendo y suelto la carcajada, porque entre otras cosas, los personajes cobran vida y una novela no es de tus ideas, una novela es la historia de alguien. Son historias de personajes. Entonces, tú vas con tu personaje y les ocurren cosas y para saber eso siempre estás investigando, estás leyendo para incorporar a tu novela, y sobre todo lo que una novela tiene que tener es verosimilitud. O sea, que aunque sea una novela fantástica, tú debes creerte que sí está existiendo esa historia,  así que tienes que aportar los suficientes asideros.

“Llega hasta donde puedas o mejor llega hasta donde no puedas”. Entrevista con Mauricio Carrera

By Rutas literarias, Sobre 2 ruedasNo Comments

Un acercamiento a la inspiración de nuestros escritores

  • Zorba el griego de Nikos Kazntzakises un clásico que me sigue acompañando en mi vida. 

  • Diría que Hemingway es un escritor para mi fundamental.

  • Leo mucho en la cama y también escribo mucho acostado

Mauricio Carrera (Ciudad de México, 1959) escritor, periodista cultural, guionista y profesor y locutor, cuenta con una obra vasta obra de cerca de 40 libros en los que abarca los géneros del cuento, el ensayo, la poesía,  la novela y el periodismo. Ha recibido múltiples reconocimientos, entre ellos premios literarios importantes a nivel nacional: el Premio Nacional de Ensayo Literario Malcolm Lowry en 2011, por Un rayo en la oscuridad. Jack London en México; el Premio Nacional de Novela José Rubén Romero en 2015, por La vida sin más; y el Premio Nacional de Cuento San Luis Potosí en 2016, por Infidelidades. Fue ganador del Premio Nacional de Cuento “Beatriz Espejo” en 2020 por su libro El animal más hermoso del mundo. En 2021 publicó Tolvanera, su cuarto libro de poesía vinculado más con la novela y el cuento. Realizó la licenciatura en Periodismo y Comunicación Colectiva en la Universidad Nacional Autónoma de México(UNAM) y la maestría en Literatura Española en la Universidad de Washington, se inició en el periodismo en Radio UNAM, donde condujo los programas «Conversaciones» y «La extensión de la noticia». Por mucho tiempo ha sido locutor en Radio Educación.

Como buen escritor y lector, se encuentra rodeado de libros: su casa parece una biblioteca. La sala principal está repleta de estantes y libreros, incluso las obras sobrepasan la capacidad para ser guardadas y se encuentran apiladas en distintos puntos de la casa. Y así, entre libros, sentado, con las luces apagadas pero iluminado por el sol que penetra desde los tragaluces del techo, Mauricio Carrera habla de sus lecturas, autores y sus inspiraciones en esta entrevista.

-La primera pregunta es sobre su más reciente libro Las horas furtivas ¿cómo nació esa novela cuyo eje central es la infidelidad?

Las horas furtivas surgió de una inquietud genuina en torno al tema de la infidelidad, por supuesto, es un tema que puede verse en dos vertientes de algo bueno o algo malo. Es algo gozoso, doloroso y de alguna manera me interesé mucho y a la hora de estar investigando, aparte de hacer una ficción, quise incluir las grandes infidelidades cometidas por conocidos escritores, y uno se sorprendería de este tema y de esta actividad extramarital de muchos escritores y escritoras, hay que decirlo.

Hay muchos libros también al respecto, por supuesto de investigación o escritos por algunos intelectuales, y me fascinó tanto así, que también tengo una obra de cuentos que se titula Infidelidad y otras historias y el adulterio del cual hablo ahí es uno cometido por Carlos Fuentes, supongo que entre muchas, con Jean Seberg, la actriz de origen norteamericano que luego se hizo famosa en el cine francés. En aquel entonces, el escritor estaba casado con la actriz mexicana Rita Macedo, pero conoció a Jean Seberg y se enamoró perdidamente de ella. Fuentes fue de alguna manera aparte de un gran escritor, un bon vivant, un latin lover latinoamericano, y son conocidos algunos de sus romances,  entre ellos éste.

