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Fernando de Ita

Si el arte no es de todos no es de nadie.

By Sobre 2 ruedasNo Comments

Como crítico sistemático del sistema cultural mexicano quiero reconocer que la actual secretaría de cultura federal, Claudia Curiel de Icaza, parece entender que el apoyo a las etnias originales, a los grupos vulnerables y minorías de todo tipo no debe borrar de la agenda pública la atención a la cultura académica y a la creación individual y grupal que se realiza por esa necesidad inexplicable que tenemos los humanos de pasar la realidad por el tamiz del arte.

Al contrario del sexenio anterior este 2025 comenzó con iniciativas esperanzadoras: la restructuración del Festival Internacional Cervantino, que por tantos sexenios malditos se sostuvo como el jolgorio artístico más importante de Iberoamérica es una buena noticia porque en el primer sexenio morenista se convirtió en una feria de rancho con sus intentos de ser culturalmente mejor que Dinamarca aunque con los mismo resultados que en salud pública. La segunda buena nueva es que el Festival Teatro de Una Sola Voz cumplirá sus 20 años ampliando su cobertura a 20 estados porque se une mi estado de Hidalgo (luego les muestro mis títulos de propiedad), aunque sigo notando la ausencia de Nuevo León. Como dice el adulto maravilla Luis Mario Moncada, ahora coordinador del área teatral del INBAL, se trata “de un festival itinerante que llega a veinte estados en el que cada institución se compromete con una pequeña parte de la organización y en el que artistas y público tienen un intercambio esperado y vital”. La tercera buena ventura está en el ámbito de la UNAM y se trata del coloquio Dramaturgias en nuestro presente, que del 26 al 28 de febrero abrirá la discusión del multiuniverso actual y futuro del teatro, con todos los pesos pesados académicos-administrativos de nuestra máxima casa para desburrar al prójimo.

 

Luego de seis años y pico de pasmo artístico la cultura oficial intenta ser pública. Con ya saben quién la división política fue tan drástica que los responsables de hacer de la cultura un puente la convirtieron en un ejido en el que todo aquel que no tuviera raíces autóctonas era sospechoso. En esa medida, y por lo pronto sólo en esa, es alentador que desde la oficialidad se tomen iniciativas para ver la cultura artística como un campo de cultivo para todo aquel que tenga la necesidad de decir algo por sí mismo. Igual el campesino que ese huevón que pinta en una colonia perdida de cualquier metrópoli, o la chava que halla en su computadora la herramienta para hacer metáforas. Joder, si el arte no es de todos no es de nadie.

Lo que no entendieron los “morenos del primer periodo” es que a pesar del PRI a pesar del PAN la cultura artística floreció porque sin afiliarse a esos partidos sino más bien estando en su contra, los inventores de realidades alternas eran en su mayoría morenistas. Pero el solipista de palacio fundió a todos los intelectuales en dos nombres: Enrique Krauze y Héctor Aguilar Camín, que eran la excepción de la regla en cuanto a la cercanía y los contratos que tuvieron con el Sistema. Con los artistas no tuvo bronca porque para él el arte es Silvio Rodríguez, Los caminos de la vida y Eugenia León, ah, y los tamales de chipilín. Sospecho que de haber conocido a la Jesusa Rodríguez cabaretera y crítica del poder no la habría hecho senadora, aunque igual que los moneros que hicieron fama criticando sin cortapisas los dislates del PRI y el PAN, cuando llegó el apóstol a la silla del águila se convirtieron todos esos espíritus libres en comparsas del poder presidencial que tanto criticaron. Dioses: la distancia que hay entre las obras perturbadoras de Jesusa, como Vació, o plenas de belleza lésbica como Doña Giovanni, con sus montajes del Zócalo, nos indican que el poder, por zurdo que sea, siempre corrompe, o por lo menos disminuye.

Me interesa destacar el proyecto de los soliloquios (los actuales le dicen monólogos), que recorrerán 20 estados en un compromiso compartido entre la federación y las regiones. Sin barbear a nadie, sólo por haber constatado que la premisa para hacer un programa artístico pedagógico y de llamada al público a nivel nacional requiere del presupuesto del INBAL pero también de que las instituciones estatales, tan celebres por su inoperancia, se esfuercen por ser operantes y además del techo, el alimento y la movilidad les brinden a los visitantes las mejores condiciones técnicas y personales para que “el hablar solo” que es lo que dice la raíz latina de soliloquio, sea un acto colectivo.

El acto de hablar con uno mismo es algo que hacemos todos nosotros todos los días, conscientes o sin saberlo, por ello el soliloquio se dio en el teatro como una manera no solo de reflexionar del personaje sino de hablar consigo mismo, que no es lo mismo. Uno de los más célebres soliloquios es el de Hamlet, aunque ya los griegos habían charlado por dentro pero en hexámetros. Fue en la presidencia del gerente de Cocacola, Vicente Fox, cuando se abrió este programa, y durante la regencia cultural de Sari Bermúdez que se logró la primera comunidad de los estados para el proyecto que a dos décadas de aquel día sigue vivo. Porque en términos natales fue un sietemesino en el sentido de que era muy costoso hacer giras nacionales con grupos numerosos y se dio el monólogo como una forma de salvar a la criatura formando un circuito nacional que tuvo su gloria cuando el Teatro Escolar se hizo por un año, ¿o fueron dos?, en todos los estados de la República Mexicana. Pero ese es otro cantar.

Por lo pronto pongan en su agenda que del 26 al 28 de febrero quien quiera puede asistir a la la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM para debatir sobre la expansión, la transversalidad y la liminidad del teatro de nuestros días desde un enfoque multidisciplinario. Y si ya andan por ahí, el 27 también se presenta en la misma facultad el libro de Rodolfo Obregón: Mirar y reconocer: Prácticas documentales en la escena mexicana, del que hablaré en cuanto lo haya leído.

