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Fernando de Ita

LA RESISTENCIA

By Sobre 2 ruedasNo Comments

En diversas épocas se ha debatido si la creatividad en el arte tiene fecha de caducidad o es permanente. Para ejemplificar el agotamiento poético se menciona a Rimbaud, y para lo contrario, a Goethe. Germán Castillo, acaso el decano de la dirección escénica en la nopalera decía que la creatividad en el teatro dura entre 20 y 30 años, con picos ascendentes y descendentes, pero en activo, Luego solo se repite. La creatividad artística en Grotowski duró diez años, el resto fue su maestría como profeta disfrazado de pedagogo.

El Odín Theater de Eugenio Barba tiene 61 años de fundado y todavía abre telón en diversas partes del mundo. Los orígenes de la Compañía de Teatro de la Universidad Veracruzana se remontan a 1953 y su consolidación a 1984. El común denominador de las agrupaciones que han resistido el paso del tiempo es que tienen financiamiento oficial o académico, gubernamental o universitario, ¿Pero cuanto resisten los colectivos que se rascan con sus propias uñas?

En Nuevo León la Compañía  Gorguz Teatro cumple esta temporada 20 años de habitar el escenario y llama la atención que desde el nombre hace una declaración de principios porque Gorguz es una vara larga con una punta de hierro de dos hojas, una recta y otra curva que sirve para recoger las piñas de los pinos, los libros de un alto librero, las pantaletas que se atoran en la lámpara del cuarto, esto es, se trata de un instrumento de trabajo, de una herramienta para el cambio, a decir de su director artístico Alberto Ontiveros.

Como todos los grupos mal llamados independiente, Gorguz también ha recibido apoyos oficiales para sus montajes, pero eso no basta para tener una actividad coherente con sus intenciones durante 240 meses. Y sus motivos para hacer ficción dramática son artísticos y sociales, en ese peligroso equilibrio entre la estética y la moral política, para emplear una expresión que está ausente entre los legisladores del partido en el poder.

Es inevitable volver a Brecht para recordar que, para lograr la eficacia artística de su mensaje político, el artista y activista alemán rompió el esquema del teatro tradicional empleando recursos del cabaret y del teatro frívolo en un formato de cultura popular que el teatro latinoamericano comprometido imitó hasta el agotamiento, y rara vez haciéndole honor a su profeta.

En el amplio y variado el repertorio de Gorguz Teatro podemos ver que hay una intención artística en el origen de cada montaje. Me refiero a los textos escogidos que también nos muestran el interés por el contexto geográfico y social de la región noreste de México. Yo estoy convencido que el teatro regional puede ser tan universal como las obras de Chéjov que suceden en pueblos perdidos de la madre Rusia. Por lo mismo, el teatro clásico puede tener su versión regional si se hace la adecuada traslación más que del texto de la intención central de la obra. Y eso intenta Gorguz Teatro.

En los montajes que he presenciado se han cumplido las premisas del colectivo de hacer un teatro en el que el artefacto artístico es el medio para exponer el dolor tan variado del ser humano. Ese dolor puede ser por la violencia, la injusticia, el destino, la venganza, la marginación, y la queja es que a veces pesa más ese fondo que la forma de explorarlo, aunque explorar es la palabra clave en la historia de este colectivo porque Ontiveros está en esos picos del talento y el imaginario personal en el que la experimentación con los lenguajes estéticos y audiovisuales del presente y el cruce de disciplinas es lo que hay y lo que está produciendo las visiones del porvenir.

En nuestro país cada montaje bien realizado es un acto de resistencia, de manera que quien ha resistido 20 años utilizando el teatro como una pinza para atrapar la realidad y transformarla en ficción, merece el premio mayor de todo cómico serio; la atención del público.

EL TIEMPO PASA

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El tiempo pasa y los hombres nos volvemos polvo: Armando Partida, Roberto Servín, Francisco Beverido, tres destacadas personalidades del teatro que ya hicieron mutis de una vida que abarca más de la mitad del siglo XX hasta nuestros días porque Partida nació en 1937, Servín en 1941 y Beverido en 1949.

Coincidencia o destino, los tres hicieron sus carreras a la vera de las universidades de México, Querétaro y Veracruz, respectivamente.

Cuando la crítica de teatro estaba más cerca de la farándula que de la academia, Armando Partida llegó de la Unión Soviética con el rigor necesario para convertir el análisis del texto y la puesta en escena en una tarea del conocimiento, aunque como dijo Braulio Peralta, uno de sus alumnos en la UNAM, sus clases eran tediosas. No tenía el don de la retórica, pero si el rigor del estudio y la serenidad de un maestro zen.

Compartí butaca muchos años con él en la ciudad de México y las Muestras Nacionales de Teatro, así que fui testigo de cómo la sordera lo fue tirando hacia el silencio interno porque se negaba a usar aparato auditivo por coqueto, decía su gran amigo Enrique Mijares. Sin gozar realmente de su amistad porque de algún modo yo era su antípoda como persona y como crítico, abrevé en su saber sobre el teatro y la cultura rusa en general. Recuerdo una cena en San Luis Potosí en donde le pregunté qué era leer Crimen y Castigo de Dostoievski en su idioma original. Se quedó absorto, dejó los cubiertos en la mesa, trató de decir algo, no pudo y tuvo que secar la humedad de sus ojos con la servilleta.

Roberto Servín fue una referencia para mí desde los años 70 en que comencé a frecuentar la ciudad de Querétaro como reportero de cultura. Como uno de los fundadores del histórico colectivo Cómicos de la legua en 1959, pensé que era una fuente directa del episodio en el que “el jefe Diego” (Fernández de Ceballos), azotó con un fuete al poeta y rector de la UAQ, Hugo Gutierrez Vega, así que en la primera ocasión que tuve le pregunté cómo fue la agresión, pero sólo respondió que fue una discusión muy acalorada y se salió del tema. Por algo era un destacado abogado de aquella sociedad que aún tenía retratos de Maximiliano en la sala.

Los cómicos de la legua fue la simiente de la visión liberal, más tolerante y jocosa que hizo del teatro universitario en centro de reunión de los conspiradores del porvenir en el sentido de que el pensamiento progresista se dejaba ver en su repertorio. Servín fue maestro de varias generaciones de cómicos y su paso por el teatro y la vida dejó una huella que se refleja en las sentidas condolencias que provocó su muerte.

Conocí a Francisco Beverido en Xalapa como el joven apuesto, brillante y apasionado del teatro en los años 80. Lo primero que me llamó la atención fue su biblioteca en la que había ensayos, historia, literatura y teatro, porque la ciencia le llegó directamente de su padre, el arqueólogo Francisco Beverido Pereau, reconocido por la elite cultural que vivía en la coda de aquella Atenas cultural de los años 50. La familia Beverido Duhalt que yo conocí era hermosa de aspecto, inteligente en la plática, generosa en la mesa y tenía sentido del humor.

Cordobés de nacimiento, Paco montó su primera obra (el Periquillo Sarniento) a los 14 años y desde ahí no soltó el teatro en el que fue autor, actor, director, docente, investigador y documentalista, actividad que guarda su propia memoria en el centro de documentación Candileja, que abrió en Xalapa en 1995 con el actor Jorge Castillo y el fotógrafo Luis Marín. Por varios años aquel espacio sumido en el Callejón del Diamante fue el centro de la tertulia teatral de la capital veracruzana. Pero como a las palabras se las lleva el viento desde 1979 Beverido había rescatado una bodega en descuido de la Universidad Veracruzana para montar La Caja, espacio teatral que fue un desahogo para la generación de su fundador, que ahí pudo experimentar la sensación del espacio y el tiempo de la creación. Por cierto, 46 años después de su inauguración La Caja es un referente del teatro veracruzano.