Me permití hacer una versión cuentística ficcional, pero basada en hechos reales y aparte, no estoy mintiendo en aras de la del cuento sino que parte de la historia se basa en un libro escrito por el propio Carlos Fuentes, que se llama Diana o La cazadora solitaria.

Me parece que la infidelidad es un cuestionamiento a esta sociedad patriarcal, monográfica de matrimonios que duran para siempre y que finalmente nos hacen ver que es una ficción. El ser humano se interesa en términos de sexualidad en otras parejas y el matrimonio, pues en ocasiones no lo permite y de ahí empiezan estos problemas. La infidelidad como pecado,  como algo que no hay que hacer, como algo que hay que criticar duramente, por ahí empezó el el origen de este interés.

– ¿A qué reflexión lo llevó escribir esta obra?

-Lo que me hizo sentir y lo que me puso a repensar es el México actual, el libro Las horas furtivas, está plagada, aparte de la historia misma, de citas de distintos autores y autoras que se van intercalando y que tienen que ver con la trama. En ese sentido hay muchas citas que tienen que ver con la manera como distintos escritores y escritoras extranjeros han visto a nuestro México y lo que tenemos es un país  violento, sangriento, de ejecuciones, donde la vida no vale nada, una nación de tumbas que vivimos en la actualidad y que ellos desde tiempo atrás lo vislumbraron y allí están.

Es necesario abordarlo en términos literarios y no solamente desde el género de lo policiaco, desde la narconovela, sino desde el ámbito cotidiano, en este caso el de una pareja, el de una infidelidad, pero también todo lo que sucede alrededor de una nación  peligrosa. Precisamente ocurre hacia el final de la novela una escena que ahí está presente y que en un momento dado ya que esa violencia también nos pueda ocurrir a nosotros mismos. Siempre he dicho que la literatura no sirve para dar mensajes, pero ahí está como algo que está patente en nuestro país y que se ha convertido por lo pronto en esta novela.

-¿Cuál fue el libro que lo acercó a la lectura?

 Tenía libros en la casa familiar, mi papá y mi mamá se ocuparon de comprarlos, de acumularlos, de leerlos, ir comprando a través del sistema de abonos en algunos casos. Teníamos una colección de esta famosa editorial Aguilar con su papel arroz y cuando tenía 16 años, mi papá me acercó mucho más a la lectura, me dice, “oye, ponte a leer porque quisiera no tener que pagar un psicólogo”, ahora da risa, pero en ese momento lo sentí como una enorme presión tener que leer para quitarme el psicólogo y los primeros que leí fueron Narciso y Goldmundo de Hermann Hess y La confusión de los sentimientos de Stefan Zweig, dos obras que he ido perdiendo a lo largo del tiempo. Fueron los dos primeros que leí y yo creo que Narciso y Goldmundo, me dejó muy pero muy marcado, porque cuando termine de leerlo lloré y lloré por la suerte que corrían los personajes en esta novela, me hizo comprender el poder que tiene la literatura para poder conmover para poder tocar corazones para hacernos sentir que no son personajes ficticios, sino que son personajes entrañables, que nos llegan al alma, que nos llegan al corazón. Entonces yo diría que La confusión de los sentimientos y Narciso y Goldmundo son los que me abren la puerta a la lectura, por supuesto antes yo podría decir que hubo otros que son de la biblioteca familiar, como repito había una gran colección de Emilio Salgari, son autores que marcaron mi vocación literaria si no también de cierta manera mi vocación vital.

-Entre tan bella colección ¿cuál es el libro más antiguo que tiene?

 ¿El libro más viejo que tengo? Que pregunta tan interesante porque puede tener dos variantes, una por su fecha de publicación y otra quizá por el primero que compré. Entonces en primer lugar, los más antiguos que tengo respecto a publicación son del siglo 19, pero que en realidad no significan nada, yo no soy un coleccionista en ese sentido, no me interesa acumular riquezas en términos de tener incunables, por ser primeras ediciones, me interesan para poder usarlos.