Teatro Antropocósmico.

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Medio siglo de saludo al sol no hace una tradición, a menos que esa costumbre sea parte de un rito ancestral que viene de los tiempos en los que el ser humano comenzó a caminar en dos plantas y pudo mantenerse erguido mirando el milagro del amanecer. Hace 50 años el maestro Nicolás Núñez comenzó a elucubrar que el teatro que él quería hacer debía religar al hombre, el Ánthropos, con el cosmos, y así surgió el teatro Antropocósmico que más que un concepto es la búsqueda de esa otredad de nosotros mismos que el artificio artístico ha intentado desde las pinturas rupestres.

Me ha tocado el privilegio de participar directa o aleatoriamente en el nacimiento, el desarrollo y la perseverancia del Taller de Investigación Teatral de la UNAM que ha librado cruentas batallas burocráticas para no abandonar la Casa del Lago del Bosque de Chapultepec en donde los primeros compinches de esa cofradía fuimos, sin saberlo, los adelantados del saludo al sol en nuestro medio, pues maese Luis de Tavira lo comenzó a utilizar con sus alumnos 10 años más tarde sin dar una sola mención de maese Núñez porque sabemos que el apotegma de los jesuitas dice que mas vale pedir perdón que pedir permiso. Aunque tampoco ha perdido perdón, claro está.

Si algo me asombra de la marginalidad en la que ha funcionado por medio siglo el TIT de maese Nicolás Núñez es que luego de 50 años de labor ininterrumpida y de varios blasones internacionales, su trabajo siga en las orillas del Sistema. Pero apenas digo lo anterior y me alegra que siga siendo un teatro para iniciados porque ya solo aquello que tiene un millón de seguidores es digno de considerar. Y no, la contraparte de esa masificación de los actos humanos es el retorno a la intimidad de la cofradía en donde tu eres In Lak’ech, o tu eres yo, para decirlo en maya y anunciar que esta “transformación” será una de las actividades con las que el TIT festeje su medio siglo de existencia, del 16 de marzo al 23 de abril en el Jardín Escénico del Conjunto Cultural del Bosque de Chapultepec que es hábitat natural de estos adoradores del astro rey.

He repetido tantas veces que no hay otro director de teatro en la nopalera que haya tenido una lista de maestros que van de Héctor Azar y Herbert Darien a Jerzy Grotowski, Lee Strasberg, Richard Schechner, Peter O’Toole,  Herbert Berghoof y Antonio Velasco Piña entre los más destacados, que sólo debo agregar que en sus viajes a diversos rincones del mundo, entre ellos los montes Himalaya, sin duda maese Núñez encontró a muchos “yo soy tu”, pues quien anda por las veredas de lo insólito suele toparse con lo increíble, ése tipo de cosas que ponen a prueba la realidad, o mejor dicho, que nos enseñan que lo real también puede ser extraordinario.

Esa ha sido la ambición de maese Nicolás Núñez, ligar la realidad con su trascendencia que no puede ser otra que la iluminación del instante. Solo en el realismo mágico las muchachas vuelan al más allá envueltas en sábanas. En el mundo real hay que parar el pensamiento para lograr el silencio interior que nos devela el campo de energía que imagina la física cuántica. En verdad os digo, camaradas, que luego de muchos años de trote, de mirada abierta, de respiración adecuada, de tambores tibetanos y del sonar de los ayoyotes y del caracol, hay instantes eternos, aquellos que durando unos cuantos segundos y nos abren la puerta de la percepción para contemplar el mundo como es en realidad: un tejido de luz en el que cada uno de nosotros es una chispa de vida.

Tal vez por eso pesa menos la marginación, el desdén y la incomprensión de una experiencia dramática y existencial que utiliza ciertas dinámicas del teatro para pasar al plano siguiente que es el de  del silencio interior que propicia la revelación del mundo. Confieso que aquí está uno de cogollos del teatro Antropocósmico porque sólo maese Nicolás y sus discípulos se ejercitan a diario para ello, mientras que el espectador ocasional sólo puede llegar a la entrada del Misterio. Teatro para iniciados, pues, que sin embargo puede llevarnos a nuestra propio In Lak’ech, esto es, a tratar de que yo sea tú y tu seas yo.

Sólo queda añadir que Mese Nicolás Núñez no ha transitado solo esta experiencia de medio siglo. Sin Juan Allende, Helena Guardia, Ana Luisa Solís y Eva de Keijzer, para no mencionar a sus discípulos que son hartos, estaría solo. Y no, Su teatro acaso no sea un éxito de público, pero no está sólo, tiene al otro.

El funcionario público.

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Los jóvenes interesados en las artes escénicas como una forma de vida acaso ignoran que en el origen de las instituciones culturales los artistas fueron funcionarios públicos ejemplares en la medida en que ganaban suelos raquíticos y el trabajo que tenían enfrente era monumental. Como en toda tarea humana hubo aciertos y errores, actos heroicos y algunas bofetadas en las puertas del Palacio de Bellas Artes, pero quedaron fundadas las instituciones de la cultura artística y comenzó a forjarse en la práctica la figura del gestor cultural, teniendo al poeta Víctor Sandoval como el maestro de varias generaciones de promotores y administradores de la cultura.

