A continuación presentamos el texto de Dominique Legrand para la exposición de Serge Koutchinsky en las rejas de Chapultepec en la CDMX que se inauguró este 29 de octubre de 2026
Estas fotos son excepcionales.
Según la base de datos de Getty Images, existen alrededor de 8,200 fotografías disponibles sobre la cremación hindú. La mayor parte de los fotógrafos utilizaron permisos oficiales de apenas unas horas, un día o dos para realizarlas. Lo verdaderamente propio y único de esta exposición es que Serge Koutchinsky acudió durante varios meses a lo largo de ocho años al mismo lugar. Gracias a su amistad con los Doms —los encargados de la ceremonia—, logró exponer en el sitio mismo de la cremación, suscitando el entusiasmo de la población y de los periódicos de Benarés. Esto le permitió volver cuando y como quería, en un proceso de inmersión prolongada único en su tipo.
La mayor parte de las obras nos hace pensar en la pintura del renacimiento. Veremos lo que une los cuadros del Quattrocento y estas fotografías
En la composición de ambos mundos habita una puesta en escena; una representación de las sagradas escrituras, ya sean las escenas bíblicas o el viaje hacia el nirvana. La fotografía de la mujer de rojo, que finge arrojarse a las llamas sobre el cuerpo de su difunto, participa de esta dramaturgia, al igual que las actitudes de los oficiantes. En ciertos momentos, los personajes parecen inscribirse en una coreografía o, en todo caso, en un ritual sagrado.
A ambos lenguajes los une la referencia al más allá, plasmada en una liturgia que los fieles conocen desde hace mucho tiempo a través de una tradición en la que creen profundamente —sea la cristiana, ya que las pinturas se encontraban generalmente en las iglesias, o la religión hindú—. Los dos formatos cuentan una historia. Los une, por momentos, la muerte, la belleza de las mujeres y de los cuerpos en general, la presencia del drapé (el ropaje plisado) en la vestimenta de los protagonistas, el manejo de la perspectiva, así como la profusión y la armonía de los colores.
Todo en estas obras es símbolo. En Occidente conocemos los símbolos de la religión cristiana, como el cordero y la paloma; de la misma manera, todos los hindúes saben que el perro que duerme arriba, sobre una piedra, es Shiva, y adoran a la vaca negra que aparece en algunas de las imágenes.
El papel del espectador
Lo que los distingue es una noción más moderna que la fotografía permite capturar: el papel del espectador. Este último forma parte activa de la puesta en escena. Lo que pasa en el «escenario» se refleja directamente en las pupilas de los asistentes, en sus expresiones de expectación, fervor, comunión y hasta éxtasis.