Respondiendo ahora en cuanto al primero que compré o que obtuve, porque no recuerdo cuál podría ser el primero que compré, yo creo que serían de la colección del Volador, de Joaquín Moritz, lo que sí recuerdo de forma muy clara es pedirle a mis papás que me compraran esa colección. Una colección que desafortunadamente no pude completar, pero sigo conservando, y créame cuando le digo que sigo valorando.

-Un lector arduo como usted debe leer todas las semanas ¿Cuál es el último libro que ha leído?

-Estoy leyendo En tierras bajas de Herta Müller, Premio Nobel de literatura, de origen Rumano, aunque me está costando un poco de trabajo entender por qué recibió el premio Nobel de literatura, a ratos siento que hay algo que se perdió en la traducción, ve mucha intención, buena redacción y buenos personajes, pero hay algo que no me termina por convencer.

-Casi siempre hay un favorito ¿Cuál es su novela favorita?

 –Yo diría que pudieran ser varios, pero hay uno que siempre me gana, y ese es Zorba el griego de Nikos Kazantzakis, ¿por qué me gusta Zorba el griego?, porque tiene mucho que ver con mi propia filosofía de vida, creo que leer me ha dado muchas formas de mirar, de aprender, de acercarme a lo que es está noción de estar vivo y Nikos Kazantzakis me ha ayudado mucho a ver la vida, por ejemplo leyendo Carta al greco, es uno de sus libros y hay una frase que a mí me sigue pareciendo excepcional, que dice «llega hasta donde puedas o mejor llega hasta donde no puedas», eso me impulsa a seguir escribiendo, a seguir viviendo, a seguir viajando. Zorba el griego es un clásico que me sigue acompañando en mi vida. Nikos Kazntzakis decía «hombres como yo deberíamos de vivir mil años, porque nos gusta tanto la vida, nos gusta tanto hacer el amor, nos gusta tanto beber, nos gusta tanto leer, nos gusta tanto estar al sol, disfrutar de viajar que necesitaríamos muchas vidas para poder satisfacer todos eso», aparte de eso Nikos Kazantzakis es autor de obras con maravillosa prosa que tiene algo de política, que tiene algo de filosofía y me encanta, entonces yo diría que ese es mi favorito.

-Hay cosas personales que a uno le cuesta prestar, ¿Qué libro nunca prestaría?

Un libro que me gusta mucho es Adán Buenosayres de Leopoldo Marechal, uno de los grandes escritores del cono sur de Argentina. Adán Buenosayres, me representa mucho, porque yo deseaba tenerla y estaba en casa de un amigo, siempre le externé el deseo de que me encantaría tenerlo, por distintos motivos no lo pude conseguir y un día, en mi cumpleaños este amigo me sorprendió 20 o 30 años después de mi primera petición de tenerlo y me lo regaló.  Me encanta y es un regalo que aprecio mucho, es un libro que creo que jamás prestaría porque uno sabe que cuando uno presta lo más seguro es que no lo regresen.

-Como lectores llegamos a sentirnos conectados con algunas lecturas o incluso con autores que ya sea por los temas de los que escriben o la forma de redactar nos tienen siempre pendientes a sus próximas novelas ¿Cuáles son sus tres autores imprescindibles?

 –Yo diría que Hemingway, es un escritor, para mi fundamental me gusta. Puedes aprender mucho como escritor, como periodista, de sus nociones literarias y periodísticas, no solamente me gusta su estilo quizá más que a ratos sus historias me gustan, pero algo que me gusta mucho es su fuerza vital, también para mí la literatura ha sido siempre un asidero para la vida y cuando uno lee escritores aventureros como es el caso de Hemingway, no solo te enseñan de literatura, sino que te enseñan a vivir, Hemingway y otros escritores que voy a mencionar a continuación han hecho que yo también me aboqué a una vida aventurera en la cual he  sido marinero, me he aventado de paracaídas, he buceado, en fin.

Otro autor que me gusta mucho es Jack London, lo he leído mucho, lo he estudiado y es un estupendo escritor que tal vez no es muy reconocido, pero es un estupendo escritor que vivió su vida muy rápido, y eso lo hizo tener altibajos, pero es otro autor que tiene aventuras, se lanza a vivir en el ártico, se lanza a cazar focas, se lanza a construir su propio barco y navegar su propio barco, ser corresponsal de guerra, es un autor que me gusta mucho por querer tener aventura en su vida y que la fusiona con la literatura.