En esa escuela se formó Alma Rosa Castillo, la madre putativa de los cientos de cómicos que se reúnen en la Muestra Nacional de Teatro desde los años 90 cuando la MNT tomó como sede por una década la ciudad de Monterrey. Los veteranos de aquellas reuniones recordarán que el primer rostro que veían al llegar al hotel era precisamente el de una mujer sonriente y atractiva que tenía paciencia de santo y un corazón de oro. Por 29 años Alma Rosa trabajó en el INBA en el área de teatro y hace unos días finalmente accedió a su jubilación desatando una lluvia de reconocimientos por su trabajo como ser humano. Lo digo así porque Alma no sólo fue una eficiente y proba funcionaria cultural sino una persona que dejaba el sueño por atender el resfriado de fulanito, el llanto de fulanita, los conflictos de los grupos y las vicisitudes que ocurren en todo suceso multitudinario.

Solemos desconfiar de los funcionarios públicos porque salta a la vista que se sirven de la función en lugar de entregarse a ella, pero sin funcionarios que asuman su deber como es debido el destartalado aparato cultural mexicano ya sería polvo de otros lodos. Yo perdí amigos por destacar como periodista los abusos e incongruencias de los funcionarios públicos sin presentar también los disparates del Sistema al que se enfrentan. El laberinto burocrático de las dependencias oficiales a los primeros que afecta es a los burócratas que deben cruzarlo a diario. Varios funcionarios del INBA se mesaban los cabellos en la cantina por la cantidad de obstáculos que debían de librar para cumplir las labores esenciales de la institución, porque cada sexenio se promete reducir los trámites oficiales y siempre se termina por complicarlos. Luego están las auditorias. Me consta la manera exhaustiva como se auditó en el gobierno de Peña Nieto al Fondo Nacional para Cultura y las Artes, y me consta también que nunca le hicieron observaciones que no se cumplieran, y sin embargo el presidente López Obrador desapareció el FONCA argumentando que los fideicomisos eran fuente de corrupción.

Ese es el ámbito en el que trabaja el funcionario público y por ello es doblemente valiosa la dedicación al trabajo de funcionarios como Alma Rosa, que cruzan ese pantano y si se manchan porque acompañan a los artistas a cruzar el fango burocrático hasta donde les es posible. Algunas veces todo lo que se puede hacer es darles vale de comida por abajo de la mesa a los grupos que se excedieron de personal, o invitarle el desayuno al director que fue a cobrar el trabajo realizado 3 meses antes y le dicen que el contador está de viaje.

Ya tendrá tiempo Alma de Rosa de escribir sus vivencias como funcionaria y las mil anécdotas que seguro atesora, porque además se le da el relato y en las redes sociales ha dado muestra de ello. Hace años que los viejos de la tribu y los primeros medallas Villaurrutia ya no vemos tu rostro a la llegada de las muestras, pero al meno yo no te olvido camarada porque durante muchos años disfruté de tu bonhomía, de tu tolerancia, de tu compañía, así que hoy que la vida nos ha retirado del centro del escenario podemos brindar gustosos por haber vivido un tiempo tan maravilloso y turbulento como pocos haciendo una tarea que nos mantiene vivos, sólo que ahora desde la platea. Ya nos ganamos ese privilegio querida Alma Rosa. Salud!

!Mucha mierda para el Teatro!

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Entre la gente de teatro hay una expresión de júbilo para desearle a los colegas del oficio la buena ventura en su estreno. Gritamos: ¡Mucha mierda!, ignorando que realmente les estamos deseando mucho público.

Si miramos solamente la cartelera teatral del año que ya inicio su eterno retorno en la capital del país, podríamos pensar que éste será un ciclo estupendo para la ficción dramática porque Karina Gidi retoma, luego de 25 años, la obra que la puso en los cuernos de la luna, coescrita y dirigida por José Antonio Cordero: Instrucciones para volar. Arturo Ríos, otra fuerza de la naturaleza actoral, reestrena su versión de Los días felices, de Samuel Beckett, aunque ahora como director porque ya ha navegado lo necesario en el universo del absurdo cómico pero también cósmico del autor irlandés. Enrique Singer trae, como en los viejos tiempos, un éxito londinense del 2022, La niña en el altar, de la autora irlandesa Marina Carr, cuya versión de la tragedia de los Atridas, escrita originalmente por Esquilo, fue uno de los acontecimientos del teatro inglés del año mencionado. Con un reparto envidiable por la presencia de Mariana de Tavira, Emma Dib, Alberto Estrella, Salvador Sánchez, Yessica Borroto y Everardo Arzate, puede ser un montaje memorable. Este mismo sábado llegó de Mérida La noche que jamás existió, de Humberto Robles, dirigida por Nelson Cepeda. El autor que fue alguna vez tan prolífico como Tomás Urtusastegui fantasea con la velada en la que la Reina de Inglaterra Isabel I invita al señor Guillermo Shakespeare a enseñarle los secretos del amor. Boris Schoemann estrenó ya Civilización, la sátira de LEGOM sobre un despropósito arquitectónico que intentó hacer un político queretano en el centro de la ciudad colonial, Y podría seguir anunciando los estrenos y las reposiciones del primer trimestre del año en curso, pero mi intención es otra.

Entre la gente de teatro hay una expresión de júbilo para desearle a los colegas del oficio la buena ventura en su estreno. Gritamos: ¡Mucha mierda!, ignorando que realmente les estamos deseando mucho público, pues la locución de la palabra mierda nació en Londres en el siglo XIX cuando la gente pudiente llegaba a los teatros en sus carruajes jalados por caballos, equinos que arrojaban su majada al piso en las horas que duraba la función, de manera que mientras más mierda de corcel había en las calles más gente había en la sala. Como ya no hay carruajes jalados por caballos ahora debemos vociferar; Mucho metro, o mucho Uber, o mucho humo por los autos que padecen en donde estacionarse para llegar a un teatro.

