Presentamos el texto que la poeta, narradora y ensayista Mónica Mansour preparó para la primera mesa ¿Cómo hablar de la poesía de Sabines desde el arte? con motivo del centenario del nacimiento del poeta Jaime Sabines y en el marco de la exposición de arte «Es la sombra del agua», que reúne a 85 artistas en torno a la poesía de autor de “Los amorosos”. en la Casa Jaime Sabines y en el Centro Cultural San Ángel.
Me ha entusiasmado este proyecto de hacer una exposición de artes visuales, “La sombra del agua”, basada en la poesía de Sabines, debido a la Casa Jaime Sabines y a Pilar Jiménez, la biógrafa del poeta. La traducción de un arte a otro no es fácil, aunque suele ser una gran tentación. Todos los artistas aquí expuestos aprovecharon el uso tan particular del lenguaje de Jaime Sabines en la poesía, que es muy provocador.
Porque Sabines es un poeta muy visual, además de musical. Sus metáforas, comparaciones e imágenes apelan constantemente a nuestros cinco sentidos esenciales para transmitir y crear sensaciones y emociones. Como él mismo dice y repitió con insistencia en muchas ocasiones: “El poema es así, el testimonio de las horas del hombre sobre la tierra. Canto o lamento, queja o protesta, grito o balbuceo, el poema debe ir siempre oscuro de hombre. Gloriosamente.”
Dentro de una aparente sencillez, con la ternura y amargura que se traslucen, la intensidad de sus imágenes provoca desconcierto y el asombro (el suyo propio y el que nos crea) ante los impredecibles misterios de la vida diaria, del amor y el erotismo, de Dios y su relación con el mundo, de las circunstancias cotidianas y los mitos que inventamos acerca de todo aquello.
Es también fundamental la corporeidad en la angustia y los placeres que nos provoca la relación constante con el tiempo y el espacio. El calor y el trópico, las mujeres, los cuerpos, el erotismo, las soledades, los amores y las muertes, así como la poesía y el poeta: todo es tiempo.
Por lo tanto, se comprende la atracción que este lenguaje lleno de imágenes, ritmo y sonoridad tuvo no sólo para sus lectores, sino para los artistas visuales que hoy vemos aquí.
Consideremos algunas de las imágenes de sus poemas y cómo nos crean sensaciones y emociones hasta ese momento desconocidas y también cuestionamientos de la manera acostumbrada en que vemos y entendemos la llamada “realidad”. Citaré algunos ejemplos: Me gustaría, para empezar, ver la relación entre el tiempo y el espacio, sobre todo en un gran conjunto de poemas: su tercer libro Adán y Eva de 1952. De acuerdo con el título, aquí se recrea el paraíso que, según la interpretación tradicional, hemos perdido, así como a sus habitantes originales. Se supone que, después del llamado “pecado original”, o sea, tanto la mordedura de la manzana de la sabiduría como la relación sexual, debería empezar el tiempo humano, la historia, nuestra historia. Sin embargo, en estos poemas, la relación sexual y la relación de Adán y Eva con la naturaleza que los rodea se dan en una identidad o intercambio del tiempo y el espacio, distinto al considerado como tiempo humano. Desde luego, esto produce imágenes totalmente inéditas, así como un cuestionamiento de las leyendas que hemos aprendido. Unos ejemplos:
III (Adán dice a Eva) -¿Has visto cómo crecen las plantas? Al lugar en que cae la semilla acude el agua: es el agua la que germina, sube al sol. Por el tronco, por las ramas, el agua asciende al aire, como cuando te quedas viendo el cielo del mediodía y tus ojos empiezan a evaporarse. (…) Las plantas caminan en el tiempo, no de un lugar a otro: de una hora a otra hora. Esto puedes sentirlo cuando te extiendes sobre la tierra, boca arriba, y tu pelo penetra como un manojo de raíces, y toda tú eres un tronco caído.
VII (Eva en diálogo con Adán) -¿Qué es el canto de los pájaros, Adán? / -Son los pájaros mismos que se hacen aire. Cantar es derramarse en gotas de aire, en hilos 3 de aire, temblar. / -Entonces los pájaros están maduros y se les cae la garganta en hojas, y sus hojas son suaves, penetrantes, a veces rápidas. (…) / -Tú estás cantando siempre sin darte cuenta. Eres igual que el agua. Tampoco las piedras se dan cuenta, y su cal silenciosa se reúne y canta silenciosamente.