No tengo claro a qué edad aquel joven tan atractivo por su físico, su intelecto y su creatividad comenzó su lucha con el ángel de una manera tan solitaria e introvertida que lo fue consumiendo por dentro lenta pero inexorablemente. Cuando lo volví a ver ya era un señor tocado por el dolor físico de una pierna que lo obligaba al bastón que sería de ahí en adelante su santo y su seña. Cojeando fue a recoger los reconocimientos que sus paisanos le brindaron por una vida dedicada al teatro y a la formación de la gente de teatro. Cojeando por fin se puso las camisas floridas que había guardado en el closet (él, que se vistió de negro por años), lo que me hizo pensar que finalmente se había reconciliado consigo mismo.

Sin duda es gracias a gente de teatro como Partida, Servín y Paco Beverido que pese a todos los obstáculos el teatro en México no deja de sorprendernos, de deslumbrarnos, de permitir que la lucha con el ángel no sea una batalla en solitario, como la de Paco.

EL PODER DEL ESCRITORIO

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En México hay muy poco dinero para la cultura, pero bastante para el aparato burocrático a pesar de que este año la Secretaría Federal del ramo recibirá 4 mil millones menos que el año pasado. Acaso esa sea la razón por la que esa dependencia ha redefinido su reglamento interior pasando de 16 a 12 unidades administrativas y creando nuevas nomenclaturas como la Dirección General de Sistema de Apoyo a la Creación Cultural, que anteriormente era el FONCA.

La intención de esta nota no es evaluar el nuevo organigrama de la burocracia cultural sino señalar que de los 12 mil 700 millones de pesos que tendrá este año la SFC sólo entre el cinco y siete por ciento será para apoyará directamente la producción artística. Todas las convocatorias oficiales para recibir algún beneficio económico exponen el desequilibrio entre el gasto administrativo y la inversión creativa, que es la razón de ser de la burocracia cultural. Verbigracia: mil 300 colectivos de teatro compiten para el programa IMSS-INBA y sólo cien recibirán el apoyo, mientras todos los administrativos del Instituto siguen cobrando sus quincenas.

En diversos países de Europa entendieron que el aparato cultural del estado debe ser sólo un núcleo administrativo y no, como en México, un gigante con pies de barro que se traga el 90 por ciento del presupuesto para mantener a los 25 mil empleados que de una manera u otra laboran en sus actividades. Cierto que en países como Francia, Alemania, Inglaterra, España, las provincias tienen su propio núcleo administrativo y su propio presupuesto. Se dirá que en México también, pero allá la burocracia cultural gasta entre el 35 y 40 por ciento de sus ingresos, acá el 90. Por eso la ventanilla para los apoyos a la invención artística tiene un letrero permanente: no hay dinero.

Por falta de fondos se han terminado programas emblemáticos que cumplían el ciclo virtuoso de la cultura: preparación-invención artística-socialización y formación de nuevos públicos, como lo hizo el teatro escolar. Ante dicho panorama hay que celebrar que la Muestra Nacional de Teatro cumple 45 años y se hace este otoño en el municipio Benito Juárez de Quintana Roo, mejor conocido como Cancún.

En Acapulco supimos lo difícil que es hacer teatro en centros vacacionales con playa y antros al por mayor; se requieren mártires que naden contra la corriente como los autores, directores y comediantes que hicieron el pie de cría de un teatro que tuvo momentos estelares que nuevas generaciones sostuvieron pese a todo. El año pasado La Paz fue la sede de la MNT porque la directora del Teatro de la Ciudad, Aletse Toledo es una mujer de teatro de larga data, no porque el movimiento teatral de la Baja California Sur sea sobresaliente. Creo que la perseverancia y creatividad de gente como Saúl Enríquez tiene mucho que ver con que el Instituto de la cultura y las artes de Benito Juárez comparta con el INBAL la organización del festejo al que acudirán 22 producciones de 16 estados, como un muestrario del teatro de las nuevas generaciones y las diversas maneras de ficcionar su realidad.

En sus orígenes la MNT fue una revelación para los artistas de los estados que hallaron en esas reuniones la forma y el fondo para renovar su formación, su inventiva y su repertorio.  En esos años ir a la Muestra le daba los provincianos un estatus nacional que ayudó a crear colectivos que hicieron historia en diversos puntos del país. En la era previrtual la Muestra fue el escenario para presenciar los avances de la dramática y el montaje en diversas direcciones. Con el internet ya no cumple esa función, pero sigue siendo el lugar en el que se puede tener un panorama parcial de lo que están haciendo los nuevos comediantes, y la ocasión en donde llamarla comunidad no es un eufemismo.

Hace unos años el INBAL tenía seis millones de pesos para la MNT y la sede debía poner otro tanto en infraestructura, alojamiento, trasporte y alimentación. Supongo que hoy la inversión es más alta, pero, aunque llegara a 10 millones por cada parte sería un gasto menor para los beneficios que logra como uno de los pocos programas institucionales a nivel nacional. A lo que voy es que, si se empleara el 20 por ciento del presupuesto del INBAL en apoyo directo a la producción artística, esta florecería más y mejor porque buena parte de sus integrantes podría comer tres veces al día. Aunque la realidad es que la burocracia que etimológicamente significa el poder de la oficina o del escritorio, es la que tiene los beneficios sociales que no tienen los artistas, y la que determina el rumbo de la cultura institucional. Así las cosas, hay que imitar a los oaxaqueños que hace unos días corrieron a gritos y objetos diversos a los funcionarios que tenían una zona VIP en un concierto para el que miles de mujeres y hombres de a pie hicieron cola por horas. Como dicen en Sonora; Ta buenos que sean cochis, pero no trompudos.

 

PRIMERO FUE EL TEATRO

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En la cultura grecolatina que adoptamos en su versión castellana primero fueron Esquilo, Sófocles, Eurípides y luego Platón y Aristóteles. Hay aproximadamente 71 años de diferencia entre la primera representación de La Orestiada, de Esquilo (458 a.c.) y la fundación de La Academia de Platón (387 de esa era) y 123 estaciones del mismo periodo para la apertura del Liceo de su alumno más destacado; Aristóteles. Por lo tanto, primero fue el teatro luego la reflexión sobre esa poética en la que el Corpus Aristotelicum dominó la escena por siglos con todo y que nunca existió un solo documento original del estagirita sino lecturas de otras lecturas. De ahí que hasta los estudiosos de hoy pueden ser aristotélicos.

La mención viene a cuento porque el mes de julio de 1981 José Solé, el caballero del teatro, abrió en la ciudad de México el Centro de Investigación Teatral Rodolfo Usigli, del INBAL, que luego de sus modestos inicios y diversas peripecias cumple desde hace algunos sexenios su misión de investigar y documentar la historia del teatro en México. Ahí está parte de la memoria de la aventura mexicana de hacer teatro. La investigación abarca autores, directores, actores, revistas y movimientos visibles e invisibles de nuestro devenir dramático y escénico. La documentación incluye textos, crítica, programas de mano, carteles, exposiciones, fotografías, videos, y testimonios de diversas fuentes.