Porque el problema nodal del teatro ha sido siempre llevar público a las funciones, y este año dicha tarea será doblemente cuesta arriba porque si Trump pone sus aranceles de exportación a México y logra expulsar a los cinco millones de mexicanos cuyos envío de dólares es vital para la economía de cientos de miles de familias, las artes escénicas que jamás han estado en la canasta básica de los paisanos igual se verán afectadas por la convulsión económica que nos espera. Se dirá que las familias de las orillas no van al teatro pero la clase media, que más que al teatro va a los espectáculos, se verá afectada por la emergencia financiera que puede ocasionar el bárbaro de la Casa Blanca. Como bien sabemos nuestro público es endogámico y seguro atenderá la fiesta familiar que nos propone la cartelera, pero cuándo llegaremos al público de a pie, a los millones de jóvenes que viven para las redes. Tan sólo con este universo de personas las docenas de espacios alternativos del país podrían sobrevivir dignamente y hacer una labor meritoria.

Aun no es oficial pero se comenta que el INBA tiene la intención de retomar el teatro escolar a nivel nacional que tan buenos resultados dio cuando se logró que todos los estados del país tuvieran ese programa, porque con él se cumplen dos de las premisas del teatro público: darle trabajo a un buen número de cómicos y formar espectadores. Este año el gasto mayor de la Secretaría de Cultura Federal estará dedicado a la formación artística cuyos centros de estudio son zonas de desastre por diversos motivos. Magnífica iniciativa que sin embargo aumenta uno de los problemas de las artes escénicas; la falta de trabajo para los cientos de egresados de las 28 escuelas formales de teatro públicas y privadas. Sin público el teatro no es el espacio vació que volvió proverbial Peter Brook sino realmente un lugar desolado en el que un puñado de orates predican en el desierto.

Vamos pues por el público, sin olvidar que el misterio indescifrable del teatro es cómo hacer exitosa una obra de teatro. Pero en tiempos de emergencia hay que hacer lo posible por lograr lo inalcanzable.

Responso por Tolita Figueroa.

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Hoy murió uno de esos seres con figura de mujer y dueña de un espíritu alado que no sólo hizo maravillosos vestuarios para obras de teatro y películas icónicas del siglo XX y XXI mexicanos, porque en realidad su mayor obra de arte fue su vida. Tuvo la suerte de nacer en 1957 y en la casa de Coyoacán de don Gabriel Figueroa, quien en 1958 filmaría Los olvidados con Luis Buñuel y a partir de ahí, es decir, durante la infancia de su hija Antonieta Tolita, se convertiría en una de las figuras mas admiradas de la época de oro del cine mexicano.

Tolita nunca me perdonó que faltara al reconocimiento que le hicieron a su padre en la ciudad de los Ángeles en los años 90 porque me había apartado un lugar frente a Martín Scorsese y estando yo en la ciudad para asistir al compromiso nunca llegué a la cita. En verdad sintió el desaire y ya no volví a compartir la amistosa intimidad que tuvimos a partir de la gira por todo el país, compartida con Mauricio Jiménez, como jurados de las Muestras Regionales de Teatro al inicio de los años 90. Era maravilloso y desesperante asistir a las discusiones bizantinas de Tolita y Mauricio para escoger a los ganadores de cada región porque ambos tomaron como un compromiso ético su labor de juzgadores de teatro, y me tardaba horas en convencerlos a tomar una decisión colegiada. Pero esa fue la entrada a la aventura de El Milagro, el bar, la editorial y el teatro que se convirtió en el lugar de reunión de “la marcha defeña”, porque ese antro inauguró en la nopalera el bar tipo Madrid en donde no hay mesas para que la gente tomé dos o tres copas y siga su marcha etílica en otro bar. Aunque la fijación geográfica que exige la cantina mexicana hizo su efecto y aquella era una conglomeración humana porque nadie se quería ir y las colas de gente que lloraba por entrar en la calle Milán eran enormes. Al respecto hay que añadir que otro de los atractivos del bar fue el mural de un nopal que hizo Tolita para la barra de la cantina. Una chulada hiperrealista que los pasados de cannabis contemplaban extasiados.

Aunque lo fascinante con Tolita eran su historia de vida y su trabajo. Por parte de su padre conoció al “todo México” de la segunda mitad del siglo XX y por parte de madre emparentó con la familia Amor en la que Pita, la poeta, era solamente la punta del iceberg. Como vestuarista no diseñaba una sola línea sin haber estudiado la época histórica en la que ocurría la obra de teatro, el ballet, la ópera, el espectáculo. Como historiadora le dio una vuelta de tuerca al vestuario de Los enemigos, la versión de Sergio Magaña del Ravinal Achi, la epopeya de la literatura maya, al vestir a sus personajes con el imaginario de los viajeros europeos del siglo XVIII, y aquella fastuosidad le hizo honor a los mayas y a los cronistas extranjeros. Ya he comentado en otra parte la experiencia de trabajar con ella en El Avaro, mi versión charra de la obra de Moliere que gracias al vestuario de Tolita y María Figueroa y a la escenografía del maestro Alejandro Luna fue una obra memorable para el estado de Hidalgo. La sintetizo ahora como la oportunidad de atisbar el taller de las hadas que tejen entre chismes y carcajadas la piel del teatro.

Ya que lo menciono, Alejandro Luna fue otro de los motivos de mi cercanía y mi alejamiento con Tolita. Creo que Alejandro fue el hombre de su vida pero no podría asegurarlo. Lo que sí puedo decir es que la hizo feliz y desdichada y que pasó con él experiencias extraordinarias como viajar en el ferrocarril transiberiano que parte de Moscú y recorre 10 mil kilómetros en siete días pasando por siete diferentes husos horario para llegar a Vladivostok y de ahí trasladarse a Novosibirsk, la capital de Siberia, para vivir por varios meses literalmente en las entrañas de la tierra para evitar  la congelación del cuerpo y montar con Alejandro una obra de teatro. Fue una relación muy intensa y productiva, muy amorosa y destructiva, muy creativa y muy negativa, y la cuenta se le puede presentar al machismo heredado por el único genio del teatro mexicano: Luna.