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Tal vez el poema más conocido (y conocido de memoria) por los lectores de Jaime Sabines es “Los amorosos” de su primer libro Horal de 1950. No es casualidad, puesto que fue el primer texto dentro de la tradición reciente de poesía mexicana en tratar el amor junto al erotismo, y con imágenes tan novedosas y desconocidas. El amor es un silencio muy particular, y también es una consunción mutua de los dos involucrados, que lleva a la muerte pero asimismo a la “hermosa vida”.
Los amorosos callan. / El amor es el silencio más fino, / el más tembloroso, el más insoportable. //
Pero, por otra parte, también ahí afirma que “los amorosos son la hidra del cuento”, la hidra, aquella serpiente de muchas cabezas, venenosa y con aliento fatal.
(…) Los amorosos son la hidra del cuento. / Tienen serpientes en lugar de brazos.
/ Las venas del cuello se les hinchan/ también como serpientes para asfixiarlos. /
Los amorosos no pueden dormir / porque si se duermen se los comen los gusanos. (“Los amorosos”)
El amor como silencio se repite en varios poemas de amor de Sabines; por ejemplo:
Todo se hace en silencio. Como/ se hace la luz dentro del ojo. / El amor une cuerpos. / En silencio se van llenando el uno al otro. (“Yo no lo sé de cierto”) Así, solos y vacíos pero unidos, los amorosos “se van matando el uno al otro” (“Yo no lo sé de cierto”).
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En ese primer libro, Horal, también se encuentra otro de los poemas muy conocidos, donde el poeta hace una descripción de sí mismo y de los efectos de su soledad y su angustia en su primera estancia en la Ciudad de México:
Lento, largo animal que soy, que he sido. (…) Amargo como esos minerales amargos / que en las noches de exacta soledad / -maldita y arruinada soledad / sin uno mismo- / voz amarga / prenatal, trepan a la garganta / y, costras de silencio, / asfixian, matan, resucitan. (“Lento, largo animal”)
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Otro libro de Sabines que me parece extraordinario es Tarumba de 1956, que -según él cuenta- escribió en Tuxtla detrás del mostrador de su tienda de telas. Allí se nos presentan, como nunca antes -y distintos de la naturaleza tabasqueña de Carlos Pellicer, la selva y el trópico. Es notable uno de los poemas donde se representa el intenso calor en una enumeración de imágenes visuales que nos sumergen en esa sensación sofocante:
Sobre los ojos, sobre el lomo, cae / como una bestia lenta, / pesa, / respira el agua, / se extiende en la cara de las cosas, / agobia. / Nace en el corazón del aire / envejece en el tiempo, / tesoro de las piedras, / riñón del árbol / casa de los ancianos, / trompeta de la muerte. / Animal disperso, / se congrega bajo el sol, / abre la tierra, chupa, / despelleja los ríos, / espanta a las hormigas, / duerme al gato, / y a ti te hace un nudo de víbora / o un huevo aplastado. / Este calor benigno, reparador del mundo, / te entierra a golpes, Tarumba-clavo.
Cada una de estas imágenes podría ser una obra de arte visual.
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Por último, y para no alargar esta intervención, quiero referirme a otro tipo de imágenes, igual de impredecibles, igual de provocadoras de una sensación desconocida, aunque ya vivida por nosotros. Es un poema del conjunto “Collage” del libro Maltiempo (1972), donde se muestra otro de los recursos del poeta, referido al tiempo y el espacio, y la correspondencia de lo vertical ([] [/]) y lo horizontal, así como una de sus referencias a Dios que aquí se vuelve “trapos oscuros” y también “criatura”:
Próximo, en la noche, un poco al margen, / como tocando puertas en la sombra / (esto ha de ser la vida, ay, tan cercana), / caminando en oscuros corredores, / buscándome, buscando dónde estuve, / mi nombre, mis olores, algo mío. // No dije adiós a nadie, ni a mí mismo. / Nada dejé: ni un hueso para un perro. // Despedazando a Dios, trapos oscuros, / jalándolo a mi muerte, ven conmigo, / arrástrate, criatura, aquí a mi hoyo, / cae conmigo. // Y esto es caerse horizontalmente, / caer como al fondo de una calle.
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Antes de terminar, cabe citar aquí lo que dijo Elías Nandino hace mucho tiempo sobre Sabines: “Sus palabras tienen un oficio auténtico y limpio. Si son sensuales, lo demuestran; si amorosas, lo practican; si perversas, lo comprueban y, si violentas, estallan.”
He señalado algunas de las infinitas imágenes de todas las que me han llamado la atención, pero esto es sólo una probadita de un gran banquete lleno de manjares. Los pintores que participan en esta exposición han encontrado sus propias probaditas y las han retratado de acuerdo con sus propias sensaciones y emociones para nuestro placer.