Por último pienso en Joseph Conrad, un autor con características similares, escritor de origen polaco, que hablaba francés y se volvió un gran representante en la literatura inglesa, fue capitán de barco y la mayoría de lo que escribió tiene que ver con este mundo marinero.

Entonces serían estos 3 mis autores porque son autores que se unen en la acción, en la aventura y en la gran calidad narrativa de su literatura.

-Cambiando un poco el eje, pero manteniéndonos en dentro de sus libros ¿Cómo tiene organizada su biblioteca?

 -Principalmente por editoriales, también por lugares, yo tengo muchos amigos del norte del país, la mayoría de Tijuana, estos amigos son escritores y a lo largo del tiempo me han ido regalando o he ido comprando sus obras así que tengo un espacio establecido para ellos, de igual manera un lugar que caracteriza mis libros es donde caigan que son aquellos que uno dice los voy a poner aquí para después acomodar pero que con el paso del tiempo la pila se hace más grande y ya no acomodaste.

-Si me lo permite, fuera de las lectura e incluso metiéndonos en un aspecto más personal ¿Qué lo llevó a escribir?

 –Escribir… El descubrimiento de la muerte, de mi propia mortalidad, que sucedió a los 16 años, lo tengo muy claro el momento, mientras transitaba en un camión de la línea Juárez – Loreto, iba rumbo a la preparatoria número uno, que en ese momento estaba en la calle San Ildefonso. ese edificio rojo, cómo lo llamaban  dónde cruce la preparatoria.

En un momento casi epifánico, una revelación, algo me hizo pensar que yo iba a morir, me di cuenta de mi propia mortalidad, esa mortalidad me hizo también tener la noción de dejar huella, de buscar una forma de expresarme, para dejar huella de mí pasó por el mundo es decir si todos somos mortales, si un día no estaré acá porque no dejar esa huella atrás. Para algunos es música, la pintura, la arquitectura, en mi caso fue la escritura. Por un motivo se fue dando todo para que empezara a escribir y desde entonces ha sido ese día el movimiento de mi pasión, el dejar huella, escribo para que alguien en algún momento dado, cuando yo ya no esté aquí, pueda decir, él vivió, amó, viajó, hizo esto y escribió, entre otras cosas.

-¿Qué lo inspira a seguir escribiendo hoy en día?

Hoy en día mi inspiración tiene que ver con lo que observó del mundo, mi cosmovisión, lo que soy yo expresado a través de una historia, de palabras, hay gente que dice que mis obras son autobiográficos, yo diría que no, pero por supuesto hay algo de mí en todos los libros. No son autobiográficos porque sería muy aburrido, si hay cosas que me han ocurrido, entonces podría decir que soy yo pero transformado a través de la literatura, con personajes que no son yo, con historias que no me han ocurrido a mí. En ese sentido es mi cuerpo, mi visión, lo que yo pienso, es lo que yo opino, es lo que creó del mundo, lo que he llegado a conocer, a saber a lo largo de 63 años de existencia, pero expresados a través de la historia, con personajes inventados, con historias ficticias.

-Todo escritor tiene un lugar en el que se siente cómodo ¿Cuál es el suyo? ¿Dónde escribe?

-Básicamente en la cama, es lugar curioso para escribir, pero me gusta, me gusta ponerme en la computadora en el pecho y con la mano izquierda y la mano derecha escribir con un solo dedo de cada mano,  el índice izquierdo va a las mayúsculas, pero siempre escribo con el índice derecho, -soy el dedo más rápido del oeste escribiendo- dice entre risa -y me resulta muy cómodo escribir en la cama, pero cuando me pongo serio- hace una pausa y pega levemente la mesa- escribo aquí donde estamos, esta es mi compañera.

Yo leo mucho en la cama y también escribo mucho acostado, escribir acostado es dejar que mi forma más pura de creatividad surja.