Escribo este responso de memoria y anonadado por la muerte de una mujer mágica que hacía de una visita a Champotón, Campeche, un escenario de película europea por los utensilios que llevaba para sentarse, poner la mesa, colocar el vino, la copa, el mantel de encaje la servilleta blanca los cubiertos de plata que incluía un tenedor de tres puntas para el mango y un tapón de botellas de vino. Ah!, y la canasta, mejor dicho la cesta donde llevaba esas joyas era otro tesoro en sí mismo solo comparable con la maleta donde trasladaba el resto de los aparejos que llevaba para el almuerzo marino.

¿Cómo olvidar tantas madrugadas hablando de todo y de nada en la ¡mansión roja! de Bucareli o en las oficinas de El Milagro, cuando en lugar de seguir jugando póker con Daniel Giménez Cacho y sus amigotes hasta las seis de la mañana me pasaba discutiendo contigo el erotismo cristiano de Luis Buñuel en sus películas con Catherine Deneuve. La verdad, era una buena forma de no gastar sino aprovechar el tiempo de sobra, aquel que uno emplea en vivir como de gratis, sin deberle a nadie otra cosa que estar a gusto con quien conversas mientras el sol se pone en el poniente en la aun respirable ciudad de México.

Tolita, no sabes cómo lamento que el machismo universal no dé en ninguna plataforma común el nombre de tu madre que fue tan significativa en tu vida, y mi memoria confunde su nombre pero recuerda que acaso el único reproche que escuché de tu boca para tu padre fue para decir que desde la sombra ella fue una mujer magnífica que evidentemente fue el soporte familiar de Don Gabriel Figueroa. Ignoro porque termino este responso en tu memoria con estas palabras. Acaso será porque la última vez que nos vimos en la ciudad de Puebla me reprochaste eufemísticamente mi machismo, Tenías razón. Hay mujeres como tu más grandes que los hombres, por enormes que estos sean.

El polen cultural.

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Hay migraciones que polinizan su cultura artística en el país al que han trasladado sus raíces. La migración que provocó la guerra civil española de los años 30 fue una dichosa invasión intelectual y artística que amplió el panorama cultural y académico de nuestro país. Pero esa fue una avalancha. La de la doctora Elvira Popova es una migración de abeja que primero se empapó en la cultura teatral mexicana y desde esa apropiación fue regando el polen de su cultura búlgara para llegar al estreno de El Apocalipsis llega las 6 de la tarde, una construcción dramática del escritor, poeta y periodista búlgaro Georgi Gospodinov, que tuvo lugar el pasado fin de semana en el teatro del Centro de las Artes de Monterrey Nuevo León.

El primer acierto de esa presentación es conocer a uno de los narradores búlgaros que ha reorientado, según Wikipedia, la literatura de su país hacia la valoración del pasado como una forma de tener control sobre el futuro. Entre los países balcánicos que estuvieron bajo el dominio soviético Bulgaria fue de los más aislados del mundo y solo los especialistas conocían su literatura. Gospodinov fue uno de los hombres de tinta que rompió aquella cortina de hielo y les dijo a sus vecinos que Bulgaria también es Europa. Al día sus libros han sido traducidos a 25 idiomas y sus novelas han merecidos premios nacionales e internacionales de relevancia.

Ahora sé que sus dos primeras novelas están traducidas al español, Una novela natural, de 1999, que lo colocó de inmediato en la atención de la crítica y los lectores de su país, y Física de la tristeza, del 2011, que tan solo en un día agotó su primera y edición y fue el libro búlgaro más vendido de la década; además de su última narración llamada Las tempestálidas, del 2023. Estamos, pues, ante un escritor europeo de primer nivel que resumió en una entrevista el sentido de su literatura: “hallar lo sublime en la mediocridad del día a día”.

La segunda cuestión es que la traducción y la producción de El apocalipsis llega a las 6 de la tarde es de la doctora Elvira Popova y la dirección de Mayra Vargas, una dupla femenina que ya ha demostrado el rigor de la experiencia y el empuje de la juventud; el don del conocimiento y la aventura de la experimentación. No me atrevo a decir la visión búlgara del mundo y la representación mexicana de ese imaginario porque sería reducir el montaje a dos modelos culturales que en su mestizaje crearán sin duda un espectáculo para la era global donde lo que pasa en Sofía, la capital de Bulgaria sucede a su manera en Monterrey la capital de Nuevo León.

Con un equipo de primer nivel académico y artístico en la producción destaca la vuelta a los escenarios del fotógrafo Enrique Gorostieta luego de 30 años de ausencia. Lamento no haber estado el fin de semana en tierras regias para ver el espectáculo pero aun así puedo decir que estos granos de oro entre tanta arena son los que mantienen la ilusión de que el teatro es importante para una sociedad que quiere pensar en su pasado para hablar de su porvenir. Por eso seguimos haciendo teatro pese a todos los obstáculos.

De mugir a mujer.

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En los años 80 una fotógrafa (Lourdes Grobet), una cantante (Margie Bermejo), una investigadora de la danza (Patricia Cardona), una escritora (Ethel Krauze) y una actriz (Ariela Ashwell), montaron en Casa del Lago De mugir a mujer, un espectáculo multidisciplinario que en el nombre tenía su propia declaración de principios, para exponer desde la feminidad, aunque no desde el feminismo, su condición de mujeres dedicadas al artificio artístico en un ámbito dominado notoriamente por los masculinos.