Aunque es oportuno preguntar cuál es la concurrencia entre los trabajos del CITRU y la gente de teatro. Cuántos autores, directores, actores, escenógrafos, vestuaristas, técnicos y amantes del teatro consultan el acervo de la institución, y qué orienta y determina el trabajo del Centro, más allá de la retórica liminal con la que presenta su labor públicamente. En otras palabras, cómo aprovechan los comediantes el trabajo de la academia y de qué modo la academia contribuye a la invención dramática.

El tema es largo y hondo y el espacio es breve así que mejor recordar que también en julio, pero de 1946, se fundó la Escuela Nacional de Teatro del INBAL y por lo tanto este mes cumple 79 veranos de formar farsantes, de manera que si pasamos lista veremos que un buen porcentaje de las actrices y actores que hicieron el teatro, el cine y la televisión del siglo XX salieron de sus aulas, y de ese porcentaje por lo menos la mitad fueron de las provincias porque en sus ranchos no había escuelas para tal fin.

Son muchas las peripecias por las que ha pasado la ENAT unas buenas, otras excelentes y algunas malas, como el abuso de autoridad en la que se fundamentó la enseñanza del arte de hacer tragedia, comedia y bululú en México y Nueva York, pues lo mismo en los salones del Centro Cultural del Bosque que en los del Actor’s Studio el director era el tirano de los ensayos. Hasta que llegó el Me Too y los tendederos feministas que colgaron la imagen de culpables e inocentes porque la rabia acumulada es como los ríos que se desbordan y arrasan con hombres, mujeres, niños, perros y gatos. Por cierto, el INBAL no ha dicho esta boca es mía con las denuncias de abuso y acoso que destruyeron la vida profesional de los denunciados y con la vida a secas de un hombre de bien como fue el maestro ruso Anatoli Lokachtchouk.

Igual en julio cumple 25 años el Festival Nacional de la Joven Dramaturgia que fundaron Luis Enrique Gutierrez Ortiz Monasterio, Edgar Chías y Manuel Naredo en la ciudad de Querétaro en año 2003. Precisamente este sábado cierra telón en el Museo de la Ciudad luego de otra ronda de obras, talleres, mesas cuadradas, conversatorios, desmontajes y despapayes. A propósito, este año una de las primeras alumnas de Legom, Ana Lucía Ramírez, ganó este año el Premio Manuel Herrera, y su comadre Patricia Estrada sigue dirigiendo el FNJD, de modo que de una manera muy curiosa su mentor sigue presente en la ciudad donde comenzó a ser LEGOM.

Y para terminar con los festejos teatrales del mes de julio, les aviso que hay mil 200 cómicos en México algo desencajados porque ya se anunciaron los ganadores de la convocatoria IMSS y el INBAL para revivir de nuevo a los teatros del Seguro Social, y sólo fueron seleccionados 100 grupos de los 1,300 que metieron solicitud. En Guadalajara, el veterano director Fausto Ramírez ironizó el haber sido uno de los elegidos diciendo; “Ya somos los mismos de siempre”, y sí, de los que siempre han trabajado con ahínco por el teatro y destacan por lo mismo en este tipo de convocatorias. Con resignación pachuqueña mi paisano Carlos Cortés señala en FB que el 27 por cinto de los elegidos son de la ciudad de México de manera que el centralismo sigue siendo el eje de la República del Teatro. De nueva cuenta, la realidad económica pone sobre el escenario las dos caras del teatro en las que unos ríen y otros lloran.

El kitsch totalitario

By Rutas literarias, Sobre 2 ruedasNo Comments
En una sociedad en la que coexisten diversas corrientes políticas
y en la que sus influencias se limitan o se eliminan mutuamente,
el individuo puede conservar sus peculiaridades y el artista
puede crear obras inesperadas.
Pero allí donde un solo movimiento político tiene todo el poder,
nos encontramos de pronto en el imperio del kitsch totalitario.
Milan Kundera

Hay libros que te alcanzan en el momento más inesperado, digamos 40 años después de que leíste la primera edición en español de La insoportable levedad del ser, de Milan Kundera en editorial TusQuets. En el momento y el lugar más insólito como puede ser la oficina de una empresa subsidiaria de las farmacias del doctor Simi en la ciudad de Cuernavaca.

En un estante de aquel espacio en el que apoyaba a una famosa terapeuta Gestal jugando al teatro con 80 empleadas de Farmacias Similares, ya había encontrado y releído de una sentada El coronel no tiene quien le escriba, del Nobel colombiano, y cuando regresé el delgado volumen a su lugar note un libro con pasta azul en el que una mujer desnuda y decapitada flota en un sueño acuático. Era la reimpresión número 34 de la narración del escritor checo que destaca en un recuadro de la portada el millón de ejemplares vendidos hasta el 2019.

Esta vez el texto de la contraportada tiene razón al describir la novela como una extraordinaria historia de amor que abrió un nuevo cauce en la literatura europea, particularmente en los países que estuvieron bajo el dominio de la Unión Soviética. Quien escribe había pasado en los años 70 una extraordinaria experiencia en la ciudad de Praga y en dos pueblos muy pequeños de la campiña Checa, en donde a señas pasamos un amigo y yo dos veladas inolvidables porque tanto nuestros anfitriones como nosotros nos divertimos genuinamente sin entender una sola frase completa entre unos y otros. Aunque el recibimiento que nos dieron fue primero de rechazo, hasta ver en nuestros pasaportes que éramos mexicanos y entonces fue como si hubiéramos llegado de otro planeta. Al leer por primera vez la ficción realista de Kundera en los 80 entendí que el aislamiento de la población rural en los países de Europa del Este era tan brutal, a su manera, como el de los pueblos indígenas de mi país.

En Praga pasó todo lo contrario. En una cervecería del centro histórico antes de terminar la primera pinta estábamos rodeados por estudiantes que se morían por tocar nuestros pantalones vaqueros. Ninguno de ellos hablaba inglés, pero entre varios articularon el deseo de ver la marca de los pantalones, y cuando vieron Levy Strauss & Com., lanzaron una hurra con sus cervezas, y alguna de ellas derramó su espuma en el libro que llevaba yo a todas partes, y ahí comenzó la conmoción porque era, One-Dimensional Man, de Herbert Marcuse. Lo primero que hicieron fue tapar el libro con un periódico, lo segundo indagar quién hablaba inglés en el maravilloso salón en el que, ahora puedo imaginar, se curaban la resaca de la Primavera de Praga que terminó con la invasión de Checoslovaquia por la URSS.

Y llegó Agñezca, una joven delgada con grandes gafas y enormes pechos que platicó primero con el chavo que tapaba el libro, y luego preguntó de quien era el volumen, dije que mío, y fue a mí a quién le preguntó qué quería yo por él, respondí que nada porque lo estaba leyendo y eso quería seguir haciendo. Luego de hablar con el mismo tipo que tapaba el libro, Agñezca tomó mi mano izquierda y la puso entre las suyas para decirme: “es un libro muy importante para nosotros”. Gracias a Kundera puedo recomponer esa escena tan lejana en el tiempo paso por paso, pues al releer su novela aquel primer viaje a los países socialistas tomó otro sentido.

En Nueva York, donde comencé a leer a Marcuse, El hombre unidimensional era un libro de agitación intelectual entre los estudiantes latinoamericanos, en Praga era un acto de resistencia. Sería la deliciosa y potente cerveza oscura de Praga, o los besos de Agñezca, o el presentimiento de que un escritor checo me explicaría 15 años más tarde la insoportable levedad del amor, pero les dejé el libro.

