Serge Fouillet Kuchinsky es un gran fotógrafo francés a quien se debe, entre otras, la famosa fotografía de la media luna islámica y la estrella de David enmarcadas en un rectángulo sobre las Torres Gemelas de Nueva York. Esta impactante imagen fue capturada y publicada en 1986,¡ quince años antes de la tragedia de las torres gemelas!
La exposición en las rejas de Chapultepec , que consta de 60 fotos, da cuenta de la profunda fascinación del fotógrafo por la India, sus ritos y sus habitantes. Cada una de las piezas es una obra maestra que evoca de manera entrañable a los grandes pintores del Renacimiento italiano. Desde pequeño, Serge estuvo en contacto con el arte de esa época gracias a un libro que le regaló su padre; con él estudió la perspectiva, las proporciones y los grandes “secretos del arte”. El fotógrafo asimiló tanto estas enseñanzas que, al enfrentarse a las escenas cotidianas de la India, enfocaba y componía de manera casi inconsciente según ellas. Al ver el resultado final, grandes artistas contemporáneos le decían mientras señalaban los detalles: «¡Esto es un Rembrandt!» o «¡Esto es un Tintoretto!» .
El trabajo presentado es el resultado de siete años de viajes discontinuos a la India. En Benarés, en las fuentes del río Ganges —capital espiritual del país y hogar del dios Shiva—, Serge descubrió la mística de los ritos funerarios y la prohibición de fotografiarlos. Sin embargo, el destino intervino: el dueño del modesto hotel donde se hospedaba había visto un reportaje suyo en la revista suiza Animan sobre Colombia y le dijo con convicción: «Tú debes fotografiar las incineraciones». Tras acudir con la policía y un juez, obtuvo un permiso especial para hacerlo durante una tarde, plasmado en un papel donde apenas se distinguían las fechas.
Serge se acercó con mucho respeto a los Doms, la casta encargada de los rituales funerarios. Al principio solo platicó con ellos y forjó algunas amistades. Al día siguiente volvió con su cámara, pero se limitó a observar sin disparar, hasta que en un momento de confianza alguien lo invitó a capturar la escena. Con el tiempo, llegó a participar activamente en los rituales y conoció a los niños que transportaban los bambúes para las cremaciones. El vínculo fue tan fuerte que la comunidad le pidió montar una exposición de sus obras en el lugar mismo de las ceremonias, un proyecto que se realizó con el apoyo de todos. Al concluir la muestra, los Doms quemaron todas las fotografías en una gran hoguera para enviárselas como ofrenda a Shiva. Serge, muy agradecido, decidió no tomar ninguna foto de ese momento, un gesto que las agencias fotográficas de Francia le reprocharon amargamente.
Esta es la historia detrás de la exposición que viste las Rejas de Chapultepec, precisamente en la época del Día de Muertos. Resulta fascinante notar que la flor de cempasúchil, originaria de México, se conoce en francés como «Rose de l’Inde» (Rosa de la India) y se utiliza de manera idéntica en las ceremonias hindúes. Este es un lazo emocional y visual poderoso que une a dos culturas geográficamente lejanas.
La labor de la cremación es propia de la casta de los Doms, una de las castas más bajas y se asimilan a los “intocables”. Si bien en su función son venerados, fuera del trabajo se los desconsidera y algunos ni siquiera pueden cruzarse con un brahmán , miembro de la casta sacerdotal. Su condición sin embargo se está transformando: ahora los hijos de algunos de ellos pueden estudiar, pero lo cierto es que su trabajo es muy duro, con el calor del fuego , el contacto con los cadáveres que se descomponen la sensación de asfixia y de sed perpetua. En los últimos tiempos,se construyó mucho en las orillas del río y su hasta se dice que está en vías de extinción.

Hasta ahora son sus propios dueños y forman parte de una liturgia ancestral. Las fotos evidencian su orgullo de ser lo que son y la profunda dignidad de estos trabajadores de la muerte y la resurrección .
Las vistas panorámicas de las personas que asisten a las ceremonias nos permiten apreciar en sus más mínimos detalles la diversidad de los tonos, los colores y las telas de Las Indias que por cierto vestían las mujeres venecianas del siglo XV que se ven las obras que fascinaban tanto al niño Serge el el libro que le regaló su padre.
Exhibir fotografías en un formato tan monumental implica dos formas de mirar: la de los automovilistas, quienes reciben el gran impacto de los magníficos colores captados y reproducidos tras meses de minucioso trabajo; y la de los peatones, que suman al disfrute visual el placer de leer las leyendas escritas por el mismo fotógrafo.
Lo mágico y lo interesante, lo profundo y lo profano( este último aspecto se puede buscar por ejemplo en una vista de peregrinos al que está hablando por celular, o a los dos que no miran la cremación ), fusionan en esta gran muestra del viaje del artista por la India, en donde todo pasa, al igual que las almas hacia el nirvana, si los rituales se efectúan apropiadamente.