 Naturalmente armaron aquel artefacto escénico con vivencias individuales que trasladaron al escenario como un soliloquio corporal que en conjunto formó una poderosa manifestación colectiva de una identidad que hoy sopla en las capitales del mundo con un empuje ciclónico. Hace medio siglo esa identidad estaba oculta entre las capas del patriarcado que constituían la estructura del poder establecido. De ahí que ahora me parezca admirable aquel coro de solistas que alzó literalmente la voz en un tiempo en el que solo hablaban los señores.

En esos ayeres era notorio que las feministas estaban casadas o vivían en pareja con machos de pelo en pecho que llegaban al maltrato físico que acompaña el tormento psicológico. Incluso los próceres que estaban iniciando la formación del Partido del Trabajo, antecedente del PRD, trataban a las mujeres como Adelitas y los líos de faldas con la mujer ajena provocó más peleas entre camaradas que las históricas escisiones de la izquierda mexicana.

Lo valioso de aquella experiencia fue que el discurso artístico era político de la mejor manera; evitándolo. Al concentrarse en buscar los resortes internos de su identidad personal descubrieron que el machismo no era el unico obstáculo de su redención femenina. El patriarcado era el muro, y uno tan denso y duro que no había que tirarse de cabeza sobre del sino darle la vuelta. Así, la acción artística no se contaminó ni con la ideología ni con la denuncia feminista porque cada una de esas mujeres se ocupó de mostrar, fundamentalmente, el efecto del quehacer artístico en su vida, y esa conmoción superaba con creces el conflicto con el sexo opuesto, sin evitarlo pero ya no desde la inferioridad del sujetado sino a la par del sujetador porque ahora confirmaban que al igual que sus machos ellas también utilizaban la realidad para sacarle un conejo de la chistera.

El espectáculo fue celebrado por esa minoría de minorías que asistía la minúsculo foro de La Casa del Lago, y quedó como otra de las manifestaciones “extrañas” de aquel refugio de la vanguardia escénica. Pero es el tiempo el que me permite observar ahí el inicio de una toma de conciencia entre las mujeres de los diversos gremios artísticos que sólo nominalmente forman la comunidad artística. Porque abusamos de los términos, como nos excedemos con la corrección política. Como el espacio se acaba los remito a la serie hispano-argentina, Las Bellas Artes, del 2024, en la que los hermanos Gastón y Andrés Duprat ironizan hasta la carcajada no sólo respecto a las formas del lenguaje inclusivo, la diversidad de géneros y la corrección política en el arte, sino dejan en claro la superficialidad y la inconsistencia de una tendencia que noble en sus fines utiliza medios deleznables por contradictorios e ineficaces.

Dirán ustedes; ¿Qué le pasa a de Ita que comienza el año 2025, hablando de una obra de hace 45 años? Bueno, si prefieren el triunfalismo centralista, consulten el diario La Jornada del 30 de diciembre del 2024 donde se afirma en el encabezado de la sección cultural que el teatro se consolido el año pasado como motor del cambio social. Como pruebas da una lista de obras públicas y privadas de la ciudad de México porque el teatro de los estados no existe. Frente a eso, mejor recordar un tiempo en el que el teatro fue escrito en el cuerpo de cinco mujeres tan libres, tan ellas mismas que aún las veo desnudarse en el escenario.

Las Reinas del imaginario escénico.

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Si hacemos el recuento de este año, y si lo hacemos desde la estructura del sistema de producción del teatro en México, podemos decir que nada ha cambiado, o que sigue siendo la misma burra pero revolcada. El teatro público a nivel federal sólo subvenciona a la Compañía Nacional de Teatro y las pocas ventanillas que hay para pedir algún apoyo exigen una maestría en llenado de formularios entrega de documentos y una paciencia infinita para esperar el día del fallo en el que de 270 solicitudes…, escogen siete.

Como ya me aburre mencionar por milésima vez la falta de seguridad social y la autoexplotación laboral del gremio, mejor pregúntense ustedes que ha cambiado en estos doce meses en su condición de gente de teatro que aspira a vivir dignamente de su trabajo. No olvido que Nuevo León es acaso el único estado que tiene representación de los gremios artísticos en algunas decisiones de la secretaria de Cultura estatal, y aun así me parece que la batalla por conseguir una producción escénica sigue siendo cuesta arriba de manera que seguimos laborando con nuestras propias uñas y viviendo de prestado.

En el año 2006 el entonces Consejo Nacional para la Costura en las Tardes, como le decía Jesusa Rodríguez al CONACULTA, reportó que únicamente el once por ciento de las miles de personas dedicadas profesionalmente al teatro vivían holgadamente de hacer teatro. El resto sobrevivía de dar talleres, cursos, lecturas y demás actividades en torno al teatro (como la Academia), pero no de hacer teatro, que es para lo que están en esta tremenda comedia humana.

Lo que me llamó la atención de aquel dato del CNCA es que había dos tipos de actores, directores, vestuaristas, iluminadores, escenógrafos y productores ejecutivos, en aquel once por ciento que vivía bien de su trabajo. En primer término los actores, directores, etcétera dedicados al teatro privado o comercial, y aquella gente de teatro que por el teatro había llegado al cine, ocasionalmente a la televisión, pero que volvía al teatro como forma de vida. Hoy los autores de teatro se convierten en guionistas de series y los actores, directores y etcétera se van felices a grabar a casa del peje porque una serie les salva el año. Pero ya no hacen teatro, aunque en algunos casos, gracias a las series pueden volver al teatro.

Hay mucho que indagar sobre los cambios que los medios digitales están provocando en los formatos y los contenidos de las artes escénicas. Los años de la pandemia nos enseñaron que la esencia presencial del teatro se modifica en los medios audio visuales de tal modo que el teatro se vuele otra cosa. Por ello, al menos en lo que yo pude ver ese par de años, los mejores intentos de la gente de teatro por no perder visibilidad fueron aquellos que utilizaron el lenguaje tecnológico y digital de la cámara y el sonido ya no para hacer teatro sino para contar una historia.

