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Cada año me asombra el entusiasmo de los indigentes del teatro por celebrar como un triunfo personal el día mundial del teatro. Es comprensible que la actriz Isabelle Huppert haya comparado al actor con el hombre rebelde de Albert Camus en el discurso onomástico que se escuchó en muchos teatros del mundo el 27 de marzo del 2017: “Actuar es un acto de fe absurdo. Subimos a escena sabiendo que el mañana nos exigirá empezar de cero, con el mismo miedo y la misma urgencia. Esa repetición no es una condena, es nuestra libertad”. 

Ella es la última leyenda del cine francés y ha ganado los premios mas importantes de los festivales europeos. Pero mis carnales de tantos pueblos nativos que dejan la piel en cada montaje sin lograr vivir de ese desarrollo, también pueden vanagloriarse de que; “Cada función es un ejercicio de desaparición. Construimos catedrales de palabras y gestos solo para verlas desvanecerse cuando se apagan las luces. Esa es nuestra gloria: ser los dueños de lo que no permanece”. Digo, ella se va a filmar su próxima película, pero cuando se apaga la luz en un teatro de la orilla volver a prenderla es una hazaña de Sísifo.

En la mitología griega Sísifo (Σίσυφος), Rey de Éfira —nombre original de Corintio—, fue considerado el hombre más astuto y engañoso, de aquel fantástico universo, tan embustero que engañó a la muerte por partida doble para regresar del inframundo a regañar a su mujer por no haberle dado una digna sepultura. Además de embaucador Sísifo era chismoso y en ese afán denunció a Zeus por haber desvirgado a la ninfa Egina, así que Tánatos, Hades y Zeus lo condenaron a subir eternamente una enorme piedra a una escarpada colina del tártaro, el lugar en el que los dioses olímpicos castigaban a los titanes y los mortales como Sísifo a condenas infinitas.

¿Y qué otra cosa hace los mil y un cómicos que no viven del teatro sino para la necedad de seguir haciendo teatro? Vivir en el absurdo de Sísifo, cargar una piedra cuyo propósito es no llegar nunca a su destino. Cierto que Camus halló en ese despropósito el coraje del hombre rebelde para luchar por su libertad, así que su indagación concluye con una frase de aliento: “El esfuerzo de llegar a la cima basta para llenar un corazón de hombre. Hay que imaginar a Sísifo dichoso”.

Supongo que eso hicieron los gambusinos del teatro regiomontano que la actriz, activista social y consultora de imagen, Morena González, entrevistó para hacer un documental sobre la historia del teatro regio que pasasó por el canal 28.2 el 26 de marzo a las ocho de la noche, y por el canal 28.1 el mismo día, pero a las 23 horas. La filmación se llamó como este programa de radio; La cuarta pared, ese muro ficticio que separa al espectador de la ficción dramática, aunque de pronto ese velo se rasga, para que los actores hablen directamente con el público, y esto es lo que sucede en esta grabación en la que los pioneros del teatro regiomontano nos hablan del pasado desde el presente, porque al contrario del teatro que sólo puede ocurrir aquí y ahora, el cine nos permite ver y escuchar a personajes que estando en otra dimensión existencial siguen entre nosotros.

Considero que para bailar de alegría por el triunfo mundial del teatro es pertinente comenzar por reconocer a las mujeres y los hombres que nos permitieron asomarnos a esa apropiación de la vida que es el teatro. Hoy podemos escoger a qué teatro vamos, aunque para que eso sucediera primero tuvieron que abrirse los espacios y contar con la gente adecuada para mantenerlos abiertos. Aunque ahora sabemos que el teatro ya no es mas el edificio para entretener a la burguesía. Siempre es dulce trabajar en un espacio adecuado para la invención artística. Por eso lucharon varias generaciones de mujeres y hombres de teatro que el 26 de marzo lo dijeron con sus propias palabras. No se pierdan lo que dijeron.

Y si vienen a la ciudad de México en semana santa tampoco se pierdan la nutrida y variada cartelera en el Centro Cultural del Bosque para celebrar el cumpleaños número sesenta y cinco, del día de 1961 en el que el Instituto Internacional del Teatro, vinculada a la UNESCO, lanzó la iniciativa, aunque fue hasta marzo 27 de 1962 que el poeta francés Joan Cocteau dio el primer mensaje por el día mundial del teatro. Este año el saludo lo dio el actor estadounidense Willem Dafoe que cierra su texto diciendo que el teatro es el refugio de lo humano. Que así sea.

 

 

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