EL KITSCH

 En el capítulo número 8 de la sexta parte de La insoportable levedad del ser, titulada, La gran marcha, Kundera parte de la muerte del hijo de Stalin electrificado en la valla de un campo alemán para prisioneros, para disertar sobre la incompatibilidad de la mierda y Dios, recordando que de niño conoció a Dios Padre por un grabado de Doré y al ver que el creador de todas las cosas, incluyendo al ser humano, tenía boca, dedujo que debía comer y si comía tendría intestinos que convertirían el alimento en mierda. Esta deducción lo puso ante la siguiente disyuntiva:

  • “Una de dos: o el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios y entonces Dios tiene tripas, o Dios no tiene tripas y entonces el hombre no se le parece” (1).

Kundera cuenta que Valentín, un maestro de la Gnosis del siglo II, procuró resolver el problema afirmando que Jesús comía y bebía, pero no defecaba, convirtiendo el problema de la mierda en una cuestión teológica más compleja que el mal (en palabras de Kundera), porque Dios le dio al hombre libre albedrio y por tal no se le puede culpar de los crímenes de su criatura, pero el único responsable de la mierda es aquel que creo al hombre, remata el escritor checo, para concluir de la siguiente manera:

  • “En el trasfondo de toda fe, religiosa o política, está el primer capítulo del Génesis, del que se desprende que el ser es bueno y que, por lo tanto, es correcto multiplicarse. A esta fe la denominamos acuerdo categórico con el ser…
  • “De eso se desprende que el ideal estético del acuerdo categórico con el ser es un mundo en el que la mierda es negada y todos se comportan como si no existiese. Este ideal estético se llama kitsch
  • “el kitsch es la negación absoluta de la mierda, en sentido literal y figurado: el kitsch elimina de su punto de vista todo lo que en la existencia es esencialmente inaceptable” (2).

Solo puedo lamentar no haber leído a Kundera entre 1979 y 1984 que fueron los años que visité como critico de teatro los países balcánicos que aun se agrupaban en la Yugoslavia de Tito, y como reportero Polonia, Alemana Oriental, Estonia y Lituania, porque habría visto con mayor claridad el trasfondo de aquellas sociedades socialistas en las que para forjar al hombre nuevo se habían jodido al modelo anterior porque en la sociedad sin clases había dos clases de ciudadanos: los miembros de la nomenclatura policiaca y política y los demás. Entre los artistas e intelectuales que frecuente en esos viajes persistía el idealismo comunista que Kundera describe en su libro como una corazonada en la que el sentimiento supera a la razón, de manera que la gran marcha de las izquierdas del mundo hacia la felicidad pertenece al reino del kitsch en donde impera la dictadura del corazón.

EL KITSCH TOTALITARIO

 “,,, Cuando digo (kitsch) totalitario quiero decir que todo lo que perturba al kitsch queda excluido de la vida: cualquier manifestación de individualismo (porque toda diferenciación es un escupitajo a la cara de la sonriente fraternidad), cualquier duda (porque el que empieza dudando de pequeñeces termina dudando de la vida como tal), la ironía (porque en el reino del kitsch hay que tomárselo todo en serio) y hasta la madre que abandona a su familia o el hombre que prefiere a los hombres y no a las mujeres y pone así en peligro la consigna sagrada >>amaos y multiplicaos>>. (3).

“En el imperio del kitsch totalitario las respuestas están dadas de antemano y eliminan la posibilidad de cualquier pregunta. De ello se desprende que el verdadero enemigo del kitsch totalitario es el hombre que pregunta…” (4).

¿Cómo un libro escrito hace medio siglo en medio de la desesperanza que provocó la invasión soviética a Checoslovaquia en 1968 nos puede esclarecer el presente mexicano? Observando la forma en que el gobierno de un caudillo con fachada feminista busca la unanimidad de la vida pública, de manera que cualquier cuestionamiento a su política reduccionista es castigado según la nueva ley de los nuevos jueces del régimen morenista.

Lo perverso del totalitarismo de cualquier color político es que castiga a sus opositores con todo el peso de la ley porque ese estatuto jurídico esta hecho a su medida. De ahí que en Venezuela Maduro puede jurar ante el pueblo que fue electo por el pueblo porque así lo dictaminaron las instancias legales correspondientes. Bajo ese modelo no importa que el nuevo poder judicial haya sido “elegido” por un ridículo porcentaje de ciudadanos, lo importante es que se hizo la elección más enrevesada de la historia reciente y las instancias calificadoras la dieron por buena. Ahí comienza otro rasgo del kitsch totalitario: sólo es real lo que yo digo, el resto es falso.

En la Polonia gobernada por el general Wojciech Jaruzelski comía opíparamente en los elegantes restaurantes de la Nomenclatura del Partido Obrero Unificado Polaco, pero cenaba frugalmente en las cantinas frecuentadas por artistas y disidentes. Como nos mostró el levantamiento de los trabajadores en el astillero de Gdansk que llevó a Lech Walesa al poder, la realidad estaba en las cantinas y la irrealidad en la nomenclatura. La bronca está en que aquí el pueblo bueno y paupérrimo no moverá un dedo mientas las finanzas públicas resistan el déficit monumental que en breve será insostenible porque a la dádiva con sombrero ajeno hay que agregar la presión de las pensiones y las deudas billonarias de las empresas públicas, incluyendo las desastrosas inversiones del señor de Macuspana. Hago votos para que las nuevas generaciones no tengan que esperar medio siglo para entender que había que decir NO hoy, no mañana.

(1 apartado 3 pág. 257-58)
(2 aparado 5 pág. 260)
(3 apartado 9 pág.264)
(4 apartado 11 pág. 266)

POLVO DE AQUELLOS LODOS

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Sin el pasado el presente no es un pasaje para el futuro porque ignora su porvenir, en la medida en que desconoce su origen. En los años fundacionales de las instituciones culturales el apoyo que recibían los conjuntos de música danza y teatro se limitaba a los salones de ensayo del Palacio de Bellas Artes. Figuras del tamaño de Waldeen y Seki Sano formaron ahí a los primeros bailarines actrices y actores de la vanguardia artística del siglo XX mexicano.

La Orquesta Sinfónica Nacional fue la primera agrupación musical cobijada por el presupuesto gubernamental porque sus antecedentes vienen del siglo XIX, y en virtud de que en 1928 Carlos Chávez había sido su conductor, de manera que cuando fue nombrado en 1946 el primer funcionario del Instituto Nacional de Bellas Artes y Letras, lo primero que hizo fue sacarle al presidente Miguel Alemán el decreto de su institucionalización en 1949. Guillermina Bravo ya había conformado en 1948 el Ballet Nacional de México, a partir de la Academia de la Danza que ella dirigió para el INBAL, pero el Ballet no estuvo en la nomenclatura del instituto hasta muchos años después.

Como el teatro era cosa de cómicos y bataclanas para la sociedad imperante, la Compañía Nacional de Teatro alcanzó la bendición institucional hasta el 20 de julio de 1977 por iniciativa de Héctor Azar y José Solé, ambos admiradores incondicionales de La Comédie-Francaise, fundada por el rey Luis XIV en 1680. La distancia temporal de ambas iniciativas marca también la distancia en todo lo demás, comenzando por el presupuesto de una y otra.