La discusión es larga y puede ser bizantina, pero volviendo al resumen del año, algo que cambió en nuestro teatro es la presencia de la mujer en todos los terrenos de la creación dramática que el macho ocupó por tanto tiempo. No podemos negar que el  (Me too) «yo también” de las actrices de Hollywood desató en algunas escuelas de teatro de la ciudad de México y Xalapa, notoriamente, una reivindicación necesaria y por lo mismo arbitraria, como toda revuelta que pone en manos del agraviado la venganza.

Este año los coloquios, mesas redondas, encuentros, ediciones, programas y celebraciones públicas de todo tipo, antes atiborradas de todo tipo de hombres estuvieron repletas de todo tipo de mujeres. El FONCA se lo llevaron todo siete dramaturgas y este año las obras dirigidas por mujeres estuvieron al parejo de los directores. En la MNT las mujeres dominaron las áreas neurológicas del evento y ni hablar de las actrices de mi tierra y la tuya porque desde hace rato son las reinas del escenario, sin olvidar que ya hay vestuaristas e iluminadoras imprescindibles y más mujeres que hombres en tareas administrativas, ejecutivas, publicitarias y de otra índole en el teatro de hoy en México.

Así que a mi juicio nada cambió este año en el teatro nacional, salvo la presencia femenina, que no es poca cosa para comenzar a moldear la nueva masculinidad de los machines, si eso es posible.

Finalmente, cuando los deseos de que todos disfrutemos la vida no se dicen sólo con la boca sino con genuina emoción, vale la pena repetirlos: camaradas, dedíquense estos días al amor en todas sus formas, y citando a mi maestro Nicolás Núñez, porque todos nos vamos a morir. Feliz Navidad y mejor año nuevo.

Cuando el presente es pasado…

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Y ocurre de nuevo que la secretaria de cultura federal está feliz porque halló el remedio para el desastre de la educación artística: Aliarse con la SEP…

Ocurre que los antiguos comediantes se formaban en las tablas, las plazas y los caminos que recorrían para decirle a sus congéneres algo que ignoraban de sí mismos porque la comedia clásica se encargaba de mostrarles sus defectos, sus vicios y su mano larga con las mujeres, mientras que la tragedia los deprimía contándoles la historia de un rey que mató a su padre y casó con su madre por culpa del destino que juega con la criatura humana.

En el esplendor de la comedia isabelina en Inglaterra y de la comedia española en España y en América, los comediantes actuaban para la nobleza pero eran proscritos sociales. Abajo del escenario las actrices solo podían ser unas furcias y los actores unos descastados. Fue hasta finales del siglo XVIII y en la lejana ciudad de Moscú donde el célebre director ruso Constantin Stanislavski sentenció que la preparación del actor requiere de un método científico que fue uno de los orígenes de la pedagogía del actor en el mundo occidental desde entonces al final del siglo XX.

La equivocada interpretación del Método comenzó por su traducción y se magnificó en el Actor’s Studio de Nueva York fundado por Lee Strasberg y Elia Kazán en 1949. Ambos directores sacaron sus conclusiones del Método, ya pervertido por la traductora, para meterle la intensidad de un mundo que apenas salía de la mayor matanza de la humanidad, como fue la segunda guerra mundial, Y el resultado fue Marlon Brando, Paul Newman, Anne Brancfort, Marlyn Monroe, Jane Fonda, Al Pacino, Dustin Hoffman, De Niro y el resto de las estrellas de Hollywood que le dieron al Método su globalización. Porque la mayoría de esas y esos comediantes llegaron a Hollywood por el teatro, pero fue la meca del cine la que les dio la fama.

En México tuvimos a uno de los pocos alumnos directos de la Escuela de Arte de Moscú que salió al extranjero, el intenso maestro Seki Sano que presumía de haber tenido al menos cinco mil alumnos en México y Colombia, adonde fue expulsado por haber dicho públicamente que doña Teresa Montoya, la máxima diva del medio siglo XX mexicano, era una cacatúa que gritaba como desenfrenada y el teatro que hacía, un melodrama inmundo. El caso es que todos los que eran algo en el “teatro de ideas”, como se decía entonces en el México de fines de los 50 y 60, fueron alumnos de Seki.

 

 

 

Ahora sé que el teatro de la UNAM de 1975 a 1990 fue un movimiento más coherente y productivo artística y pedagógicamente que Poesía en Voz Alta, que es su antecedente inmediato, primero porque Héctor Mendoza y Juan José Gurrola comenzaron ahí, mientras que Ludwik Margules y Alejandro Luna estuvieron ahí. Así que siendo tan diferentes, los cuatro pilares del teatro UNAM de finales del siglo XX compartían la convicción de que el director y no el dramaturgo era el creador escénico; salvo Alejandro Luna, que que le daba a cada parte de ese todo que es el teatro, su propios sitio. Aunque los cuatro sabían de cierto que sin el actor no hay teatro. Así cada uno, según su temperamento, sostuvieron con “sus” actores una dominación emocional que acaso ellos propiciaban pero sobre todo que los actores no sólo permitían sino que se ponían de pechito porque tenían en la sala de ensayos al padre, el terapeuta, el oficiante, acaso el amante secreto, Salvo Alejandro Luna a quien sólo le interesaba el último ejercicio.