Con todo, fue la primera vez en México que un grupo de actores tuvo cobijo oficial para hacer teatro, y lo hicieron bajo la influencia de la tradición española con escapadas al teatro en lengua inglesa, gracias a los autores y directores que formaron su repertorio, donde no faltó un Ionesco y alguna otra extravagancia europea. En ese contexto, la primera CNT cumplió con la misión de darle a la alta y pequeña burguesía de la ciudad de México la sensación de ser espectadores del “gran teatro del mundo”.

En el 2008 llegó a dirigir la CNT el inefable Luis de Tavira quien estuvo ahí hasta el 2016 cuando las protestas por su nepotismo y cacicazgo le cedieron el lugar a Enrique Singer, quien comenzó una restructuración que dejó en el puesto a la primera mujer en los casi 50 años de su existencia: Aurora Cano. En una reciente entrevista con Juan Carlos Talavera y como preludio por los 48 años que cumplirá la CNT en julio próximo, su directora detalló que ese cuerpo artístico está conformado por 57 miembros entre quienes destacan 12 actores de número o vitalicios porque estarán ahí hasta su fallecimiento.

En la categoría A sólo puede haber comediantes con 30 años de trayectoria y 40 mil pesos mensuales de salario. En el inciso B están las actrices y actores con 20 años de experiencia y 35 mil pesos por mes. En el cajón C histriones con 10 años de tablas y 30 mil pesos de sueldo, y en el D los jóvenes que están sobresaliendo en su oficio con 25 mil pesos de nómina. También hay tres músicos con el mismo salario.

Cada dos años hay concurso para renovar el elenco y cuenta la Cano que el año pasado se recibieron 500 solicitudes y fueron seleccionados solo 12 ejecutantes, intérpretes, o creadores de personaje; cómicos pues, pero de lujo porque viven de su trabajo.

En Francia rara vez se discute la pertinencia de la Comedia Francesa porque ya es un patrimonio cultural de esa nación y en razón de que hay muchas compañías subvencionadas por las finanzas públicas y privadas. Por el contrario, en México han tenido una vida muy corta los intentos de formar compañías estatales y municipales porque aquí se hacen las cosas por sexenios y sólo en el papel existe una política cultural que nunca pasa en limpio a la realidad. En esas condiciones resulta un privilegio tener un sueldo seguro para hacer teatro, aunque esa prerrogativa merezca el escrutinio público precisamente por ser la excepción de la regla de un país en el que un elevado numero de comediantes viven de todo, menos del teatro. Hay que tomarlo en cuenta, digo yo.

SUEÑO AZTECA

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El mundo está dando pasos firmes hacia un conflicto nuclear y en nuestro país se encarcelan periodistas por decir lo evidente, como en Campeche, o desde el poder ejecutivo se busca imponer una ley que castiga con prisión de hasta tres años a quien ose escribir en las redes sociales algo ofensivo sobre la autoridad en todos sus niveles, como en Puebla.

En estos momentos álgidos de la historia uno se pregunta con los filósofos existencialistas qué sentido tiene la creación artística cuando el horror de la guerra, la violencia y el autoritarismo forman parte de nuestra cotidianidad. En su libro, ¿Qué es la literatura?, publicado en 1947. Jean Paul Sartre hace una división entre prosa y poesía para decir que la prosa es una herramienta ética cuya utilidad consiste en ser el medio para obtener un fin. La palabra es el medio, el fin es la libertad. Así nace el escritor comprometido políticamente -en el sentido original de la palabra- con el lugar y el tiempo que le tocó vivir.

Tanto Sartre como Albert Camus utilizaron el teatro como el medio para para divulgar su filosofía que en el caso de Camus era la del hombre rebelde y la de Sartre la del escritor comprometido. Ambos sostenían que el escritor tiene una responsabilidad moral que se resume en la búsqueda de la libertad individual y colectiva. Mucho se ha discutido sobre el compromiso del artista cuyo fin justifica los medios, porque fue precisamente ese apotegma el que provocó los campos de concentración del nazismo y el socialismo de Stalin, que no fue otro que el terror.

Mejor recordemos que el trauma de la segunda guerra mundial dio lugar al teatro del absurdo y al teatro existencialista. En esa medida, ¿qué teatro le corresponde a nuestros días huracanados por la naturaleza en sí y por la naturaleza humana? Está claro que para tomar las calles como lo hizo al inicio del siglo XX el “teatro de agitación” de Max Reinhart, ahora hay que asaltar primero las plataformas digitales, para desde ahí provocar la acción artística que nos ayude a encontrarle un sentido al sinsentido de nuestro tiempo.

En esta línea de pensamiento, ¿cómo hablar del aquí y ahora sin recurrir al panfleto o al teatro periodístico que solo hace eco de la realidad porque su formato no le alcanza para penetrarla? Los clásicos siempre han sido un recurso dramático para hablar del presente en pasado, pero no es hora de alegorías y metáforas. Está la sátira cuyo efecto por inmediato se evapora a la salida del teatro. Leyendo el libro de Rodolfo Obregón sobre las practicas documentales de la escena mexicana se me ocurre que se puede hacer un recuento vivo del día con día en los espacios independientes del país, no a la manera de los noticieros que muestran los hechos sino a la manera del teatro, transformándolos en materia plástica, contándolos con el cuerpo, resumiéndolos con el movimiento, la imagen, la contundencia de la presencia humana.

En otro momento álgido del país se hizo a finales del siglo pasado un ciclo de textos emergentes en la Casa del Teatro de la ciudad de México, en el que conocidos autores se ocuparon del tema que inquietaba a esa comunidad. Pero son otros tiempos y otros los medios que hay para provocar la reflexión del prójimo, aunque no esté próximo. Tantos grupos no oficiales parados por falta de trabajo podrían ocupar ese desempleo en imaginar formatos para la escena que documenten cómo seguimos viviendo con el horror en el espejo pensando que eso sucede del otro lado del cristal, aunque cada día esa violencia soterrada está más cerca de todos.

Consciente de que divago le pido a mi editor que esta vez el fondo musical de mi editorial sea la canción de Chava Flores sobre cómo sueña un mexicano.

Es cultura, Dispara!

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De nuevo, alguien remedó entre nosotros el dicho de Joseph Goebbels, ministro de propaganda de Hitler, quien dijo: “Cuando escucho la palabra cultura saco la pistola”.

El pasado 30 de mayo la policía de la ciudad de México, la guardia nacional y el ejército sitiaron el Foro Cultural Alicia, espacio emblemático de la cultura marginal y la contracultura, para desalojar al público que disfrutaba pacíficamente del concierto del artista vasco, Fermín Muguraza, alegando faltas administrativas y exceso de espectadores. Acusaciones falsas, por supuesto.

No entro en detalles del atropello porque la noticia ha corrido como pólvora en los medios tradicionales y en las redes sociales y quien quiera puede consultarlos. Mejor resumo que en esta ocasión las altas autoridades femeninas de la ciudad de México, la secretaria de gobernación y la presidenta del país, no estuvieron de acuerdo con la acción policiaca y ordenaron una investigación. Ana Francis More, Clara Brugada, Isela Rodríguez y Claudia Sheimbaum lamentaron el abuso de autoridad que padecen los foros independientes desde la ley. Dicho así porque en la mayor parte del país estos espacios no oficiales son medidos administrativamente con la misma vara que los antros.

Paradójicamente, el Foro Alicia, fundado en 1995 por Ignacio Pineda, como “un laboratorio de culturas subterráneas, fue reconocido el año pasado como un espacio cultural e independiente en la ciudad de México. No fue sencillo tener dicho estatus porque incluso el Foro cerró sus puertas en el 2023 en su primera sede en la delegación Cuauhtémoc, en la colonia Roma, pero en una zona marginal en donde ya estaba la famosa pulquería, La hija de los apaches.

Naturalmente el nombre del Foro viene de la novela de Lewis Carroll, pero también de una radio autogestora italiana de los años sesenta, porque desde su fundación el propósito era alentar la imaginación alternativa y los sueños imposibles, y se cumplió la tarea porque ahí se dieron a conocer innumerables grupos de rock y música contra corriente como el ska y el surf. Ahí se dieron talleres, conferencias, performances, lecturas de poesía, exhibición de documentales, incluso teatro para la infancia y todo tipo de manifestaciones contraculturales, nacionales y extranjeras. Fue singular el apoyo que le dieron al Ejercito Zapatista de Liberación Nacional y la fama de sus carteles ya va para la leyenda.

Por todo ello sufrieron constantes represalias de las autoridades, pero se mantuvieron firmes en su propósito de ofrecer un espacio para quienes no tienen espacio. También participaron en la creación de la red de espacios culturales independientes y alternativos, y desde ahí en el reclamo de tener un marco jurídico en la Ley de Establecimientos Mercantiles. Esfuerzo que culminó cuando el congreso de la ciudad de México aprobó el mes de noviembre del 2020 la ley de Espacios Culturales Independientes de la ciudad de México.

Al respecto recuerdo que el actor y dramaturgo Antonio Zúñiga batalló lo suyo para conseguir esa ley e intervenir en la inclusión de diversos artículos que consideraran a los espacios independientes como espacios de gestión y vinculación comunitaria. Algo semejante hizo Ángel Norzagaray en Baja California cuando fue funcionario cultural, logrando que el gobernador en turno cambiara el porcentaje que debían pagar los teatros y grupos independientes al erario municipal, pero aquel decreto fue transitorio y no quedó como una ley permanente.

El atropello al Foro Alicia nos recuerda que en los estados hay mucho que hacer para que las autoridades correspondientes entiendan que la cultura es un bien común que requiere de una reglamentación acorde con su labor, que está lejos de ser un negocio lucrativo. Todo lo contrario. Mantener un espacio cultural alternativo requiere coraje, paciencia y mucho trabajo gratuito. Pero no hay que tirar la toalla porque como lo demuestra el Foro Alicia, sólo perseverando en lo posible se logra lo imposible.

Y no quiero terminar esta nota, sin hacer una frase para nuestro querido Virgilio Leos, un actor sobresaliente, hombre de bien, con quien compartí dos años como parte de los foros que hacíamos para que la Muestra Nacional fuera realmente Nacional. Allí conocí su calidad artistica y sobre todo su calidad humana. Un gran abrazo para él.

 

 

EL CÓDICE

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Sólo un intenso deseo de trascender la vida te puede llevar en busca de una manera de hacerlo. Los santos del medioevo europeo anhelaban con tanto ardor alcanzar la gracia divina que morían consumidos por su anhelo. El esoterismo de todos los tiempos se basa en aquello que puede darnos las llaves del porvenir, pero se encuentra oculto en el Misterio. Hallar la entrada a ese laberinto fue la meta de la cofradía de Elvira a partir de 1997, una fecha propicia para entrar al interior de la Pirámide de Cholula, de acuerdo con un códice del período tolteca chichimeca que se halló en la casa de los abuelos de Elvira cuando hicieron el pozo nuevo. Hasta fechas muy recientes en San Andrés Cholula no había sistema de agua corriente porque cada casa tenía su pozo. Sobre todo, en la zona aledaña a la gran pirámide se desenterraron huesos, ofrendas, ollas y figuras de barro, puntas de flecha, puñales de pedernal, y el códice de Elvira, como lo llamaré en adelante.

Elvira se graduó como antropóloga en la Escuela Nacional de Antropología e Historia en 1990, pero en lugar de politizarse como buena parte de sus compañeros, se metió de lleno al estudio de los diversos periodos del milenario asentamiento Choluteca. Yo caí rendido a sus pies la primera vez que la vi exponer la historia de Cholula en un coloquio de historiadores efectuado en la Casa de la Cultura de la ciudad de Puebla, que, por la recta, quedaba entonces a 15 minutos de San Andrés. Cuando me dio la invitación en el circuito de caminantes de la pirámide, me gustó que no dijese una palabra al respecto, me dio el folleto, me sonrió con los ojos y me dio la espalda, esta vez ya con el pantalón ajustado.

Llegué al coloquio justo cuando le estaban cediendo la palabra, y en los 45 minutos que le dieron para desarrollar su tema me sumergí sin ningún esfuerzo en el nacimiento, el esplendor, la decadencia y el resurgimiento de una ciudad fantástica que era el mayor centro religioso del actual valle Puebla-Tlaxcala, y en la evolución de una cultura de raíz olmeca Xicalancas que decayó cuando sus aliados teotihuacanos abandonaron la ciudad de los dioses en el siglo VII. Los toltecas dominaron la zona al final del primer milenio de la era cristiana e hicieron del templo de su dios, Quetzalcóatl, el nuevo centro ceremonial del valle, justo a los pies del coloso que algún día cubrirá de fuego la vanidad humana; el volcán Popocatépetl, el mismo que vi la tarde con la que comenzó esta inusual crónica sobre el pensamiento mágico.

En la vida diaria Elvira era una mujer a la defensiva. No le faltaban razones. Fue una batalla convencer al padre que irse a estudiar antropología a la ciudad de México no la hacía potencialmente una mujer pública. En los 80 ya habían estudiado en la ENAH algunos indígenas de diversas etnias, y el tupido personal de izquierda que había entre los maestros, el estudiantado y los trabajadores de la Escuela, los favorecía con su paternalismo; pero ser morena, poblana y nalgona es otra cosa, que rima con el acoso de diversos tipos que sufrían las alumnas en general y las alumnas provincianas en particular. Ninguno de esos burlones sospechó nunca que Elvira estaba ahí por una misión que le fue encomendada el día que descubrieron el Códice Elvira en casa de sus abuelos.

Ella tendría 17 o 18 años y pasaba por el trance de decidir qué carrera estudiaría en la BUAP, y en ese momento estaba en blanco al respecto. Ese día se acercó al pozo para llevarle un agua de chía con limón a su abuelo, que estaba ahí, de guardia, desde que sus excavadores descubrieron una ollita de barro que se salvó del pico y la pala. El viejo era un devoto de los usos y costumbres de sus ancestros y sentía orgullo de ser Choluteca. Por lo tanto, ordenó a sus albañiles que cavaran con cuidado para ver si había más reliquias, provocando que la terminación del pozo se prolongara tres días más, para contento de los dos excavadores que ya estaban enamorados de la espalda baja de la jovencita que iba dos o tres veces al día a llevarle algo a su abuelo. Elvira me contó este episodio con rubor porque sucedió que ella traía faldita de colegiala y se ponía precisamente al borde del pozo para charlar con su abuelo. Se ruborizó porque también recordó que cuando se topaba en la calle con los dos jovencitos que le vieron las nalgas desde la estimulante perspectiva del Shot up del pozo, la miraban con veneración. No se traslucía en su mirada ninguna lascivia sino una reverencia sin límites.