Como se agota el espacio, debo agregar que comencé esta reflexión por la crisis pedagógica que azota a la educación pública en general y a la educación artística en particular. Ese estado de emergencia ha sido constante pero alcanzó la catástrofe en el gobierno del señor López Obrador, tanto en el Conservatorio Nacional de Música, que está en ruinas, como en la Escuela Nacional de Teatro, que está ciscada (Ciscado, verbo transitivo que implica equivocación, inhibición, evacuación del vientre). Y ocurre de nuevo que la secretaria de cultura federal está feliz porque halló el remedio para el desastre de la educación artística: Aliarse con la SEP que es la culpable de esa calamidad, como puede comprobar cada uno de ustedes recordando que aprendió de música en sus seis años de primaria y tres de secundaria.

Para que la regla sea real requiere la excepción. Tengo la esperanza de que alguno de ustedes haya comenzado ahí su carrera de concertistas de violonchelo, pero cada vez que escucho el himno nacional en un estadio con mexicanos, sé que la educación artística de la SEP no alcanza ni para entonar el himno patrio, como lo hacen los europeos, por ejemplo, o los africanos, que tienen el ritmo en la sangre. Ya hablaremos de eso. Por lo pronto, la amenaza de estos días festivos tiene otro nombre: se llama Guadalupe y de apellida Reyes.

 

La crisis del saber.

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Me pasa por la mente que Sócrates fue el primer pedagogo en manifestar públicamente que saber algo de algo solo es parte de la ignorancia del resto, es decir del todo. Nadie de condición humana puede afirmar que tiene conocimiento de la totalidad de los seres y las cosas. De ahí el “solo sé que no sé nada”, como varios de los pasados y presentes secretarios de Educación Pública que arruinaron de fondo y forma la hazaña educativa de la generación que en 1924 halló el destino de la educación pública en este corazón de espinas llamado México.

“solo sé que no sé nada”,

“solo sé que no sé nada”, 

Mi culterana cita viene al caso porque la secretaria de cultura federal, Claudia Curiel de Icaza (ojo, apellido fifí como el mío que soy Álvarez Icaza), declaró en La Jornada que en este sexenio se atenderá integralmente la crisis de la educación artística que tiene en paro a diversas escuelas de arte por diversos motivos. Entre ellos la falta de atención al debacle que estaba a la vista en el Conservatorio Nacional y la Escuela Nacional de Teatro, ambas del INBAL, por parte de la administración del fantasma macuzpano cuya sombra abarca todo el gobierno de la señora Sheinbaum. Naturalmente su secretaria de cultura no pronunció una palabra al respecto pero sí comentó que la educación artística está como la finca del peje: muy lejos.

Pero tan próxima que anunció como eje de su medicina integral la cooperación con la Secretaría de Educación Pública para solucionar la crisis, que es como considerar que gracias a Delfina Gómez los problemas del estado de México se van a corregir. Me entusiasma la energía programática de Claudia Curiel de Icaza porque tiene clara esa parte de la totalidad que es la educación pública que ya no soporta remedios sino una operación de fondo. Lo que frena mi admiración es que considere que la SEP es el remedio del mal que le ha hecho a la educación artística desde hace un montón de fincas del ahora ciudadano López Obrador.

Como padre primero y como periodista después, atestigüé cómo una niña o niño de primaria se tarda todos el ciclo escolar de esos años, tratando, no aprendiendo, tratando de tocar do re mi fa sol con entonación. Mi hijo es hoy un músico en todo el sentido del término, pero de haber sido por la educación artística de las escuelas públicas y privadas, hoy sería juez de distrito gracias a las facilidades que está dando Morena para hacer de la justicia lo mismo que la educación artística: un desastre.

Ciudadana secretaria de cultura, la educación artística de la SEP es como Acapulco luego de los dos huracanes: zona devastada. No me crea a mí, vaya sin anunciar a una escuela primaria promedio de la SEP (porque las hay magnificas por excepción), y dígale al director que junte a los mejores alumnos para tocar “estrellita” de Manuel M. Ponce, un caballito de batalla de la educación musical. Y acaso considere enseguida que ese aliado no sacará al buey de la barranca porque lo tiene hundido hasta el cuello.

A mediados de los años 80 Manuel de la Cera convenció al preciso de hacer un programa cultural que llevara las bellas artes a las escuelas mas apartadas del país. Fue un desafío inmenso en el que pude participar gracias a Margie Bermejo, y el problema central de aquella iniciativa formidable fueron los maestros y directores de aquellos alejados centros de estudio, porque les daba hueva la cultura ¡A los maestros! De la Cera logró incluso una remuneración económica que permitió cierta atención de los docentes que atendieran el programa, y aun así acaso no la mayoría pero casi, lo hizo por el estímulo económico, no por convicción. En contra parte debo decir que en muchos rincones ignorados del país siempre hubo maestros que apoyaron de verdad los programas de teatro, danza, música, cine, poesía, y por eso valía la pena ir a casa…del peje para compartir el saber artístico de cada quién. Pero fueron las personas, Claudia, no el sistema educativo. Si tu fe para resolver la crisis de las escuelas de educación artística del INBAL está ahí, será un fracaso. Por dios, con un operador político como el actual secretario de la SEP seguro ganas una curul, pero jamás resolverás el problema de la educación artística en los centros especializados para la tarea.

No es el espacio para sugerir alternativas, pero sin duda hay educadores que como Sócrates hacen de la enseñanza una duda, una pregunta a resolver y no la certeza del ignorante que nos tiene en esta situación educativa. En verdad, secretaria, la educación artística de la SEP es el hoyo negro del sistema educativo y si contemplamos el lugar en donde nos coloca la evaluación internacional al respecto, dan ganas de llorar. Está bien la interacción institucional pero en los hechos considerar que trabajar con la SEP la solución del problema de la educación artística, insisto, es como nombrar de nuevo a Delfina Gómez secretaria de educación pública. Punto.