El caso es que luego de la ollita de barro sólo encontraron los despojos de otros utensilios de cocina, más el último día de la instalación, cuando ya estaban cavando de nuevo a pico limpio, la pala topó con un envoltorio vegetal que al ser lavado y puesto a secar perdió su primera capa por el efecto del aire. El segundo embalaje cedió fácilmente a las manos del abuelo, como esas cebollas que se despellejan de inmediato. La tercera cubierta era más resistente pero la ansiedad del señor de la casa pudo con ella rápidamente gracias la navaja suiza, Victorinox, que siempre traía consigo. Todos estaban expectantes, pero cuenta Elvira que lo impresionante fue que de pronto su abuelo le dio la navaja a su nieta y le dijo, de una forma definitiva, contundente:

-Tú debes abrir este regalo.

Elvira quitó la última protección vegetal para descubrir un rollo de papel Amat envuelto en la fina piel que se desprende de las pencas del maguey, que, a la manera del papel adherente de la actualidad, protegió el códice que era perfectamente legible para alguien como Yuri Knórosov –el soldado ucraniano que descifró el código fonético de los mayas-, más no para una chamaca que no tenía idea de lo que deseaba estudiar en su vida. Lo asombroso, confiesa Elvira, es que en cuanto abrió aquel mensaje de los Tlacuilos toltecas (Tlacuilos: los que escriben pintando), dijo en voz alta:

-Yo quiero estudiar antropología.

El abuelo se extasió un momento con aquella corteza de árbol en la que sus antepasados dejaban testimonio de su paso por Cholula y le regresó el Códice a su nieta.

-Te dije que era un regalo para ti.

Cuando Elvira tuvo la preparación necesaria para leer al menos parte del mensaje, siguió guardando el secreto de su existencia porque lo primero que descifró fue que era un mensaje para ella, dibujado 700 años antes de su nacimiento.

Así comenzó el Misterio de la Pirámide.

EROS

 Al tiempo en que Elvira recibía el mensaje de sus ancestros, a finales de los 80, mi personaje estaba por encontrar otra vereda hacia lo desconocido: el erotismo. Fue el momento en el que mi profesión me permitió acceder a lugares muy privados donde la libertad sexual tenía tintes culturales, porque como preámbulo de la orgía se ofrecían cuadros artísticos muy locos. Era un secreto a voces que los montaba el ex niño malo del teatro mexicano, Juan José Gurrola, famoso por su exploración sexual en los escenarios de la capital, tanto en las obras en sí como en el cuerpo de las actrices. En los viejos y buenos burdeles capitalinos había un ambiente muy cachondo, según los testimonios directos de varios de sus participantes; el cine mexicano mostró la vulgaridad de los bajos fondos del placer, pero la censura le prohibía mostrar el franco desenfreno de los clientes y las putas en esos lupanares de lujo.

La diferencia entre aquellas mancebías en las que los señores iban a engañar a sus señoras era que, en la casa de Lomas de Chapultepec, iban con sus esposas. Bastaron 30 años para que las señoras de su casa se dieran cuenta que siendo putas en la cama dejarían de ser cornudas, porque entiendo que el intercambio de parejas no se considera una infidelidad puestos que ambos conyugues están de acuerdo en revolcarse con ajenos. La entrada era con pareja y solo se admitían a los tres jóvenes más buenos de la lista para suplir a los maridos que ya no podían fornicar a diestra y siniestra. Yo no era feo, pero nada que ver con los machos álficos que eran seleccionados por su físico. Entré porque vivía mis 15 minutos de fama como critico de teatro y dos señoras con influencias, que me leían en el unomásuno, me querían garlopear (Garlopa, instrumento que sirve para raspar la madera).

La cantina de la casa era excepcional, pero no había charolas con coca como en las películas gringas. La gente esnifaba en los baños porque la mayoría era alcohólica y la medida de su atrevimiento con las drogas era los Popper, esas cápsulas de nitrito de alquilo y nitrito de amilo que se tronaba en la nariz en el momento del orgasmo para sentir, no que te venías sino te ibas al hoyo negro del placer, del que salías disparado para salvar la vida. Un segundo más y ahí te quedas. Lo realmente notable de esa casa fue, al menos para mí, el amplio y cómodo baño de vapor instalado en el sótano, porque sudar la noche siempre ayuda al cuerpo a restablecer sus energías. Como igual había servicio de masajes, bebidas y caldo de camarón, tenías la oportunidad de purificarte para regresar a tu casa, o de seguir pecando suave, lentamente, aprovechando el sudor de los cuerpos y la hospitalidad de las hendiduras femeninas, aun inflamadas por la orgía, aunque justo esa inflamación, protegida por la humedad de ambos miembros era lo que provocaba el deleite de la cruda, el único momento en el que el exceso de alcohol es un estremecimiento divino.

En la casa de Las Lomas encontré el vínculo que me llevó a la casa de la vieja carretera a Cuernavaca en la que, protegida por el bosque, estaba el Ashram de Carlo Ursini, un italiano radicado en México que creía religiosamente que la iluminación se alcanzaba en el orgasmo, pero sin Popper. A puro pulmón esotérico. No es broma. Ursini creía firmemente que el orgasmo era una reproducción minimalista del big bang que dio origen al Universo, y por los gritos y las contorciones que lograban sus discípulos no había duda de que el principio de esa teoría era correcto.

Fue la única vez en la vida que me entregué al sexo en mis cinco sentidos, comiendo verduras y meditando tres o cuatro veces al día, porque la conexión amorosa la hallaban los cofrades de aquella congregación en ese estado mental en el que tienes la mente en blanco y de pronto aparecen los pechos de Devora, por decir un nombre, o la redonda y carnosa boquita de Yanira, la libanesa, o el rabo de Carlo, que sin ser el más notable del repertorio era el más solicitado. Esto me llevó a pensar que el dominador de un grupo siempre lleva las de ganar porque el poder, por miserable que sea, es un motivo de lujuria. Cuando en lugar de las mujeres del Ashram apareció el rabo de Carlo en mis meditaciones, el de la voz dejó el Ashram.

Hay ritos sexuales desde el remoto pasado en el que una mujer y un hombre se acoplaron sexualmente (me disculpo si ya en la prehistoria había la diversidad sexual del 2022, y yo lo ignoro). Eran ritos salvajes (las erinias griegas), agrícolas, ceremoniales, propiciatorios para la fecundidad de la tierra que les daba de comer. La promiscuidad de los pueblos antiguos, más que un desafío a la moral dominante era la consecuencia de la poligamia de sus dioses que ejercían la libertad sexual como un privilegio divino. El desenfreno del Olimpo griego influyó, sin duda, en la facilidad con la que los varones cambiaban de sujeto amoroso, de modo que en una misma mañana podrían poseer a su esposa y a al mancebo que limpiaba los establos. Las religiones monoteístas impusieron la moral de un solo Dios, y la católica, la de una sola pareja de por vida. En consecuencia, privilegiaron el arrepentimiento como la forma de expiar los pecados de la carne que seguían cometiéndose en todos los pueblos y todos los estratos sociales. No es arriesgado decir que Moisés puso entre sus diez mandamientos no desear a la mujer ajena porque era algo que ocurría con harta frecuencia.

La teoría del big bang de Ursini me permitió recordar que de adolescente escuchó al tío Juan, hermano de su madre, platicar a la hora del café y los coñacs su fábula de la reencarnación orgásmica. Debo añadir que el hermano mayor de su progenitora se distinguía por su incontrolable lascivia, pues incluso cuando saludaba a sus sobrinas en edad de merecer buscaba siempre la comisura de sus labios. Cuando una señora llegaba a la reunión de fin de semana de la familia con un escote prolongado, o un vestido arriba de la rodilla, bastaba la mirada del tío Juan para que buscara un tapado. Como aquella conducta no era explícita sino cubierta de cortesía, sus hermanos se hacían de la vista gorda y las muchachas desaparecían de su vista en cuanto se dirigía a saludarlas. En contraste, era un ingeniero muy capaz, precursor de la fibra de vidrio con la que construía chasis de automóviles y de lanchas que causaban admiración en los años 50 por su material y su diseño.

Antes de que el poliedro de las pirámides se utilizase a escala para afilar las navas de afeitar y conservar algunos alimentos, flores y frutos, el Tío Juan construyó en su casa de campo una pirámide con cupo para diez personas de pie, con un entramado eléctrico que desembocaba en un casco que se pondría en la cabeza para potenciar el efecto cósmico del poliedro. Tardo varias semanas alistando su fuente de energía de la que hablaba sin parar en los convivios familiares. Por fin llegó el día en que todo estaba listo para el invento del siglo, pero antes de encender el switch, un sobrino que sabía de electricidad le advirtió al tío que faltaba el modulador de potencia que gradúa la descarga y que sin él recibiría de golpe la carga eléctrica. Como además de lascivo era necio y prepotente, el tío Juan ignoró la advertencia y prendió su invento. Dice el sobrino de la advertencia que el resultado fue casi mortal, pero de caricatura porque el tío se puso rígido y se le pararon los pelos de punta. De no haber estado ahí su pariente el tío Juan habría pasado a mejor vida.

Con todo, era un buen conversador, y la noche que habló de la reencarnación orgásmica, incluso los primos que jugábamos dominó en una salita adjunta, paramos el oído para escucharlo. En suma, el tío Juan sostenía que si lograbas morirte en el momento en el que tu cuerpo hacía la descarga seminal que mantiene con vida a la especie humana, era muy probable que viajaras –como María Sabina-, más rápido que la luz hacia el útero de una mujer del otro lado del mundo que sostuviera en ese instante relaciones con algún varón. Claro que no podía ser un orgasmo común sino la madre de todos los orgasmos. Para ello había que tomar diariamente el coctel de vitaminas y minerales que el tío Juan desayunaba todas las mañanas. También era indispensable que la mujer de tu última fornicación no fuera la tuya sino alguien a quien hubieras deseado con vehemencia. La mujer prohibida –acotó el tío-, es el mejor estímulo para este salto mortal que en lugar de llevarte al cementerio te da la oportunidad de comenzar de nuevo, en otro país, con otra familia, con otro nombre. Recuerdo nítidamente que todos rieron y sólo yo deduje mentalmente que si no tenías una enfermedad mortal difícilmente morirías “en el acto”, y si la tenías, sería complicado copular con la vehemencia necesaria para renacer en el Asia Menor. Como sea, desde entonces he tenido esa fantasía.

En el placer carnal hay diversos estados de acoplamiento. Tratándose de los instintos no hay una regla y si las más más variadas formas de alcanzar ese placer. Digo placer en su sentido ontológico, esto es, que está relacionado con el ser mismo de la persona; con aquello que es el sujeto en el fondo de sí mismo, lo sepa o no. En este orden de ideas, hay cuerpos que se juntan con el ser, que se acoplan como Adán y Eva; por primera vez. En esos casos, el cuerpo no se sacia una vez al día, quiere repetir lo más posible esa sensación de ser al mismo tiempo vencedor y vencido del otro. Aunque sea por un momento, se sale el cuerpo del espacio y el tiempo ordinarios para sentir la electricidad del firmamento, o como quieran llamarle a esa sensación de que no hay mejor manera de estar en el mundo que cogiendo con ese otro cuerpo, con ese otro ser. Este relator desperdicio la oportunidad de vivir con ese ser la plenitud del amor. Pero eso es otra crónica.

Para esta, vale concluir que el Pensamiento Mágico no tiene nada que ver con esa superación de la realidad –que es su propósito continuo-, porque los cuerpos deciden por sí mismos que son ellos las únicas puertas al paraíso que tenemos los seres vivos. Aunque como cuerpos, como sistemas cerrados a lo Platón, como dos sujetos en la misma esfera, tienen sus límites biológicos. Podría ocurrir que te mueras en el orgasmo –como soñaba el tío Juan-, pero no te irás a China sino al crematorio. El Pensamiento Mágico es indispensable para escapar de esa esfera biológica, y los mejores magos al respecto te aseguran que hay una manera de lograrlo.

Aunque como todo acto de magia, es muy posible que sea un truco.

LA SÁTIRA

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Como no hay tiempo que no se cumpla este 2025 Las Reinas chulas cumplen 20 años de haber tomado el relevo de uno de los momentos estelares de la sátira cabaretera en el México de nuestros días. En El Hábito, Jesusa Rodríguez y Liliana Felipe hicieron época convirtiendo las noches del histórico barrio de Coyoacán en un jolgorio satírico en el que no quedaba títere con cabeza, sobre todo si el motivo de la befa era un funcionario público.

A su vez, Liliana y Jesusa reabrieron el espacio histórico en el que Salvador Novo montó por primera vez a Samuel Becket en México en un escenario de bolsillo que tenía como principal atractivo la cena que daban en La capilla, como llamó irónicamente a su sitio de recreo el poeta satírico. Corría el prehistórico año de 1954 y la clase política y empresarial le disculpaban a Novo “su excentricidad”, como llamaban entonces al homosexualismo, a cambio de sentirse cosmopolitas.

36 años después, Una actriz y una cantante y compositora abiertamente lesbianas se burlaban del presidente Salinas para abajo en parodias musicales que fueron afinando su eficacia satírica y formando cabareteras con conciencia social y artística como Ana Francis More, que salió de  las aulas de Ludwik Margules para continuar en El vicio una tradición que nace en las carpas del inicio del siglo XX como el escape de la gente de a pie ante los abusos de autoridad y las costumbres sociales dominantes.

Por definición la sátira es el arte de ridiculizar, avergonzar, humillar o desacreditar algo o alguien, y tanto Novo como el matrimonio Rodríguez f dieron ejemplo de cómo lograrlo con máxima eficacia. Las primeras reinas chulas estaban verdes cuando tomaron el relevo de sus maestras en el teatro y en la vida, pero con el tiempo y ese ganchito que hace el estudio y la diciplina Cecilia Sotres alcanzó a escribir un libro para introducir el albur en el cabaret y el colectivo finalmente logró que artistas, intelectuales, periodistas y público en general se dieran cita en El Vicio para disfrutar de la sátira al mal gobierno y socios capitalistas que lo acompañan.

Aunque sucede que la sátira es el dominio opuesto al del compromiso ideológico y político, como nos demostraron con creces los moneros en el sexenio pasado, que al no poder criticar a su mesías y su entorno se volvieron ideólogos y polemistas del poder en funciones para desastre de la televisión pública que jamás en su historia había tenido tan poca audiencia, y es que sin la sátira el satirista se vuelve una mala broma.

Así las cosas, Las reinas chulas festejan sus 20 años con una muy celebrada sátira contra Trump, Millei y Ricardo Salinas Pliego porque en el segundo piso de la Cuarta Transformación ya no hay vicio que perseguir. Solo puestos oficiales que cuidar. La sátira se cuenta sola.